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España España · almeria
Críticas de TOM REGAN
Ordenadas por:
3.455 críticas
10
10 de marzo de 2013
49 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
239/13(25/11/12) Obra Maestra del Cine español, un clásico imperecedero, José Luis Borau nos obsequio con una de las mejores radiografías que se hayan hecho jamás de la España profunda, un desgarrador fresco emparentado con la posterior ‘Los Santos Inocentes’. ‘Angel (gran Ovidi Montllor) vive con su posesiva madre, Martina (colosal Lola Gaos), en una aislada casa en los montes de Segovia, es un alimañero en un coto privado, caza a los depredadores de los ciervos, los lobos, para que cuando llegue el gobernador civil, Santiago (gran José Luis Borau), con sus amigotes tengan cacería, Ángel para sacarse un sobresueldo hace de furtivo. Un día en la capital por casualidad una muchacha, Milagros (gran Alicia Sánchez), le aborda para que la ayude a escapar de un reformatorio, Ángel la socorre y esta le paga con sexo, él se enamora de ella, se la lleva a su casa en la montaña, allí los problemas surgen entre la pareja y la ultraprotegedora madre que ve en Milagros a una rival en el afecto de su retoño. Extraña que esta dura película se rodara con la censura aún trabajando, con desnudos, sexo, personajes amorales, nítidas insinuaciones de incesto, violencia animal, claras alegorías a la incompetencia de las autoridades, en la figura del Gobernador, y con un final desgarrador (spoiler), aún así esta intentó torpedearla exigiendo su recorte en 40 planos, tras muchas luchas, se pudo exhibir en el festival de San Sebastián eliminando algún metraje, según Borau sin importancia. Furtivos es un cuento de hadas de terror, está el Rey, el Gobernador, y cambiando los papeles está el príncipe atrapado, Ángel, en un mundo cerrado y endogámico por una bruja, su Madre Martina, está el bosque envuelto en brumas y misterio al que llega la heroína, Milagros, un soplo de aire fresco que viene a traer la felicidad al príncipe atrapado, en forma de sexo y amor, un cuento retorcido y lúgubre. Borau escribió el magnífico guión con Manuel Gutiérrez Aragón, Borau quería hacer una película con Lola Gaos que le había maravillado en ‘Tristana’, y a fe que le regalo uno de sus mejores trabajos. El director pretendió reflejar la España tardofranquista en esta obra, el bosque representaba para él el país, Martina sería Saturno que devora sus hijos, Santiago el Gobernador podría ser un cuasi-Franco paternalista (el símil de ser cazador), ansiaba controlarlo todo pero no se enteraba de mucho, y por debajo unos siervos que ansiaban salir del regazo enfermizo de la Madre, metáfora de lo perdido que estaba el país. Ello envuelto en una extraordinaria puesta en escena, una ambientación soberbia que nos traslada el sabor de una España Negra, tétrica, ayudado por una excelente fotografía de Luis Cuadrado (‘La Caza’ o ‘El Espíritu de la Colmena’), con un ritmo vigoroso, con un salpicado de escenas para el recuerdo (spolier), dolorosa la de Ángel echando a su Madre a rastras de la cama, la paliza al lobo, o el fresco costumbrista con los cazadores, con un increscendo dramático asfixiante, dejándonos unas gloriosas elipsis (spoiler), derivando en un tramo final antológico, uno de los grandes de la Historia del Cine (spoiler), de los que te deja una huella perenne. Los personajes están espléndidamente construidos, en pequeñas pinceladas sabemos cómo son, además está interpretados de forma sublime, un sembrado de personas amorales y perdidos, unos perdedores, fresco de una nación sin rumbo, un Ovidi Montllor que jamás ha estado mejor, crea a un ser perdido que busca salir de un ambiente patológico, transmite pasión, amor, ilusión, esperanza, y lo hace con un lenguaje corporal sobrio, sin estridencias, sobresaliente, está Alicia Sánchez como Milagros que borda su rol de pícara que utiliza su cuerpo como arma, que se debate entre dos amores, pero que sabe dar luz a Ángel, denota una gran fragilidad, espléndida, y luego está el tercer lado del triángulo pasional, Lola Gaos como Martina, esta está a otro nivel, su actuación es magistral, nadie puede creer que no sea Martina, su cruenta y latente violencia es emitida de modo excelente, su lenguaje físico es poderío, el gestual es brillante, su mirada son dos puñales que te atraviesan, su voz es un susurro apagado lastimero, es capaz de combinar intimismo perverso como cuando desviste a su hijo, con la furia más desatada, cuando la vemos apalear al lobo (me niego a entrar en polémicas sobre si fue real) demuestra una ira infinita con lo que el caldo de cultivo está sembrado para que todo nos lo esperemos de ella, su labor traspasa la pantalla, desborda realismo, un portento en uno de los papeles más colosales que ha dado el Cine, por cierto, nos podemos imaginar que Ángel es Norman Bates y Martina su madre, una especie de precuela de ‘Psycho’. Es reseñable José Luis Borau como el gobernador, hace de un paternalista buenista, un tipo obsesionado con dar caza a un ciervo que para mí representa la fuerza indómita de España. José Luis Borau creó este Clásico y ya se le acabó la genialidad, hizo mucho más cine pero nunca se acercó al nivel de esta, acaba de morir y este es mi tributo a alguien que aunque no hubiera hecho más filme, será loado por siempre por este colosal retrato de la degradación moral de España. Fuerza y honor!!!
