Decisiones extremas
2010 

5.5
3,038
7 de marzo de 2013
7 de marzo de 2013
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Título interesante, quizás el que más, dentro de la escasa filmografía, y de calidad más que dudosa, de Tom Vaughan.
“Medidas extraordinarias” cuenta una historia real, la de unos padres (Brendan Fraser y Keri Russell) que lo dieron todo por luchar contra la terrible y extraña enfermedad congénita que sus hijos padecían. Entre las medidas tomadas, la más importante de ellas fue dar con un eminente investigador, que no médico, que se acercaba bastante a la solución: el doctor Stonehill (Harrison Ford). Para ello, no dudaron en montar una empresa con la que financiar las investigaciones del científico teórico, un tipo huraño y egoísta donde los haya, pero con un buen fondo.
El filme desarrolla una trama a caballo entre el thriller científico y el drama familiar, centrado ante todo en la figura de Brendan Fraser, cuya natural bobaliconería y su cara de buenazo lo hacen perfecto para su papel. Los tecnicismos médicos, lejos de ser complicados, se presentan de forma clara e incrementan el interés por la extraña enfermedad genética que los niños sufren. La historia tiene un buen ritmo narrativo, mostrando los hechos de forma explícita y ahondando en la parte psicológica de los dos protagonistas, Fraser y Ford, ambos con un objetivo común pero con intereses y maneras diferentes.
Vaughan critica de forma poco arriesgada los intereses monetarios intrínsecos que hay en la industria farmacéutica, o al menos lo hace con menos mala leche que Meirelles en “El jardinero fiel” (2005). Aun así, nos da una idea de lo que hay montado detrás de la investigación de un nuevo medicamento, de los obstáculos, fracasos y, en contadas ocasiones, éxitos, y de lo difícil que le resulta al científico teórico conseguir financiación para unas ideas que son, cuanto menos, brillantes.
La cinta, además de entretener, consigue hacer reflexionar sobre lo difícil que resulta conseguir algo que al principio parece imposible, pero que con esfuerzo, tenacidad y trabajo en equipo, lo imposible deja de serlo. Recomendable.
“Medidas extraordinarias” cuenta una historia real, la de unos padres (Brendan Fraser y Keri Russell) que lo dieron todo por luchar contra la terrible y extraña enfermedad congénita que sus hijos padecían. Entre las medidas tomadas, la más importante de ellas fue dar con un eminente investigador, que no médico, que se acercaba bastante a la solución: el doctor Stonehill (Harrison Ford). Para ello, no dudaron en montar una empresa con la que financiar las investigaciones del científico teórico, un tipo huraño y egoísta donde los haya, pero con un buen fondo.
El filme desarrolla una trama a caballo entre el thriller científico y el drama familiar, centrado ante todo en la figura de Brendan Fraser, cuya natural bobaliconería y su cara de buenazo lo hacen perfecto para su papel. Los tecnicismos médicos, lejos de ser complicados, se presentan de forma clara e incrementan el interés por la extraña enfermedad genética que los niños sufren. La historia tiene un buen ritmo narrativo, mostrando los hechos de forma explícita y ahondando en la parte psicológica de los dos protagonistas, Fraser y Ford, ambos con un objetivo común pero con intereses y maneras diferentes.
Vaughan critica de forma poco arriesgada los intereses monetarios intrínsecos que hay en la industria farmacéutica, o al menos lo hace con menos mala leche que Meirelles en “El jardinero fiel” (2005). Aun así, nos da una idea de lo que hay montado detrás de la investigación de un nuevo medicamento, de los obstáculos, fracasos y, en contadas ocasiones, éxitos, y de lo difícil que le resulta al científico teórico conseguir financiación para unas ideas que son, cuanto menos, brillantes.
La cinta, además de entretener, consigue hacer reflexionar sobre lo difícil que resulta conseguir algo que al principio parece imposible, pero que con esfuerzo, tenacidad y trabajo en equipo, lo imposible deja de serlo. Recomendable.
26 de agosto de 2014
26 de agosto de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los padres de una familia americana feliz y que se se quieren mucho, tienen que promover una investigación científica para combatir una enfermedad extraña, padecida por dos de los hijos.
Las corporaciones farmacéuticas no se esmeran cuando la enfermedad es rara, porque no les sale rentable.
Por suerte, ahí está el doctor interpretado por Harrison Ford, que tiene una buena teoría de investigación, pero no tiene dinero para desarrollarla.
Ya se nos dice que está basada en hechos reales, y no me extraña. La realidad nos muestra siempre de una forma clara que para el sistema, el dinero es más importante que la vida humana.
