Tres amigas
6.4
1,820
Romance. Drama. Comedia
Joan ya no está enamorada de Victor y sufre por no estar siendo honesta con él. Alice, su mejor amiga, la tranquiliza asegurándole que ella misma no siente pasión por su pareja Eric y sin embargo su relación va viento en popa. Ella ignora que él tiene una aventura con Rebecca, su amiga común... Cuando Joan decide finalmente dejar a Victor y este desaparece, las vidas y las historias de las tres amigas dan un vuelco. (FILMAFFINITY)
29 de diciembre de 2025
29 de diciembre de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocos han demostrado mas elegancia y madurez afrontando las idas y vueltas de la pasión amorosa que los cineastas franceses. La tradición de cine de autor romántico se asienta ya en los años 70 (la sombra de Rohmer en este sentido es alargada), y nadie ha brillado mas en este registro en el último lustro que el realizador de cuyo último trabajo hablamos en la presente entrada. Tras formar parte de la Sección Oficial de la Biennale veneciana del 2024 y ser aplaudida allí por los no tantos críticos que la vieron, llegó de tapadillo a nuestras carteleras la nueva joya del maestro en ciernes Emmanuel Mouret. Tras las excelentes Las cosas que decimos, las cosas que hacemos y Crónicas de un amor efímero, es ahora el turno de Tres amigas. El efecto sorpresa se diluyó en esta ocasión, pero aumentó la variedad de ideas narrativas en la estructura narrativa de una película coral más serena y sencilla que las dos anteriores. Comedia con un contrapunto extraordinario de amargura, de una vez costumbrista y natural como lírica, liviana, apesadumbrada o divertida. Cine refinado y comedido, como solo la mejor escuela del cine francés es capaz de producir.
Idas y venidas del amor, la duda y la culpa en la madurez. De pasiones escondidas y apariencias resquebrajadas. De amar de nuevo, reencontrarse en la cotidianidad no escuchada o permitirse volver a querer. Estival y vitalista, aún con su tragedia, fábula de tres amigas cuyos enredos amores se oponen, se solapan y se entremezclan. Mosaico intercalado de secretos, mentiras y coincidencias donde se cuestionan estructuras amorosas establecidas o se abre la ilusión de poder construir nuevas. Los rasgos de estilo Mouretianos se repiten: música clásica y finos pero escuetas virguerías formales, que ceden protagonismo a los diálogos mediante cobertura en travellings de seguimiento que comienzan tras segundos de escena con los personajes en fuera de campo. El juego del amor y sus posteriores cargos de conciencia, malentendidos e ilusiones en una maraña llena de ternura y sensibilidad aún en los momentos más desafortunados de sus torpes personajes.
Tenemos tres protagonistas, pero el filme toca el cielo cuando se detiene en los infructuosos intentos de volver a enamorarse del fascinante personaje de India Hair, callada y emocionante desde sus miradas, que no es capaz de perdonarse a sí misma y de abrirse ante otros después del dolor de su relación con Vicent Macaigne, uno de los grandes del cine europeo cuyas intervenciones en esta película, si bien escasas, invocan las lágrimas más sinceras que este crítico es capaz de producir. Emocionar de la mejor y más delicada manera, con unas apariciones súbitas del personaje, de naturaleza sobrenatural, cuya comunión de forma y fondo son de los ejemplos más claros de Cine de altura que ha dado de sí este 2025.
Muchos espectadores feministas considerarán un desperdicio que las posibilidades expresivas de una amistad entre tres mujeres se desaproveche en aras de tres aventuras románticas en simultáneo. Los sinsabores, escarceos clandestinos e inseguridades de la patetoide subtrama del personaje de Sara Forestier palidecen frente a la madurez reflexiva del segundo comienzo de Camille Cottin o el tierno y callado duelo de India Hair. Formalmente está cuidada pero no sacude ni revoluciona el entramado sensorial desde la puesta en escena, en una de sus propuestas que reconozco que está enunciada desde unos códigos que apelarán especialmente a los espectadores burgueses. Al resto comprenderé que produzca cierta indiferencia, pero de críticos como nosotros depende instar a los lectores que den una oportunidad a esta maravilla.
Bucólica, triste y esperanzadora, Tres amigas apunta con precisión al núcleo del alma humana y reafirma a Emmanuel Mouret como el poeta de los hechizos románticos más seductores de nuestro tiempo. Cine que invita a vivir y a enamorarse y oda a las segundas oportunidades, y el mas elocuente uso de la figura del espectro que este crítico recuerda.
Idas y venidas del amor, la duda y la culpa en la madurez. De pasiones escondidas y apariencias resquebrajadas. De amar de nuevo, reencontrarse en la cotidianidad no escuchada o permitirse volver a querer. Estival y vitalista, aún con su tragedia, fábula de tres amigas cuyos enredos amores se oponen, se solapan y se entremezclan. Mosaico intercalado de secretos, mentiras y coincidencias donde se cuestionan estructuras amorosas establecidas o se abre la ilusión de poder construir nuevas. Los rasgos de estilo Mouretianos se repiten: música clásica y finos pero escuetas virguerías formales, que ceden protagonismo a los diálogos mediante cobertura en travellings de seguimiento que comienzan tras segundos de escena con los personajes en fuera de campo. El juego del amor y sus posteriores cargos de conciencia, malentendidos e ilusiones en una maraña llena de ternura y sensibilidad aún en los momentos más desafortunados de sus torpes personajes.
