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Críticas de Kyrios
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1,141 críticas
5
22 de febrero de 2021
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Suite Habana (2003) es una película dirigida por Fernando Pérez y que en su momento cosechó distintos reconocimientos nacionales e internacionales, entre los que podemos destacar el de mejor película en el Festival de la Habana, algo a priori bastante controvertido en cuanto a la película es una velada, pero fácilmente reconocible, crítica al gobierno cubano. En España se presentó en el festival de San Sebastián en la sección oficial de largometrajes.

Suite Habana sigue la tradición de películas como Berlín, sinfonía de una ciudad (1927) o el hombre de la cámara (1929). No hay diálogos, ni situaciones narrativas convencionales, sino que la película se dedica simplemente a “narrar la cotidianeidad”, como si la cámara fuera un espectador objetivo que únicamente se dedica a captar la realidad. Algo por cierto, que ya se demostraba como un imposible, puesto que el montaje y la música siempre muestran una ideología, sea la que sea y desmontan esta pretendida “objetividad”. Por ejemplo, en el hombre de la cámara el objetivo (consciente o inconscientemente) era mediante el documental ensalzar el ajetreo (en un sentido positivo de desarrollo económico de la ciudad) que había traído la revolución.

Suite Habana intenta contestar sui generis a la pregunta ¿Qué pasaría el día después de la revolución? Como diría Rosa Luxemburgo, habría que trabajar igualmente, puesto que el trabajo es el fundamento principal de la sociedad. Y esto es lo que presenta Fernando Pérez, un director que mediante sus películas y declaraciones se ha mostrado crítico con el gobierno cubano, una serie de personajes a los que acompañamos durante un día en su jornada laboral.

Personajes que no hablan, pero que cuentan mediante sus actos y actitudes lo que no plasman directamente con diálogos. Sin embargo, este trabajo, quiere decirnos el director, enajena al trabajador de igual manera que lo hacía durante el período burgués.

Suite Habana intenta contestar sui generis a la pregunta ¿Qué pasaría el día después de la revolución? Como diría Rosa Luxemburgo, habría que trabajar igualmente, puesto que el trabajo es el fundamento principal de la sociedad. Y esto es lo que presenta Fernando Pérez, un director que mediante sus películas y declaraciones se ha mostrado crítico con el gobierno cubano, una serie de personajes a los que acompañamos durante un día en su jornada laboral.

Personajes que no hablan, pero que cuentan mediante sus actos y actitudes lo que no plasman directamente con diálogos. Sin embargo, este trabajo, quiere decirnos el director, enajena al trabajador de igual manera que lo hacía durante el período burgués.

Suite Habana no es una película recomendable para cualquier persona que no esté mínimamente interesado en la perla del Caribe y sus condiciones político-economicas. Para el resto de mortales solo será un antídoto contra el insomnio o una pieza indescifrable.
Kyrios
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7
25 de enero de 2021
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Silencio (2016) es una de las últimas películas de Martin Scorsese. La obra, que adapta una novela de Shusaku Endo, es una de las películas más cerradas e inaccesibles del director, y no recomendable para los que solo valoran del cineasta sus thrillers sobre la mafia. En la película nos encontramos con una autodisección religiosa que hace Scorsese de su fe.

Silencio está dividida claramente en dos actos. En el primero de ellos vemos como los misioneros jesuitas se adentran en Japón y predican el evangelio cristiano a los fieles japoneses. En estos primeros compases de la película, lo que hace Scorsese es deleitarse en escenas que recrean el cristianismo primitivo, que se entronca directamente con el de los primeros cristianos que tuvieron que predicar en Roma con mucho cuidado por estar perseguidos. Una religiosidad pura, que sin duda fascina al director. Las imágenes del paraíso natural de Japón son realmente preciosas y el cineasta tiene un cuidado especial por la imagen.

En la segunda parte de Silencio somos testigos de los debates intrínsecos de la religión  y del sacrificio.

A Sócrates, los gobernantes de la ciudad griega de Atenas, le dieron un ultimátum antes de morir. Podía renunciar a sus ideas públicamente y optar por la vida. El sabio griego no lo hizo y optó por morir por sus ideales. Para Nietzsche, la decisión de Sócrates fue un antes y un después en la condena moral de occidente. Al preferir la muerte por encima de la vida, el griego estaba optando por un camino que, según Nietzsche, despreciaba lo más preciado de este mundo, la vida terrenal. La crítica del alemán, se extendía al cristianismo, una religión que optaba por el sufrimiento terrenal en pos de una vida posterior a la terrenal. Sin embargo, para Nietzsche, la vida debía ser gozada aquí y ahora, no buscando una vida después de la vida.

