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19 de octubre de 2025
19 de octubre de 2025
308 de 341 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de nada, ¿es una buena película? Sí, y mucho más que eso: es una obra que demuestra que Giorgio Lanthimos sabe adaptarse a los tiempos que corren. Basada en la cinta surcoreana Save the Green Planet! (2003), Bugonia reinterpreta su premisa bajo una mirada profundamente actual.
Donde el original exploraba los traumas políticos de Corea del Sur, Lanthimos traslada la historia a un presente dominado por la desconfianza hacia las corporaciones, la paranoia digital y la pérdida de fe en las instituciones. Es una película absolutamente moderna, inquietante y necesaria.
Vimos Bugonia en el Festival de Sitges 2025, y sin duda es una de las propuestas más potentes y provocadoras del año: una sátira política disfrazada de thriller psicológico, que merece ser vista y debatida.
Bugonia comienza como una historia absurda más propia de una película chorra de hace 10 años: dos conspiranoicos secuestran a una poderosa ejecutiva convencidos de que es una extraterrestre que planea destruir la Tierra. Lo que suena a comedia barata pronto se transforma en un estudio inquietante sobre la locura, el poder y la verdad.
Donde el original exploraba los traumas políticos de Corea del Sur, Lanthimos traslada la historia a un presente dominado por la desconfianza hacia las corporaciones, la paranoia digital y la pérdida de fe en las instituciones. Es una película absolutamente moderna, inquietante y necesaria.
Vimos Bugonia en el Festival de Sitges 2025, y sin duda es una de las propuestas más potentes y provocadoras del año: una sátira política disfrazada de thriller psicológico, que merece ser vista y debatida.
Bugonia comienza como una historia absurda más propia de una película chorra de hace 10 años: dos conspiranoicos secuestran a una poderosa ejecutiva convencidos de que es una extraterrestre que planea destruir la Tierra. Lo que suena a comedia barata pronto se transforma en un estudio inquietante sobre la locura, el poder y la verdad.

Emma Stone
La película se estructura claramente en tres actos:
- Primer acto: arranca con una comedia negra muy divertida, cargada del humor típico de Lanthimos. Las dinámicas entre los personajes son grotescas, torpes y ridículamente humanas.
- Segundo acto: el tono cambia. La incomodidad crece, el humor persiste pero se envenena. Aparece el mal rollo, la tensión y el drama, y la película se adentra en un terreno psicológico cada vez más oscuro.
- Tercer acto: Lanthimos pisa el acelerador. Como si Tarantino dirigiera un episodio de Black Mirror, el director desata toda su creatividad y violencia en un clímax salvaje, impredecible y visualmente impactante.
El resultado es una montaña rusa emocional que pasa del absurdo a la desesperación con una naturalidad desconcertante.
Lo mejor de Bugonia:
Dirección impecable: Lanthimos firma aquí una película equilibrada. No tan barroca como Pobres criaturas, pero sí más contenida y calculada, recuerda en cierta medida a Canino.
- Primer acto: arranca con una comedia negra muy divertida, cargada del humor típico de Lanthimos. Las dinámicas entre los personajes son grotescas, torpes y ridículamente humanas.
- Segundo acto: el tono cambia. La incomodidad crece, el humor persiste pero se envenena. Aparece el mal rollo, la tensión y el drama, y la película se adentra en un terreno psicológico cada vez más oscuro.
- Tercer acto: Lanthimos pisa el acelerador. Como si Tarantino dirigiera un episodio de Black Mirror, el director desata toda su creatividad y violencia en un clímax salvaje, impredecible y visualmente impactante.
El resultado es una montaña rusa emocional que pasa del absurdo a la desesperación con una naturalidad desconcertante.
Lo mejor de Bugonia:
Dirección impecable: Lanthimos firma aquí una película equilibrada. No tan barroca como Pobres criaturas, pero sí más contenida y calculada, recuerda en cierta medida a Canino.

Emma Stone
Actuaciones soberbias: Jesse Plemons está absolutamente brillante, interpretando a un hombre al borde de la locura, paranoico y frágil. Emma Stone, por su parte, se mantiene en su línea haciendo un gran dúo con Jesse quien se roba en esta ocasión toda la atención.
