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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2,691 críticas
7
2 de diciembre de 2016
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde su regreso a Hollywood en 1959, tras padecer serias dificultades económicas y haber sufrido dos infartos a causa del aislamiento que le significó la condena del oprobioso Comité de Actividades Antiestadounidenses, el director Michael Gordon, apareció renovado y, curiosamente, comenzó a demostrar que tenía un gran pulso para la comedia dirigiendo la película “Pillow talk”, uno de los títulos más taquilleros de aquel mismo año. Este hecho, animó a los productores a seguirle ofreciendo nuevos proyectos en este género, y Gordon demostró que su sentido del humor no era cosa de un día, haciendo luego la hilarante, “Boys’ night out”, y ahora, “TRES HEREDERAS”, otra de esas historias que nos ofrece momentos sumamente divertidos.

El punzante guion de Larry Markes y Michael Morris, se ocupa del plan que tiene la adinerada señora, Chloe Brasher, quien, deseando casar a sus tres lindas hijas con hombres especialmente elegidos por ella, para asegurarse de que, el dinero que les legara su finado padre, no vaya a parar a malas manos, contrata al abogado, Deke Gentry, quien deberá ocuparse de relacionarlas con los tres candidatos.

Se abre así, una comedia de enredos, pues, las tres chicas, además de bellas y extrovertidas, también tienen sus propios recursos como para saber muy bien lo que quieren en la vida, y el abogado va a verse en muy serios aprietos, además de que no podrá evitar sentirse personalmente interesado por… Kate, la mayor de las hermanas.

Con una fotografía full color y en una agradable ambientación, Gordon va desgranando una trama que tiene momentos para reír a gusto, al tiempo que va demostrando lo recursivas que pueden ser las mujeres para salirse con la suya, aplicándose también aquí la idea de que, el hombre propone y la mujer dispone. La historia resulta un tanto recargada en la medida en que da demasiados datos, a veces con demasiada prisa, pero, en general, se comprende lo que ocurre… y a nadie se le deniega la opción de verla dos veces para aclarar los vacíos que pueda dejar un solo visionado.

Se le suma también al filme, la picardía que maneja gracias a la apertura que se produjo con el advenimiento de los liberales años 60’s, y esto nos permitirá ver a la muy sexy, Julie Newmar, en prendas bastante íntimas, y a la muy bella, Leslie Parrish, repartiendo besos que causan envidia. Los diálogos, como ya lo dijimos, pecan de exceso, pero se les abona algunos comentarios muy atinados, como cuando se habla del comportamiento de la gente en los supermercados o se cuestiona el vicio de fumar (“Fumarse un cigarrillo es una forma de reemplazar el deseo de chuparse el dedo”) describiendo, muy certeramente, a los fumadores según la edad.

En las actuaciones, el acierto es total, con Kirk Douglas, demostrando que también tiene su toque para la comedia; Thelma Ritter, haciendo lo que siempre hizo de maravilla en su segunda de tres apariciones junto a Michael Gordon, y con Mitzi Gaynor, Julie Newmar y Leslie Parrish, como tres fuertes leonas muy seguras de saber proteger sus territorios.

P.D. En la estación de servicio, simpática parodia de “Psicosis”, el entonces reciente éxito de Hitchcock.

Título para Latinoamérica: “POR AMOR O POR DINERO”
Luis Guillermo Cardona
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6
19 de octubre de 2016
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El museo Ermitazh (en ruso Эрмитаж) palabra que proviene del francés ermitage: ermita = refugio del ermitaño, es uno de esos destinos a los que, cualquier ser humano con un cierto grado de sensibilidad artística, quisiera llegar. Ubicado en San Petersburgo, Rusia, entre el malecón del río Neva y la Plaza del Palacio, es una de las más representativas pinacotecas y museo de antigüedades del mundo entero. Ocupa cinco edificios que, además de ser grandes y majestuosas salas de exposiciones, también incluye el Palacio de Invierno, el cual fuera habitado por los antiguos zares.