Es, por tanto, un drama familiar y una lucha contra el tiempo por recaudar dinero y sacar adelante una investigación médica a contracorriente.
Brendan Fraser es el protagonista. Este actor es inclasificable, pues ha hecho casi de todo, sin destacar en nada. Aquí simplemente cumple, aunque en algunas escenas muy dramáticas deja ver que a lo mejor es mejor actor de lo que parece.
Harrison Ford es coprotagonista y productor. Todo el tiempo me ha dado la sensación de que esta película es muy pequeña para él. Supongo que le habrá gustado la historia y poco más, porque nunca recordaremos a "Han Solo" como "el tío de "Medidas extraordinarias"".
La verdad es que es muy simple, con un argumento que casi parece de telefilm televisivo, pero está lo bastante bien para que llegue al aprobado. Eso sí, no tiene mucho más. Si la hubieran hecho otros actores peores, habría pasado absolutamente desapercibida (si es que no lo hizo ya, a pesar de todo).
Podría haber estado mucho mejor, pero pensándolo bien también podría haber sido mucho peor.
Las corporaciones farmacéuticas no se esmeran cuando la enfermedad es rara, porque no les sale rentable.
Por suerte, ahí está el doctor interpretado por Harrison Ford, que tiene una buena teoría de investigación, pero no tiene dinero para desarrollarla.
Ya se nos dice que está basada en hechos reales, y no me extraña. La realidad nos muestra siempre de una forma clara que para el sistema, el dinero es más importante que la vida humana.
Es, por tanto, un drama familiar y una lucha contra el tiempo por recaudar dinero y sacar adelante una investigación médica a contracorriente.
Brendan Fraser es el protagonista. Este actor es inclasificable, pues ha hecho casi de todo, sin destacar en nada. Aquí simplemente cumple, aunque en algunas escenas muy dramáticas deja ver que a lo mejor es mejor actor de lo que parece.
Harrison Ford es coprotagonista y productor. Todo el tiempo me ha dado la sensación de que esta película es muy pequeña para él. Supongo que le habrá gustado la historia y poco más, porque nunca recordaremos a "Han Solo" como "el tío de "Medidas extraordinarias"".
La verdad es que es muy simple, con un argumento que casi parece de telefilm televisivo, pero está lo bastante bien para que llegue al aprobado. Eso sí, no tiene mucho más. Si la hubieran hecho otros actores peores, habría pasado absolutamente desapercibida (si es que no lo hizo ya, a pesar de todo).
Podría haber estado mucho mejor, pero pensándolo bien también podría haber sido mucho peor.
27 de junio de 2010
27 de junio de 2010
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Generalmente éste tipo de películas, que tienen como fin mostrar un hecho de carácter emotivo, gozan a su favor de un valor agregado por definición. Puede que alguien ni siquiera la haya visto aun y, sin embargo, ya la valore positivamente. Incluso uno mismo, al momento de hacer la crítica, no quiere ser tan rudo con el lenguaje y herir a alguien sin querer. Pero para ser consecuente con el sabor que me ha dejado, diré que esta película no trascenderá más allá de su propuesta, que es situarte a ti en el lugar de los hechos, para manipular tu apreciación, involucrándote indirectamente con el sufrimiento de los personajes y tratar con esa argucia que pases por alto las actuaciones, la estructura de la película, la lógica de la historia, etc. Pero sino te dejas atrapar por el sentimentalismo, nos queda una película básica, con actuaciones sin mayor merito que las necesarias para un films como éste, con un argumento que tiene una historia muy hollywoodense, donde las puertas se cierran al principio y después se abren, donde los que tiene que unir sus fuerzas se pelean, pero después se unen, sujetos fríos que sólo velan por interés económicos, que después se vuelven buenos y ayudan, etc. En resumen, lo mismo de siempre, pero con otros actores.
3 de febrero de 2012
3 de febrero de 2012
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo buen productor sabe bien que añadir la coletilla "basado en hechos reales" implica un porcentaje de expectadores mayor del habitual. Si además consiguen convencer a algún actor mediático, el éxito en taquilla está asegurado siempre y cuando la historia le llegue dentro. El realizador Tom Vaughan juega sobre seguro al adaptar una historia basada en hechos reales sobre la lucha de un padre en busca de una cura para una cruel enfermedad infantil. Dicho de otra forma y simplificando: hechos reales y niños un binomio muy taquillero si se hacen bien las cosas. Para ello, Vaughan coloca a un Brendan Fraser con ganas de interpretar un papel dramático en el papel de padre, y a Harrison Ford en el de huraño científico que va tras la cura.