Reflexión actual: La película dialoga con temas profundamente contemporáneos: la teoría conspirativa como refugio existencial, la alienación del individuo frente al poder corporativo y la imposibilidad de distinguir verdad de delirio.
Un tercer acto memorable: violento, poético y surrealista. De esos finales que dividen al público, pero que permanecen en la cabeza mucho después de los créditos.
Lo peor de Bugonia:
Guion irregular: aunque sólido, no es el más brillante de Lanthimos. Hay pasajes en el segundo acto que se sienten algo repetitivos y un poco más largos de lo necesario.
Exceso de simbolismo: a ratos la película parece regodearse en su propio mensaje, dejando poco espacio para la sorpresa emocional.
No apta para todos: su tono violento final, su ambigüedad política y su ritmo pausado pueden alejar al espectador más impaciente y al que espera una película sin sangre.
Aun así, la combinación de actuaciones, atmósfera y discurso político la eleva por encima de sus debilidades.
Lanthimos usa el secuestro como excusa para hablar del ruido ideológico de nuestro tiempo: Teddy (Plemons) encarna al ciudadano desorientado, perdido entre conspiraciones, teorías y miedos que se proyectan continuamente en internet. Michelle (Stone), en cambio, representa el poder económico que domina el mundo con sonrisa impecable y total falta de remordimientos.
El enfrentamiento entre ambos no trata de quién tiene razón, sino de cómo ambos viven atrapados en un sistema que los supera. Y es ahí donde Lanthimos brilla: mostrando la locura colectiva de una sociedad que ya no distingue verdad de ficción.
La película juega con nosotros sin parar haciéndonos bailar al son de lo que es verdad y lo que no, nos hace replantearnos si estamos haciendo bien dejándonos llevar por la paranoia de Teddy o por el contrario si lo correcto es sentir pena por la vulnerabilidad a la que nos lleva pensar Michelle, y eso es un puntazo por parte del director, y todo para llevarnos a ese final…
El final —sin spoilers— no dejará indiferente a nadie. Habrá quien lo ame y habrá quien piense que Lanthimos se pasa de rosca, pero precisamente en ese exceso reside su genio. Bugonia incomoda, perturba y fascina a partes iguales.
Reflexión actual: La película dialoga con temas profundamente contemporáneos: la teoría conspirativa como refugio existencial, la alienación del individuo frente al poder corporativo y la imposibilidad de distinguir verdad de delirio.
Un tercer acto memorable: violento, poético y surrealista. De esos finales que dividen al público, pero que permanecen en la cabeza mucho después de los créditos.
Lo peor de Bugonia:
Guion irregular: aunque sólido, no es el más brillante de Lanthimos. Hay pasajes en el segundo acto que se sienten algo repetitivos y un poco más largos de lo necesario.
Exceso de simbolismo: a ratos la película parece regodearse en su propio mensaje, dejando poco espacio para la sorpresa emocional.
No apta para todos: su tono violento final, su ambigüedad política y su ritmo pausado pueden alejar al espectador más impaciente y al que espera una película sin sangre.
Aun así, la combinación de actuaciones, atmósfera y discurso político la eleva por encima de sus debilidades.
Lanthimos usa el secuestro como excusa para hablar del ruido ideológico de nuestro tiempo: Teddy (Plemons) encarna al ciudadano desorientado, perdido entre conspiraciones, teorías y miedos que se proyectan continuamente en internet. Michelle (Stone), en cambio, representa el poder económico que domina el mundo con sonrisa impecable y total falta de remordimientos.
El enfrentamiento entre ambos no trata de quién tiene razón, sino de cómo ambos viven atrapados en un sistema que los supera. Y es ahí donde Lanthimos brilla: mostrando la locura colectiva de una sociedad que ya no distingue verdad de ficción.
La película juega con nosotros sin parar haciéndonos bailar al son de lo que es verdad y lo que no, nos hace replantearnos si estamos haciendo bien dejándonos llevar por la paranoia de Teddy o por el contrario si lo correcto es sentir pena por la vulnerabilidad a la que nos lleva pensar Michelle, y eso es un puntazo por parte del director, y todo para llevarnos a ese final…
El final —sin spoilers— no dejará indiferente a nadie. Habrá quien lo ame y habrá quien piense que Lanthimos se pasa de rosca, pero precisamente en ese exceso reside su genio. Bugonia incomoda, perturba y fascina a partes iguales.
