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7
31 de marzo de 2017
31 de marzo de 2017
269 de 333 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Host, Snowpiercer, Oldboy o Toni Erdmann…¿qué tienen todas en común? Que nadie las vio en el mercado norteamericano. ¿La razón? Porque verlas requiere que el espectador esté dispuesto a leer los subtítulos. Y por ello obtenemos innumerables remakes de películas extranjeras que, en su momento, pasaron inadvertidas en la taquilla estadounidense. Ghost in the Shell es un claro ejemplo de esto; película demasiado inaccesible para atraer al gran público que, sin embargo, consiguió un selecto club de adeptos al cual se unirían más cinéfilos al cabo de los años. Pese a todo, aún hay muchos críticos de cine que a día de hoy no están al corriente ni del manga de Masamune Shirow ni a las películas de Mamoru Oshii. Por eso cuando se da a conocer el casting de Scarlett Johansson en el rol de la Mayor, ese ejército de críticos se lanzan cual depredador. Porque en la sociedad actual estamos demasiado acostumbrados a prejuzgar y hundir las posibilidades de la cinta antes incluso de haberla visto. Ambientada en una urbe distópica similar al Los Angeles de Blade Runner, la gira entorno al nacimiento de la cyborg conocida como la Mayor; un híbrido que aúna las habilidades físicas de un cuerpo robótico con la capacidad cognitiva de un ser humano. Un año después, la Mayor trabaja como operativo para la Sección 9, un grupo dedicado a detener el ciberterrorismo, que se expande por los entresijos digitales de la sociedad. Este es el contexto en el que se desarrolla este thriller de ciencia-ficción retrofuturista y cyberpunk, que intenta dar a conocer la calidad del material original entre la audiencia occidental.

Me decepciona que tanta gente haya vapuleado el film, acusándolo de tener un ritmo lento y poca acción (sí, eso lo he escuchado de críticos profesionales) ya que ninguna de las películas de Oshii cuenta con un ritmo acelerado ni acción explosiva. Más bien todo lo contrario. Otro punto negativo que han alegado es que resulta demasiado monótona y que cuenta con unos personajes hieráticos, pero parecen hablar sin conocimiento de causa, ya que este universo se centra básicamente en explorar nuestra humanidad en tiempos en los que nuestro ADN se está viendo alterado por los implantes cibernéticos y las mejoras tecnológicas. Pretender banalizar personajes como Batou, Aramaki o la Mayor para convertirlos en caricaturas “carismáticas” en línea con las películas de superhéroes, eso sería sería prostituir la visión del manga/anime y no la elección de Scarlett Johansson en el papel protagonista, como muchos dicen. Y es que esta fue una de las grandes bazas que emplearon para criticar la cinta, alegando que un remake de una película japonesa debe contar con una protagonista japonesa. No obstante, a nadie le importa que Marvel lleve 10 años produciendo películas protagonizadas por varones caucásicos (Iron Man, Thor, Hulk, Capitán América, Ant-Man, Doctor Extraño y próximamente Spider-man) porque el año que viene estrenarán Pantera Negra que como el propio nombre indica…es negra. Ahí tendrán la oportunidad de ¿redimirse? incluyendo a todo el Hollywood de color en el reparto. Por cierto, un dato importante: Takeshi Kitano, la leyenda del cine japonés, compelta el reparto y sus diálogos están íntegramente en japonés, al menos en la versión original.

