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Vuelve amor mío

Romance. Comedia Jerry Webster y Carol Templeton se dedican a la publicidad, aunque trabajan para diferentes agencias. Molesta por los métodos empleados por Jerry (alcohol y mujeres) para conseguir los contratos, Carol intenta echarlo de la profesión. Para evitarlo, Jerry camela a la chica que iba a testificar contra él, convirtiéndola en la estrella de un anuncio para televisión. (FILMAFFINITY)
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6
1 de mayo de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Segunda vez que Rock Hudson, Doris Day y Tony Randall se juntan, tras el éxito arrollador de "Confidencias a medianoche". ¿Y qué hicieron? Pues repetir la fórmula, cómo no. Y les salió bien: buena taquilla, buena crítica, varias nominaciones y algún premio. Hollywood sabía perfectamente lo que hacía.

Aunque no es un musical, les dio por meter dos canciones. La primera, fácil: en los créditos. La segunda… con calzador. No pegaba, pero había que lucir la voz de Doris, supongo.

La película es fresca y divertida, como su predecesora, y aunque vuelve a girar en torno a la identidad errónea (ya un clásico de estas comedias de enredos), esta vez se permite ser más picarona. Aún me sorprende que un personaje femenino diga tan campante que no hace “poco sexo”… ¡siendo soltera! Claro, la censura española tuvo que sudar para recortar, silenciar y ajustar muchos diálogos.

Y el título en castellano… “Pijama para dos”. Esta vez sí que se lucieron. Nada que ver con el original (Lover Come Back), pero reconozco que el título tiene su punto.
La clave está en la agilidad: diálogos rápidos, situaciones ingeniosas, y ese humor ligero con segundas (y terceras) intenciones. Una película hecha para el deleite visual y la risa insinuada.
6
10 de mayo de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
A simple vista, Pijama para dos parece otra comedia romántica vintage, de esas donde todo huele a colonia cara, las oficinas tienen moquetas imposibles y Doris Day va por la vida vestida de azafata ejecutiva con sombreros que desafían la física. Pero ay, qué delicia descubrir que bajo esa capa de technicolor y laca hay mucho más. Porque si la ves hoy, en pleno 2025, con ojos queer y algo de mala leche, esta película es puro marketing emocional... y también una sátira absurda sobre lo que se podía y no se podía decir cuando Rock Hudson era el hombre más deseado por las mujeres… y también por algunos maridos.

La historia arranca en Madison Avenue, el Olimpo de la publicidad masculina, donde Jerry Webster (Hudson) vende humo —literalmente— para colocar campañas a base de whisky, coristas y carisma de manual. En el otro extremo está Carol Templeton (Doris Day), que cree que con ética y presentaciones en PowerPoint (analógico) se puede competir. Ingenua. Todo se complica cuando Jerry inventa un producto que no existe, "VIP", para salir de un apuro... y acaba siendo un fenómeno de masas. Como él mismo, que tampoco existía realmente tal como lo vendían.
Rock Hudson
Y ahí es donde la película se vuelve deliciosa: Hudson se hace pasar por un científico tierno y virgen, Day se lo cree, se enamora de él (de su versión beta), y nosotros vemos cómo se construye la masculinidad como si fuera una campaña de dentífrico. El galán que todas las mujeres desean está interpretado por un actor gay que tuvo que esconder su verdad para ser aceptado como “hombre ideal”. Es tan brillante como retorcido, como si te vendieran un refresco sin azúcar, sin gas, sin sabor... y encima te encantara. Hay escenas donde Rock parece reírse desde dentro del personaje. Sabe que es un disfraz. Y nosotros también.

La química con Doris funciona mejor cuando pelean que cuando se besan, pero ese es parte del encanto: ella brilla cuando lo desafía, cuando le da lecciones de golf, cuando lo ningunea como a un perrito mojado. Y él, encantado de ser domesticado, finge fragilidad como quien juega al escondite con su orientación sexual. Tony Randall, mientras tanto, pasea su neurosis de heredero acomplejado con un bastón fálico que dura menos que su dignidad. Cada vez que aparece Randall en pantalla parece que alguien en el guion gritó: “¡Más subtexto gay, por favor!”.
Tony Randall & Rock Hudson
La película está plagada de gags deliciosos (el acuario, los dulces con efectos etílicos, los cambios de color en la cara del jefe), pero su mayor logro es lo que no dice. Lo que se insinúa. Lo que late bajo la superficie de sus chistes blancos. El juego de disfraces, las identidades dobles, las miradas que dicen más que los diálogos. Que nadie supiera (o no quisiera saber) que Rock Hudson era gay no significa que los guionistas tampoco lo supieran. De hecho, parece que se lo pasaron bomba haciéndole caminar por una cuerda floja entre la burla y el homenaje, como diciéndole al público: "¿De verdad no os dais cuenta?"