12 de diciembre de 2024
12 de diciembre de 2024
266 de 352 usuarios han encontrado esta crítica útil
El embrujo de la criatura se extiende como una amenaza que acecha a aquellos a los que se presenta. La influencia que ejerce el Conde Orlok es capaz de transitar muchas formas y afectar desde la distancia; solo que, esta vez, cuando hablamos de distancia, no solo nos referimos al castillo de Transilvania, sino también a los más de 100 años que separan la visión de Eggers de la original. Hacer una reinterpretación de una obra no es fácil, y menos cuando el legado cultural que ha dejado es tan grande que ostenta el título de obra maestra.
Eggers lo vuelve a hacer
El director demuestra una gran maestría técnica y un control absoluto (esta vez sí) en todo momento. La puesta en escena es espectacular: la escenografía, el realismo en el reparto, la acertada selección de protagonistas, la increíble fotografía y el montaje consiguen manejar de manera constante el ritmo y la tensión que respiran en todo momento.
Este es el Eggers más perfeccionista y minucioso hasta la fecha. Su Nosferatu está más cerca de La Bruja y su aterradora indefensión ante lo desconocido, pero no duda en arremeter con la fuerza interpretativa de sus desesperados personajes, recordándonos a El Faro. Logra hacernos sentir que formamos parte de una pesadilla en la que el realismo se diluye con lo onírico, y consigue darnos escalofríos muy, pero que muy reales.
Eggers lo vuelve a hacer
El director demuestra una gran maestría técnica y un control absoluto (esta vez sí) en todo momento. La puesta en escena es espectacular: la escenografía, el realismo en el reparto, la acertada selección de protagonistas, la increíble fotografía y el montaje consiguen manejar de manera constante el ritmo y la tensión que respiran en todo momento.
Este es el Eggers más perfeccionista y minucioso hasta la fecha. Su Nosferatu está más cerca de La Bruja y su aterradora indefensión ante lo desconocido, pero no duda en arremeter con la fuerza interpretativa de sus desesperados personajes, recordándonos a El Faro. Logra hacernos sentir que formamos parte de una pesadilla en la que el realismo se diluye con lo onírico, y consigue darnos escalofríos muy, pero que muy reales.

Locura contagiada
La película tiene muchos logros técnicos que nos hacen sentir que estamos en una Alemania del siglo XIX, donde el progreso moderno e intelectual choca contra un muro de ferviente paganismo religioso encarnado en la presencia demoníaca de Nosferatu.
Hablando de la criatura, encarnada por Bill Skarsgård, el actor queda irreconocible y muy lejos de su impredecible Pennywise, donde todavía se le podía entrever. Sus manierismos y gestos no quedan al azar. La voz y el acento que trabaja en su interpretación del Conde Orlok son extrañamente amenazadores e inquietantes. Pero, irónicamente, en una película llamada Nosferatu, la caracterización del personaje es quizá donde más flaquea. Aunque no es mala, cuando podemos ver al conde estamos preparados para algo horrible y sobrenatural, pero Eggers se aleja de las características que Max Schreck hizo propias del personaje y, en esta ocasión, nos muestra una realidad más humana, pero maldita.
La película tiene muchos logros técnicos que nos hacen sentir que estamos en una Alemania del siglo XIX, donde el progreso moderno e intelectual choca contra un muro de ferviente paganismo religioso encarnado en la presencia demoníaca de Nosferatu.
Hablando de la criatura, encarnada por Bill Skarsgård, el actor queda irreconocible y muy lejos de su impredecible Pennywise, donde todavía se le podía entrever. Sus manierismos y gestos no quedan al azar. La voz y el acento que trabaja en su interpretación del Conde Orlok son extrañamente amenazadores e inquietantes. Pero, irónicamente, en una película llamada Nosferatu, la caracterización del personaje es quizá donde más flaquea. Aunque no es mala, cuando podemos ver al conde estamos preparados para algo horrible y sobrenatural, pero Eggers se aleja de las características que Max Schreck hizo propias del personaje y, en esta ocasión, nos muestra una realidad más humana, pero maldita.

