The Master: Todo hombre necesita un guía
2012 

6.3
24,438
Drama
Drama sobre la Iglesia de la Cienciología. Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), un intelectual brillante y de fuertes convicciones, crea una organización religiosa que empieza a hacerse popular en Estados Unidos hacia 1952. Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un joven vagabundo, se convierte en su mano derecha. Sin embargo, cuando la secta triunfa y consigue atraer a numerosos y fervientes seguidores, a Freddie le surgirán dudas. (FILMAFFINITY) [+]
8 de septiembre de 2013
8 de septiembre de 2013
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paul Thomas Anderson, no sé qué porcentaje por voluntad propia y cuánto por cosas de producción y sus recortes, nos ofrece, estreno tras estreno, una expedición arqueológica por la vertiente decadente de un cierto tipo de cine norteamericano.
Bajo esa fachada de formalista planificación (que provoca frecuentes comparaciones con Stanley Kubrick) se esconde el alma libre e independiente de un director excesivo en metrajes y en pretensiones. No es ‘The Master’ un film sólido y de una pieza; no creo tampoco que se pretenda. No hay clasicismo por mucho que su minuciosa factura en el encuadre nos despiste. La película es un rastreo por los recovecos de un metraje, una búsqueda de momentos. Una narrativa que, de esa forma, pasa a segundo plano (o a un plano escondido, como ese subconsciente enterrado que es punto nuclear del film).
Me suena (como eco lejano) P. T. Anderson cada vez más a esos directores criados y alimentados en los 60’s y 70’s donde el cineasta americano se empezaba a encontrar con el europeo: el mastodontismo de Cimino (tramas y subtramas que se comen la línea maestra de un film); Coppola y sus imponderables (*); el malditismo de Cassavettes (recordatorio dromedario)… Incluso la reconstrucción setentera, con la que empezó PTA a hacerse popular, en la indisimuladamente scorsesiana ‘Boogie Nights’. Todos cines psicotrópicos, de tramas a flor de piel y psicologismo desaforado (la guerra interna y no externa de ‘Apocalypse Now’ o ‘The Deer Hunter’; el suspense como reverberación psicológica del personaje de Gene Hackman a través de un uso europeo o de “auteur” del tiempo muerto en ‘La conversación’… ).
Bajo esa fachada de formalista planificación (que provoca frecuentes comparaciones con Stanley Kubrick) se esconde el alma libre e independiente de un director excesivo en metrajes y en pretensiones. No es ‘The Master’ un film sólido y de una pieza; no creo tampoco que se pretenda. No hay clasicismo por mucho que su minuciosa factura en el encuadre nos despiste. La película es un rastreo por los recovecos de un metraje, una búsqueda de momentos. Una narrativa que, de esa forma, pasa a segundo plano (o a un plano escondido, como ese subconsciente enterrado que es punto nuclear del film).
Me suena (como eco lejano) P. T. Anderson cada vez más a esos directores criados y alimentados en los 60’s y 70’s donde el cineasta americano se empezaba a encontrar con el europeo: el mastodontismo de Cimino (tramas y subtramas que se comen la línea maestra de un film); Coppola y sus imponderables (*); el malditismo de Cassavettes (recordatorio dromedario)… Incluso la reconstrucción setentera, con la que empezó PTA a hacerse popular, en la indisimuladamente scorsesiana ‘Boogie Nights’. Todos cines psicotrópicos, de tramas a flor de piel y psicologismo desaforado (la guerra interna y no externa de ‘Apocalypse Now’ o ‘The Deer Hunter’; el suspense como reverberación psicológica del personaje de Gene Hackman a través de un uso europeo o de “auteur” del tiempo muerto en ‘La conversación’… ).

Un cine desde la improvisación (no improvisación pura, sino un abrirse a la espontaneidad de aquello que va surgiendo y enriquece el film) que permite cazar instantes que añadir como retales al metraje. Justo al contrario que Hitchcock, Ford y tantos otros cineastas clásicos con la película completamente en la cabeza antes de rodar (Walter Murch insiste en esa diferencia entre Sir Alfred y Coppola en el libro ‘El arte del montaje’).
