Mujer fatal
5.5
6,307
Thriller. Intriga
En la inauguración del festival de cine de Cannes, una supermodelo luce un valioso body de diamantes. Laura Ash utiliza toda su astucia para seducir a la modelo y robarle la joya, pero traiciona a su banda, al huir con el botín. Durante su fuga, encuentra a una mujer idéntica a ella, la cual, tras la muerte de su marido y de su hija, se suicida. Laura decide adoptar su identidad para salir de Francia y empezar una nueva vida. (FILMAFFINITY) [+]
15 de diciembre de 2020
15 de diciembre de 2020
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eso es lo que le preguntan una y otra vez a la huidiza protagonista de Femme Fatale (2002), película de Brian De Palma de suspenso en la que hay demasiados giros y por momentos cierta confusión narrativa, aunque, como acostumbra el cineasta, también un ejercicio brillante de estilo.
Por Nicolás Bianchi
No hay mucho detrás de las dos horas de Femme Fatale para interesar a la audiencia más allá del talento de De Palma para encuadrar y resolver algunas escenas de acción. Su cine podría considerarse de evasión, es decir que no hay un componente meta textual fuerte detrás de sus obras, que podrían considerarse como aventuras, un gran juego muy bien filmado. En este caso, además, lo que falla es que se dificulta empatizar con los protagonistas, siempre o fríos o confundidos dentro del relato.
Todo comienza con una referencia a Double Indemnity, de Billy Wilder y uno de los mejores films noir de la historia, que da paso a un robo al estilo de Mission: Impossible. La extraña combinación, sin embargo, sostiene el interés por la exuberancia de las imágenes que presenta De Palma. La ‘fatal’ Laura (Rebecca Romijn) traiciona a los otros integrantes de la súper banda criminal, de la que nunca sabremos nada, y escapa con algo así como diez millones de dólares en diamantes. Da por muerto a su compañero, interpretado por Eriq Ebouaney, quien será el principal interesado tanto en los valores como en la venganza.
Por Nicolás Bianchi
No hay mucho detrás de las dos horas de Femme Fatale para interesar a la audiencia más allá del talento de De Palma para encuadrar y resolver algunas escenas de acción. Su cine podría considerarse de evasión, es decir que no hay un componente meta textual fuerte detrás de sus obras, que podrían considerarse como aventuras, un gran juego muy bien filmado. En este caso, además, lo que falla es que se dificulta empatizar con los protagonistas, siempre o fríos o confundidos dentro del relato.
Todo comienza con una referencia a Double Indemnity, de Billy Wilder y uno de los mejores films noir de la historia, que da paso a un robo al estilo de Mission: Impossible. La extraña combinación, sin embargo, sostiene el interés por la exuberancia de las imágenes que presenta De Palma. La ‘fatal’ Laura (Rebecca Romijn) traiciona a los otros integrantes de la súper banda criminal, de la que nunca sabremos nada, y escapa con algo así como diez millones de dólares en diamantes. Da por muerto a su compañero, interpretado por Eriq Ebouaney, quien será el principal interesado tanto en los valores como en la venganza.

Rie Rasmussen & Rebecca Romijn
La huída la llevará a escapar de Europa a Estados Unidos. En el avión, por casualidad, conocerá a quien será el embajador norteamericano en Francia, lo que la llevará a volver, siete años después, al lugar de los hechos. Allí, una vez más por operación de la suerte, cruzará su destino con el fotógrafo Bardo (Antonio Banderas), que se verá inmiscuido en una trama que nunca alcanzará a comprender, más allá de verse seducido por la irresistible Laura. Una vez más el director incluye en sus películas a alguien que mira a los otros, un fisgón, en este caso a través del zoom de la cámara de fotos.
La persecución de la fatal señorita se reactiva, casi como si nada hubiera pasado. Sobre el trascurso de la acción pende la escena primera, la de la película de Wilder, en la que, dicho muy genéricamente, una mujer manipula a distintos hombres, a quienes pone al filo de la muerte, para lograr sus objetivos. El principal capital que tiene el personaje de Laura para llevar adelante sus planes es, además de cierta inteligencia, su atractivo sexual. Pasaron 18 años y es como si hubieran sido 180, aunque nunca es conveniente hacer juicios retrospectivos. Hoy ese tipo de personaje femenino luce, al menos, anticuado.