Lily-Rose Depp
Volviendo al puro terror, las interpretaciones son la piedra angular de este filme: Willem Dafoe, Nicholas Hoult, Ralph Ineson y Aaron Taylor-Johnson destacan, pero, si hemos de resaltar a alguien, sin duda es a Lily-Rose Depp. Ella encarna todo el protagonismo de esta película y no nos puede gustar más. Su descenso a los infiernos bajo esa influencia malévola es realmente escalofriante. Su dolor es descarnado y muestra un increíble manejo físico y emocional que el director sabe usar a su favor. Parece que a Eggers le encanta encerrar a sus actores en planos medios y darles el control del momento. La interpretación de Depp consigue atraparnos en una espiral de locura angustiosa y emocional en varios monólogos descarnados que recuerdan a El Faro. En definitiva, ella termina comiéndose la pantalla, eclipsa al propio Nosferatu y seguramente nos ha regalado una de las mejores actuaciones de este cierre de año.
En resumen, esta película es una carta de amor maldito, un cuadro romántico perdido en el tiempo, un grito de desesperación ante la incomprensión del dolor emocional y un paso admirable en la carrera de un director que está sediento de sangre.
En resumen, esta película es una carta de amor maldito, un cuadro romántico perdido en el tiempo, un grito de desesperación ante la incomprensión del dolor emocional y un paso admirable en la carrera de un director que está sediento de sangre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No esperes terror puramente efectista ni horror visceral envuelto en prótesis; porque, amigos, Nosferatu no trata sobre la criatura que da nombre a la obra, sino sobre la maldición de lo profano, la respuesta a una represión sexual y, a su vez, un doloroso recordatorio de que el amor puede ser aterrador.
26 de noviembre de 2025
26 de noviembre de 2025
50 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
La 35ª edición de Fancine ha decidido concluir este año con la película surcoreana No other choice, una cinta que sigue la estela de la aclamada Parásitos, que triunfó mundialmente y fue el descubrimiento para muchos espectadores del cine coreano. Pero donde la película de Bong Joon-ho acertaba, el largometraje del afamado director Park Chan-wook languidece.
No other choice vuelve a presentar a la ultracompetitiva sociedad coreana, donde cada persona tiene un papel asignado y las clases sociales parecen ser inamovibles. Man-su es despedido de la fábrica de papel en la que trabajaba, causando la deshonra para su familia, obligada a pasar estrecheces económicas. Dispuesto a encontrar otro empleo, idea un plan para volver a ser contratado en una empresa papelera, pero antes deberá asegurarse de que no tiene competencia.
Con un metraje excesivamente largo y con un ritmo demasiado pausado, especialmente al comienzo, la película no llega a aburrir al espectador, pero tampoco lo hace conmoverse con la historia social que presencia.
No other choice vuelve a presentar a la ultracompetitiva sociedad coreana, donde cada persona tiene un papel asignado y las clases sociales parecen ser inamovibles. Man-su es despedido de la fábrica de papel en la que trabajaba, causando la deshonra para su familia, obligada a pasar estrecheces económicas. Dispuesto a encontrar otro empleo, idea un plan para volver a ser contratado en una empresa papelera, pero antes deberá asegurarse de que no tiene competencia.
Con un metraje excesivamente largo y con un ritmo demasiado pausado, especialmente al comienzo, la película no llega a aburrir al espectador, pero tampoco lo hace conmoverse con la historia social que presencia.

Es destacable la correcta actuación de todos los actores, incluidos todos los secundarios, que dan veracidad a la historia, así como la fotografía de la cinta. Al igual que Parásitos, cuida mucho los detalles de los ambientes de la gente adinerada.
Pero la mezcla de géneros que plantea Park no llega a cuajar, y el espectador desconoce si se encuentra en una película social con tintes de comedia negra o lo contrario. Los toques de humor logran aligerar la carga dramática del filme, pero también hacen que la historia llegue a perder seriedad, llegando a rayar en muchas ocasiones lo absurdo.