Aunque sus inicios se ubican en tiempos de Pedro El Grande, cuando este adquiriera algunas obras que exhibía entre los allegados a palacio, se considera que fue, en 1764, cuando, en pago por una deuda, un comerciante berlinés envió a la nueva emperatriz, Catalina II, 225 cuadros que exhibiría de inmediato… y queriendo, entonces, que su galería no fuera superada por monarca alguno, la emperatriz comenzó a comprar y a comprar arte en grandes cantidades. Actualmente, el Ermitazh (Hermitage para los países de habla inglesa), atesora cerca de tres millones de obras de arte (pinturas, esculturas, orfebrería…) originarias, en su mayoría, de Europa y Asia desde tiempos muy antiguos hasta el siglo XX.

Durante el recorrido, puede apreciarse aquella basta historia del arte, y también acercarse a los espacios donde vivieron los dictadores que antecedieron a la Revolución Bolchevique. Algo así -aunque con la debida reserva para dejar ánimo e interés en el conocimiento directo del museo-, es lo que nos ofrece el director Alexandr Sokurov, en un filme cuyo mayor mérito es que fue rodado en un sólo plano-secuencia, siendo el primer filme que, hasta esa fecha, se había arriesgado con semejante reto.

Para justificar la permanente toma subjetiva -un efecto no siempre logrado-, Sokurov se inventa como personaje a un hombre que ha sufrido un accidente, cuyo espíritu decide seguir a la gente que, vestida a la usanza del siglo XVIII, ingresa en ese momento al celebrado museo. Pronto, el espíritu -que, como cualquier otro espíritu, sólo puede ser visto por personas con capacidad mediúmnica-, se encuentra con un singular visitante europeo -con antecedentes diplomáticos-, el cual se debate entre el rechazo con aspavientos por todo lo ruso -a lo que no considera original- y su especial afecto por el arte donde predomina lo europeo.

Surge aquí la principal extrañeza con el filme: ¿Por qué elegir a un personaje así? No es admitir la confrontación, puesto que, el espíritu ruso es de muy pocos argumentos y palabras, como para asumir una defensa, así que, da la impresión de que, el director ruso se “lavara las manos”, usando a un extranjero con aspecto post morten (viajero en el tiempo), para que diga lo que realmente él quiere decir. Esto nos lo confirmará sucesivas veces, pues la posición de esta figura toma fuerza y es, lo que él piensa, lo que se asienta en todo el recorrido por el excelente museo.

Todo esto, se verá redundar en un diálogo clave entre él y el espíritu visitante:
- Vamos. -Le dice el espíritu invitándolo a continuar su recorrido por la historia.
- ¿A dónde? -Pregunta el hombre de la capa negra.
- ¿A dónde? ¡Hacia adelante!
- ¿Qué vamos a encontrar allí? -Averigua el europeo.
- Allí... no sé.
- Yo me quedo. -Concluye entonces el europeo de la capa negra.

Quedé con la clara impresión de que, para Sokurov -como para su personaje-, fue mejor tiempo aquel de los terribles zares con sus desorbitantes e infames privilegios en detrimento de los derechos básicos de millones de seres humanos condenados a la miseria y a la esclavitud -situación que en ningún momento expone-, que los tiempos posteriores, cuando hubo verdadero interés en que, todo el pueblo soviético, tuviese ocasión de llevar una vida digna.

En este sentido, el filme me deja con un enorme sinsabor... constando que soy de los que mucho anhelan poder visitar un día el magnífico museo Ermitazh.
Luis Guillermo Cardona
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8
16 de septiembre de 2016
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Hay películas que nacen para ser incomprendidas y esa será su desgracia. “JANE GOT A GUN” es otra de ellas. Los primeros que comenzaron por no comprenderla, fueron los tituladores de algunos países, pues, al titularla “La venganza de Jane” o “A balazos”, han predispuesto al público selecto para no ir a verla y al grueso del público para que se prepare para ver a una implacable pistolera contra otra pandilla salvaje.