La persecución de la fatal señorita se reactiva, casi como si nada hubiera pasado. Sobre el trascurso de la acción pende la escena primera, la de la película de Wilder, en la que, dicho muy genéricamente, una mujer manipula a distintos hombres, a quienes pone al filo de la muerte, para lograr sus objetivos. El principal capital que tiene el personaje de Laura para llevar adelante sus planes es, además de cierta inteligencia, su atractivo sexual. Pasaron 18 años y es como si hubieran sido 180, aunque nunca es conveniente hacer juicios retrospectivos. Hoy ese tipo de personaje femenino luce, al menos, anticuado.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Pero la falta de interés que generan los personajes, ya que el fotógrafo de Banderas también resulta soso, no es el principal problema de la película. Aquí un spoiler importante: durante el primer escape Laura descansa en una casa antes de partir a Estados Unidos. Allí toma un baño de espuma y, al parecer, dormita durante algunos instantes en la bañera. Aquí De Palma introduce un engaño al espectador recurriendo al truco de que cierta parte de la película, muy considerable en su extensión, es un sueño. La maniobra le permite volver a presentar una de las secuencias claves en las que se resuelve la trama. Al margen de lo verosímil, categoría que rompen tanto la extensión como la nitidez del sueño, el sentimiento es de decepción, de pérdida de tiempo.
Ser un prodigio con la cámara y poseer un gran talento visual para contar acciones, movimientos, persecuciones, choques y encuentros es el gran activo que se presenta en la película. Pero nada más. En este caso no alcanza. Femme Fatale resulta fría y tramposa, y más que enojo genera desinterés.
Ser un prodigio con la cámara y poseer un gran talento visual para contar acciones, movimientos, persecuciones, choques y encuentros es el gran activo que se presenta en la película. Pero nada más. En este caso no alcanza. Femme Fatale resulta fría y tramposa, y más que enojo genera desinterés.
4 de septiembre de 2021
4 de septiembre de 2021
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me pongo de pie y aplaudo, me saco el sombrero y hasta brindo con champán del bueno a la salud de Brian de Palma.
Trabajar con él debe ser como pasar un fin de semana en Ibiza con el Pocholo de los mejores tiempos. Que morro hay que tener, que huevos hay que echarle... Pero el señor de Palma lo hace, y a veces, hasta le sale bien. No es el caso de esta Femme Fatale sin pies ni cabeza, excesiva y bastante absurda, pero no seré yo el que la critique malamente, demonios, ni siquiera por la interpretación del dúo protagonista.
Gente como don Brian hace falta. Mis repetos más sentidos. Cuando ruede en España, llámeme, por favor. Trabajaré gratis.
Trabajar con él debe ser como pasar un fin de semana en Ibiza con el Pocholo de los mejores tiempos. Que morro hay que tener, que huevos hay que echarle... Pero el señor de Palma lo hace, y a veces, hasta le sale bien. No es el caso de esta Femme Fatale sin pies ni cabeza, excesiva y bastante absurda, pero no seré yo el que la critique malamente, demonios, ni siquiera por la interpretación del dúo protagonista.
Gente como don Brian hace falta. Mis repetos más sentidos. Cuando ruede en España, llámeme, por favor. Trabajaré gratis.
15 de diciembre de 2022
15 de diciembre de 2022
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Femme fatale" pertenece al tercio final de la filmografía de Brian De Palma, un tramo descendente de su carrera cuyo punto de inflexión lo marca "Atrapado por su pasado", maravillosa película que el propio director neoyorquino considera inigualable en su trayectoria como realizador. A partir de ahí su cine entra en un declive gradual, ligeramente perceptible en sus siguientes trabajos (excelente "Misión imposible", divertida "Snake eyes"), pero que tiene su primer gran traspiés con la aburridísima y pretenciosa "Misión a Marte". La que vendría a continuación, "Femme fatale", es el primero de una serie de despropósitos indignos de un director con una carrera que podría calificarse como irregular, capaz de firmar auténticas joyas ("Carrie", "Scarface", "Atrapado por su pasado") junto a verdaderas astracanadas ("Doble cuerpo", "La furia" o la misma "Snake eyes" que, al menos, no dejaban de ser interesantes y divertidas.

