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Estados Unidos Estados Unidos · 544 Camp Street. New Orleans
Críticas de Jinete nocturno
Ordenadas por:
166 críticas
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8
26 de diciembre de 2020
7 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una declaración de principios:
Aunque decir que “no me gusta el cine de superhéroes” es tan estúpido como decir “no me gusta la comida italiana”, lo cierto es que soy más enemigo que amigo del género.
Podría ponerme pretencioso, en plan Coppola, y decir que no es verdadero arte, sino un mero producto, que repite la misma fórmula una y otra vez, que… Blah, blah… Incluso, poniéndome más trascendente, señalar los anti-valores que transmite (el superhéroe moderno consigue todo sin esfuerzo, le es dado sin lucha o superación alguna, y persigue un “bien” maniqueo y sin matices morales, digno de un niño de doce años que, casualmente, coincide con los valores del capitalismo posmoderno americano). Pero no, es más simple: estoy hasta la polla de la misma película 5 veces al año. Por favor, que pase la moda ya.

Y sin embargo, y pese a sus evidentes y en ocasiones catastróficos defectos (le sobran tranquilamente 45 minutos y el guion está hecho a retales), he disfrutado mucho de este WW84. ¿Por qué?

Sencillo. Patty Jenkins ha entendido el género: de verdad, con sus contradicciones y vergüenzas. Y es que no hay nada más patético que una peli de superhéroes que se toma en serio a sí misma.

Veréis, me hace gracia leer por aquí a gente criticando la cierta escena un tanto ridícula (para que negarlo) de esta peli que involucra lo que pasa en un avión porque “no tiene sentido” Porque… Claro… A algunos eso sí les saca de la peli. Pero ver a una tía columpiarse con su látigo mágico de los relámpagos o parar balas no.
¿Vemos el problema?
Animalicos…

Y es que, en efecto, estoy hasta la bolsa escrotal de esa "tendencia", que por suerte agoniza lenta y dolorosamente, de que el cine de superhéroes tiene que ser “serio”, “adulto”, “dark”. Como si una peli protagonizada por un tipo con superpoderes en calzoncillos que lanza rayos por los ojos pudiera ser “seria” en la puta vida. Y, porfa, no me saquéis a relucir los Batman de Nolan o Joker porque son personajes muy concretos y bastante atípicos que permiten ese enfoque realista. Por eso Snyder resulta tan risible, y todo su cine tan dañino y prescindible: tenemos a un tío que rueda durante 45 largos minutos a dos alienígenas dándose de hostias en el centro de una ciudad, destrozándola literalmente a puñetazos y causando cientos de miles de muertos. Todo por aquello de “yo la tengo más larga”. Pero el muy cabrón pretende que nos lo tomemos en serio y no se nos escape una sonrisilla torcida.

¿Qué es WW84? Un (fallido) soplo de aire fresco. El regreso a ese cine de superhéroes de la infancia de muchos que SABÍA reírse de sí mismo; lleno de luz, color, ilusión y cierta inocencia: el de Richard Donner y Lester, cuyos supermanes se homenajean aquí sin complejos, con genuino cariño y desde el respeto. En efecto, esta WW84 está mucho más cerca de “Superman the Movie” o si me apuras incluso de “Superman III” que de la plúmbea seriedad y barroquismo zafio de la DC de los últimos años. Tanto es así que estoy convencido que muchos de los supuestos “defectos” de esta película, como sus malos, completamente excesivos y reducidos a la caricatura desacomplejada, son algo consciente y deliberado, consecuencia de una decisión estética y narrativa discutible y francamente fallida, pero valiente.

Por eso, y porque, para que negarlo, cierta escena de despedida y el renacer de Diana bajo la maravillosa música de Zimmer me han sacado la lagrimilla, no puedo menos que decir “Te veo las costuras, pero agradezco el intento”.

Se va usted con mis bendiciones, Patty Jenkins. Me ha hecho usted sentir como sentía de niño por un ratito, así que, ¿qué más le puedo pedir?
Jinete nocturno
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4
25 de septiembre de 2020
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Theodor Adorno, junto a su colega Hockheimer, publicó en 1946 la que quizás sea la obra más importante y lúgubremente profética que ha dado el pensamiento occidental en un siglo: Dialéctica de la Ilustración. Obviamente, este no es el sitio para despiezar el texto, pero lo mejor es su autopsia descarnada de la industria del entretenimiento. Para Adorno, la función de principal del cine (como gran medio de masas) es domesticar y alienar a la clase trabajadora; destruir cualquier rastro de rebeldía, enseñarle que se humillado y explotado es lo “normal” y a centrar su odio y resentimiento social, no contra el Poder, sino contra aquellos que están incluso peor con él.

