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Críticas de Javicaysa
Ordenadas por:
17 críticas
1 2 3 4 >>
10
18 de octubre de 2013
321 de 369 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se me hace difícil escribir sobre "La vida de Adèle". Ignoro si se debe al montaje final (ya ha prometido el director una versión extendida con más de 40 minutos añadidos), pero es ésta una película atípica, con un desarrollo férreo y a la vez narrativamente laxo, que se adentra en varias cuestiones sin ahondar demasiado en ninguna, y cuyo verdadero núcleo temático, el amor trascendente, se muestra a veces con tanta fuerza que le impide a uno hasta pensar.
En consecuencia, toda crítica o análisis de "La vida de Adèle" se quedará necesariamente corta. Aún así, por lo que pueda valer, ahí vamos:
Kechiche se vale de primerísimos planos constantes para pegarnos al cuerpo y a la vida de Adèle, cuyo rostro llegamos a conocer tan bien como el nuestro, con sus pliegues, sus gestos y hasta el brillo de sus poros (en la película no se emplea maquillaje). Vemos cómo se despierta, cómo va al colegio, cómo come, cómo suspira y cómo duerme. Durante la primera hora es un retrato de esa íntima soledad que acompaña a ciertas personas como una sombra; sin saber por qué, uno percibe en ella el estigma del perpetuo desamparo. El espectador está tan cerca de Adèle, se ha adentrado tanto en ella –metafóricamente–, que desaparece el límite entre lo ficticio y lo real; y, si besa a alguien, casi podemos oler el beso. Tenemos la impresión de estar viviendo nosotros su vida. Es tan intensa y tan cercana, que conmueve hasta lo más hondo; y deseamos que esa chica confundida y sola sienta hasta las entrañas el desbocado placer del verdadero amor.
Cuando ese amor llega, lo hace unido al sexo salvaje; y resulta un acierto estético de auténtica sabiduría el esfuerzo de Kechiche por no separar lo uno de lo otro, el amor del sexo, el cuerpo de la mente. Durante una escena lésbica explícita y larga como pocas (nunca había visto yo nada igual en una película que no fuera pornográfica), asistimos a una exaltación limpia del deseo puro. Cada una quiere ser la otra; cada caricia o cada beso quieren abarcar o sentir el cuerpo amado con desesperación existencial; pero al mismo tiempo se están entregando ellas a la actividad más intensa de sus vidas, perdiéndose en lo oscuro, en lo inabarcable, en ese éxtasis que, si se alcanza, es capaz de elevarnos místicamente por encima de nosotros mismos, hasta diluir nuestra identidad. Cuando Adèle cae desplomada tras eso que un médico o un asesino del amor llamaría “orgasmo” (perdonen por reducir el asunto a una palabra tan fea), sabemos –sentimos– que ya nada será igual en su vida. Que ha quedado definida por ese placer, por esa felicidad, por ese instante. Ha encontrado por fin todo lo que buscaba.
Pero el tiempo pasa y la vida sigue.
Y pasan los amigos, y la familia, y se termina el colegio, y se empieza a trabajar, y la rutina también a su modo mata…
Y comienza –aunque no se diga de modo explícito– el “capítulo 2” de la vida de Adèle; y cae éste sobre nosotros como un latigazo, pues presenciamos el más descarnado retrato de la pasión y del deseo que se ha hecho en el cine en muchísimo tiempo. Adèle experimenta muchas y variadas confusiones, se sume en la desesperación, se hunde en un vacío personal, trata de salir, trata de entregarse a sí misma, trata de olvidar cuánto duelen los amores cuando parecen haberse perdido, trata de saber qué hacer, quién es, cómo ha llegado hasta ahí.
La película es magnífica porque es honesta, porque carece de tesis pero a la vez lo muestra todo, porque uno la ve y palpa la esencia de la vida y del amor, sean éstos lo que sean, y en todas las escenas hay una miríada de sensaciones que el espectador sensible recibe fascinado.
La fotografía es prodigiosa, y los actores, jóvenes casi todos, están soberbios. Léa Seydoux cumple siempre, pero Adèle Exarchopoulos toca los límites de lo que entendemos por “actuar”.
Kechiche abre en canal la vida de Adèle y la de cualquiera.

Una maravilla.