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TOM REGAN
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7
28 de febrero de 2012
51 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
41/23(25/02/12) Muy grata sorpresa este sugestivo y hermoso film australiano que mezcla la aventura con el drama en el exótico escenario de la isla de Tasmania. Un cazador profesional, David Martin (gran Willem Dafoe) es contratado por una empresa de biotecnología para que de caza al supuesto último ejemplar de Tigre de Tasmania que queda vivo (especie que se cree extinguida), allí se hospeda en casa de una mujer, Lucy (buena Francis O´Connor), y sus hijos pequeños, el padre era un activista ecológico hace meses desapareció y ella sufre un depresión, en la región subsiste un conflicto entre los madereros y lo activistas que no quieren se talen más árboles. Martin poco a poco establece unos fuertes lazos con esta familia, entretanto se va desplazando a los bosques tasmanos para buscar el rastro del ansiado animal. Con estos mimbres se desarrolla un irregular pero en muchos tramos fascinante relato, el hecho de la búsqueda de un legendario animal, el último oficialmente extinguido, desprende un aire cuasi-místico, Martin es un hierático ‘lobo solitario’ que busca a otro solitario lobo, del que sabemos nada de su pasado, una especie de ronin de los que gustaba Jean Pierre Melville de mostrar, mientras busca su objetivo encuentra algo que lo saca de su estajonovista existencia, una familia rota donde el haya su sitio, se encuentra a gusto siendo ‘el nueva padre’ que los niños necesitan, saca del bajón a la madre y entre los dos surge el amor. La historia evoluciona con un ritmo sereno y con pocos diálogos, sobre todo debido a los segmentos donde Martin está en la selva tasmana intentando dar con el mítico cuadrúpedo, esto reflejado con una enorme belleza, unos salvajes paisajes rebosantes de vigor y misterio, irradian un enorme cariño por parte del realizador, es un gran homenaje a este territorio cuasi-desconocido, su fauna y flora es como si de otro planeta se tratara, combina lo verde con lo árido, el calor diurno, con el frío y nieve nocturna, sobresaliendo el gusto por los preciosos amaneceres y atardeceres grises, siendo el coprotagonista el paraje de Tasmania. Uno de los grandes pilares de esta obra es un Willem Dafoe magnífico, un asceta vulnerable, que tras su máscara de tipo frío y calculador esconde un ser que busca su lugar, solo sabemos de él que aparte de su trabajo le gusta la música clásica, imprime un estremecedor carisma a su rol, un trabajo muy físico que emite realismo, consigue una gran química con Frances O´Connor, y con los niños, maravilloso. Las taras están en un guión confuso por momentos, o quizás el montaje se ha comido algo de compresión, como el personaje al que da vida Sam Neill, no se entienden sus motivaciones, como otro hecho que se les va de las manos (spoiler).
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TOM REGAN
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6
4 de mayo de 2016
42 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
79/20(28/04/16) Sugestivo film de la neoyorkina Karyn Kusama, premio en Sitges, en su cuarta realización edifica su mejor trabajo, una modesta producción indie, demuestra buen manejo de la tensión latente, crea un crescente ambiente enrarecido que va calando al espectador poco a poco, una reflexión sugerente sobre el dolor vital, sobre la angustia existencial que nos provoca una perdida. Partiendo de un guión del binomio Phil Hay Matt Manfredi (ambos “Furia de Titanes” o “Aeon Flux”), la premisa es nada original, una cena de antiguos amigos en la casa de uno de ellos en la que salen a relucir fantasmas y resquemores del pasado, se me vienen a la mente “Reencuentro”, “Los amigos de Peter” o la más reciente y también premiada en Sitges “Coherence”, lo interesante aquí es el enfoque de thriller psicológico en constante tensión, gracias a que todo los veremos a través de un tipo con trastornos y depresión, que le derivan en paranoia, y no somos capaces de discernir si la desconfianza del protagonista tiene fundamento o es fruto de su inquieta mente. El escenario casi único es un elemento más que hace que nos introduzcamos en la claustrofobia anímica del protagonista, y este nos lo transmite intensamente. Lástima que cuando llega el tramo final la historia descarrile por senderos facilones, atropelladamente, como queriendo gustar a más gente, muy acomodaticio el clímax.