Revisionada recientemente tras veinte años de haberla visto por primera y única vez en la época de su estreno en cines, la película ha conseguido provocarme un deja vue como el que parece revivir su protagonista. En mi caso he vuelto a experimentar una sensación desoladora de tomadura de pelo igual que veinte años atrás. Un guión horrendo, una historia aburrida y sin gancho, unos actores protagonistas para darles de hostias y un arsenal de recursos visuales y argumentales típicos depalmianos pero absolutamente vacíos para la ocasión y de los más tramposos que haya rodado el rey de los guiones tramposos. Porque los detractores de De Palma siempre le han tachado, no sin falta de razón, de tramposo en sus planteamientos y giros de guión. Pero sus fans se lo perdonábamos todo por su habitual osadía argumental y por su capacidad para hipnotizarnos mediante planos imposibles que te meten de lleno en la narración. Por desgracia, osadía e imaginación son cualidades de las que carece "Femme fatale".

Rie Rasmussen & Rebecca Romijn
Y si bien la historia es muy floja, la principal pega de "Femme fatale" es su casting. Rebecca Romijn es una de las actrices más bellas que he visto jamás en pantalla. Además de una imponente belleza y elegancia en el vestir, su personaje exuda sexo en cada plano. No se puede estar más buena, ni incitar al sexo más cerdo de forma tan sutil mediante unos escotes de infarto o sin ningún tipo de rubor despelotándose y contoneándose ante la cámara como si fuera a follársela allí mismo. El problema de Romijn es su escaso talento actoral más allá de un físico espectacular. Su personaje se queda a años luz de la auténtica femme fatale del thriller erótico de finales del siglo XX con la que la compararon desafortunadamente en su momento: la Catherine Tramell de "Instinto básico" a la que dio vida de forma impecable Sharon Stone.
Al menos Romijn no hace el ridículo como su compañero de reparto. Antonio Banderas, cuya carrera de sex symbol latino en Hollywood era más que sólida ya por entonces, se marca uno de los personajes más grotescos de su carrera. De Palma pareció darle plena libertad "creativa" en su papel de paparazzo para que todas sus escenas fuesen de auténtica vergüenza ajena. Banderas exhibe sin reserva un repertorio sonrojante de amaneramientos afeminados, poses esperpénticas y afectaciones vocales.
El resto de elenco, exceptuando la presencia residual de un Peter Coyote que debía por ahí y De Palma le dio un papel como embajador bastante resultón, tampoco es para tirar cohetes.
Por lo demás, ante la alarmante falta de chicha en la guión, De Palma se dedica a llenar la pantalla de elementos misteriosos (personajes que se cruzan con otros, decorados con mensajes subliminales, planos extrañísimos...) que, o no me he enterado de nada, o no tienen ningún peso en la historia. Un despropósito de película con las acostumbradas ínfulas hitchcockianas del director de New Jersey.
Para mí, su principio del fin como cineasta de referencia.
Al menos Romijn no hace el ridículo como su compañero de reparto. Antonio Banderas, cuya carrera de sex symbol latino en Hollywood era más que sólida ya por entonces, se marca uno de los personajes más grotescos de su carrera. De Palma pareció darle plena libertad "creativa" en su papel de paparazzo para que todas sus escenas fuesen de auténtica vergüenza ajena. Banderas exhibe sin reserva un repertorio sonrojante de amaneramientos afeminados, poses esperpénticas y afectaciones vocales.
El resto de elenco, exceptuando la presencia residual de un Peter Coyote que debía por ahí y De Palma le dio un papel como embajador bastante resultón, tampoco es para tirar cohetes.
Por lo demás, ante la alarmante falta de chicha en la guión, De Palma se dedica a llenar la pantalla de elementos misteriosos (personajes que se cruzan con otros, decorados con mensajes subliminales, planos extrañísimos...) que, o no me he enterado de nada, o no tienen ningún peso en la historia. Un despropósito de película con las acostumbradas ínfulas hitchcockianas del director de New Jersey.
