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Críticas 2.085
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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10 de setiembre de 2025
201 de 264 usuarios han encontrado esta crítica útil
Miguel de Cervantes Saavedra es una personalidad cautivadora, tanto en lo vivencial como en su herencia literaria, para trasladar a la ficción cinematográfica. Su gran obra, "Don Quijote de la Mancha", ya ha sido llevada en muchas ocasiones a la gran pantalla y, ahora, Amenábar opta por hacer un acercamiento más «biográfico». Y lo entrecomillo, porque tan solo aborda una pequeña etapa de su vida –su cautiverio en Argel– y porque se deja llevar por el espectáculo más que por el interés humanista de su persona.

Junto a la destacable ambientación argelina, la cinta tropieza con diálogos y actuaciones que rompen la credibilidad. Entre ellas, Julio Peña se siente desconectado de su interpretación como el literato, aunque poco a poco va acomodándose al personaje y saca adelante el protagonismo mientras el resto se viene abajo.

En esencia, la audiencia parece ser invitada a una historia de huida y lucha por la libertad en tiempos de cautiverio, durante los cuales la imaginación y la literatura son el pilar de esperanza. Sin embargo, Amenábar se queda en una propuesta plana donde no acaba de encajar los distintos elementos y donde solo parece sentir asombro por el erotismo que construye durante el argumento.
Miguel Rellán
De esta forma, "El cautivo" rehúye la ambigüedad de los hechos históricos –mezclando teorías cogidas con pinzas con hechos realmente ocurridos– y se deja llevar por los guiños fáciles, superfluos y reiterados (principalmente a una sola cosa: la memorable obra de Don Quijote). Queda así una película pequeña para la gran figura de Cervantes y su legado.

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7 de noviembre de 2019
170 de 261 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Hoyo se ha convertido en uno de los éxitos inesperados de la cartelera. Producida por Basque Country, enseguida Netflix vio un éxito seguro y la compró para distribuirla. Enamoró al público del Festival de Toronto e hizo historia en el Festival de Sitges convirtiéndose en el primer largometraje español en ganarlo. ¿Qué nos cuenta El Hoyo?

El Hoyo no es una distopía, no nos habla de un posible futuro. Es una metáfora de la sociedad actual. Goreng (Ivan Massagué) accede a entrar en una sistema de plataformas para conseguir un título homologado. Despierta en una estructura vertical inmensa compuesta por centenares de niveles y, en cada uno de ellos, conviven durante 30 días dos personas que no se conocen, y cuya única fuente de comida es una plataforma que baja desde el primer nivel hasta el último. El sistema hace que los primeros niveles puedan comer tanto como quieran, mientras que los últimos a duras penas puedan sobrevivir… a no ser comiéndose los unos a los otros. La parábola es más que evidente.
Una administración anónima pone las reglas: cambia a los miembros de nivel, provoca frío o calor si los participantes se quedan con comida o los castiga. Goreng se encuentra con distintos temperamentos: Trimagasi, el cínico que quiere sobrevivir a cualquier precio. Imoguiri, que ha entrado pensando en contribuir a la solidaridad espontánea. Son ideas, caracteres que nos encontramos en el día a día. Y al final, la lucha entre dos ideas enfrentadas: una, la más evidente: el hombre es un lobo para el hombre y no hay esperanza. En el otro lado, la esperanza representada por los Quijotes que todavía confían en la sociedad y algunos que creen en Dios. Son ideas confusas que se combinan con una violencia extrema.

David Desola y Pedro Rivero han escrito un guión redondo, donde no se les escapa ningún fleco para construir una cárcel que haga metáfora de la vida. Imposible no acordarse de la terrorífica Cube o de la mas reciente Snowpiercer, al que se le añade ese humor socarrón tan patrio, imposible de importar de otros países. Los actores cumplen a la perfección en su papel de mero concepto.
Antonia San Juan
En definitiva, una película dura, por momentos repugnante, pero que hace pensar –y agobiarse– sobre qué es lo que mueve a las personas, qué sociedad estamos construyendo y de dónde le viene la salvación al hombre.

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12 de febrero de 2026
90 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
A finales del siglo XVIII, en los páramos de Yorkshire, Catherine Earnshaw vive en “Cumbres Borrascosas”, el hogar de su viudo y ludópata padre, un hombre exigente y sin escrúpulos que no muestra afecto alguno hacia su hija. Con ellos vive Nelly, hija bastarda y sirvienta, junto a los pocos criados que aún sostienen la casa. En un momento de compasión, el señor Earnshaw acoge a un muchacho de la edad de Cath, a quien ella da el nombre de Heathcliff, como el de su hermano fallecido. Juntos crecen y forjan un vínculo tan íntimo como pasional, marcado por una especial conexión, pero también herido por el maltrato del padre, responsable de ir deformando en ambos su manera de comprender el amor. Ella se tornará en una mujer orgullosa que, por supervivencia económica, se aleja de sus auténticos anhelos; él, humillado, se convertirá en un hombre obsesionado con poseerla y que se deja llevar por su lado más oscuro, aunque movido por amor.