Will (Logan Marshall-Green) acude con su nueva pareja, Kira (Emayatzy Corinealdi) a una cena para varios amigos comunes que ha organizado su ex mujer, Eden (Tammy Blanchard), en el antiguo domicilio de ambos. Hace un par de años que Eden y Will no se ven, a causa de una separación que se intuye dolorosa y que estuvo ligada a una tragedia familiar. Él todavía se encuentra atormentado por ello, es presa de sentimientos de furia y culpa con los que ha de bregar día a día. Eden vive ahora con una nueva pareja, David (Michiel Huisman), su ex agasaja a los invitados a la cena con una actitud positiva, resuelta a que nada enturbie su felicidad. Ello sume a David en un estado de paranoia que le lleva a pensar, para incomodidad del resto de los presentes, que hay un motivo oculto para la celebración, más allá del reencuentro de viejos conocidos. Otros comensales son Tommy (Mike Doyle) y su novio Miguel (Jordi Vilasuso), Ben (Jay Larson), Claire (Marieh Delfino), Gina (Michelle Krusiec), Choi ( Karl Yune ) Sadie (Lindsay Burdge), y Pruitt (John Carroll Lynch).

Posee un ritmo sereno, todo sucede de modo natural, con dosificación de datos, con conversaciones que navegan entre lo trivial y lo profundo, siempre pasado por el filtro del protagonista Will, con lo que pensamos que algo raro pasa en esta casa, demasiado buenismo, nos produce incomodidad, su inquisidora mirada nos hace tensionarnos en los silencios, en los gestos, en las sonrisas, en los abrazos, en esta almibarada reunión, pero también pude ser todo fruto de la perturbada mente de Will, esto nos hace mantenernos alerta y observadores. La historia aborda con inteligencia los momentos de choques, de enfrentamientos, derivando en vibrantes situaciones cargadas de dureza, mediante las cuales se construye un clima áspero, opresivo, cuasi-pesadillesco, recordando por momentos a la buñueliana “El Ángel Exterminador”. La cinta desborda ambigüedad, juega con el espectador con su percepción, con sus prejuicios, con sus susceptibilidades, todo bajo el prisma de la débil visión de Will, que ausculta con perplejidad un microcosmos extraño, demasiado cariño a su alrededor que el nota forzado, la mujer desinhibida que se le ofrece sexualmente, las pastillas de su ex, su ex haciendo muecas frente a un espejo, el amigo que no ha llegado, o el tipo que cuenta abiertamente que mató a su mujer durante una discusión, todo (para él) huele raro. Ingenioso como nos dosifican la información referente a la relación entre Eden y Will, no nos lo dan masticado, con lo que mediante pequeñas referencias sabremos lo que provocó la separación traumática entre la pareja.