El papel también ocupa un lugar primordial en la cinta, pues la mayoría de personajes ha trabajado en fábricas papeleras, y lo llevan a gala para exasperación de otros, lo que retrotrae por momentos a los alocados e hilarantes personajes de Dunder Mifflin en The Office y, en concreto, a Michael Scott, para quien el papel era también prácticamente su vida.
Pero la mezcla de géneros que plantea Park no llega a cuajar, y el espectador desconoce si se encuentra en una película social con tintes de comedia negra o lo contrario. Los toques de humor logran aligerar la carga dramática del filme, pero también hacen que la historia llegue a perder seriedad, llegando a rayar en muchas ocasiones lo absurdo.
El papel también ocupa un lugar primordial en la cinta, pues la mayoría de personajes ha trabajado en fábricas papeleras, y lo llevan a gala para exasperación de otros, lo que retrotrae por momentos a los alocados e hilarantes personajes de Dunder Mifflin en The Office y, en concreto, a Michael Scott, para quien el papel era también prácticamente su vida.

Con No other choice, el director utiliza pretende usar la cinta para realizar una denuncia social de un mundo hipertecnológico y desconsiderado que deja a los seres humanos atrás en aras de la productividad excesiva, como bien demuestra el final de la película, que viene a sentenciar aquello de: “Mientras me coloque yo, me dan igual los demás”.
En todo el filme, el protagonista se repite que ‘no tiene otra elección’, como si fuera el único camino para recobrar su empleo. El espectador sí que la tiene si decide ver esta película. Si le gusta el cine coreano, puede que no salga decepcionado. Juzguen ustedes mismos.
En todo el filme, el protagonista se repite que ‘no tiene otra elección’, como si fuera el único camino para recobrar su empleo. El espectador sí que la tiene si decide ver esta película. Si le gusta el cine coreano, puede que no salga decepcionado. Juzguen ustedes mismos.
19 de octubre de 2025
19 de octubre de 2025
46 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película arranca cuatro años después del trauma de la primera película, con Finney Blake ya adolescente y con su hermana menor Gwen Blake que comienza a experimentar visiones inquietantes y llamadas del misterioso teléfono negro. El Captor emerge nuevamente, pero esta vez con una presencia más sobrenatural: acecha no solo en la realidad, sino en los sueños (¿Te suena?), en llamativas secuencias ambientadas en un campamento de invierno llamado Alpine Lake, donde se cruza la historia familiar de los Blake con un pasado oscuro de desapariciones infantiles.
Este nuevo planteamiento trasciende el secuestro clásico de la primera entrega y se adentra más aún en lo fantástico y lo onírico, convirtiendo al Captor en una criatura casi invencible, similar al mítico Freddy Krueger, que ataca a través de los sueños y explora el terror más profundo de la mente.
La estética y las conexiones con Sinister
Uno de los mayores aciertos de Black Phone 2 es su atmósfera. En los sueños de Gwen, Derrickson transforma la puesta en escena: los colores se apagan, la textura se vuelve granulada, como si estuviéramos dentro de una cinta VHS.
Este nuevo planteamiento trasciende el secuestro clásico de la primera entrega y se adentra más aún en lo fantástico y lo onírico, convirtiendo al Captor en una criatura casi invencible, similar al mítico Freddy Krueger, que ataca a través de los sueños y explora el terror más profundo de la mente.
La estética y las conexiones con Sinister
Uno de los mayores aciertos de Black Phone 2 es su atmósfera. En los sueños de Gwen, Derrickson transforma la puesta en escena: los colores se apagan, la textura se vuelve granulada, como si estuviéramos dentro de una cinta VHS.

La música se vuelve incómoda, con ecos distorsionados y notas electrónicas que recuerdan al score de Sinister. Incluso los sueños funcionan como si fueran aquellas perturbadoras grabaciones de asesinatos en 8mm que el propio Hawke veía en aquella película.
El resultado es un homenaje visual y temático al pasado de Derrickson, pero también una forma de expandir su propio universo cinematográfico. Es como si el director hubiera cruzado el mundo de Sinister con el de Pesadilla en Elm Street, logrando una combinación inquietante y muy efectiva.
Lo mejor de Black Phone 2
Ethan Hawke, de nuevo como el “Captor”, ofrece una interpretación magistral: más grotesca, más teatral y definitivamente más aterradora. En esta secuela, su personaje alcanza una dimensión icónica dentro del terror contemporáneo.