‘The Master’ parece una cinta abocada a la digresión y la casualidad (la misma senda del hallazgo y la gema de ‘Pozos de ambición’). Una lógica donde lo suplementario adquiere carácter central. Sus historias, cada vez más fragmentadas y dilatadas en aspectos de redacción, se decantan por el fogonazo. Escenas donde el intérprete construye el personaje mediante el exceso y la repetición. Es evidente el histrionismo a la hora de elegir a esos actores (Daniel Day-Lewis, Joaquin Phoenix). Diálogos abiertos, machacones, mero soporte que sirve más para el apunte que la definición. Porque la definición no importa, lo que importa es el tuétano y las vísceras de la trama, no su lógica.
‘The Master’ parece una cinta abocada a la digresión y la casualidad (la misma senda del hallazgo y la gema de ‘Pozos de ambición’). Una lógica donde lo suplementario adquiere carácter central. Sus historias, cada vez más fragmentadas y dilatadas en aspectos de redacción, se decantan por el fogonazo. Escenas donde el intérprete construye el personaje mediante el exceso y la repetición. Es evidente el histrionismo a la hora de elegir a esos actores (Daniel Day-Lewis, Joaquin Phoenix). Diálogos abiertos, machacones, mero soporte que sirve más para el apunte que la definición. Porque la definición no importa, lo que importa es el tuétano y las vísceras de la trama, no su lógica.

Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman
Anderson parece fiel seguidor de esa secta donde el cine se festejaba a sí mismo como un "tour de force" o una colección de grandilocuencias (Marlon Brando rapado y gordo, en la penumbra, entusiasmado improvisador de un Conrad recién leído). No es extraño pues el ritmo lento, la cadencia espaciada y la búsqueda de un plano con tiempo para la sobreactuación y la profundidad de campo de una sola toma. Un plano por el que J. Phoenix pueda moverse, saltar y encoger los hombros. No es extraño el plano-contraplano donde estos dos gigantes de la interpretación (Phoenix - Seymour Hoffman) dan rienda suelta a su mejor colección de vicios y tics, ni un montaje que acuda a contrapié a ordenar lo que el director y los actores han desordenado previamente. No es nada extraño esto:
https://www.youtube.com/watch?v=NosTwJQoH_I
El detalle, sabemos, a veces surge solo. Simplemente hay que darle espacio, dejar a los actores respirar, ofreciendo una trama que no moleste, que simplemente sirva de soporte.
Cualquiera –decía, creo y sin afán de literalidad alguno, Groucho Marx– puede decir algo gracioso si habla el tiempo suficiente.
--
(*) https://elpais.com/diario/2002/06/22/babelia/1024702757_850215.html
https://www.youtube.com/watch?v=NosTwJQoH_I
El detalle, sabemos, a veces surge solo. Simplemente hay que darle espacio, dejar a los actores respirar, ofreciendo una trama que no moleste, que simplemente sirva de soporte.
Cualquiera –decía, creo y sin afán de literalidad alguno, Groucho Marx– puede decir algo gracioso si habla el tiempo suficiente.
--
(*) https://elpais.com/diario/2002/06/22/babelia/1024702757_850215.html
8 de enero de 2013
8 de enero de 2013
31 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada que añadir a la crítica de Vagabundo. PTA en esta película confunde el cine de autor con el capricho.
No he visto una mayor cantidad de talento artístico y técnico desperdiciado en mi vida. Un guión intolerablemente manierista, una dirección vaga, de caradura máximo. Y parece que el propio PTA se rie de la gente entre dientes, amparado en su prestigio.
Disfruten de las escenas en el mar y los ribetes argentas de las olas, los blancos de las camisas y los trajes. Esos cuadros de Sorolla en movimiento del magnífico director de fotografía es lo único disfrutable, pues vive por sí mismo, y ni siquiera la mano de PTA puede fastidiarlo.
Digo decepciones del 2013 porque viendo el teaser de "Only god forgives", parece que Winding Refn va de nuevo para Pusher en lugar de ir hacía la retórica Drive. Por lo menos la de Almodovar parece simpática según el trailer, con esos azafatos gays cantando un tema que no era el "I will survive".