La película aborda la complejidad de los grandes temas de Emily Brontë —las devastadoras consecuencias de no seguir el propio corazón, el matrimonio de conveniencia, las desigualdades de clase, el escaso margen de decisión de la mujer, la humillación social— y, sobre todo, el amor como fuerza de unión y alineación de almas. Asimismo, también lidia con su reverso oscuro: los celos, la pasión que ciega la razón o el amor que se vuelve obsesivo y destructivo.
Margot Robbie
Aquí surge el primer gran pero: Emerald Fennell se distancia demasiado de la novela al insistir en un erotismo constante que llega a lo forzado. Las escenas sexuales reiteradas, los planos cargados de intención provocadora y ciertas secuencias explícitas terminan generando una hipersexualización que eclipsa los matices psicológicos del relato y reduce su profundidad narrativa. La historia cae así en un bucle tóxico que prioriza lo carnal sobre lo verdaderamente humano y muestra además lo más deplorable de la sexualidad humana.

Sin embargo, resulta innegable que "Cumbres borrascosas" es, en lo visual, un espectáculo. El tratamiento del color, la iluminación, la fotografía y los planos intimistas y contemplativos generan un gran impacto estético. Tres colores atraviesan el metraje con una simbología muy pensada: el rojo, como pasión y herida; el blanco, como frío, ausencia, muerte y anhelo de eternidad; el negro, como oscuridad del alma cuando el amor se vive desde el orgullo, la envidia y la revancha. La reflexión visual sobre la perversión del amor es coherente con los temas subyacentes. Y, en el centro, Margot Robbie y Jacob Elordi sostienen la intensidad del relato con interpretaciones audaces y apasionadas, que devienen el motor de la película.
El azul, presente como signo y en los diálogos entre Cath y Heathcliff, es el único atisbo de luz que deja entrever el filme. Con él, Fennell parece expresar lo radical, dramático y terrible que puede ser amar a alguien, incluso cuando el azul existe; es decir, cuando el anhelo verdadero sigue latiendo. En definitiva, "Cumbres borrascosas" emerge como un título poderoso en lo visual, pero tremendamente banalizado en el fondo.

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5 de abril de 2024
99 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
"La primera profecía" es una precuela de la historia que nos contó Richard Donner en 1976 (que tuvo un olvidable remake en 2006). Al año siguiente, este clásico protagonizado por Gregory Peck y Lee Remick ganó el Oscar a la Mejor banda sonora y, aún hoy, figura entre las mejores películas de terror (aunque en realidad el género que mejor la define es el suspense).

Ahora, con "La primera profecía" nos enfrentamos a la actualidad cinematográfica que confía más en los golpes de efecto que en la psicología de los personajes o en la historia misma. El título de Arkasha Stevenson no recoge ni la mitad del suspense de su predecesora, y su historia no consigue mantener nuestro interés. Posiblemente, por diversas razones: la cinta se entretiene mucho en planos que dicen lo mismo una y otra vez, los protagonistas carecen de atractivo psicológico (aunque no interpretativo), los malos parecen caducos y trasnochados religiosos (y aquí la consabida crítica a la Iglesia católica), y la oscuridad de la trama se traslada a una bestia cuya imagen diabólica no conquista .
A todo esto se suma una narración que se pierde entre demasiadas opciones: no se centra en Margaret (la protagonista), tampoco en Carlita (la supuesta hija del diablo), ni en los curas o monjas artífices del complot y, además, el demonio resulta ser un chacal versión XL. También se abusa de una banda sonora redundante y el exceso de susurros le resta impacto a este recurso sonoro. Así, la trama se vuelve repetitiva y no deja florecer el suspense y, con el clásico en mente, este título se vuelve irrelevante e innecesario.

En cualquier caso, si alguien busca un poco de oscuridad, maldad y crueldad en una sala de cine, con más de una escena algo desagradable, puede ir a ver La primera profecía pero que no espere demasiado.

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5 de abril de 2023
99 de 136 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película, dirigida por el australiano Julius Avery, quiere mostrar el inicio del padre Gabriele Amorth, interpretado por un maduro y espléndido Russell Crowe, como exorcista en el Vaticano. Amorth ejerció su labor hasta su muerte a los 91 años en 2016.

Fue ordenado sacerdote católico en 1954 y se convirtió en exorcista oficial en junio de 1986, cuando empieza la cinta. Amorth es autor de numerosos libros sobre la temática específica del exorcismo. No cuentan como documentos oficiales de la Iglesia Católica, sino que son anotaciones personales de su oficio como tal. Los escritos usan relatos de testigos oculares y su experiencia personal. Realizó más de cien mil exorcismos a lo largo de su vida.

Aunque, obviamente, el largometraje cambia datos históricos e incluso puede exagerar las reacciones demoníacas con buenos efectos especiales, está basado en hechos reales. Aquí se centra la curiosidad del film. No sólo es una propuesta de exorcismos y terror religioso, sino que quiere mostrar que el mayor logro de Satanás es hacer creer a la gente que ya no existe; hecho claramente destacable después del Concilio Vaticano II, tal y como se muestra en algunas conversaciones, breves pero interesantes, de Amorth con los Cardenales.
El Padre Gabriele trabaja en equipo con el cura del pueblo, papel muy bien interpretado por Daniel Zovatto. Destaca la lucha personal de cada uno de los sacerdotes por la redención de sus propias culpas. El demonio les tienta con la visión de sus pecados para que caigan en la desesperación en contra de la misericordia de Dios. El otro gran foco es el poder de la oración, la perseverancia y el papel de la Virgen María como intercesora.

Puede quedarse como una simple apuesta de de terror, o puede verse desde el lado de la fe como una afirmación de la existencia del mal en el mundo y lo que hace la Iglesia para protegerse del maligno. No sales indiferente al verla. El director nos quiere interpelar ante la realidad del momento.

Como datos curiosos: increíble Crowe con sotana en vespa por la maravillosa Roma; y una Castilla excesivamente frondosa y con mar.

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