Este remake dirigido por Rupert Sanders es, de lejos, una de las mejores adaptaciones de un anime que jamás se hayan hecho; cuenta con un diseño de producción espectacular –os recomiendo que le echéis un vistazo al making of-, una ambientación calcada a la original y una fotografía que consigue la ardua tarea de replicar algunas de las tomas más recordadas de la cinta del ’95. Todos los detalles están cuidados al más mínimo detallo, demostrando todo el equipo la enorme dedicación y el respeto que le guardan a este vasto universo. Las actuaciones están a buen nivel, salvo alguna excepción, sobretodo la de dúo fomrado por la Mayor y Batou, todo un referente en la saga anime. En cuanto al argumento, podría decirse que toma como referencia a la serie Stand Alone Complex; su narración está más simplificada, con la intención de mantener la atención del espectador. De esta manera, los fans echarán en falta aquellos elementos filosóficos, metafísicos y políticos que hacían de tan compleja a la original. El villano tampoco supone un desafío intelectual tan grande para la Mayor; en cambio, se explora más en profundidad su arco personal, algo que creo apreciarán los seguidores como yo porque nunca llegamos a conocer nada de su pasado. Este remake juega más con las emociones de los perosnajes, con el concepto de familia y con la búsqueda de la identidad individual y menos con las ideas filosóficas sobre qué significa ser humano. La acción también está limitada, lo cual es algo bueno teniendo en cuenta la tendencia que tiene Hollywood de sobrecargar la pantalla con enemigos y fuegos de artificio. Hay alguna pelea un tanto confusa por culpa del trabajo de edición, que a veces puede ser frustrante, pero las coreografías son excelentes –el coreógrafo trabajó previamente en Mad Max: Furia en la carretera, Hasta el último hombre o la trilogía de El señor de los anillos, entre otras- y el ritmo es el adecuado para una historia de intriga.
En definitiva, el remake de Ghost in the Shell nos entrega un producto lo suficientemente fiel como para ganarse el título que sostiene y cambia lo necesario para hacerlo accesible a una mayor audiencia. Todos aquellos que piensen que van a ver un calco de la original, les invito a que piensen detenidamente en el significado del remake: nueva versión de una obra. Yo lo veo de esta manera: si quiero escuchar Knocking on Heaven’s door de Bob Dylan, no pongo la versión de Guns ‘n’ Roses; pero si quiero disfrutar de buena música, entonces escucharé las dos. De la misma manera, el Ghost in the Shell de Johansson guarda la melodía sintética y le añade sus propios acordes y tendrás que juzgar por ti mismo si es buen cine o no.
En definitiva, el remake de Ghost in the Shell nos entrega un producto lo suficientemente fiel como para ganarse el título que sostiene y cambia lo necesario para hacerlo accesible a una mayor audiencia. Todos aquellos que piensen que van a ver un calco de la original, les invito a que piensen detenidamente en el significado del remake: nueva versión de una obra. Yo lo veo de esta manera: si quiero escuchar Knocking on Heaven’s door de Bob Dylan, no pongo la versión de Guns ‘n’ Roses; pero si quiero disfrutar de buena música, entonces escucharé las dos. De la misma manera, el Ghost in the Shell de Johansson guarda la melodía sintética y le añade sus propios acordes y tendrás que juzgar por ti mismo si es buen cine o no.
5 de noviembre de 2014
5 de noviembre de 2014
343 de 513 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me quedo sin adjetivos para describir "Interstellar" la nueva obra de arte del maestro Christopher Nolan y es que el británico hace del celuloide un lienzo, en el cual retrata no solo una aventura espacial de órdago, visualmente insuperable -a la altura de 2001- sino también una epopeya, una montaña rusa de emociones que te hará pasar unas memorables tres horas sentado en la butaca.
Esto es cine, por películas como esta amo el séptimo arte y a ellas les debo estar escribiéndoos ahora mismo. Podrá gustarte más o menos -jamás ha existido una película que agrade a todo espectador, ni existirá- lo que si es seguro es que cuando salgas de la sala sentirás que has visto algo nuevo, fresco y original, no te quedarás indiferente después de verla, te sorprenderá y te hará soñar con la infinidad del universo.
