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American FactoryDocumental

American Factory
6.6
2,192
Documental En 2014, un multimillonario de procedencia china reabrió una antigua fábrica de General Motors en la ciudad de Dayton (Ohio). Para miles de locales, la llegada de un manufacturador multinacional implicaba recuperar sus trabajos -y su dignidad- después de que la recesión hiciese estragos en su día a día. Al principio, el contraste cultural es gracioso, pero los problemas entre el planteamiento chino y el norteamericano no tardan en ... [+]
Críticas 17
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6
6 de junio de 2021 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante la crisis de 2008, una planta de General Motors en Ohio cierra sus puertas, dejando a miles de familias sin trabajo. En 2014, un multimillonario chino reabre la antigua fábrica.

El film retrata cómo al principio esto significa la recuperación del trabajo, de la dignidad, e ilustra de manera graciosa este contraste cultural entre los trabajadores locales y aquellos orientales que llegaron para darle su impronta. Poco a poco las distintas formas de trabajo se convierten en un problema. Salarios muy bajos, escasas medidas de seguridad y una mentalidad reticente a la intervención de un sindicato en la planta conducen al conflicto.

Más allá del planteo que la película pueda intentar expresar, respecto a “China es mala, EEUU bueno”, creo que el punto central del relato puede encontrarse en la precarización del trabajo, cómo grandes empresarios aprovechan el desempleo en una sociedad para hacer competir a la gente entre sí, aceptando condiciones cada vez peores.
Una denuncia de la clase trabajadora sobre la injusticia social impuesta por las multinacionales y tolerada por gobiernos locales.
9
3 de junio de 2022 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Increíble como presenta el contraste de culturas de una manera tan profunda, que a muchos le costará entender. Habiendo vivido en China puedo comentar que la cultura china, labrada por miles de años, es bastante más marcada en valores de esfuerzo por el colectivo (Confucio) y menos por la imagen o el hedonismo. Se observa en cada chino a un estoico dispuesto a servir al colectivo con una actitud y beneficio brutalmente superior al de un americano, aquejado por el más mínimo contratiempo. Si bien el libre comercio permite que estas inversiones se den en USA y no en China, también es cierto que en un pueblo sin oportunidades , más vale tener esta opción que ninguna. Especialmente sorprendente las sutilezas con las que el colectivo chino refuerza la conducta de cada individuo. La cara más oscura es la falta de respeto de los chinos hacia el medioambiente y lo contradictorio de la falta de moral en este sentido, respecto a su altísima moral de sacrificio por el colectivo humano.
siw
6
12 de agosto de 2022 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El documental me resulta interesante porque podemos comprobar cómo funcionan y se desenvuelven las diversas fuerzas que operan en una fábrica, más que por los dilemas a los que parece apuntar esta producción. Señalaré las principales reflexiones que me ha evocado:

PRIMERA:
Se plantean una serie de dilemas (sindicación - no sindicación, EEUU - China, productividad - derechos de los trabajadores, etc.) que en realidad no son tales, pues de entre las dos perspectivas será una de ellas la que nos va a atraer como occidentales.

SEGUNDA:
De entre los dilemas, el de la sindicación de los trabajadores es el que protagoniza todo el metraje. Da la impresión de que el documental se decanta a favor de la existencia de un órgano sindical que garantice los derechos de los trabajadores, como si esto fuera lo más importante, como si un sindicato fuera un organismo que realmente fuera a salvar a sus representados. Esta ingenua creencia se mantiene todavía sobre todo en los simpatizantes de las ideologías izquierdistas, que creen en el benefactor funcionamiento del Estado. Y no me vale que el sindicato en China sea todavía más vergonzante.
TERCERA:
Lo que de verdad podemos comprobar bien de cerca son las bondades del trabajo asalariado. Es el modo de trabajo moderno, empezó en la primera revolución industrial y hoy día está muy perfeccionado en el sentido de que ya nadie lo discute, se acepta como un logro maravilloso de nuestro modo de vida. En un momento dado un trabajador habla de que a veces pensó "¿porqué hago esto?" refiriéndose a porqué hacía un trabajo que en realidad era nocivo para su persona, pero solo es un ramalazo de comprensión de la realidad, no llega a entender que esta manera de trabajar te convierte en un esclavo total. Es decir, la ecuación es: ¿Porqué hago esto? Porque no puedes elegir; por tanto, eres un esclavo.

