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Criaturas asombrosas

Fantástico. Ciencia ficción. Drama En un mundo azotado por una ola de mutaciones que transforman gradualmente a algunos humanos en animales, François hace todo lo posible por salvar a su esposa, afectada por esta misteriosa enfermedad. Mientras la sociedad se ve abocada a un nuevo orden, iniciará junto a Émile, su hijo de 16 años, una búsqueda que los cambiará para siempre. (FILMAFFINITY)
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7
11 de febrero de 2024 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Iba a ponerle un 6, pero le pongo un 7 por la conmovedora escena del final que no sería nada sin la emoción que transmite la mirada de Romain Duris. Un personaje que le da profundidad a esta historia junto con el de Paul Kircher.

Está película habla de amor y libertad, y de la capacidad de aprender a reconocer ambas. No en lo teórico, sino en lo intuitivo. En lo instintivo. Este reconocimiento lo podemos ver, entre otras, en la escena de la oficina de policía (quienes la hayan visto sabrán de lo que hablo).

Hay partes durante la cinta que me parecían inverosímiles, reacciones de los personajes que no se adecuaban, bajo mi punto de vista, a los fenómenos que estaban aconteciendo y sí, también hay ciertas licencias que se toma el director para que la historia avance.

Quizá el director no preste atención a esos aspectos de la trama porque está más centrado en lo emocional y visceral del mensaje.

Si os dejáis llevar por la propuesta, además de provocaros curiosidad por su extraña premisa, también os conmoverá. Yo te animaría a verla, especialmente, por su prólogo que es bastante notable y, a partir de ahí, tú decides.
5
24 de mayo de 2024 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No ha podido ser. En su día vi con agrado “Les Combattants” de Thomas Cailley, una aproximación amable a la vida de unos soldados franceses, y además el tráiler de este "Le Règne animal" prometía una experiencia tan emocionante como sorprendente. No pude prever que lo que al final encontraría sería una especie de carta de presentación para Hollywood o si no un largometraje de género con vocación de grandes audiencias, es decir un mero producto de ver y olvidar, en la que percibes a un director que no quiere meterse en demasiados charcos y atenúa todos los elementos problemáticos de la narración. No soy tan salvaje de pedir escenas de zoofilia o algo equivalente, lo que sí esperaba era una narración más osada y personajes con un mínimo de identidad, creados de forma que traspasaran el ejercicio de taller de escritura creativa.

A grandes rasgos el argumento se centra en recrear un mundo levemente distópico, en el que una enfermedad misteriosa está transformando a numerosas personas primero en humanoides con rasgos animales y luego en seres plenamente bestiales. En paralelo, un padre y un hijo deben lidiar con una pérdida mientras reconfiguran su relación, pues el muchacho ha iniciado un aprendizaje que lo aleja de su padre y el padre debe aprender a aceptar que su hijo ya no es un niño.
Ni por un instante dudo que, de haber sido producida en Estados Unidos, la situación global habría recibido un tratamiento mucho más catastrófico, en plan el mundo se cae a pedazos. Cailley dirige la situación por cauces más razonables, de modo que la crisis sacude a la sociedad, aunque sin empujarla al abismo. A eso hay que añadir que la imaginación entorno a los seres mutantes resulta convincente y encima se recrea mediante unos efectos especiales tan vistosos como verosímiles.

Pero hasta ahí las bondades, porque lo demás resulta cuestionable. Si ves una obra dramática y el personaje que más te interesa es un pequeño secundario entonces es que la cosa no está hecha para ti. En este caso el personaje que encontré más atractivo fue Fix, el hombre pájaro, interpretado por el franco-israelí Tom Mercier, personaje de situación dramática más jugosa y que resulta más esquivo y menos luminoso. El resto de secundarios, como ahora la policía, interpretada por la maravillosa Adèle Exarchopoulos, o la compañera de clase de Émile no son más que esbozos, muy planos. Pero es que el dúo paterno-filial protagónico es de igual forma anodino. El adolescente Émile se limita a llevar la contraria en casi cada escena y mostrarse enfurruñado, y no precisamente por cosas relacionadas con su madre; el padre, encarnado por Romain Duris, no goza más que de una caracterización genérica de progenitor responsable, afectuoso pero con problemas para comprender la naturaleza cambiante de ese adulto incipiente que es su hijo. De ahí, todos los conflictos y las sub-tramas acaban desembocando en la inanidad total.
Adèle Exarchopoulos & Romain Duris
Los diferentes arcos dramáticos y tramas se perfilan de formas muy previsibles y convencionales. Cuando ves a la muchacha sabes que sólo ejercerá de interés romántico del hijo adolescente. Si el personaje del pájaro conserva el habla es porque será amigo del chico. Y así con todo. Estos resortes dramáticos tan trillados se encajan en cierta visión metafórica, en la que la animalización de las personas huye de cualquier ánimo científico, más bien actúa como metáfora de lo diferente. La situación marginal y proscrita de los animalizados equivale a la de los inmigrantes y refugiados, por eso también hay unas cuantas escenas de la comunidad local que teme o rechaza a esos seres extraños. Supongo que así el visionado resulta más digerible, sólo que no le hallo sentido a andarse con esos subterfugios, como si no se pudiera abordar sin más ese tema. Tampoco me vale que con esa estrategia la narración puede hablar con más soltura, no cuando su hoja de ruta es tan inocua; ni que así su alcance es mayor porque resulta menos encorsetado, dado que no pretende ir muy lejos.