Personalmente, me animé a verla tan sólo porque la protagoniza, Natalie Portman, una actriz que se merece mi total admiración y, sin embargo, a los cinco minutos ya estaba imaginando que lo que me esperaba era una cruel venganza con balaceras y cadáveres por todos los costados… cosa que, ni me divierte, ni me sirve para hacer catarsis.

El título, “JANE GOT A GUN”, se ofrece como la versión femenina de “Johnny got a gun”, la estremecedora película que, en 1971 y partiendo de su exitosa novela, dirigiera el gran Dalton Trumbo. La estructura del filme de Gavin O’Connor, también busca semejarse a la del filme de Trumbo, primero, porque parte de un hombre gravemente herido que se hallará reducido en un lecho, mientras una serie de recuerdos van teniendo lugar para llevarnos a comprender lo que ocurrió previamente. Y, en segundo lugar, lo que prima no son los hechos de guerra o, en este caso del enfrentamiento, sino los valores humanos que se van asomando entre unos seres que, en principio, padecen marcados estigmas.

La película, podría tomarse como una sensible metáfora de historias que todavía suceden en los EEUU, en Colombia, México, Brasil y en otros tantos países de América y, probablemente del mundo entero, pero, lo esencial en ella, es esa luz de conocimiento que, al ir penetrando gradualmente en las almas del trío protagonista, va transmutando el resentimiento en perdón, la separación en unión y el rechazo en solidaridad. Y en este sentido, la historia se engrandece al convertirse en pauta de vida que desaloja los prejuicios, dando cuenta de que, el escuchar al inculpado y el conocer sus motivos, apaga muchas veces los resquemores.

De nuevo, el conocimiento se erige como el gran valor que deberíamos alimentar en la humanidad entera, pues, al traer luz y comprensión, y al generar unidad y creación, también traerá paz y felicidad para todos.

A gusto también, con las actuaciones de Portman, Edgerton y Emmerich; complacido con la ambientación general y con la banda sonora que aportan Marcello De Francisci y Lisa Gerrard, quedo convencido de que “JANE GOT A GUN”, se merece mejor suerte y va a alcanzarla cuando el público consiga trascender su superficie.
Luis Guillermo Cardona
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8
24 de junio de 2016
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fortaleza, entusiasmo, confianza, alegría… son algunas de las muchas cosas que se sienten cuando se comparte una verdadera amistad. La llegada del amigo rompe el silencio, aminora el sufrimiento y nos devuelve la esperanza.

Estaba pasando por la más dura crisis que he tenido en mi vida y nunca voy a olvidar los momentos en que, mi constante y leal amigo JFB -con quien, desde hace muchos años, he compartido el esparcimiento, pero sobre todo el cine, el compromiso social y también la búsqueda de positivos senderos para comprender y enaltecer la vida-, llegaba a mi hogar con bolsas llenas de granos, que borraban la desolación de nuestra despensa y ¡cómo olvidar aquel día en que, a una hora de que se venciera el último plazo para pagar los servicios, y cuando ya habíamos telefoneado, con infructuosos resultados, a los pocos amigos que aún podíamos llamar porque no les debíamos, él se aparece ¡enviado por la Providencia!, y al enterarse de nuestra angustia, de inmediato me prestó el dinero y además me llevó en su vehículo hasta un supermercado donde aún recibían el pago… y a él no lo había llamado porque ya le debía una buena suma.

Realmente, la amistad tiene razones para ser más duradera que el amor, porque éste exige demasiado para conservarse vivo, y la amistad sólo espera lealtad, algo de cooperación, agradable compañía y algún interés común.

No tenía grandes expectativas con este "SUBMARINO", porque es de esa suerte de filmes relegados al olvido que, solemos suponer – ¡el terrible vicio! –, si no goza de gran fama o no es citado en las enciclopedias, no debe ser muy interesante.

A cambio de “Deadpool”, que me rindió a los veinte minutos, fue que opté por ver esta película, porque siempre confío en que hay mejores esperanzas en un filme clásico que en los títulos actuales (con apenas excepciones).