(Sigue en el spoiler, pero no hay spoilers de ningún tipo; lean sin miedo).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Javicaysa
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5
8 de enero de 2013
612 de 962 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues, la verdad, le resulta a uno raro tener que ponerle los pies en el suelo a tan elogiosas críticas.

Es una película que contiene escenas geniales, una por una; cuyas actuaciones son todas absolutamente magistrales; cuyos diálogos encierra cada uno pequeñas joyas (ver spoiler para glosa de todo esto); con una fotografía y una dirección absolutamente deslumbrantes, marcas de la casa.

Pero, a diferencia de la muy reciente "Malditos Bastardos" (que, de otras anteriores suyas, ya ni hablamos), que al menos era irreverente y muy original, y que daba para unas cuantas preguntas, al terminar de ver Django Desencadenado, muy bien puede el espectador decir: "Muy entretenido: ¿Y qué?"

Si estuviera dirigida por Peter Smith, nos parecería resultona y simpática. Como viene con la marca de Fábrica de Tarantino, le damos automáticamente nuestra complacencia con notas elevadas.
No obstante, en su reverso también sucede lo contrario: a Tarantino, a su genio (manifiesto sobradamente en esta película, como en todas las suyas) se le exige mucho más, viendo lo que pone en juego de arte cinematográfico. Por eso le otorgo un 5, en vez del 6 que se merecería. Porque la película en sí misma destila oro, y al final el resultado parece endeble cual hojalata, por sus excesos.

La última media hora es un desastre metido con calzador, se mire como se mire. Los geniales hallazgos se diluyen. El gozo inicial (qué inmensos 30 primeros minutos) queda aminorado y hundido.

Esto no es Clint Eastwood. Ni John Ford. Ni Peckinpah. Ni Kurosawa. Ni Hawks. Aquí no hay lecturas sobre la naturaleza humana. Ni siquiera enterradas entre la trama, que era la baza de los maestros. Éstos siempre tenían algo de verdad que decir. Aquí no.
Aquí hay absoluto vacío envuelto en perfecto papel de celofán. No se merece más de un 7, a mi entender.

Es una lástima que tantísimo talento, tanto genio, se enrede en sus amaneramientos.

Que su talento innato sin par esté al servicio de una estética huera y amanerada.


Y que esta crítica sea necesariamente impopular. :P

(Pero lean los spoilers antes de votar, sean caballeros)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Javicaysa
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4
7 de octubre de 2015
479 de 736 usuarios han encontrado esta crítica útil
Reparen en lo siguiente, por favor:

1- El 80% de los diálogos (o monólogos) solo están ahí para que el espectador entienda las cosas científicas o tácticas que pasan. De ese modo, TODOS los personajes quedan deshumanizados; convertidos en seres parlantes que le explican al espectador lo que pasa o pasará. Casi podrían haber puesto un narrador, como en la serie de Cosmos, y hubiese quedado más elegante que tener al pobre Matt Damon hablándole a la camarita.
2- Ningún personaje tiene un conflicto consigo mismo; ni prácticamente con los demás. Al ser meros tornillos en la trama, ninguno está desarrollado en absoluto. Ni siquiera Matt Damon.
3- De hecho, aparecen personajes planos esenciales en la trama que luego vuelven a desaparecer para siempre.
4- Otro 10% de los diálogos son, sin más, chistes. Sí, chistes. Que a veces hasta se repiten. ¿Cuántas veces se queja Matt Damon de la música? Otras veces, no tienen gracia. Otras veces, resulta sencillamente inverosímiles. La camaradería pseudo-adolescente que se traen entre los tripulantes de la nave es insultante. Solo me reí con un chiste (en el 'spoiler' digo cuál); y ni siquiera es del todo un chiste.
5- El 10% restante, por fin, se emplea en dotar a ciertos personajes de algo parecido a "un carácter". Con escasos resultados.
6- El desarrollo de la cinta es muy previsible.

Por lo tanto, de primeras nos encontramos con una docena (!) de personajes sin relevancia en sí, cuyos roles son meramente funcionales, atorados en un sinfín de explicaciones que bordean la estulticia para que hasta el espectador más alelado se entere de cada cosa que sucede. Tanto rajar sin parar elimina del film la incertidumbre: y eso provoca que el espectador se distancie. A diferencia de lo que sucedía con Gravity (con la cual guarda muchas semejanzas), nos sentimos demasiado lejos como para empatizar con nadie; y no sentimos ni angustia, ni inquietud, ni miedo.

