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Esclavos del oro

Western Kansas, 1866. Un forastero (Errol Flynn) intenta imponer el orden y la justicia en Dodge City, una próspera ciudad a la que llega el ferrocarril, pero que está dominada por un cacique y su banda de pistoleros. En su empeño cuenta con el apoyo de la sobrina del médico local (Olivia de Havilland). (FILMAFFINITY)
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5
22 de junio de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
Qué cosas, de pequeño, cuando tenía unos siete años, descubrí esta película, que pasó a convertirse de inmediato en mi película favorita. Unos veinticinco años después la volví a visionar, y ya no me pareció tan buena.

Decidido a hacer su revisado definitivo, la volví a ver. Con ganas de disfrutar de ese Technicolor tan sugerente, de conectarme con ese inmaculado recuerdo de infancia, con el buen hacer de aquella, ya tan alejada, década de los 30.

La niebla de las incógnitas se fue despejando de a poco. Curtiz nos va enseñando sus cartas, no se guarda nada en la manga. Se vienen golpes de humor, liviandades, el refulgente american way of life, amabilidades, los viejos valores, infantilidades… y todo el germen del buen western, aplicado de aquella manera.

No me extraña que me encandilara de chavalín. Es una película que acoge todos los clásicos escenarios del primer western, esto es, conducción de ganado, caballos y trenes, peleas de bar, tiroteos, enfrentamientos bueno-malo, algo de romanticismo, amistad “vaqueril”, intriga y tensión “a flor del pueblo”. Y es que, se contienen un montón de historias dentro de un único argumento, es una historia compuesta de un puñado de historias.
Pero ahora, a pesar de los buenos recuerdos, no me puedo conformar si me sirven la sopa fría. Hay muchas inconsistencias, buenismos, absurdidades (la palma de todo ello se lo lleva el enfrentamiento Hatton-Surrett que acontece a lo largo de todo el metraje). Se agradece la bonhomía del planteo, pero se me han pasado con el azúcar. Podría aceptar que Curtiz haya querido confeccionar un producto con diseño argumental de “perfil bajo”, para todas las edades digamos. Pero es, entonces, que me chirriaron las referencias al pago de impuestos, los halagos hacia la prensa, el discurso anti-armas, el papel del sheriff salva-mundos y del populacho que no es capaz de organizarse para convivir, el aplauso al progreso tecnológico (ferrocarril). No es un discurso evidente, de acuerdo, pero ese leve tufo atisba en ocasiones. Y, es normal, era un proyecto con mucha “pasta”.

Si hay algo que salvo, es la percepción que te puede dar si la miramos con la mente de un niño. Lo que de ahí se salve. Hay algo de esa liviandad que sí me resulta atractivo; a partir de ello, lo demás deviene en derrumbe, en mi opinión.
Un 5,2. Por el recuerdo de la que me pareció la más grande.
7
24 de agosto de 2006
6 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sobre unas buenas bases de guión, se asienta un western que trata de mezclar, erróneamente desde mi punto de vista, comedia y drama. La historia es dramática por naturaleza, y creo que el estilo Mann-Stewart habría sido el idóneo. Los chistes, el desenfado, la ligereza y el infantilismo de algunas escenas –la pelea que tanto se ha recordado en las anteriores críticas, el tratamiento del niño huérfano...–, aun resultando graciosos, rebajan demasiado el dramatismo que debería estar presente en una ciudad tan salvaje como Dodge.
Bigotitos Flynn y alguna que otra de sus acrobacias (para montar un caballo a la carrera, por ejemplo) están fuera de lugar.

Por lo menos es entretenida y simpática.
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