Prefiero no alargarme demasiado porque la película habla por sí misma. Quiero decir, sin entrar en detalles, que el guión es muy completo: te hará reír, llorar, fascinarte e inquietarte, te mostrará al ser humano en su vasta complejidad emocional, el potencial que tenemos y las metas que -de momento- soñamos en alcanzar . Las actuaciones son excelentes, a nadie se le notó fuera de lugar, todos cumplieron perfectamente con su personaje -mención especial para el veterano y legendario Sir Michael Caine que merece el respeto y admiración de todos-. La dirección de Nolan muestra a uno de los mejores y más prolíficos cineastas -sino el que más- del siglo XXI y la banda sonora es, en una palabra, bella. Por favor, véanla y saquen sus propias conclusiones, mientras yo comparto aquí, en nuestro foro, sincera y honestamente las mías.
Esto es cine, por películas como esta amo el séptimo arte y a ellas les debo estar escribiéndoos ahora mismo. Podrá gustarte más o menos -jamás ha existido una película que agrade a todo espectador, ni existirá- lo que si es seguro es que cuando salgas de la sala sentirás que has visto algo nuevo, fresco y original, no te quedarás indiferente después de verla, te sorprenderá y te hará soñar con la infinidad del universo.
Prefiero no alargarme demasiado porque la película habla por sí misma. Quiero decir, sin entrar en detalles, que el guión es muy completo: te hará reír, llorar, fascinarte e inquietarte, te mostrará al ser humano en su vasta complejidad emocional, el potencial que tenemos y las metas que -de momento- soñamos en alcanzar . Las actuaciones son excelentes, a nadie se le notó fuera de lugar, todos cumplieron perfectamente con su personaje -mención especial para el veterano y legendario Sir Michael Caine que merece el respeto y admiración de todos-. La dirección de Nolan muestra a uno de los mejores y más prolíficos cineastas -sino el que más- del siglo XXI y la banda sonora es, en una palabra, bella. Por favor, véanla y saquen sus propias conclusiones, mientras yo comparto aquí, en nuestro foro, sincera y honestamente las mías.
23 de mayo de 2016
23 de mayo de 2016
131 de 192 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos buenos tipos es una comedia detectivesca realizada por el inclasificable director Shane Black y protagonizada por Russell Crowe y Ryan Gosling. La secuela espiritual de Kiss Kiss Bang Bang -del mismo director- nos retrotrae al Los Ángeles de finales de los 70 y nos presenta una “buddy film” de acción, intriga y toneladas de diversión. La historia comienza con el aparente suicidio de la actriz porno Misty Mountains. Sin embargo, algo esconde la industria ya que lo que parece ser un incidente aislado terminará por convertirse en un embrollo de dimensiones bíblicas. ¿Qué quién lo solucionará? La verdad es que no hay nadie capacitado pero, entre tanto, lo intentará una pareja de “investigadores” privados poco ortodoxa formada por Holland March (Gosling) y Jackson Healy (Crowe). La pregunta del millón es; ¿pese a su evidente falta de profesionalidad y su incalculable torpeza, podrán resolver el caso de una vez por todas?
Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora.
Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora.

Sin duda alguna si tuviera que recomendar una película para estas vacaciones sería Dos buenos tipos, ya que ofrece el paquete completo; originalidad, una historia y unos personajes llenos de carisma, gran música y diversión a raudales en compañía de estos dos detectives “sui generis” ¿Estáis cansados del género de superhéroes? ¿Añoráis los viejos tiempos, cuando las películas no tenían miedo de arriesgar, de ser diferentes? Pues aquí viene un torbellino dispuesto a agitar la cartelera mundial, a reírse de la formalidad imperante y amenazar a todos los productores conservadores con el regreso de un estilo cuya única norma es ofrecer diversión desenfadada sin necesidad de grandes efectos especiales ni escenarios fastuosos.