Pues bien, pocos casos más descarados de ese venenoso “mensajito” ideológico como esta “pilicula”. ¿Crees que exagero, que se me va? Lo analizamos, venga.

Yo, Tonya debería ser una tragedia. Objetivamente, es la historia de una chica pobre nacida en una familia desestructurada en lo más tópicamente deprimido de la “América profunda”: condenada desde su nacimiento a tener una vida de mierda en los límites de la marginalidad. Pues bien, pese a este destino ya escrito, esta chica, a base de ovarios y voluntad, consigue abrirse camino en uno de los deportes más repugnantemente elitistas y clasistas que existen, consiguiendo pasar por encima de decenas de niñas pijas de Manhattan. Hasta ahí, estamos ante una obvia historia de superación, que debería causar admiración en cualquiera. De hecho, sería exactamente ASÍ como esta película nos vendería su historia si su protagonista fuera una chica negra… Pero no, Tonya no era negra, sino una “redneck”, así que el escudo de lo políticamente correcto no la protege. Lástima.

Por supuesto, sus actos posteriores son indefendibles, pero una cosa no quita la otra: una película justa con su historia sería, e insisto, una tragedia: la historia de una caída, de un sueño roto… ¿Y qué hace la película? Ridiculizarla desde los títulos de crédito: mostrar su historia con el desprecio arrogante con el que un niño pijo universitario de Harvard ve siempre a aquellos que trabajan con su manos: convertir su vida en un chiste y ridiculizar sus logros como poco más que golpes de suerte. Una historia de superación convertida en contra ejemplo social.

Y sí, amigos, aquí entra Adorno: he aquí porque esta película es tan detestable, tan inmoral, tan venenosa. Su mensaje es que los pobres deben resignarse a ser pobres, que no existe redención, y que es legítimo reírse de sus caídas porque el “mal” es siquiera que lo intenten. La white trash es eso, basura: está para que “nosotros” (el blanco de clase media al que va dirigida la película) podamos reírnos de ella y decir “estamos jodidos, pero ellos lo están más”.

Así que lo siento, pero ahí mi suspenso para la película. Un suspenso, por lo demás, bastante objetivo, y es que es una película burda y ramplona, que intenta imitar el “humor” de los Cohen pero sin conseguir ni acercarse y a la que ni siquiera la correcta actuación de Margot Robbie salva.

Al vertedero de basura tras ponerse los guantes: mancha.
Jinete nocturno
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7
12 de septiembre de 2020
1 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aclaro que estoy muy lejos de ser un entusiasta de Disney –el filósofo Adorno definió a Disney como el “hombre más peligroso del Mundo”-y su ideología cínica, biempensante, acomodaticia y vorazmente devoradora. De hecho, y no deja de ser irónico, he acabado viendo esta película más como acto de boicot que por interés.

El caso es que, dejando aparte estas cuestiones colaterales, y una vez vista, tengo que decir que, frente a la avalancha de palos que le están cayendo, me ha dejado un buen sabor de boca. Con muchos “peros”, ciertamente, pero satisfactorio pese a todo. En efecto, las redes sociales están cada vez más repletas de patética chusmilla que decide huir de su triste existencia metiéndose con el producto cultura del moda, ya sea para defenderlo acrítícamente -PUTA Hobra MAESTRA- o destrozarlo sin piedad. Y este, precisamente, es el caso.

Y es que no; ciertamente Mulán no redefine el cine ni aporta nada realmente interesante a su referente animado o al género. Pero, desde luego, tampoco es un desastre o tiene defectos graves que justifiquen las bajísimas notas que se está comiendo, inverosímiles en un producto Disney. De hecho, y comparado con el Episodio IX, por citar el último gran producto de la casa, esto es gloria bendita que cura la calvicie y hace que crezca el manubrio.

