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Críticas de Luis Ángel Lobato
Ordenadas por:
229 críticas
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8
5 de octubre de 2014
18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos seres solitarios, deshechos psicológicamente, prisioneros de sí mismos y de la sociedad violenta en la que se ven condenados a vivir (el campo de batalla y la cárcel), se unen y mantienen diez intensos días de amor en un supuesto microcosmos de paz (atención a la memorable escena simbólica del brutal ataque de un perro) durante un "feliz" periodo navideño.
Él, de licencia militar a causa de un trauma bélico, y ella, de permiso carcelario por un homicidio involuntario, mantienen una relación sentimental como si de un añorado sueño imposible se tratase, sabiendo -al menos la mujer- que todo ese ámbito emocional se destrozará como un copa de cristal pisoteada.
Intenso melodrama realizado por el gran William Dieterle (El jorobado de Notre Dame, Retrato de Jennie), con una cuidada puesta en escena, unas interpretaciones muy convincentes (Coten y Rogers en especial) y con algunos momentos de elegante intensidad romántica -representativa del director- cercana al no menos grande Frank Capra.
Sí; el clasicismo del cine americano de los años cuarenta se da cita en esta hermosa película aparentemente sencilla que, no obstante, encubre algunas dosis de complejidad estilística y de sostenido fervor humano. Todo un lujo para disfrutar.
Luis Ángel Lobato
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2
29 de septiembre de 2014
14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tediosa película policial de los años setenta del siglo XX -qué grandes títulos del género dio esa década, con "Harry el sucio", del gran Don Siegel, encabezando la lista- con un guión manido e inconexo que va trascurriendo a salto de mata.
Las interpretaciones rozan lo nefasto -en especial la de Jill Ireland- y buena parte del metraje se entretiene en un absurdo recreo por bonitos paisajes nevados. (Da envidia ahora recordar -por lo de los campos nevados- la maravillosa película negra "La casa de las sombras", de Nicholas Ray).
Ni siquiera las pocas secuencias de acción están bien resueltas: más bien resultan inverosímiles e irritantes hasta límites insospechados (lo de la cerbatana es de juzgado de guardia).
No es que el director, Stuart Rosenberg, haya sido nunca una lumbrera de primer orden, pero de títulos como "La leyenda del indomable" o "San Francisco, ciudad desnuda" llegar a este fiasco va un largo trecho. Y con unos actores (Bronson, Silva, Steiger) que merecían una mejor y más atenta dirección. En otras películas, con directores incluso menos renombrados, bordaron.sus personajes.
En fin... Un director del que se podía esperar más, unos intérpretes -tres, al menos- desbaratados, un guión incalificable, una música -ni siquiera el gran Lalo Schifrin acertó- inapropiada, convierten a esta cinta en un trabajo totalmente prescindible y pleno de desidia. Una pena.
Luis Ángel Lobato
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1
17 de marzo de 2017
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desesperante película sin interpretaciones, sin guion ni desarrollo argumental, sin diálogos --solo unas frasecitas de vez en cuando introduciendo el mismo sintagma (puto avión) o un estúpido cariz graciosillo-- y con unas situaciones de lo más peregrinas, resueltas con manoseados e inoportunos toques de humor al llegar el peligro para los protagonistas a su cima. Y envuelto, todo ello, en una factura técnica y en una calidad estética de los más chapuceras y nefastas.

La verdad; el director --al menos esta vez-- se ha lucido realizando (es un decir) una de las peores cintas (o la peor) del subgénero de secuestro de aviones.

Cuando la acción queda estancada desde el minuto seis de su parco metraje, cuando no existen personajes (por los actores pasemos un tupido velo), cuando todo lo que sucede (en realidad no sucede nada) está ya visto en mil ocasiones, pero mucho mejor elaborado, cuando todo se convierte un tremendo pastiche sin trabar es que algo pésimo ocurre en la dirección y en la mismísima producción.
Y lo peor: cuando el espectador es tomado por un necio que se divertirá con un par de tiros, cuatro tortazos y una explosión final, da para pensar que se están riendo de él. Y eso es verdaderamente imperdonable.