Más críticas, trailers y noticias en www.universolumiere.blogspot.com
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13 de octubre de 2015
13 de octubre de 2015
79 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sicario es la nueva película del realizador canadiense Denis Villeneuve, reconocido por sus sólidos trabajos en Prisoners y Enemy entre otros, que regresa para mostrarnos otra historia oscura y pesimista -como nos tiene acostumbrados- durante dos trepidantes horas en las cuáles todo pasará a segundo plano para sumergirte en el brutal mundo de los cárteles. El filme lo protagoniza Emily Blunt (Al filo del mañana, Looper) acompañada por dos de los mejores actores de reparto del momento como son Josh Brolin (No es país para viejos, W., Puro vicio) y Benicio del Toro (Traffic, Sospechosos habituales). Además de los ya mencionados, también colabora el genial director de fotografía Roger Deakins -¡denle ya su Oscar!- que ha filmado tantas obras maestras y ha colaborado con tantos reputados directores, de estilos tan diferentes como los hermanos Coen o Martin Scorsese, que cualquier calificativo sobra. La historia de Sicario no divaga, sabe lo que quiere y rápidamente nos presenta a sus tres personajes protagonistas -aunque no sus intenciones-, que formarán un equipo especial encargado de arrancar el mal desde su raíz; Kate es una leal agente del FBI comprometida con las reglas, Alejandro aporta la veteranía y experiencia a la unidad y Matt “El araña” está tras el telón moviendo los hilos de la misteriosa operación.

Benicio del Toro, Josh Brolin & Emily Blunt
Villeneuve se mueve entre la exposición del narcotráfico visto en “Traffic” y la acción hiperrealista de “La noche más oscura” y aunque, a priori, nos haga creer que la narración cobrará mayor importancia sobre los tiros y la sangre, no es así. Y no es algo estrictamente negativo porque tampoco se la puede encasillar como película de acción, pero definitivamente el director no quería imponer el guión sobre todas las cosas -a diferencia de sus anteriores trabajos-. En Sicario encontraremos un balance gratificante entre el detalle puesto en las técnicas y artimañas que la CIA utiliza para dar caza a los jefes de la droga y la estruendosa acción. También consigue mantener el ritmo y el interés del espectador hasta su explosivo final y desde luego está bien editada, quizá demasiado bien. Las actuaciones son de categoría; desde la “novata” Blunt hasta los profesionales contrastados que son Brolin y del Toro. Desde luego que la película centra su atención en estos tres pero eso no impide que no hayan algunos secundarios como Jon Bernthal -que aparece en todas las películas actualmente- o el actor que interpreta a Silvio que aporten mayor profundidad y perspectivas a la trama. El guión no es demasiado ocurrente más bien profesional y académico. Está realizado más como una crónica, un pseudo-documental sobre los peligros que entraña el trabajo fronterizo -tanto para los americanos como los mexicanos- y como cazar a los demonios de la droga que dirigen las crueles acciones de sus subordinados: los sicarios. En este aspecto, pienso que la película podía haber sido un tanto más explicativa, no de la violencia sino de la compleja máquina -descrita como un reloj- que constituye dicho imperio. En mi opinión, también falla con el arco argumental de el personaje “protagonista” de Kate, el cual lejos de brillar a medida que transcurre el metraje pasa a un segundo o casi tercer plano en favor del personaje de Alejandro. Hablando de este personaje, Benicio del Toro lo encarna magistralmente dándole un aura de misticismo, frialdad y terror, extirpándole cualquier atisbo humano y definirlo como un monstruo, una abominación fría y calculadora de cuyo pasado nada sabemos hasta su desenlace. Matt también tiene un rol similar aunque no termine de explotar como lo hace Alejandro sino que se mantiene, a propósito, en la oscuridad. Este personaje representa al interés nacional, a la mano invisible como diría Adam Smith, él es el brazo ejecutor enviado por el poder imperante. Pero pasemos a la fotografía, porque Deakins vuelve a firmar otra obra maestra y ya van unas cuantas. Este señor es un genio del cine contemporáneo ya que posee un repertorio y una habilidad camaleónica para sorprender incomparable y con Sicario da una lección a todos aquellos que intentan filmar la noche. Jamás ha habido una utilización mejor de los recursos fílmicos para mostrarla de una forma más fiel que aquí. ¿Conocéis ese sentimiento de que la noche se siente real y no un artificio hollywoodiense? Lo habréis sentido en numerosas películas de Michael Mann, por ejemplo. Ahora le toca el turno al británico, que da un puñetazo sobre la mesa y vuelve a reclamar su corona. También muestra especial inclinación por las tomas aéreas del desierto de Nuevo México, que yo interpreto como la majestuosa calma que precede a la tempestad. Os sorprenderéis con algunas de las posiciones en las que el británico coloca la cámara y como compone la escena conjuntamente con Villeneuve. Por último, la música compuesta por Jóhan Jóhannsson es lenta y penetrante. No tiene demasiadas notas pero funciona, no es para nada agradable pero precisamente eso la hace genial, porque te perturba y te incomoda.