¿Lo bueno? ¿Lo malo? Te lo cuento: vamos a la faena.
Primero aclarar que aquí hay dos películas en una. La primera parte, que cuenta la construcción del personaje a modo de enorme prólogo, y su aventura propiamente dicha. Pues bien: mientras que la primera hora de película funciona como un tiro y deja un agradable sabor de boca, pasado el ecuador la película se hunde en la mediocridad más pasmosa.

En efecto, hay dos cosas que esta “Mulán” hace muy bien. La primera es la presentación del personaje. Hay que reconocer que hay estilo, sutileza, y hasta elegancia en ello. El personaje es fuerte y carismático, pero, al contrario que las nauseabundas Mary Sues pluscuamperfectas que nos vomita últimamente el cine (lease Capitana Marvel) es igualmente insegura, agradablemente femenina y torpe al punto de ser capaz de provocar cierta ternura en el espectador. En efecto, aquí, y pese a que se nos vende que Mulán posee ciertas facultades desde cría, aquí si hay una mínima construcción del héroe y ganas de dotarlo de un poco de profundidad psicológica.

La segunda, es la forma de presentar el feminismo.
Y es que sí; aquí también hay la inevitable “agendita” de los cojones. ¿Qué os pensabais, pringaos?: es Disney. Pero, oye, al menos esta vez no resulta insultante. Frente a “joyas” como Birds of Prey, Los Ángeles de Charlie, o la última de Black Christmas, que soy fantasías onanistas salidas del feminismo más casposo, pasado de vueltas y carpetovetónico, y en las que podemos ver a una psicópata rompiendo las piernas a un tipo a sangre fría o quemando vivos una veintena de hombres, aquí tenemos un feminismo bastante menos caricaturesco, y con el que cualquiera podrá empatizar: la muy legítima lucha de una mujer por ser tratada como un igual y valorada por sus méritos. Así sí.

Por desgracia, lamento decir que la película pierde todo interés, irónicamente, en el momento en el que el personaje se quita sus ropas masculinas. Y es que a partir de ahí ocurren tres catástrofes simultaneas: el guion cae en el ridículo a ritmo acelerado, el montaje enloquece y la peli, que hasta ese momento había mostrado cierta sutileza y hasta inteligencia, se convierte en una mero vehículo de acción, con nuestra prota flipándose fuerte a base de piruetas inverosímiles y cabriolas locas que acaban de hacer que desconectes del todo de la película.

En resumen, un film irregular, descompensado, pero en absoluto una la catástrofe que se podría suponer. ¿Recomiendo pagar por ella? El precio actual no, desde luego, pero más adelante, será un DVD que seguramente disfrutarás.
Jinete nocturno
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6
4 de agosto de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Resulta que este humilde servidor tiene su corazoncito, y uno de los huecos que corresponden a esos amores cinematográficos imposibles lo ocupa la tristemente desaprovechada Mary Elisabeth Winstead. El caso es que madrugada asfixiante de verano, 28 grados, insomnio asegurado… Y, oye, me he animado a añadir esta muesca al revolver: una de las pocas “joyas” que me quedaban por ver en su “excelsa” filmografía. (En serio; que cambie de agente).

Por supuesto, y más allá, de satisfacer mi fetichista curiosidad, no esperaba nada. Y es que ya tengo una edad que, oye, estás mierdas de Disney, como que no. En especial si hablamos de ese periodo especialmente siniestro de la compañía que va desde mediados de los noventa hasta mediados de la década siguiente, en el que parió algunos de los sub-productos de la cultura pop adolescente más infestos y tóxicos jamás concebidos (un arco infernal que va de Britney Spears a Hannah Montana). Y, sí, ya adelanto que no ha “decepcionado”: ahí están los inevitables clichés de instituto yanqui con toda la previsible mierda sobre los abusones, los “chicos populares”, los “loosers”, la tía buena de ensueño, el tópicazo del perdedor que se redime… Vaya, lo siento, te he contado la película…

Coñas aparte, y pese al bombardeo de tópicos y que sepas exactamente lo que va a suceder durante los siguientes noventa minutos apenas pasados los títulos de crédito, lo cierto es que el producto es lo suficientemente autoparódico (jamás se toma en serio, ni como comedia, y eso es un acierto) y original en sus situaciones y desarrollo para resultar medianamente entretenido y disfrutable. Si a eso le unimos unos personajes que en lo general funcionan (como clichés, se entiende) y unas actuaciones más que aceptables en un producto adolescente (con una única excepción), el resultado es hora y media de satisfactorio entretenimiento. Antes de que se me olvide, a destacar en el reparto el inefable Kurt Russell, que pese a estar en el momento más bajo de sus carrera e ir con el piloto automático… Oye; cada vez que sale, se come la pantalla.