No he visto una mayor cantidad de talento artístico y técnico desperdiciado en mi vida. Un guión intolerablemente manierista, una dirección vaga, de caradura máximo. Y parece que el propio PTA se rie de la gente entre dientes, amparado en su prestigio.
Disfruten de las escenas en el mar y los ribetes argentas de las olas, los blancos de las camisas y los trajes. Esos cuadros de Sorolla en movimiento del magnífico director de fotografía es lo único disfrutable, pues vive por sí mismo, y ni siquiera la mano de PTA puede fastidiarlo.
Digo decepciones del 2013 porque viendo el teaser de "Only god forgives", parece que Winding Refn va de nuevo para Pusher en lugar de ir hacía la retórica Drive. Por lo menos la de Almodovar parece simpática según el trailer, con esos azafatos gays cantando un tema que no era el "I will survive".
13 de enero de 2013
13 de enero de 2013
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thomas Paul Anderson es comparado frecuentemente con Stanley Kubrick aunque no es del todo justo excepto en una cuestión que descubriré al final de esta crítica ya que como Kubrick nunca va a haber nadie. No obstante, sí que es verdad que Anderson realiza unas películas tan personales y especiales que se puede hablar de un estilo propio algo que habla muy bien de este genio del cine. Apenas ha cumplido 40 años y ya ha firmado obras soberbias.
No recomendaré The Master a todo el mundo, el alto precio de las entradas de cine y la excesiva vena artística de Anderson hace que no sea una película apta para cualquier cinéfilo, no es una historia a la que se le siga el hilo, es más bien el devenir de unos personajes, de una época, de una comunidad. Me pasó algo parecido con La Cinta Blanca de Haneke, películas muy buenas pero que pueden dejar frío y no entretener al gran público.
Daniel Day Lewis tiene un gran enemigo en Joaquín Phoenix a la hora de ganar su tercer óscar, aunque lo más seguro es que se lo lleve, Phoenix podría perfectamente ser coronado como el mejor actor del año. Su actuación es buenísma, lástima que este año tenga tan dura competencia.
Su personaje está perdido, enamorado de una mujer kilómetros lejos de él, atrapado en trabajos mediocres logra conocer al maestro de la Iglesia de la Cienciología y llegará a ser su mano derecha. No hace falta contar nada más.
Hay escenas muy bien rodadas, otras que son incluso poco agradables, lo que verdaderamente hace que The Master no sea una película redonda es que Anderson se olvida de la historia, se pierde en su maestría, se recrea rodando la complejidad de los personajes haciendo que tu complicidad con la película no sea plena. Kubrick está por encima de Anderson. No se parecen tanto, son diferentes.
Aunque hay una cosa que Anderson sí comparte con Kubrick y es que sus trabajos no están plenamente reconocidos por los premios de la Academia. En 2013 no recibe nominaciones ni a mejor película ni a mejor director, es una de las grandes perdedoras del año. Esperemos que esta única comparación no se haga en un futuro próximo y Anderson gane un óscar importante que es más que merecido.
No recomendaré The Master a todo el mundo, el alto precio de las entradas de cine y la excesiva vena artística de Anderson hace que no sea una película apta para cualquier cinéfilo, no es una historia a la que se le siga el hilo, es más bien el devenir de unos personajes, de una época, de una comunidad. Me pasó algo parecido con La Cinta Blanca de Haneke, películas muy buenas pero que pueden dejar frío y no entretener al gran público.
Daniel Day Lewis tiene un gran enemigo en Joaquín Phoenix a la hora de ganar su tercer óscar, aunque lo más seguro es que se lo lleve, Phoenix podría perfectamente ser coronado como el mejor actor del año. Su actuación es buenísma, lástima que este año tenga tan dura competencia.
Su personaje está perdido, enamorado de una mujer kilómetros lejos de él, atrapado en trabajos mediocres logra conocer al maestro de la Iglesia de la Cienciología y llegará a ser su mano derecha. No hace falta contar nada más.