Emily Blunt
En conclusión, Sicario es un buen filme de un director en auge que próximamente nos traerá la anticipada secuela de Blade Runner y que muestra aquí sus credenciales. A diferencia de sus anteriores obras, Villeneuve opta por la brutalidad y ferocidad de sus escenarios y de sus frenéticas escaramuzas. Sin embargo, no llega a la perfección debido al deficitario personaje de Kate, que nunca encuentra un lugar dentro de la trama ni se define como alguien relevante y la frustración de ver como la personalidad de esta película se esconde y abandona sus bazas más poderosas. No llega a ser un estudio detallado y profundo sobre la corrupción y el poder en Centro América ni una cinta de acción genérica, Sicario termina en la frontera entre ambas coqueteando de un lado para otro, manteniéndose en la peligrosa ambigüedad del que lo insinúa todo pero no dice nada.
Más críticas, análisis y noticias en www.universolumiere.blogspot.com
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4 de marzo de 2015
4 de marzo de 2015
100 de 143 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Inherent vice” es la última obra del camaleónico cineasta Paul Thomas Anderson -tras llevar a la gran pantalla la polémica vida de Lancaster Dodd, fundador de la Iglesia de la Cienciología- que cuenta con guión basado en la novela de Thomas Pynchon y adaptado por él mismo, un reparto de lujo entre el que destaca Joaquin Phoenix como el investigador privado Larry “Doc” Sportello, Josh Brolin en el papel antagonista de Christian F. “Big Foot” Bjornsen y un sinfín de secundarios que se complementan maravillosamente con este dúo -desde Owen Wilson hasta Katherine Waterston, pasando por Benicio del Toro, Reese Witherspoon o Martin Short entre otros-. La historia gira entorno al personaje de Joaquin Phoenix -dando vida a un híbrido entre “el Nota” de “El gran Lebowski” y el detective Gittes de “Chinatown”- quien es contratado por su ex Shasta Fay para investigar un presunto plan para robar la fortuna e internar en un manicomio a su amante y magnate inmobiliario de Los Ángeles Michael Wolfmann. Plan urdido por su mujer Sloane y su entrenador personal. Esta es la base de una historia enrevesada, liosa y frenética que en sus más de dos horas y media de metraje no para de bombardearte con información confusa y una interminable lista de personajes que guardan relación entre ellos -aunque no sabemos cual-, construyendo así una irresoluble tela de araña tanto para el detective Sportello como para nosotros los espectadores.