El reparto joven, especialmente Madeleine McGraw como Gwen, sostiene la historia con madurez y energía, y su arco emocional se siente honesto y doloroso.
El resultado es un homenaje visual y temático al pasado de Derrickson, pero también una forma de expandir su propio universo cinematográfico. Es como si el director hubiera cruzado el mundo de Sinister con el de Pesadilla en Elm Street, logrando una combinación inquietante y muy efectiva.
Lo mejor de Black Phone 2
Ethan Hawke, de nuevo como el “Captor”, ofrece una interpretación magistral: más grotesca, más teatral y definitivamente más aterradora. En esta secuela, su personaje alcanza una dimensión icónica dentro del terror contemporáneo.
El reparto joven, especialmente Madeleine McGraw como Gwen, sostiene la historia con madurez y energía, y su arco emocional se siente honesto y doloroso.

El ritmo y la mezcla de géneros es otro de los grandes aciertos: Black Phone 2 combina el horror sobrenatural con el psicológico, añade dosis de gore sin perder la elegancia visual, e incluso introduce momentos de humor negro que alivian la tensión sin romper el tono.
Lo peor de Black Phone 2
No todo brilla con igual fuerza. Su duración, cercana a las dos horas, puede hacerse un poco excesiva en el segundo acto, y el clímax, aunque intenso, recurre a un desenlace algo predecible dentro del subgénero de “asesinos que invaden los sueños”.
Sin embargo, estos pequeños tropiezos no empañan la experiencia general: Black Phone 2 sigue siendo una secuela a la altura, más ambiciosa, más arriesgada y, sobre todo, más aterradora.
Scott Derrickson logra una continuación que no solo mantiene el espíritu del original, sino que amplía su mitología con inteligencia y estilo. Black Phone 2 confirma que el terror moderno puede ser creativo y brutal a la vez, y que Ethan Hawke ha creado un villano destinado a quedarse en la memoria del género.
Te gustará Black Phone 2 si…
Si te gustó Sinister o la primera parte.
Disfrutas del terror psicológico con tintes sobrenaturales y atmósferas enfermizas.
Quieres ver una película de miedo con alma clásica, pero con un toque contemporáneo.
Lo peor de Black Phone 2
No todo brilla con igual fuerza. Su duración, cercana a las dos horas, puede hacerse un poco excesiva en el segundo acto, y el clímax, aunque intenso, recurre a un desenlace algo predecible dentro del subgénero de “asesinos que invaden los sueños”.
Sin embargo, estos pequeños tropiezos no empañan la experiencia general: Black Phone 2 sigue siendo una secuela a la altura, más ambiciosa, más arriesgada y, sobre todo, más aterradora.
Scott Derrickson logra una continuación que no solo mantiene el espíritu del original, sino que amplía su mitología con inteligencia y estilo. Black Phone 2 confirma que el terror moderno puede ser creativo y brutal a la vez, y que Ethan Hawke ha creado un villano destinado a quedarse en la memoria del género.
Te gustará Black Phone 2 si…
Si te gustó Sinister o la primera parte.
Disfrutas del terror psicológico con tintes sobrenaturales y atmósferas enfermizas.
Quieres ver una película de miedo con alma clásica, pero con un toque contemporáneo.
6
8 de abril de 2025
8 de abril de 2025
38 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los conceptos más recurrentes en las propuestas del pasado Festival de Cine de Málaga parece haber sido la crisis existencial, el aparente sinsentido del ser humano que se encuentra alienado en una sociedad cada vez más conectada. Molt Lluny tiene puntos positivos que abordar con respecto a ese tema y es interesante en su estilo y forma, aunque también tiene algunas carencias. A continuación, nuestro análisis de lo bueno y lo malo.
Siempre serás un extranjero vayas donde vayas
Como decíamos antes, las crisis existenciales o la falta de identidad personal parecen ser los conceptos más sonados en el cine europeo contemporáneo. En un mundo interconectado, donde todos los individuos buscan felicidad general, muchos de nosotros abordamos la falta de objetivos y el aislamiento social como un problema que no se sabe cómo afrontar. En esta situación se encuentra Sergio (Mario Casas), que decide dar un giro de 180º y caminar hacia lo desconocido en un país del que poco entiende.