Pues bien, en Silencio de Scorsese, nos encontramos con una diatriba similar. Cuando el personaje de Andrew Garfield renuncia a su fe para salvar a los demás japoneses, está en la misma línea que hemos comentado. Cuando se emplea para los japoneses, cribando todo arte cristiano, está haciendo lo mismo. Sin embargo, esto es una proyección que está basada en los ideales del propio director, que sin duda hace trampas al solitario, poniendo en voz del misionero portugués lo que él mismo cree. La realidad es mucho más compleja de la que pretende contarnos Scorsese. A pesar de que sí incluye el tema de la política (que está presentado por el inquisidor japonés).

Porque como ya nos mostraba en La última tentación de Cristo, Scorsese, que es católico reconocido, tiene una fe muy particular, que es la que expresa en estas dos películas. Una fe simple, familiar, que seguramente está enlazada con la manera en la que vivió el joven Scorsese en los barrios italianos de su ciudad. Con una familia de origen italiano, por tanto católica, que optaba por una espiritualidad sencilla, de un Cristo de rostro amable, que predica un amor desinteresado. Contrario de una fe hipócrita, alejada de los lujos y la fastuosidad. La religiosidad que interesa a Scorsese está relacionada con los cristianos de los primeros tiempos, que predicaban en catacumbas.


En Silencio hay dos traiciones ortodoxas a Cristo. Una es la que comete nuestro protagonista cuando apostata y la otra es la que hace el personaje japonés que vende al misionero por dinero. Sin embargo, para Scorsese las traiciones que cometen a Dios los dos personajes son de raíz totalmente diferente. El misionero traiciona a Dios por salvar a los demás, en un acto que es de un amor incomparable. Su sacrificio es un claro símil al que hizo Cristo en la cruz por salvar la humanidad. En cambio, el japonés traiciona su fe solo por un interés personal, puramente egoísta.

Silencio es una película profunda, que se relaciona con la fe del director y sus contradicciones personales. A pesar de no ser cristiano, la película puede disfrutarse desde una perspectiva que busque la parte intelectual de los debates morales que se acometen en el filme. Pero desde luego, no es una película apta para todos los públicos.

Crítica escrita para Cinemagavia.es
Kyrios
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4
15 de enero de 2021
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Llegan sin avisar se trata de una curiosa película dirigida por Greydon Clark, que podemos clasificar como una mezcla entre diversos géneros de terror. La película es más conocida hoy en día por lo extravagante de su propuesta que por su propia calidad artística.

Llegan sin avisar (1980) es una película que se encuentra en un cruce de caminos. Un año antes se habían estrenado dos películas cruciales dentro del cine de terror como eran Halloween (1979) y Alien (1979). Ambas marcaron y dejaron su influencia en el cine fantástico de los ochenta, y esa influencia puede rastrearse en la película que hoy nos ocupa. Llegan sin avisar coge la estructura y los ejes principales del cine slasher, que se inicia en esta década y que los cuatro años posteriores del inicio de los años ochenta explotará incesantemente en el cine de serie B y le añade una pátina del cine de “aliens”. Sin embargo, hay que destacar que la influencia del slasher es mucho mayor, mientras que de Alien simplemente coge el diseño del monstruo, un trasunto parecido al del estado embrionario de Alien.

Llegan sin avisar se centra en un grupo de cuatro jóvenes (entre ellos destaca una protagonista femenina, Sandy, interpretada por Tarah Nutter; en el reparto se puede ver alguna cara conocida, como Jack Palance, Martin Landau o David Caruso), que, de viaje hacía un lago (¿Les suena?), se encuentran con un peligroso alienígena asesino, que les irá acosando violentamente

Llegan sin avisar tiene numerosos elementos del slasher, con lo que es fácil identificarla como tal, más allá de que el asesino no sea un asesino, sino una entidad extraterrestre.