Hay escenas muy bien rodadas, otras que son incluso poco agradables, lo que verdaderamente hace que The Master no sea una película redonda es que Anderson se olvida de la historia, se pierde en su maestría, se recrea rodando la complejidad de los personajes haciendo que tu complicidad con la película no sea plena. Kubrick está por encima de Anderson. No se parecen tanto, son diferentes.
Aunque hay una cosa que Anderson sí comparte con Kubrick y es que sus trabajos no están plenamente reconocidos por los premios de la Academia. En 2013 no recibe nominaciones ni a mejor película ni a mejor director, es una de las grandes perdedoras del año. Esperemos que esta única comparación no se haga en un futuro próximo y Anderson gane un óscar importante que es más que merecido.
14 de enero de 2013
14 de enero de 2013
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siguiendo una línea parecida a “There Will Be Blood” (2007), Paul Thomas Anderson desmenuza de manera magistral al ser humano en “The Master”. En está ocasión, lo pone a prueba, cuestiona su fe y lo lleva al límite. Para ello, no elige a cualquiera, escoge a Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un veterano de la Segunda Guerra Mundial con un trastorno de estrés post-traumático.
Son años de bonanza económica, de progreso, de cambio y en los que hay una importante revolución cultural. Pero no para Freddie Quell, quien no encaja en una sociedad como la de los años 50 en los Estados Unidos, que no lo admite por ser como es, marginándolo, desentendiéndose de él y siendo éste desarraigado de la misma. El salto cuantitativo que viven los Estados Unidos también sirve para dar comienzo a la existencia de sectas religiosas como “La Causa” liderada por Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman). El azar (factor con el que Paul Thomas Anderson juega muy bien) hará que Freddie Quell y Lancaster Dodd se conozcan. El primero desea permanecer en un grupo que lo entienda y que lo acepte tal y como es y que al mismo tiempo pueda sentirse realizado. El segundo, encuentra a una persona altamente influenciable a la cual puede posicionar su poder de convocatoria y con ello, conseguir a un seguidor más.
Maravillosas y dignas de cualquier reconocimiento son las actuaciones de Joaquin Phoenix (“En la cuerda floja“, 2005) y Philip Seymour Hoffman (“Los idus de marzo“, 2011). Phoenix da vida a Freddie Quell, un hombre sin futuro, desarraigado y “herido” por las consecuencias de II Guerra Mundial, con problemas con el alcohol y brotes psicóticos. Es espectacular la transformación física a la que se ha sometido el actor si lo comparamos con su último film/documental “I’m Still Here” (2010), en el que se le veía con varios kilos de más. La capacidad para meterse tanto en la piel de Freddie Quell hace pensar a uno si realmente Joaquin Phoenix tiene un don innato o si el actor se deja llevar por la locura. Sea lo que sea, debo reconocer que no veía a un actor tan implicado en su papel desde Heath Ledger y su Joker en “El caballero oscuro” (2008). Philip Seymour Hoffman encarna a Lancaster Dodd, líder de “La Causa”, una persona que se rige por una escala de valores propios, en los que considera que cualquier idea que surja de su cabeza es pura, positiva, creíble y aceptada. Rechaza cualquier razonamiento externo, negando cualquier crítica y arremete contra los que estén en su contra.
El personaje que interpreta Seymour Hoffman me da miedo. Nunca sabes por dónde te va a salir ni cómo va a reaccionar. Es un hombre que puede estar tranquilo y de repente intimidarte de una forma inesperada. Impacta la capacidad que tiene su personaje para inventarse historias o argumentos sin lógica ni sentido con los que logra engatusar a las personas. El don de Dodd, es esa capacidad de convicción que logra tener, por lo que por mucho que diga algo sumamente ridículo, logra enmascararlo, transformándolo en un discurso serio pero que en el fondo sigue siendo sin sentido. No hay que menospreciar ni mucho menos el papel de Amy Adams (“Golpe de efecto“, 2012) quien da vida a Peggy Dodd, mujer de Lancaster Dodd. Su personaje es clave para comprender al líder de “La Causa”, ya que en la intimidad es ella quien lleva las riendas y quien domina a Dodd recurriendo al sexo o a argumentos contra los que nada tiene que hacer el propio Lancaster. En resumidas palabras, es quien maneja el “cotarro”.