Para colmo, las explicaciones científicas nos las creemos porque nos las cuentan. Pero son tan concretas, tan rebuscadas, que podrían habérselas inventado. Nadie va a pensar: "¡Qué ingenio! ¡No se me habría ocurrido!". Porque nadie sabe si tales cosas son posibles. Igual con las dificilísimas ecuaciones que se resumen en un "¡Demonios, los cálculos son correctos! ¡Vamos a hacerlo!" (en esta película, por cierto, los subordinados responden a las preguntas más chungas y técnicas antes de 2 segundos, y todo el mundo hace cálculos súper precisos en un chasquido de dedos).

Los actores hacen lo que pueden, pero un guión sin más estructura que las descripciones de las cosas que pasan no hay por dónde cogerlo. Eso sí, los efectos especiales son impecables.

Mi enhorabuena al que haya conseguido congeniar con cualquiera de los seres parlantes de esta... ¿película?

Destripo delirios concretos en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Javicaysa
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5
13 de noviembre de 2013
218 de 315 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues sí, disidente, como en La vida de Brian. Para los de poca paciencia, vayan al párrafo tercero, contando éste. Pues no se piense que esta crítica destila bilis. Al contrario, lo que hay aquí es amor al Maestro. Así que si están preparados y libres de prejuicios, allá vamos. Espero que sea útil, al menos.

De entre los muchos misterios de esta vida, me gustaría averiguar uno: ¿Por qué Woody Allen –o merced a qué deuda contraída– ha de rodar una película por año, sin falta en dicho plazo desde 1982? Cierto que de vez en cuando nos obsequia con una obra maestra, y que pocos directores en este mundo tan regulares y prolíficos (me vienen a la cabeza, pero en una escala algo mayor, Bergman, Ford o Kurosawa) nos quedan. Acaso Clint Eastwood. Sin embargo, ¿no le vendría bien algo de descanso, o al menos una pizca más de elaboración en sus guiones? Afirma en su estupendo libro de conversaciones con Eric Lax que lo que menos le cuesta es escribir sus películas; que siempre le rondan varias ideas por la cabeza, y que lo único complicado es el momento de empezar el rodaje.

Puede que diga la verdad. No obstante, aquí seguimos un año más. Y yo, que me he visto todas sus películas menos Alice (no por nada personal, es que a día de hoy es la única que me falta), pues ya le tengo muy calado al maestro neoyorquino. Y qué quieren que les diga: Blue Jasmine es una obra menor, muy menor, en su filmografía. Mucho me temo que sólo reluce por la soberbia y sobreactuada interpretación de Cate Blanchett; pero resulta que todo en esta película tiende al exceso.

Dos graves problemas la lastran: el primero, su más que exagerado parecido con Un tranvía llamado deseo, de la que copia el asunto, los personajes, el desarrollo y la conclusión. Solamente. El segundo, lo burdo de las trazas del guión, previsible en cuanto uno se halle más o menos avispado. Me resultó lamentable adivinar desde mi butaca la mayoría de lo que iba a suceder.

Allen muestra su fineza en la comedia. Ahí sí que nos emociona con maestría. Hace muy poco revisé Manhattan y Annie Hall, y me sentí con ganas de gritar desde mi terraza que son dos películas inmortales; aguantan sin tara el paso de los años, impertérritas. Pero con el drama se le va la mano. Lo mide todo excesivamente. Se le notan las costuras a kilómetros de distancia. No sabe hilar fino. Parece como si la solemnidad le impulsara a estrangular al pobre espectador. “¡Esto es lo que quiero decir!”, exclama.

Porque en esta película Woody nos impone su lectura, como autor, en todo. Los paletos son muy paletos. Los ricos son muy educados y muy esnobs. Los conflictos fraternales carecen de la extrema riqueza con que se muestran en la obra de Tennessee Williams. Recuerde el espectador el primer encuentro entre hermanas de la primera versión. En eso consistía el supremo arte de planos, contraplanos, diálogos, y gestos y entonaciones de cada actriz. O sea, CINE. Era increíble. Se pueden escribir libros sobre la riqueza de esa escena. En Blue Jasmine roza el tópico, lanza un chiste (el del avión) y luego todo se diluye. Entre medias, es verdad, se ha dicho lo de "estás estupenda"; "no, lo estás tú". Pero lo que en "Un tranvía..." era definición perfecta aquí es banalidad. Y lamento compararlas, pero se prestan a ello completamente.