Para empezar, la estructura es típica del slasher, incluyendo un prólogo que arranca el Body Count. De hecho, este elemento será uno de los ejes del filme, con un guion que introduce personajes secundarios cuyo único objetivo es simplemente morir en cámara. También en los primeros compases se incluye una advertencia profética y cautelar por parte de un personaje a los jóvenes protagonistas (como sucedía con las advertencias de Crystal Lake). Asimismo, se incluyen planos subjetivos de la entidad alienígena, otro tópico del slasher (a su vez derivado del giallo), los personajes se utilizan como comparsa y no hay una profundo análisis de estos.


Sin embargo, la mezcolanza no funciona de ninguna manera. El problema de la película es que el guion nos presenta durante más de una hora a personajes discutir por tonterías, encerrados en un mismo espacio y con unas muertes carentes de cualquier tensión narrativa.

Los asesinatos, algo fundamental en el cine slasher, se resuelven de una manera que es puramente ridícula, y que no causan terror sino un efecto cómico. Dicho esto, Llegan sin avisar se derrumba como un castillo de naipes porque no tiene otra cosa que pueda ofrecer al espectador. El esquema que utiliza para los asesinatos es idéntico, pues todas las muertes suceden de manera repetitiva.

Llegan sin avisar solo es apta para aquellos que hayan visto todo el cine de serie B y quieran disfrutar de una extravagancia cuya máxima virtud es una premisa que nunca se desarrolla de manera efectiva.

https://cinemagavia.es/llegan-sin-avisar-pelicula-critica/
Kyrios
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5
3 de enero de 2021
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La Oscura noche del Espantapájaros (1981) se trata de una película de serie B que es especialmente famosa por los amantes del Slasher y que desde su estreno en televisión ha ido ganando un estatus de culto. La película fue dirigida por Frank de Fellita, quien no era especialmente ducho detrás de las cámaras, sino que tenía más fama por haber escrito dos guiones para películas de terror, como eran: Audrey Rose y El ente.

La película nos presenta el siguiente argumento: En lo más profundo de los Estados Unidos (aquel tan rural y conservador al que estamos tan acostumbrados a ver en el cine) un grupo de hombres (de los que hoy se etiquetaría como White Trash) siguiendo sus estúpidos prejuicios y por un absurdo malentendido, fusilan a un hombre con deficiencia mental, al pensar que ha matado a una niña, lo cual es falso. Este, desde el más allá, se vengará de estos hombres ataviado con el atuendo de un espantapájaros.

La película es irregular y seguramente gran parte de ello se deba a su presupuesto limitado. El hecho de ser una película de serie B se nota en su factura, especialmente en una puesta en escena que es plana: Se abusa del plano estático y del plano-contraplano, creando un producto poco imaginativo en estos términos. ¿Por qué entonces ha conseguido un estatus de culto entre tanta gente?

Lo cierto es que más allá de la puesta en escena, la película consigue crear algunas imágenes bastante iconicas, con mucha fuerza. Por un lado tenemos el fusilamiento del personaje que luego será el espantapájaros, una escena que está claramente relacionada con la muerte de Cristo, con la que hay un claro paralelismo: Ambos muestran a un personaje inocente siendo asesinado por motivos ajenos a él y además ambos acaban su vida en una cruz. Esta imagen de redentor es la que la película utilizará para fusionarla con la del icónico espantapájaros, que tiene su andadura en el cine de terror precisamente en esta película y que posteriormente se ha explotado, todo sea dicho, sin demasiada fortuna.

También en las muertes de algunos personajes la película consigue un clímax interesante, aunque la mayoría sean fuera de cámara para evitar costes, la manera en como se llega a esa atmósfera de terror previa a la muerte si está bien conseguida. Por ejemplo, el hombre atrapado en el granero o la muerte con la trituradora.

La película ha sido generalmente clasificada como Slasher, aunque realmente es díficil de precisar si la película puede pertenecer a dicho subgénero de terror. Cronológicamente si es cierto que en el año en el que se realizó el filme, el 1981 está relacionado de manera directa con la expolosión del subgénero, pero hay algunos elementos que parecen discordantes: Los protagonistas principales no son adolescentes (de hecho no hay ni uno en toda la película), sino que se encuentran en la edad adulta y algunos ya son prácticamente ancianos.

Por otra parte, el asesino "slasher" del filme es un personaje que no pretende asesinar sin motivo, sino que su venganza está de alguna manera justificada, y lo que es más (y aquí es donde encontramos la mayor diferencia), en algún nivel subconsciente se puede simpatizar con su modo de actuar por la absoluta injustifica con la que se le trata.