A partir de aquí, sólo hay que darle un plazo a unos de los hijos de Fraser que se va a agotando a medida que avanza el metraje, y resaltar las dificultades que deben superar los protagonistas para conseguir llegar a la meta propuesta, y ya tenemos un film típicamente americano: Padre de familia dispuesto a todo para curar a su hijo, médico de trato áspero pero de buen corazón, y turbias corporaciones que sólo les preocupa los beneficios que pueden obtener.
El film tiene una factura televisiva más que evidente, por más que intervengan dos estrellas de Hollywood (aunque ambas no estan precisamente en su mejor momento). El desarrollo de la historia es simple y lineal. Por otro lado, el tratamiento de las corporaciones farmaceúticas se podría considerar como "políticamente correcto". Es una lástima que el realizador no incida más precisamente en el proceso de la creación de una medicina. Un proceso, al que se ha dejado en manos de intereses privados que lógicamente buscan hacer negocio.
En definitiva, al final del camino (un final que lleva el sello "made in Hollywood"), resulta que todos siguen siendo exactamente iguales que al principio. Nadie evoluciona, nadie cambia, ni hay ninguna lección que aprender excepto la de un "buen americano" haciendo lo necesario para salvar a su familia. Fraser nos ofrece un registro voluntarioso, intentando que veamos en él a un actor de verdad. Por su parte Harrison Ford, se limita a aparecer con su rostro prácticamente inexpresivo, demostrando una vez más que su tiempo de gloria es cosa del pasado. Su nombre todavía puede atraer espectadores a las salas de cine pero apenas tiene carisma ni fuerza ante las cámaras. Tampoco ayuda un guión excesivamente plano, que encorseta a los dos protagonistas, y que impide al resto la sufienciente entidad como para hacerles sombra.
Esta película se podría definir perfectamente como "telefilm de fin de semana", o, como decimos aquí, "película para hacer la siesta después de una buena comilona". Desde luego no es este el film por el que seran recordados director o actores.
A partir de aquí, sólo hay que darle un plazo a unos de los hijos de Fraser que se va a agotando a medida que avanza el metraje, y resaltar las dificultades que deben superar los protagonistas para conseguir llegar a la meta propuesta, y ya tenemos un film típicamente americano: Padre de familia dispuesto a todo para curar a su hijo, médico de trato áspero pero de buen corazón, y turbias corporaciones que sólo les preocupa los beneficios que pueden obtener.
El film tiene una factura televisiva más que evidente, por más que intervengan dos estrellas de Hollywood (aunque ambas no estan precisamente en su mejor momento). El desarrollo de la historia es simple y lineal. Por otro lado, el tratamiento de las corporaciones farmaceúticas se podría considerar como "políticamente correcto". Es una lástima que el realizador no incida más precisamente en el proceso de la creación de una medicina. Un proceso, al que se ha dejado en manos de intereses privados que lógicamente buscan hacer negocio.
En definitiva, al final del camino (un final que lleva el sello "made in Hollywood"), resulta que todos siguen siendo exactamente iguales que al principio. Nadie evoluciona, nadie cambia, ni hay ninguna lección que aprender excepto la de un "buen americano" haciendo lo necesario para salvar a su familia. Fraser nos ofrece un registro voluntarioso, intentando que veamos en él a un actor de verdad. Por su parte Harrison Ford, se limita a aparecer con su rostro prácticamente inexpresivo, demostrando una vez más que su tiempo de gloria es cosa del pasado. Su nombre todavía puede atraer espectadores a las salas de cine pero apenas tiene carisma ni fuerza ante las cámaras. Tampoco ayuda un guión excesivamente plano, que encorseta a los dos protagonistas, y que impide al resto la sufienciente entidad como para hacerles sombra.
Esta película se podría definir perfectamente como "telefilm de fin de semana", o, como decimos aquí, "película para hacer la siesta después de una buena comilona". Desde luego no es este el film por el que seran recordados director o actores.
30 de marzo de 2017
30 de marzo de 2017
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Es una película interesante desde el punto de vista médico, con una trama que describe el accionar de los laboratorios y las grandes corporaciones frente a una enfermedad no muy conocida llamada Pompe. El relato esta bien llevado aunque a mi gusto no llega a conmover en su parte dramática, recae en demasiados tecnicismos, y las actuaciones no estan mal, pero por momentos se torna un poco monótona.
Entretiene sin ser una gran película.
Entretiene sin ser una gran película.
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