CUARTA:
Cuando vemos de cerca las condiciones de trabajo en China, los sistemas adoctrinadores que se emplean sobre los trabajadores, toda la mentalidad que allí se tiene, te empieza a entrar un sudor frío. Allí lo han conseguido, los trabajadores son perfectas piezas engrasadas para que la maquinaria productiva funcione a las mil maravillas, sin nadie que rechiste, son auténticos robots humanos. Pero no nos comamos los mocos, aquí no hay tanta explotación como allí, pero vamos acercándonos a ellos, todo se andará, el ejemplo que se observa en el presente documental es más que inquietante.
QUINTA:
Hay que quitarse las anteojeras: Los chinos obedecen como autómatas, allí nadie se cantea... pero en Occidente tenemos también lo nuestro. Hay un momento en que los supervisores de la empresa china son invitados al país oriental y podemos comprobar cómo la mayoría de ellos son obesos, tienen unos cuerpos deformes, la maravillosa vida en América ha hecho de ellos unos ejemplares de humanos que tienen algo de patético. Y es que las "idílicas" condiciones de vida que nos ha proporcionado el afamado estado de bienestar ha logrado eso, degradar al sujeto hasta niveles aún no mesurados.

SEXTA:
"American factory" nos permite comprobar lo que hemos llegado a ser como sociedad: Cada uno piensa sólo en sí mismo, nadie es capaz de encontrar el apoyo en otros, el dinero y el trabajo lo son todo y lo demás no es nada, te conformas con una habitación y una televisión, por cuatro duros eres capaz de vender tu alma al diablo, no hay dignidad alguna. Sí, aquí también asiento en que la ideología patriotera de los chinos es todavía más terrible, yo tampoco la quiero. Por eso digo que el dilema no es entre los dos sistemas.
SEPTIMA:
Hay que fijarse cómo el Estado norteamericano deja hacer a los entes que pululan por el documental, tanto las empresas como las instituciones u organizaciones, al Estado todo lo que ocurre le viene bien, todo menos ir a la raíz del problema, en el caso de EEUU un modo de vida que ha llevado al país a asomarse a un abismo que no tardará en pasar factura a sus ciudadanos.

OCTAVA:
El documental me ha entrado bien porque no hay una voz en off que te guíe, que te cuente cómo has de entender las cosas. Se te enseñan las condiciones de trabajo, los trabajadores, los jefes, ciertos eventos. Te sirve como espejo de un hecho social. Te sirve si no entras en ideas preconcebidas ni subjetividades. Todo lo tienes ahí, en este caso ciudadanos comunes de los dos países más poderosos del planeta, chinos y americanos, cada uno de ellos (los ciudadanos) como meros peones de un mundo alienante, y los jefes (el magnate chino) que solo transpiran productividad y economía.
NOVENA:
El documental nos sirve para comprobar que vamos entrando en las ideologías de la Cuarta Revolución Industrial, aún en ciernes: Al final de la cinta vencen en unas elecciones los que prefieren el dinero a las condiciones laborales. Se va estrechando el círculo. También podemos ver cómo la empresa china protagonista empieza al final a incorporar a robots para sustituir a varios trabajadores, se supone que la sustitución se hace pues las máquinas tienen igual o mayor eficacia que los humanos. Pero a mí me pareció que ello era un recurso de la empresa china para presionar, para conseguir que los trabajadores trabajen más por menos, a la esclavitud humana no van a renunciar nunca, lo de los robots sólo es un medio y no un fin, pero se utiliza como estrategia para llevar al humano hacia sus objetivos de dominación.

DECIMA:
Los que fueran antiguos trabajadores de la General Motors y ahora contratados por la empresa china Fayou lloriquean pensando en los 29 dólares la hora que ganaban con la empresa americana. No ven nada más de eso, esa era su felicidad. Y sí, como se dice en el documental, los chinos son superiores, son superiores en productividad laboral por supuesto... ese es el baremo que parece que cuenta en la nueva normalidad que se viene.
7
1 de julio de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
American Factory no es un simple documental sobre una fábrica, es un espejo frío y preciso en el que se refleja el rostro menos amable del capitalismo global. A primera vista, el relato parece ceñirse a un conflicto cultural entre empleados estadounidenses y empresarios chinos, pero conforme avanza la historia, queda claro que esto va mucho más allá. El documental (sin narración, sin voz en off que dicte al espectador qué pensar) expone con una claridad dolorosa cómo el lenguaje, la cultura y el trabajo pueden convertirse en armas de poder.

Todo comienza con la promesa de una nueva vida para cientos de trabajadores de Dayton, Ohio, donde la empresa china Fuyao toma el relevo de la planta cerrada de General Motors. La fábrica que antes pagaba 29 dólares la hora, ahora ofrece 13. Pero eso no es lo más hiriente. Lo más duro es ver cómo la esperanza inicial se va tornando en resignación, frustración y miedo, conforme las condiciones laborales se endurecen y los despidos se suceden sin miramientos.