Lo cierto es que la película vista hoy en día peca de una ingenuidad casi tan infantil como la del personaje deficiente mental que aparece. Las reaccciones de los personajes no parecen escritas por un guionista profesional y es seguramente el punto más flaco de la película. Todo es demasiado previsible y quitando el personaje que interpreta Charles Durning (quien es sin duda el ínterprete que mejor está en la película), el resto carece de interés.

La película se deja ver y es interesante para los amantes del terror, que pueden disfrutar de algunas inquietantes imágenes, aunque hay algunos elementos que restan: Un guión poco atractivo y una puesta en escena pobre.

Crítica escrita para Cinemagavia.es
Kyrios
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8
21 de diciembre de 2020
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El día de la ira (1967), dirigida por el italiano Tonino Valerii, es probablemente uno de los mejores eurowesterns que hay, prácticamente a la altura de la primera película de Leone en el género. Cuenta con un guion muy maduro, que a diferencia de otras películas spaghetti, no solo muestra tiroteos y violencia a raudales, sino que incluye una interesante reflexión sobre el propio género. La película fue un gran éxito de taquilla en Italia en su momento.

Giulano Gemma interpreta a un joven que no tiene nada, y por no tener no tiene ni siquiera apellido, porque es un "bastardo". Todo el pueblo le humilla y él no hace más que tragar con las vejaciones que le provocan todos los habitantes del pueblo. Sin embargo, un buen día aparece un misterioso personaje, interpretado por Lee Van Cleef, que no tolerará que en su presencia humillen al joven personaje y le enseñará un par de trucos...

A priori podría parecer que nos encontramos ante un Spaghetti más. Se rodó como tantas otras en Almería, se contrató a una estrella norteamericana en horas bajas como es Lee Van Cleef, que justo había despegado con las películas de Sergio Leone, y que estaba acompañado por una estrella local, Giuliano Gemma. Para la banda sonora no se contó con Ennio Morricone, sino con Riz Ortolani, que sin embargo compuso un gran tema principal, igual de pegadizo que las películas en las que aparecía Clint Eastwood (De hecho, el tema sería reaprovechado por Tarantino en Kill Bill).

El elemento que hace que la película destaque por encima de otras obras del mismo subgénero es la consciencia que demuestra. El día de la ira analiza los troppos del Spaghetti y los pone bajo la luz de la consciencia y la ética moral. Uno de los rasgos distintivos es el personaje amoral, antiheroico, que solo piensa en su propio beneficio y al que no le importa dejar una ristra de cadáveres tras de sí para conseguir sus propios objetivos. Una visión casi de superhombre Nietzscheano, que quedaba plasmada en la trilogía del Dolar de Leone.

Este personaje aparece en nuestra película interpretado por Lee Van Cleef. Él es el "Clint Eastwood" de El día de la ira. Es un personaje que deja tras de si una ristra de cadáveres y es él quien enseña al personaje de Frank, interpretado por Giuliano Gemma, a disparar y lo convierte en un hombre que no tolera que lo humillen. Realmente hace de él un superhombre, con una moral superior. ¿Pero dónde queda la humanidad en esta transformación? La película es lo suficientemente madura como para mostrar, con cierta denuncia, que la evolución del personaje, comporta un traspaso de corrupción, y los personajes que antes vejaban a Giuliano Gemma son los que ahora son vejados. Nada ha cambiado, solo el nombre del maltratador y los maltratados.

Por esto, podemos decir que nos encontramos ante de uno de los Spaghetti más maduros de la filmografía italiana. Tiene aspectos de profundidad que ni siquiera las películas de Leone tenían. Porque mientras que la mayoría de películas muestran al vaquero protagonista con un perfil unidireccional (es bueno mientras consiga matar cuantos más enemigos mejor), aquí hay un perfilamiento mucho más humano.

A pesar de que quizá la dirección no es demasiado llamativa, nos encontramos con algún plano muy interesante, como es el caso de la paliza que le dan a Van Cleef atándolo a un caballo, o algunos duelos que explotan como siempre en un delirio de violencia propio de un comic, o fumetto, para adultos.

Conclusión

El día de la ira es una gran película sepultada por otros millares de eurowesterns que sin embargo no se acercan a su nivel en ningún aspecto. Contiene una gran reflexión sobre el género que quizá es única, porque ni siquiera en los filmes de Leone hay un debate sobre la violencia intrínseca al eurowestern.

Crítica escrita para Cinemagavia.es
Kyrios
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