Tenemos tres protagonistas, pero el filme toca el cielo cuando se detiene en los infructuosos intentos de volver a enamorarse del fascinante personaje de India Hair, callada y emocionante desde sus miradas, que no es capaz de perdonarse a sí misma y de abrirse ante otros después del dolor de su relación con Vicent Macaigne, uno de los grandes del cine europeo cuyas intervenciones en esta película, si bien escasas, invocan las lágrimas más sinceras que este crítico es capaz de producir. Emocionar de la mejor y más delicada manera, con unas apariciones súbitas del personaje, de naturaleza sobrenatural, cuya comunión de forma y fondo son de los ejemplos más claros de Cine de altura que ha dado de sí este 2025.
Muchos espectadores feministas considerarán un desperdicio que las posibilidades expresivas de una amistad entre tres mujeres se desaproveche en aras de tres aventuras románticas en simultáneo. Los sinsabores, escarceos clandestinos e inseguridades de la patetoide subtrama del personaje de Sara Forestier palidecen frente a la madurez reflexiva del segundo comienzo de Camille Cottin o el tierno y callado duelo de India Hair. Formalmente está cuidada pero no sacude ni revoluciona el entramado sensorial desde la puesta en escena, en una de sus propuestas que reconozco que está enunciada desde unos códigos que apelarán especialmente a los espectadores burgueses. Al resto comprenderé que produzca cierta indiferencia, pero de críticos como nosotros depende instar a los lectores que den una oportunidad a esta maravilla.
Bucólica, triste y esperanzadora, Tres amigas apunta con precisión al núcleo del alma humana y reafirma a Emmanuel Mouret como el poeta de los hechizos románticos más seductores de nuestro tiempo. Cine que invita a vivir y a enamorarse y oda a las segundas oportunidades, y el mas elocuente uso de la figura del espectro que este crítico recuerda.
14 de noviembre de 2025
14 de noviembre de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sombra de Woody Allen es muy alargada en general y aún más en el cine europeo en particular. El cineasta francés Emmanuel Mouret, con tendencia en fijar su brújula hacia la obra del genio estadounidense, homenajea al maestro neoyorquino en “Tres amigas”, una tragicomedia romántica de historias y personajes cruzados en torno a las relaciones de pareja y las vicisitudes sentimentales de sus maduras e intelectuales protagonistas que siguen el canon más clásico del maestro Allen en obras como “Annie Hall”, “Manhattan” o “Hannah y sus hermanas”.
Durante 118 minutos (quizás un metraje un tanto excesivo para el desarrollo de la historia que se narra y donde el cineasta francés no copia la concisión argumental del maestro Allen), el guión de Carmen Leroi y el propio Emmanuel Mouret nos asoman a la vida de tres amigas que habitan en Lyon y que se encuentran cada una de ellas ante su propia encrucijada sentimental: el personaje que encarna India Hair no sabe cómo afrontar que ya no siente nada por su modélico marido; Camille Cottin encarna a una mujer que se siente en un callejón sin salida con su pareja Eric; mientras que Sara Forestier tiene una relación sentimental adúltera y secreta precisamente con el susodicho Eric.
La historia es narrada por la voz en off de uno de los personajes masculinos en otra evidente seña de identidad alleniana de este film francés y, por supuesto, la ciudad de Lyon también se acaba convirtiendo en una protagonista más de la cinta como ocurre siempre en el cine de nuestro Woody.
Estas idas y venidas sentimentales están perfectamente fotografiadas por Laurent Desmet que baña en una cálida luz otoñal fotogénica como pocas todas las localizaciones de la película. Mientras que la música de Benjamin Esdraffo se combina sabiamente con piezas clásicas de piano que ayudan a otorgar solidez a la propuesta.
Durante 118 minutos (quizás un metraje un tanto excesivo para el desarrollo de la historia que se narra y donde el cineasta francés no copia la concisión argumental del maestro Allen), el guión de Carmen Leroi y el propio Emmanuel Mouret nos asoman a la vida de tres amigas que habitan en Lyon y que se encuentran cada una de ellas ante su propia encrucijada sentimental: el personaje que encarna India Hair no sabe cómo afrontar que ya no siente nada por su modélico marido; Camille Cottin encarna a una mujer que se siente en un callejón sin salida con su pareja Eric; mientras que Sara Forestier tiene una relación sentimental adúltera y secreta precisamente con el susodicho Eric.
La historia es narrada por la voz en off de uno de los personajes masculinos en otra evidente seña de identidad alleniana de este film francés y, por supuesto, la ciudad de Lyon también se acaba convirtiendo en una protagonista más de la cinta como ocurre siempre en el cine de nuestro Woody.
Estas idas y venidas sentimentales están perfectamente fotografiadas por Laurent Desmet que baña en una cálida luz otoñal fotogénica como pocas todas las localizaciones de la película. Mientras que la música de Benjamin Esdraffo se combina sabiamente con piezas clásicas de piano que ayudan a otorgar solidez a la propuesta.
29 de julio de 2025
29 de julio de 2025
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mi expectativa era ver una comedia entretenida, pero me reí bien poco
En ningún momento fuí capaz de identificarme con ninguna de las 3 o de los otros personajes.
Ellas parecen tan planas que ni con 20 años, pero los personajes tienen unos 40 no?
No sé si me habré vuelto exigente jajaj
Para mi era como un capítulo de Sexo en Nueva York, pero en francés y sin chistes ni gracia
Que aburrimiento
En ningún momento fuí capaz de identificarme con ninguna de las 3 o de los otros personajes.
Ellas parecen tan planas que ni con 20 años, pero los personajes tienen unos 40 no?
No sé si me habré vuelto exigente jajaj
Para mi era como un capítulo de Sexo en Nueva York, pero en francés y sin chistes ni gracia
Que aburrimiento
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