Siempre serás un extranjero vayas donde vayas
Como decíamos antes, las crisis existenciales o la falta de identidad personal parecen ser los conceptos más sonados en el cine europeo contemporáneo. En un mundo interconectado, donde todos los individuos buscan felicidad general, muchos de nosotros abordamos la falta de objetivos y el aislamiento social como un problema que no se sabe cómo afrontar. En esta situación se encuentra Sergio (Mario Casas), que decide dar un giro de 180º y caminar hacia lo desconocido en un país del que poco entiende.

Mario Casas
La elección de Países Bajos como escenario resulta muy acertada, ya no solo porque la misma ciudad se torna en un protagonista secundario de la película, sino que sirve como ejemplo de choque cultural social y al mismo tiempo sirve de paralelismo de cómo puede ser de hermético la cultura propia, en este caso el ser catalán. Y es que no parece al azar, como en palabras del personaje de David Verdaguer, se critica la cultura tan fría que tienen los neerlandeses, cuando su personaje es un hombre herméticamente sarcástico, despectivo hacia los demás y orgulloso de su tierra.
El protagonista llega a momentos de desesperación y ansiedad provocados por un sentimiento de sentirse extranjero vaya donde vaya, esta idea acciona el eje central de la trama y resulta acertado cómo se presenta. El personaje de Mario Casas se enfrenta a nuevos problemas, sobrevivir haciendo trabajos esporádicos en un lugar con un lenguaje y cultura desconocidos, mientras que al mismo tiempo batalla contra su propia identidad sexual y personal. Pero es en las pequeñas historias, en las pequeñas relaciones que entabla con algunos locales y con otros inmigrantes que están buscándose la vida allí, donde guarda el sentido a seguir enfrentando la situación.
El protagonista llega a momentos de desesperación y ansiedad provocados por un sentimiento de sentirse extranjero vaya donde vaya, esta idea acciona el eje central de la trama y resulta acertado cómo se presenta. El personaje de Mario Casas se enfrenta a nuevos problemas, sobrevivir haciendo trabajos esporádicos en un lugar con un lenguaje y cultura desconocidos, mientras que al mismo tiempo batalla contra su propia identidad sexual y personal. Pero es en las pequeñas historias, en las pequeñas relaciones que entabla con algunos locales y con otros inmigrantes que están buscándose la vida allí, donde guarda el sentido a seguir enfrentando la situación.

Mario Casas
Ópera prima llamativa, pero ¿existencialismo creíble?
La historia de lucha y determinación del personaje está contado de una forma austera, de cámara en mano, en casos casi documental. El director Gerard Oms ha sabido captar, en esta ópera prima, la esencia de la cultura neerlandesa a través de la vida local, de sus calles y su gente. Ha sabido transmitir esas sensaciones y mensajes en su película con mucha claridad, eso es aplaudible.
La elección de ese estilo fotográfico, con manejo de luz natural, la estética tan propia del nuevo cine independiente ayuda a contar la historia. Por otro lado, la banda sonora termina siendo pesada y crispante, las piezas musicales minimalistas acompañan muy bien a crear esa atmósfera hostil en escasos momentos, pero termina por repetirse hasta la saciedad.
La historia de lucha y determinación del personaje está contado de una forma austera, de cámara en mano, en casos casi documental. El director Gerard Oms ha sabido captar, en esta ópera prima, la esencia de la cultura neerlandesa a través de la vida local, de sus calles y su gente. Ha sabido transmitir esas sensaciones y mensajes en su película con mucha claridad, eso es aplaudible.
La elección de ese estilo fotográfico, con manejo de luz natural, la estética tan propia del nuevo cine independiente ayuda a contar la historia. Por otro lado, la banda sonora termina siendo pesada y crispante, las piezas musicales minimalistas acompañan muy bien a crear esa atmósfera hostil en escasos momentos, pero termina por repetirse hasta la saciedad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La cuestión es que en el contenido, la llegada de ciertos momentos como ese despertar de curiosidad homosexual dentro de la actuación de Mario Casas parece buscado con brusquedad y termina siendo poco creíble. Además, termina alargando una trama que parece no dar para más.
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