Estrepitoso, en definitiva, film --no deseo alargarme más-- que a nadie aconsejo; solo sería una irreparable pérdida de tiempo habiendo multitud de memorables películas para ver y disfrutar.
Luis Ángel Lobato
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8
18 de septiembre de 2015
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una emocionante y memorable película del director Andrew Marton, especializado en dirección de segundas unidades y en series televisivas, pero que cuenta con algún título de especial interés como la mejor versión de "Las minas del rey Salomón" (1950).

Si hay algo netamente distintivo en este hermosa cinta lo podríamos definir con el calificativo de "londoniano". En efecto; el espíritu del escritor Jack London pervive en la esencia misma de este film.
En él se nos muestra la solidaridad humana y la amistad, con mayúsculas; el acoso que produce la soledad; la lucha contra una naturaleza salvaje y maravillosa (las montañas y los bosques nevados) que oprime, a pesar de ser abierta y grandiosa, a los personajes; la batalla de estos contra sí mismos y el miedo ante sus propios fantasmas.

La película muestra la aventura en su estado puro y, aunque está catalogada como un western en su vertiente de aventurera, yo la incluiría dentro del thriller; tanto por su argumento (persecución de un policía a un presunto asesino y su entrega en la comisaría) como por su ambientación (en vez de las calles nocturnas de una gran ciudad o de las carreteras interminables plagadas de peligrosos asesinos que acechan a los protagonistas, tenemos intrincadas montañas y profundos bosques con tramperos enloquecidos y manadas de lobos hambrientos dispuestos a acabar con ellos).

Por el lado técnico, la narración resulta brillante, perfectamente planificada por el director y con un guion muy sólido, portador de diálogos oportunos que remarcan esa condición humana aludida de dos seres antagónicos (en apariencia) condenados a entenderse para sobrevivir.

Y, en su faceta artística, el trabajo de los dos actores (casi únicos, lo que da al film un matiz intimista que contrasta meritoriamente con las proezas y los amplios parajes) Stewart Granger y Wendell Corey es de altura.

En conclusión, aquí tememos una película impresionante que -en mi opinión- debería haber sido considerada, con el paso del tiempo, de culto.
Luis Ángel Lobato
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9
10 de octubre de 2014
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las grandes obras maestras del drama romántico y social americano de los años treinta y uno de las películas más desconocidas del maestro King Vidor.

En Noche nupcial (The Wedding Night), estrenada en 1935, el romanticismo de Vidor se abre paso con una limpidez absoluta. Al igual que en el caso de los geniales directores Frank Borzage o William Dieterle, Vidor nos muestra cómo el amor es una fuerza que, aunque haya una imposibilidad de culminación en su aspecto humano, pervive hasta después de la misma muerte. Los últimos y maravillosos planos nos lo plasman con meridiana claridad.

El desinterés a los lujos urbanos, la postura individualista y el rechazo a las brutales, machistas y clasistas costumbres ancestrales de las comunidades rurales por parte del protagonista (impresionante Gary Cooper), un escritor fracasado por imposiciones comerciales que se refugia en busca de paz en la soledad de los campos nevados y se enamora de una mujer desamparada (guapísima Anna Sten), precipita a los amantes a la tragedia. Tragedia que de alguna forma es redención pero, aunque el recuerdo de la amada permanezca en la memoria (la fuerza del amor anteriormente mencionada), los obstáculos sociales hacen que ese mundo sublime que se pretendía –ya queda lejos el ideal poético renacentista del desprecio de la corte y la alabanza de la aldea– sea destruido. Nuestro hombre volverá a triunfar como escritor en la ciudad, pero será un ser frustrado al que solo le quedará la presencia indeleble de aquel amor perdido.

Por otra parte, resulta magistral y esclarecedor –la impresionante fotografía Gregg Toland lo resalta sin estridencias– el contrapunto de las escenas cotidianas y amables –casi idílicas– en el interior de la casa, con el ímpetu y la dureza –aunque también con la belleza– de la naturaleza primigenia. La nieve funciona como fuerza purificadora y destructora; como un vislumbre del paraíso perdido y el rumor de la desolación que llegará.
En conclusión: una obra con todas las características temáticas y estilísticas de King Vidor, imprescindible y de absoluta modernidad, plagada de sensibilidad y de romanticismo --nos estremece como el poema "Oda a la inmortalidad", de William Wordsworth--, que todo el mundo debería disfrutar.
Luis Ángel Lobato
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