Coincido ampliamente con Ben Affleck cuando dijo en los Critics Choise Awards de 2013 que dichos premios son los que cuentan y no los de los Oscars. Y visto lo visto, no le sobran los motivos. Más cuando observas que entre los nominados a mejor banda sonora no está Jonny Greenwood. El integrante de la banda de rock Radiohead, colabora por segunda vez con el director californiano realizando una banda sonora que es una auténtica belleza. Algunos acordes me han recordado mucho a los que escuché en el documental “First Orbit” (2011), en los que noté esa sensación de ingravidez y libertad. La BSO sigue una línea muy semejante a los temas que realizó en “There Will Be Blood” (2007), siendo temas con ritmos cambiantes, discontinuos e impredecibles. Paul Thomas Anderson da importancia a la música y quiere que forme parte de la historia, que cuando salgamos del cine nos acordemos de esa música extraña que veíamos junto a esas imágenes mudas que íbamos viendo a la par. Sin lugar a dudas, el trabajo de Greenwood es muy bueno y no debe ser menospreciado. Altamente recomendable escuchar todos los temas una vez visto el film.
Paul Thomas Anderson opta de nuevo por utilizar el montaje como elemento narrativo, dejando al espectador que se deje llevar por las imágenes que va viendo y observe el entorno en el que está el personaje, contemplando lo que va haciendo, siendo en la mayoría de escenas la música, el único soporte descriptivo aparte del visual.
A mi parecer, Anderson remarca y mucho el papel de la fe, haciendo hincapié en que en una época como los años 50, una etapa de posguerra, hubo muchas personas que se aprovecharon de las que no encontraban su fe. Personas como Dodd o instituciones como la Iglesia, logran que sus enseñanzas y doctrinas conquisten a los más necesitados. Y si para ello hay que someterlos a duras pruebas, se hará, tal y como hace Lancaster Dodd, desproveyendo a Freddie Quell de su condición humana prometiéndole cosas. La cuestión es, ¿Somos capaces de renunciar incluso a nuestra evolución humana? ¿Al deseo carnal y vicios terrenales que padece el protagonista? ¿Qué ocurre cuando se desmorona esa idea que tanto tenías de perfección sobre alguien? ¿Volvemos a los orígenes?
Son años de bonanza económica, de progreso, de cambio y en los que hay una importante revolución cultural. Pero no para Freddie Quell, quien no encaja en una sociedad como la de los años 50 en los Estados Unidos, que no lo admite por ser como es, marginándolo, desentendiéndose de él y siendo éste desarraigado de la misma. El salto cuantitativo que viven los Estados Unidos también sirve para dar comienzo a la existencia de sectas religiosas como “La Causa” liderada por Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman). El azar (factor con el que Paul Thomas Anderson juega muy bien) hará que Freddie Quell y Lancaster Dodd se conozcan. El primero desea permanecer en un grupo que lo entienda y que lo acepte tal y como es y que al mismo tiempo pueda sentirse realizado. El segundo, encuentra a una persona altamente influenciable a la cual puede posicionar su poder de convocatoria y con ello, conseguir a un seguidor más.
Maravillosas y dignas de cualquier reconocimiento son las actuaciones de Joaquin Phoenix (“En la cuerda floja“, 2005) y Philip Seymour Hoffman (“Los idus de marzo“, 2011). Phoenix da vida a Freddie Quell, un hombre sin futuro, desarraigado y “herido” por las consecuencias de II Guerra Mundial, con problemas con el alcohol y brotes psicóticos. Es espectacular la transformación física a la que se ha sometido el actor si lo comparamos con su último film/documental “I’m Still Here” (2010), en el que se le veía con varios kilos de más. La capacidad para meterse tanto en la piel de Freddie Quell hace pensar a uno si realmente Joaquin Phoenix tiene un don innato o si el actor se deja llevar por la locura. Sea lo que sea, debo reconocer que no veía a un actor tan implicado en su papel desde Heath Ledger y su Joker en “El caballero oscuro” (2008). Philip Seymour Hoffman encarna a Lancaster Dodd, líder de “La Causa”, una persona que se rige por una escala de valores propios, en los que considera que cualquier idea que surja de su cabeza es pura, positiva, creíble y aceptada. Rechaza cualquier razonamiento externo, negando cualquier crítica y arremete contra los que estén en su contra.