Aquí las cosas son blancas o negras. No se nos deja entrever ningún término medio, ni guardamos distancia alguna con los hechos. Tampoco ayuda un guión en el que todo sucede, más que por lógica interna, para que aparezca luego la escena que el autor desea narrar.

No la suspendo, no obstante. Ella está tan bien, que (incluso a pesar del guión, y de la dirección, pues Allen suele pasar mucho de los actores, según todo lo que de él he leído) logra que la película, pese a todo, salga a flote. Es el mayor tributo a la actuación que jamás llegará a rendir Cate Blanchett. Si ya en Diario de un escándalo mereció los mayores elogios, y con razón, en esta puede uno decir sin más que ella es la película. No su personaje, sino su actuación. La única causa por la cual se distingue de El sueño de Casandra –otro film por completo mediocre y sin interés– esta Blue Jasmine, se debe a Cate Blanchett. Sólo ella sabe darle el toque adecuado entre la comedia más idiota y el drama más banal. Sólo ella parece de verdad real en este pastiche de tópicos y revisiones de su propia obra y de la ajena.

No es que los demás actores estén mal. ¿Qué mal actor elige Woody a estas alturas? Es que, sencillamente, Cate Blanchett sostiene la película entera.

Otro año más.

Recuerdo cuando me topé con el espantoso tráiler de Midnight in Paris. Fui a verla después como el cordero va al matadero. Me pareció una sublime gozada, una maravilla.

Esta vez el tráiler tampoco me daba buena espina; pero cualquiera se fía.
En fin, vayan a verla que es de Woody Allen. Pero la olvidarán pronto.
A pesar de los sesudos y vacuos análisis que verán por ahí.




P.D: Prometo ver Alice antes de una semana... ¡Y Woody, danos una alegría el año que viene!
Javicaysa
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6
27 de febrero de 2012
136 de 159 usuarios han encontrado esta crítica útil
Prosigue Cortés su andadura americana con este prometedor thriller sobre engaños de magos, parapsicólogos, y demás; que sin embargo (y mucho nos duele) no acaba de convertirse en la gran película que podría haber sido tras ese triunfo que le supuso "Buried". Luces Rojas, a diferencia de "Enterrado", se le va a uno pronto de la cabeza.

En esta película, Murhpy y Weaver son, respectivamente, una profesora muy racionalista, y su más aventajado alumno (un físico); ambos se dedican a descubrir las trampas de quienes dicen poseer poderes sobrenaturales (lucrándose por ello, o engañando a la gente). De repente aparece en escena un deslumbrante, sutil y legendario curandero o ilusionista (De Niro) que ya puso en aprietos a Weaver unos 30 años atrás. De nuevo tendrán que medir sus fuerzas y sus inteligencias entre ellos...

El guión de Cortés es excelente. No recae en ningún tópico, los diálogos están llenos de vida y los personajes resultan siempre creíbles. No se complica más de lo necesario. La dirección se adapta al modo americano; lo cual, en parte, es una ganancia; y, por otro lado, es una pérdida (¿por qué Hollywood vuelve tan "estándar" cualquier dirección, y aniquila la creatividad personal, por qué?). Los actores, en especial una soberbia Weaver (¡que buena actriz es esta mujer!), bordan los papeles. El ritmo no decae nunca, y uno ve la película casi sin pestañear. Y hay que reconocer que ciertas escenas tienen verdadera chispa.

Pero por desgracia el asunto nunca termina de levantar el vuelo. La profundidad no nos atrapa, porque la cosa acaba resultando más superficial de lo que debería. Y el final, aunque muy bien traído, nos hace olvidar los conflictos más emotivos de los personajes con una conclusión a medio camino entre lo espectacular y lo obvio. Cosa que, en parte, echa por tierra mucho de lo logrado anteriormente.

Con todo, como la película no es mala en absoluto, y como hay muchas cosas buenas en ella, esperemos que en la siguiente que dirija sepa canalizar todo lo que tiene que seguir contando, y que lo haga con mejor tino que en esta ocasión. Buen intento "Luces Rojas", pero Cortés puede -y debe- darnos mucho más.

(Sigue en spoiler con variados y verdaderos spoilers: así que cuidado).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Javicaysa
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