Me gustaría comenzar con la efectiva dirección de Anderson, que claramente trata de plasmar ese ambiente de finales de los sesenta, principios de los setenta donde el movimiento hippie -así como sus abanderados- estaba en extinción, luchando a contracorriente contra el entramado capitalista que se erigía en EE.UU. Un cierto tono melancólico se apodera de las escenas, evocando a la tristeza y al recuerdo de una época más lúcida y que también se extiende a algunos personajes como a “Doc” o al desestructurado matrimonio protagonizado por Owen Wilson y Jena Malone. La fotografía está en manos de su compañero de fatigas Robert Elswit, con el que trabajó en todas sus cintas a excepción de “The Master”, “Boogie Nights” y “Sidney”, su ópera prima. El montaje y edición de la película está meticulosamente trabajado para no resultar lento en exceso aunque sí es cierto que se podría haber acortado alguna escena y haber añadido alguna otra que indagara mejor en la historia afin de simplificarla. Digno de mención es el vestuario y ambientación de la película. El “look" de Sportello y compañía contrasta con el del tajante agente de policía “Big Foot” y ambos representan las dos caras de la moneda. En un lado del ring, tenemos al púgil conservador caracterizado por el discutido Lyndon B. Johnson -el presidente que respaldó la Guerra del Vietnam- y un Richard Nixon que, según la cronología de la cinta, recién ocupaba el cargo de presidente de los Estados Unidos y por el otro tenemos al peso welter pacifista, el estandarte de la libertad, el altruismo y la paz, un combatiente herido y cansado de antemano que, siendo sinceros, no tenía ninguna posibilidad de victoria. Como enuncia la película, EE.UU. es una madre suicida que sacrifica a sus hijos en una guerra sin sentido. La música está presente a lo largo de la cinta y por supuesto está influenciada en gran medida por esa música psicodélica y enrollada de los sesenta. Las actuaciones son convincentes en general, sobresaliendo unos por encima de otros. En mi opinión, el cuarteto formado por la parsimonia buen rollista de “Doc”, la ira de “Big Foot” y el halo de misterio que envuelven a Owen Wilson y a Katherine Waterston elevan a “Inherent Vice” a otro nivel de adicción. En cuanto a la adaptación de la novela de Pynchon, tengo entendido que es una obra densa y enrevesada -tal y como le gusta al autor- lo que vuelve el trabajo de adaptación de Anderson todo un reto que ha superado con nota y creo que el novelista estará ampliamente satisfecho tanto por la manera en la que el director logra captar la esencia de la historia que narraba -el final de un estilo de vida en Norteamérica y el cambio traducido en una generación futura encorsetada y perdida- como por el hilo conductor de la película que, a pesar de contar con demasiadas incógnitas y cabos sueltos, resulta tan simpático en su conjunto que no podrás evitar volver a verla con el fin de encajar alguna pieza más del rompecabezas.

Katherine Waterston & Joaquin Phoenix
En conclusión, “Puro vicio” es un espectáculo de dos horas y media de duración, una obra que rema a contracorriente, luchando contra los estigmas de nuestra sociedad moderna. Es una película melancólica, una oda al estilo de vida obsoleto de los sesenta y una reivindicación por una vida más simple, una vuelta a los orígenes, alejada de las construcciones megalómanas, el estrés galopante, las guerras sin sentido y las intenciones interesadas y manipuladoras de gobiernos que lejos de proteger a su país lo hacen enfermar y lo contaminan llevando a su sociedad al borde del abismo. Desde luego no es una película para todo el mundo -sino no podría conseguir sus fines- o la odias o la amas o la criticas o la alabas, no hay termino medio. Personalmente yo la amo, con sus defectos -que son importantes como mencione anteriormente- y sus virtudes ya que es irreverente y reivindicativa y cuenta con unas interpretaciones, un guión y una ambientación dignas de admiración. Siéntense y disfruten de las psicodélicas aventuras del investigador hippie “Doc” Sportello, déjense llevar por su mundo y sobretodo transpórtense a esos tiempos pasados que como reza el irrefutable refranero español siempre son mejores.
P.D. En mi blog universolumiere.blogspot.com indago más en la historia, tratando de explicar algunos de los interrogantes que se nos plantean. Esto es una aclaración desde mi punto de vista personal, son las conclusiones a las que llego tras verla, en ningún caso es una verdad única e indiscutible.
P.D. En mi blog universolumiere.blogspot.com indago más en la historia, tratando de explicar algunos de los interrogantes que se nos plantean. Esto es una aclaración desde mi punto de vista personal, son las conclusiones a las que llego tras verla, en ningún caso es una verdad única e indiscutible.
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