Sí, el final es apresurado y completamente moralista —matrimonio exprés en una camilla porque claro, ella está embarazada, y esto es América—, pero no importa. Porque durante hora y media la película se permite jugar a ser algo que no se podía nombrar. Pijama para dos es muchas cosas: una comedia de enredos, un tratado sobre el poder de la imagen, una parodia del capitalismo y, si se mira bien, también una tragicomedia sobre un hombre obligado a interpretar eternamente un papel que no era suyo.
9
2 de marzo de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película estupenda, con escenas de situaciones cómicas y diálogos brillantes. Sin escenarios espectaculares, sin usar chistes groseros, simplemente una buena historia con escenarios justos, dirección ágil y elegante, y con buenos actores comprometidos. Incluso encierra una mordaz crítica al mundo de la publicidad.
Estas películas eran otra forma de hacer cine, personalmente creo que más original. Resulta curioso cómo los convencionalismos de una época social daban frutos productos tan bien logrados, que hoy en día, una época social muy diferente, mantienen su brillantes.
Recomiendo esta película a todas las personas que deseen ver una forma estupenda de hacer cine en vía de extinción.
Saludos desde Tenerife.
7
15 de marzo de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya se advierte bien claro en la presentación. En la colmena de la publicidad conviven abejas obreras, laboriosas y tenaces como Carol Templeton (Day), junto a zánganos que se acaban llevando los contratos más jugosos utilizando métodos poco éticos, caso del simpático Jerry Webster (Hudson).
Y, claro, una y otro trabajan en la competencia.
Buena comedia de enredo con lucha de sexos que parte de un brillante guion y un divertido fraseado, "Hombre que no se puede sobornar, nunca es de fiar". Excelente el golpe de los productos "Vip" o los medios de que se vale él para "seducir" a sus clientes.
La realización consigue crear una excelente atmósfera entre los dos protagonistas con brillantes interpretaciones (de las mejores que hemos visto de Rock), lo mismo que ocurre con el resto del reparto (Randall, Oakie ...)
Comedia clásica de obreras y zánganos, que bien merece darle un vistazo de vez en cuando.
3
5 de diciembre de 2011
11 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí una playa desierta… Ah!, no, perdón, no está desierta… a lo lejos se puede ver a una pareja de tortolitos… Acerquémonos a cotillear… Pero… ¡mi madre!... ¡qué es esto!

Mírenle a él. Qué admirable osamenta, que bien luce el bañador, qué apolíneo, qué simpática mirada, cuánto desparpajo.
Mírenla a ella. Parece que se acabe de escapar de un campo de cebollinos. Que traje de baño tan ortopédico. Y eso de la cabeza ¿qué es? ¿Un cucurucho de helado de marisco?

El mundo de los negocios es un universo hostil, en el que todo vale para llevarse el gato al agua, y este apuesto caballero lo que se lleva al agua es a un bodrio de mujer con cara de cerdita malhumorada y un apaño capilar atroz, pero lo hace porque es muy astuto, y sabe que camelándose al engendro conseguirá el contrato que ansía.

El glamour de Doris Day sólo es comparable al de una zapatilla de andar por casa, de esas de cuadros en tonos beige. Imagino que la insistencia en emparejarla con del hermoso Hudson sería una coña de los productores de la Universal, pero resultó un éxito. Los cándidos espectadores aceptaron la abominable unión con agrado, debido, sobre todo, a que las muchachas normaluchas de pueblo que vieran las pelis de la pareja podían soñar alegremente con ligarse a un tío buenorro, como lo hacía la Day, sin importarles que como pareja tuviesen química cero y hasta resultasen ridículos.
Doris Day & Rock Hudson
Al final de la peli, claro está, y como en toda comedia romántica que se precie, el vistoso mozo termina metiendo a la bicha en casa y el espectador no tan cándido se hace cruces.

La película puede resultar entretenida, no lo niego, pero también casposa, mentecata, repolluda, rancia, indigna y caduca. Sólo apta para el que soporte sin esfuerzo a la pazguata platino y al primo de Mónica, que tampoco es moco de pavo (ni primo de nadie).
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