Y ahora, cómo no, un espacio para la reina de la fiesta -y nunca mejor dicho-. Y es que leyendo el resto de críticas no he podido menos que sonreír al comprobar que la admiración por Winstead (y no en sentido actoral) es lugar común. Pues bien, lamento no poder compartir el entusiasmo de muchos respecto su aparición aquí. Quizás sea lo más interesante y memorable de la peli: al parecer, lo único que a estas alturas se recuerda. Pero no sé yo si por las razones adecuadas. Porque si bien es cierto que su presencia física es imponente (un bellezón a sus 20 años recién cumplidos), y basta de por sí para “vestir” a su personaje (la inevitable diosa inalcanzable de perpetua sonrisa profident a la par que niña buena que, oh sorpresa, no lo es tanto), hay que decir que su actuación es lamentable. Tanto, que produce cierta ternura; sobre todo en la medida que, hoy por hoy, suele ser de lo más rescatable de las películas (de mierda) en las que actúa. Nadie nace aprendido, ¿verdad?

Lo dicho. Le doy mi beneplácito. Medianamente entretenida. No está mal para echar un rato.
Jinete nocturno
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5
17 de enero de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya estaba avisado. El aluvión de críticas destrozando la película me advertían que me metía en esto bajo mi cuenta y riesgo. No obstante, un producto en el que salga Mad Mikkelsen (que está viviendo su particular estado de gracia) siempre merece una oportunidad así que… Allá que fuimos.

Seré claro: los primeros diez minutos sobrepasaron mis peores expectativas, que ya eran bajas. Una puesta de escena hortera hasta decir basta, personajes ridículos y casposos, y un “humor” que intenta ser transgresor y se queda en un festival de vulgaridad y mal gusto al peor estilo Torrente. Aparte de eso, muchos primeros planos del culo de Ruby O. Fee , que por lo visto, y dada la naturaleza de su participación en el film (enseñar tetas y culo y dejar que se la empotren), prepara su paso al porno.

Por suerte, la mera aparición de un solvente Mikkelsen basta para devolver a la cosa algo de dignidad, al menos por un rato: Destilando carisma, es sin duda lo mejor (o lo único) del film con su interpretación de un sicario de vuelta de todo que se dispone a afrontar la “merecida” jubilación. En efecto, y durante unos minutos, Åkerlund (perpetrador de esta cosa) casi intenta hacer una película de verdad: Incluso podríamos hablar de ciertos aciertos estéticos, como esos paisajes de una Montana invernal y un acertado ritmo contemplativo que inevitablemente hacen pensar en Fargo. Pero que nadie se equivoque: esto es lo que es, y no falta el “humor” absurdo y los elementos estúpidos para recordarnos qué estamos viendo. También se nos presenta a la contraparte del film, una irreconocible Vanessa Hudgens que pese a solo tener 31 años, aparenta haber sobrepasado de largo la cuarentena (lo que tiene la mala vida), convirtiéndose en el interés romántico del protagonista con las previsibles consecuencias (giro aparte). ¿Su actuación? Tan mala como de costumbre, aunque dado el nivel medio actoral del film casi se le podría dar el Oscar.

Resumo, que tu tiempo es valioso: Tras esta “isla”, volvemos al mal gusto, tetas gratuitas, violencia desmesurada y malos de opereta que promueven la carcajada: todo un festival del exceso. Eso es todo, no hay más.

¿Merece la pena? Pues tú verás; estás avisado. Personalmente, debo reconocer que la he metido en mi lista de placeres culpables. La película es infame en muchos sentidos, pero reconozco que me ha entretenido y que satisfecho la parte más neandertal de mi cerebro; la siempre hambrienta de culos, tetas, gore y venganzas sádicas. Eso sí: no esperes ver una buena película ni por asomo.
Aprobada por los pelos.
Jinete nocturno
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