Pero American Factory no cae en el maniqueísmo fácil de buenos contra malos. Sí, la empresa china muestra una disciplina cuasi militar, turnos de 12 horas, desprecio absoluto por los sindicatos y una obsesión casi religiosa por la productividad, pero también deja claro que esta no es una perversión “china” del capitalismo, sino una versión sin maquillaje del sistema global. Basta recordar que la misma General Motors, cuya desaparición la película lamenta con cierto aire elegíaco, fue pionera en cerrar fábricas y deslocalizar empleos para maximizar beneficios. La crítica no debería ser solo a Fuyao, sino a la estructura económica que permite (y alienta) este tipo de abusos, vengan de donde vengan.

American Factory es un retrato aterrador y sobrio de cómo el trabajo ha dejado de ser una fuente de dignidad para convertirse en un campo de batalla. El documental no ofrece respuestas, pero sí muchas preguntas incómodas: ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestros derechos para mantener nuestros empleos? ¿Qué margen real tiene el trabajador frente a un sistema transnacional y despiadado? ¿Quién pone los límites?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Uno de los aciertos más sutiles del documental es la galería de personajes que presenta: Jill, despedida por operar su montacargas con seguridad y por apoyar la creación de un sindicato; Bobby, con años de experiencia en GM, que sufre su primera lesión laboral en Fuyao; y Curt, un estadounidense que habla chino con soltura y actúa como mediador cultural sin poder cambiar el rumbo del desastre. También hay quien se resigna, incluso quien empieza a creer que los americanos son vagos, malcriados, y que tal vez los métodos chinos son “lo que se necesita”.

El viaje de algunos empleados a China es desconcertante, descubriendo turnos de 12 horas, apenas dos días libres al mes, y medidas de seguridad mínimas. Pero lo más inquietante no son las condiciones laborales, sino la fiesta de empresa que presencian, con coreografías, himnos, lemas de obediencia y aplausos al presidente. El culto al líder comunista ha sido reemplazado por el culto a la empresa, pero el tono es igual de marcial. En China sí hay sindicato… presidido por el cuñado del Sr. Cao, quien además es secretario del partido comunista local. Todo queda en familia.

Uno de los momentos más impactantes llega hacia el final, cuando altos directivos chinos recorren la planta estadounidense, señalando con indiferencia a los trabajadores que serán despedidos. Lo hacen en mandarín, a escasos metros de ellos, seguros de que la barrera idiomática protegerá su desdén. Esa escena resume todo lo que el documental plantea, es decir, que el trabajador no es un ser humano con derechos, sino un número, una cifra que no cuadra. El lenguaje se convierte en frontera, en jaula invisible.

Y cuando los directivos americanos no logran “motivar” a los trabajadores estadounidenses para que trabajen como sus colegas chinos, simplemente son reemplazados por un nuevo CEO chino que ha vivido 25 años en Estados Unidos. Su discurso es demoledor, afirmando abiertamente que los trabajadores chinos son mejores que los estadounidenses. Y lo dice frente a todos, sin matices, sin eufemismos. Ya ni siquiera se disimula.
5
3 de agosto de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
De inicio piensas que se va a tratar de los choques culturales y empresariales entre el modelo empresarial de EEUU y el chino, pero al final simplemente muestra el día a día de una empresa, principalmente tras una compra o fusión. Cualquiera que haya trabajado en una empresa privada durante unos años podrá ver que lo que nos cuentan ni es tan raro ni tan lejano:

- Aprovechar la posición de poder para tratar de pagar lo menos posible.
- Despreciar la seguridad y bienestar de los empleados si con eso se pueden mejorar los números de la empresa.
- Tratar de evitar que se formen sindicatos y tratar de saltarse la ley todo lo posible.
- Pedir horas extra a los trabajadores sin remuneración.
- Esperar que el trabajador se involucre con la empresa pero la empresa no dar nada a cambio.
- Reducir personal a la mínima que se puede para hacer más rentable.
- Empresas cobrando subvenciones y llorando porque no obtienen los beneficios que esperaban.
- Típico trabajador que se cree que heredará la empresa y es capaz de apuñalar por la espalda a los compañeros para conseguir la palmadita en la espalda del patrón.

Todo este tipo de cosas las he vivido sin necesidad de haber trabajado para una empresa China.

Los dos únicos puntos que puden resultar curiosos son el lavado de cerebro de los trabajadores de la fábrica China y que parece que para los chinos lo de preparar y estudiar la inversión no va con ellos, porque se sorprenden e indignan con las características culturales de los trabajadores y las leyes laborales del país. Algo que deberían tener muy claro antes de meter un yuan si fuesen serios.
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