No salía de la sorpresa al ver la emotiva, impactante y admirable historia de amistad que, ese gran director que fuera Frank Capra, consigue contarnos sirviéndose del naufragio de un submarino como telón de un drama que, de particular, pasa a ser colectivo. Y también aquí, la amistad con su brillo solidario y con su capacidad de sacrificio, vuelve a tener ese encomiable lugar que la convierte en la más elevada forma de relación que pueda darse entre personas del mismo sexo.

Drama y comedia se entremezclan en el mejor estilo Capra, y el filme logra momentos que son arte puro y que quizás se guarden para siempre en la memoria. Y “SUBMARINO” tiene que haber dejado huella, porque muchas cosas de las que aquí suceden, de manera semejante y con frecuencia débilmente imitadas, las hemos visto en títulos posteriores.

Original historia de Norman Springer, que exalta la amistad con tan fuerte esplendor, que, el mismo Capra, al realizar su nuevo filme “Dirigible”, tres años después, no dudaría en retomar diversos aspectos con los que ya se había lucido y con los que, bien sabía, que de nuevo podía cautivar al público. Incluso Jack Holt y Ralph Graves volvieron a protagonizar… lástima que se hubiera olvidado de la preciosa Dorothy Revier.

Brillante momento este “SUBMARINO”, que, de nuevo, nos confirma al gran director que fue siempre Frank Capra.
Luis Guillermo Cardona
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7
28 de mayo de 2016
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Habiendo notado, el equipo de producción, lo floja que les quedó la segunda parte de esta, también, forzada trilogía, concluyeron que había que cerrar con broche de oro, y de nuevo, se inyectó de energía a todo el personal para proseguir con la larga aventura de ir a botar ese anillo que, aunque permanece en las perseverantes manos del joven Frodo, sigue motivando la reproducción de bestias asesinas, en cantidades que nunca bajan de las diez mil.

Una vez más, vamos a disfrutar de soberbios efectos visuales y especiales que harán posibles cosas imposibles; un diseño de producción pletórico de belleza en pleno día y aún entre penumbras, que nos hace sentir sin objeción alguna que estamos en otro mundo; una fotografía con unos alardes de tonalidades y de desplazamiento a la que, los ordenadores, le suman muchos puntos; unos maquillajes que, curiosamente, lucen más hermosos entre lo horrendo que entre lo bonito… y, entre otras cosas, una banda sonora que, otra vez, se siente inspirada, reforzando con eficacia las imágenes.

De nuevo, nuestros héroes andan por separado: Sam no se despega de su amado señor ni siquiera en el momento más frustrante para él. Como la relación entre Pippin y Merry también va resultando bastante sospechosa, toca inventarse alguna forma de desapego. El Mago blanco tendrá las tareas que le permitirán lucirse. Aragorn y Legolas, seguirán con su espada y sus flechas listos para darle duro a los enemigos. El rey sin corona seguirá anhelando a su insulsa prometida; y la linda Eowin, optará por enrolarse entre los varones, dispuesta a entregar su vida por una buena causa.

Como historia, puede percibirse con esto que no pasa gran cosa, y el director Peter Jackson, sólo tiene que dejar hacer a su óptimo equipo técnico, para que la película sume puntos y sea él quien se lleve las mayores palmas. Porque, aunque en buena parte, el filme luce simpático y entretenido, Jackson, que es una suerte de Nolan o de Tim Burton, es decir, tipos que, en general, deslumbran, pero no brillan, tampoco conoce el límite ni la mesura, y su filme se va alargando de manera pedante e innecesaria, llegando a tener como 75 finales… ¡o no sé cuántos!, que, a mí, por lo menos, me dejaron ¡completamente extenuado! ¡Quedé de hobbits hasta el cogote! Y para querer saber más de ellos, creo que tendría que ser muy, pero muy masoquista.

Contra todo, tengo que decirlo: ¡Me encantó la manera como se resuelve el enfrentamiento cumbre con Sauron, el diablote al que ‘ningún hombre puede matarlo’!
Luis Guillermo Cardona
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