Para mí, su principio del fin como cineasta de referencia.
15 de febrero de 2023
15 de febrero de 2023
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brian De Palma perdió todo su crédito profesional con este despropósito que no hay por donde cogerlo. La historia es confusa y se asemeja más al argumento de una paja que al de un guion cinematográfico. Pretende ser algo entre Lynch y Hitchcock y se queda en un aborto, una mutación sin sentido que por momentos causa vergüenza ajena.
Se trata de un thriller erótico de trama disparatada, al que su director intenta compensar con un puñado de escenas subidas de tono en las que su atractiva protagonista luce su escultural figura acompañado de un Antonio Banderas pasado de rosca. Mucho movimiento de cámara y engolada puesta en escena pero lo que vemos es una absurda gilipollez.
Se trata de un thriller erótico de trama disparatada, al que su director intenta compensar con un puñado de escenas subidas de tono en las que su atractiva protagonista luce su escultural figura acompañado de un Antonio Banderas pasado de rosca. Mucho movimiento de cámara y engolada puesta en escena pero lo que vemos es una absurda gilipollez.
20 de septiembre de 2023
20 de septiembre de 2023
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brian De Palma es un gran director, basta con ver la magistral secuencia del Festival de Cannes donde conviven cordialmente el plano secuencia y el montaje paralelo. Un deleite. El señor prueba, una vez más, que ha visto la filmografía entera de Hitchcock y algo ha aprendido. También el uso de la pantalla dividida es otra muestra de los aciertos de puesta en escena a los que durante mucho tiempo nos acostumbró este cineasta.
Lo triste es que las bondades de De Palma tras la cámara no puedan salvar su caótico y perfectible guion que hacia el final incluso alcanza la cumbre del ridículo. Lo mejor que aporta De Palma desde el papiro es la ausencia de diálogo en muchas escenas que, por otra parte, suelen ser las mejores escenas, ya que cuando hablan los personajes todo suele irse por el caño (del saneamiento).
Si en "Vestida para matar" (1980) había homenajeado a "Psicosis" (Hitchcock, 1960), aquí parece querer hacer lo mismo con "Vértigo" (Hitchcock, 1958). Pero lo de la «doppelgänger» resulta tan irrisorio y, por momentos, grotesco que la fórmula que funcionó con Michael Caine "imitando" a Norman Bates, aquí con la Romijn en plan Kim Novak no cuadra. A esto le suma su frecuente gusto por agregar escenas sinuosas y eróticas con nulo aporte argumental y el metraje de la película acaba por extenderse más de la cuenta, lo que tampoco le favorece.
Lo triste es que las bondades de De Palma tras la cámara no puedan salvar su caótico y perfectible guion que hacia el final incluso alcanza la cumbre del ridículo. Lo mejor que aporta De Palma desde el papiro es la ausencia de diálogo en muchas escenas que, por otra parte, suelen ser las mejores escenas, ya que cuando hablan los personajes todo suele irse por el caño (del saneamiento).
Si en "Vestida para matar" (1980) había homenajeado a "Psicosis" (Hitchcock, 1960), aquí parece querer hacer lo mismo con "Vértigo" (Hitchcock, 1958). Pero lo de la «doppelgänger» resulta tan irrisorio y, por momentos, grotesco que la fórmula que funcionó con Michael Caine "imitando" a Norman Bates, aquí con la Romijn en plan Kim Novak no cuadra. A esto le suma su frecuente gusto por agregar escenas sinuosas y eróticas con nulo aporte argumental y el metraje de la película acaba por extenderse más de la cuenta, lo que tampoco le favorece.

Rebecca Romijn
Y bueno, el final, qué decir del despropósito final, no sé si pretende ser gracioso, irónico, inteligente o si simplemente De Palma se fumó el porro de su vida. Lo cierto es que la cinta ya era larga y agonizaba, pero al Brian le parecía un cóctel algo insulso así que le agrega unos 20 minutos finales de infarto literario. ¡Mamma mia che follia!
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