El film nos habla de temas profundos, hace una reflexión sobre el dolor anímico, sobre la depresión por una gran pérdida, sobre el cómo afrontarla, sobre echarnos la culpa, sobre los recuerdos que nos asfixian, sobre la fragilidad de nuestras almas, sobre seguir en la lucha diaria, sobre la paranoia, sobre la negación del dolor, sobre las comunas de autoayuda, y sobre todo sobre la vida y la muerte.

En el apartado de las taras: Lo defectuoso de esta interesante propuesta es que llegados al punto de resolverse todo te deja mal sabor de boca, tira por senderos muy trillados, muy sobados, como tirando de manual, de un molde ya muy manido, con lo que para mí es anticlimático, previsible, con lo que te sientes un tanto estafado al creer que la inteligencia con la que están regadas fases del film también tendría su rush final, pues me equivoqué. También hierra en construir personajes secundarios con alma, son meras figuras decorativas, la pareja gay, la chica asiática e incluso la novia de Will, meros comensales a una cena en la que pintan. Tampoco el ritmo resulta constante hay algunas caídas que te alejan y te distancian, desconcertándote un poco. (continua en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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7
8 de enero de 2010
39 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
010/10(08/01/10) Ameno y corto documental sobre la vida de un actor, John Cazale, que solo participo en cinco films en seis años, del 72 al 78, “El Padrino”, “El Padrino II”, “Tarde de perros”, “La conversación” y “El cazador”, siempre de actor de reparto, y todos ellos nominados al Oscar a mejor película, curiosamente este extraordinario actor no fue nominado, murió de cáncer de pulmón antes de estrenarse en el 78 “El cazador”. Sigue el clásico estilo de entrevistas con amigos de Cazale, Al Pacino, Robert de Niro, Coppola, la mujer de su vida Meryl Sreep, y gente que lo admira, Sam Rockwell, Philip Seymore Hoffman o Steve Buscemi, intercalándolo con escenas de sus cintas en las que se resalta su enorme capacidad interpretativa, un tipo que encarnaba de forma colosal a personadas desvalidas, inseguras, introvertidas, un secundario de superlujo que engrandecía a sus compañeros de reparto, un actor que impregnaba a sus trabajos de una gama de matices y gestos soberbios, con un manejo de la mirada y del lenguaje corporal sublimes, en definitiva un gigante de la actuación desconocido para el gran público. Recomendable a los cinéfilos amantes de los grandes secundarios que hacen grande el cine. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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8
16 de setiembre de 2014
38 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
122/14(24/08/14) Valiente y notable ejercicio de estilo del inglés Steven Knight, en su segundo largo el guionista de “Promesas del Este” y creador de la serie “Peaky Blinders”. Un arriesgado experimento del que sale airoso, durante sus poco más de 80 minutos expuestos en tiempo real solo veremos a un tipo metido en un todoterreno BMW mantener conversaciones por un manos libres y con el fantasma de su padre, no hay persecuciones, no tiroteos, ni secuestrados, ni atracos, ni giros sorpresa, solo un tipo decente intentando poner orden en su vida, intentando a cada problema darle una solución conforme surgen, hacer lo correcto aunque por el camino lo pierda todo, donde el gran pilar es la Colosal interpretación del único actor que veremos, un Tom Hardy titánico.

Ivan Locke (gran Tom Hardy) es un importante capataz de obra, casado felizmente desde hace 15 años con Katrina(Ruth Wilson, su voz) y con dos hijos Eddie (voz de Tom Holland) y Sean (voz de Bill Milner) , una noche tras finalizar su jornada de trabajo en Birmingham se monta en su BMW X5 y recibe una llamada de una mujer, Bethan (la voz de Olivia Colman), que pondrá contra las cuerdas su frágil felicidad, yendo en su auto hacia Londres pero con destino incierto intentando redimirse de sus errores, mientras debe lidiar con su jefe pues a la mañana siguiente tiene una importantísima descarga de hormigón para un gran edificio, su vida familiar y su trabajo peligran y Locke intentará hacer lo correcto aunque ello le cueste perderlo todo, a base de llamadas por el manos libres del teléfono e intentando descargar su ira contra si imaginario padre fallecido discurrirá su odisea vital nocturna que pondrá su status quo en quiebra. En la historia tienen importancia Gareth (la voz de Ben Daniels), su jefe, y su subordinado, Donald (voz de Andrew de Scott).