Seamos realistas. Esas posibles hipótesis no hacen más que camuflar el hecho que estamos frente a un título comercial que atesora toda la cursilería del cine multinacional, su ánimo es de ofrecer un entretenimiento inofensivo, por más que aparente cierto compromiso ético, que es insignificante y por eso al final a nadie le va a molestar lo que se ve en “Le Règne animal”, salvo que ya sea un obtuso de los que se molestan por cualquier cosa, los que efectivamente se comportan como basiliscos sin necesidad de efectos especiales.

Se podría haber hablado de la humanidad tras una transformación radical (sea una epidemia, la irrupción de la inteligencia artificial o lo que sea), como el poder maneja estos cambios sociales, qué cosas empeoran y cuales mejoran. También cabe una indagación entorno a los instintos más primarios del ser humano, los que van más allá de la conciencia racional, y hasta qué punto la convivencia resulta ilusoria y quebradiza. O una historia a propósito del luto, cuestión que pasa muy de puntillas y sólo regresa como pirotecnia dramática, cuando ya se ha visto que la pérdida ha tenido un efecto testimonial. Y muchas más. Pero no, es mejor descartarlo todo en aras de una visión melosa y genérica del amor, muy púdica, no sea que alguien se moleste. Prevalece a la postre una narración ligera y colorida, que frente a todas las cuestiones filosóficas que laten en su fondo prefiere dar un paso al lado para no desviarse del molde comercial, tan narrativamente predecible y emocionalmente convencional, incluso mendaz. Y si no, imaginad qué habría hecho David Cronenberg si este argumento llega a caer en sus zapras (seguramente muchos más diálogos y sí, zoofilia de algún tipo).
7
23 de octubre de 2023
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos sumerge en una distopía desconcertante y original que plantea preguntas profundas sobre la relación entre los humanos y los animales. La película nos sitúa en un mundo asolado por una enigmática epidemia que transforma gradualmente a los seres humanos en criaturas híbridas entre humanos y animales. En medio de este aterrador escenario, François, interpretado por Romain Duris, se embarca en una odisea desgarradora para salvar a su esposa de esta transformación irreversible.

La originalidad de la trama merece un lugar destacado en cualquier discusión sobre "El Reino Animal". Es una historia que empuja los límites de la ciencia ficción, donde las mutaciones biológicas funcionan como una alegoría de los cambios radicales en la sociedad. Aquí, la dicotomía entre humanos y animales es un tema central, y se plantea de manera provocadora a medida que la línea que los separa se desvanece gradualmente. La película evoca comparaciones con la serie "Black Mirror" en su capacidad para hacernos reflexionar sobre las implicaciones éticas de la tecnología y la biología.

Las actuaciones de Romain Duris y Adèle Exarchopoulos son destacables. Duris interpreta a François con intensidad y desesperación, lo que hace que su lucha sea palpable. Exarchopoulos, irradia vulnerabilidad y empatía en su papel. La conexión entre estos dos personajes es el núcleo emocional de la película, y ambos actores desempeñan sus roles de manera conmovedora.

La dirección de Thomas Cailley es sólida, aunque convencional para el tipo de película que es. La narrativa está bien estructurada, y Cailley se sumerge en la psicología de los personajes, lo que permite una mayor empatía con sus luchas. Sin embargo, se podría haber arriesgado más en términos de fotografía y aspectos técnicos para crear un mundo visualmente más impactante que reflejara la transformación radical que experimenta la sociedad.

El ritmo de la película es una de sus deficiencias. En ciertos momentos, la trama parece desviarse y la falta de una regularidad en el ritmo puede afectar la experiencia del espectador. A pesar de los momentos de intensidad y suspense, hay momentos en los que la película se estanca y se siente algo larga.

Es una distopía que, al igual que sus protagonistas, se esfuerza por encontrar su identidad y equilibrio, dejando una impresión duradera en quienes se aventuran en su mundo inquietante y provocador.
7
12 de marzo de 2024 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante, muy curioso y original film francés, distopía fantasía científica, al que sólo se le podría reprochar su larga duración. No dura como las de la Marvel o así, pero sí que podría haberse acortado un poco.

Con todo, se sigue bien y resulta entretenida, muy amena.

Quizás algo irregular en su ritmo interno, tiene, no obstante, poderosas imágenes de gran poder de sugestión.

Es, al fin y al cabo, un drama humano familiar, en medio de unos grandes cambios en la sociedad por mor de una extraña enfermedad que no se sabe porqué la sufren unos seres humanos y otros no.
Esto no se explica, ni falta que hace, pero sí que desarrolla una fábula donde la solidaridad humana, la empatía haca el diferente se ponen en cuestión, dejándose a un lado la comunicación entre seres humanos.

Muy estimable en el plano técnico, las interpretaciones son excelentes, con la pareja Roman Duris y el joven Paul Kircher compenetrándose perfectamente para transmitir al espectador el amor paterno-filial en medio de un mundo caótico e impresivible.

Muy bonita banda sonora y dureza y a la par poesía y lirismo, hacen de esta cinta un fascinante relato, no redondo, pero sí valioso y en varios momentos, conmovedor.

https://filmsencajatonta.blogspot.com
7
24 de mayo de 2024 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La verdad es que el punto de partida de El reino animal es muy bueno.
Un virus que convierte a los humanos en animales supone dar un giro de originalidad a la distopía clásica de toda la vida. Además, lo hace con inusitadas dosis de violencia y con un reparto excelente. Paul Kircher está fantástico, mientras se deja acompañar por la veteranía y experiencia de Romain Duris (en un momento excelente de su carrera) y Adèle Exarchopoulos.
El problema viene un poco por la parte más sentimental de la historia, la que se aleja de la ciencia ficción, y es claramente inferior. Si todo hubiese girado en todo momento en torno a los extraños acontecimientos, el resultado hubiera sido mucho más redondo.
Con todo, un gran ejercicio de género y estilo del cine francés.
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