Es una producción de muy bajo presupuesto, ensayada y rodada en menos de dos semanas, aprovechando un hueco en la apretada agenda de Tom Hardy, filmada en orden cronológico, casi en tiempo real, solo se tomaban tiempos muertos para cambiar las tarjetas de memoria de las cámaras, el BMW estaba montado sobre un camión la mayor parte del tiempo, mientras se circulaba por la autopista. Los actores que interactúan por teléfono con Hardy estaban en un hotel escuchando la vos de este.

Resulta un film difícil de clasificar, puede encuadrarse en la familia de obras como “Buried” o “Última Llamada”, pero mientras estos son thrillers de suspense y tensión, aquí lo que predomina es el drama, la introspección, la reflexión moral, la densidad existencial. Es una arriesgada obra donde el director y guionista lo porfía todo a la fuerza e intensidad de su historia, y al poderío carismático de su protagonista, insuflando al relato un conmovedor halo melancólico, un tono elegiaco en una road-movie que es en realidad un viaje iniciático en el que un hombre anhela recomponer las piezas de una buena vida manchada por una infidelidad, un error que Ivan desea subsanar con dignidad y nobleza. Las dos tramas se cruzan se alimentan una de otra, la del hormigón para el rascacielos es una metáfora sobre la otra, esta nos cuenta que para forjar una vida estable hay que hacer unos cimientos sólidos, si un elemento no es bueno el edificio/estabilidad se resquebraja y puede derruirse. Es una historia que nos habla de los errores fatales, del amor, del sentido del deber, del orgullo de un trabajo bien hecho, de la frustración, de la infidelidad, el sentido de culpa, de las relaciones paterno-filiales, el fuerte sentido de la responsabilidad, de la angustia vital, ello relatado con calado emocional, enmarcado en una puesta en escena ágil, y con gran sentido estético a pesar de su propuesta minimalista, esto sin parafernalia visual, todo centrado en transmitirnos la odisea psicológica de Locke. El angosto entorno en que se mueve el protagonista es utilizado como alegoría de su estado claustrofóbico con respecto a cómo se encuentra atrapado en una situación de complicada salida airosa, con siguiendo que el espectador se haga participe de su angustia psicológica. Los diálogos resultan muy fluidos, de gran intensidad, sin estridencias ni maniqueos histrionismos, en pos de un sutil increscendo dramático que hace nos atrape en su densa red hasta su dulce e inquietante final.

Posee un inicio atrayente, vemos montarse a un tipo un BMW, circula en una noche cerrada, la cámara se adentra en el auto y vemos a un hombre con rostro serio de preocupación, se para en un semáforo en rojo, se nota pensativo, el semáforo se pone verde y el conductor sigue inmóvil, un camión de detrás le pita varias veces, el conductor del BMW parece que ha decidido lo que hace, da un giro brusco, se mete en la autopista y se produce la primera llamada telefónica de las muchas que habrá, la madeja del lío comenzará a deshilarse de modo doliente atrapándote en medio.


Tom Hardy demuestra ser un actor de raza, gran personalidad, tremendo carisma, sin acudir a la sobreactuación, con contención, con flema, sin artificiosos ataques de ira, emitiendo sufrimiento a través de unos sofocantes primeros planos, solo deja salir su hastío con las discusiones oníricas con el fantasma de su padre. Es un buen tipo al borde del abismo e intenta sortearlo a base de decencia moral, de serenidad, de mesura, un personaje tridimensional, con aristas, con muchos matices, con conmovedora humanidad. El resto de voces sirven de gran apoyo, sobre todo las dos mujeres representando dos contrapuestas, la que se ve en una noche abocada al precipicio de una relación matrimonial que se parte, y demuestra entereza y fuerte carácter, como la que parece débil de carácter pero rascando se muestra manipuladora y sibilina, intentando sacar por mor de su estado las palabras mágicas de a Ivan de que este le ama. (continua en spoiler sin)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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