El personaje que interpreta Seymour Hoffman me da miedo. Nunca sabes por dónde te va a salir ni cómo va a reaccionar. Es un hombre que puede estar tranquilo y de repente intimidarte de una forma inesperada. Impacta la capacidad que tiene su personaje para inventarse historias o argumentos sin lógica ni sentido con los que logra engatusar a las personas. El don de Dodd, es esa capacidad de convicción que logra tener, por lo que por mucho que diga algo sumamente ridículo, logra enmascararlo, transformándolo en un discurso serio pero que en el fondo sigue siendo sin sentido. No hay que menospreciar ni mucho menos el papel de Amy Adams (“Golpe de efecto“, 2012) quien da vida a Peggy Dodd, mujer de Lancaster Dodd. Su personaje es clave para comprender al líder de “La Causa”, ya que en la intimidad es ella quien lleva las riendas y quien domina a Dodd recurriendo al sexo o a argumentos contra los que nada tiene que hacer el propio Lancaster. En resumidas palabras, es quien maneja el “cotarro”.
Coincido ampliamente con Ben Affleck cuando dijo en los Critics Choise Awards de 2013 que dichos premios son los que cuentan y no los de los Oscars. Y visto lo visto, no le sobran los motivos. Más cuando observas que entre los nominados a mejor banda sonora no está Jonny Greenwood. El integrante de la banda de rock Radiohead, colabora por segunda vez con el director californiano realizando una banda sonora que es una auténtica belleza. Algunos acordes me han recordado mucho a los que escuché en el documental “First Orbit” (2011), en los que noté esa sensación de ingravidez y libertad. La BSO sigue una línea muy semejante a los temas que realizó en “There Will Be Blood” (2007), siendo temas con ritmos cambiantes, discontinuos e impredecibles. Paul Thomas Anderson da importancia a la música y quiere que forme parte de la historia, que cuando salgamos del cine nos acordemos de esa música extraña que veíamos junto a esas imágenes mudas que íbamos viendo a la par. Sin lugar a dudas, el trabajo de Greenwood es muy bueno y no debe ser menospreciado. Altamente recomendable escuchar todos los temas una vez visto el film.
Paul Thomas Anderson opta de nuevo por utilizar el montaje como elemento narrativo, dejando al espectador que se deje llevar por las imágenes que va viendo y observe el entorno en el que está el personaje, contemplando lo que va haciendo, siendo en la mayoría de escenas la música, el único soporte descriptivo aparte del visual.
A mi parecer, Anderson remarca y mucho el papel de la fe, haciendo hincapié en que en una época como los años 50, una etapa de posguerra, hubo muchas personas que se aprovecharon de las que no encontraban su fe. Personas como Dodd o instituciones como la Iglesia, logran que sus enseñanzas y doctrinas conquisten a los más necesitados. Y si para ello hay que someterlos a duras pruebas, se hará, tal y como hace Lancaster Dodd, desproveyendo a Freddie Quell de su condición humana prometiéndole cosas. La cuestión es, ¿Somos capaces de renunciar incluso a nuestra evolución humana? ¿Al deseo carnal y vicios terrenales que padece el protagonista? ¿Qué ocurre cuando se desmorona esa idea que tanto tenías de perfección sobre alguien? ¿Volvemos a los orígenes?
18 de noviembre de 2013
18 de noviembre de 2013
21 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra vez he caído con el tipo este. Pues sí, otra vez Paul Thomas Anderson, el mismo de las putas ranas que llovían en "Magnolia". Que cómo me la ha podido volver a colar. Pues eso mismo digo yo.
Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".
Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.
Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:
Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.
Barman Phoenix: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.
Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que es una secta yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.
Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".
Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.
Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:
Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.
Barman Phoenix: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.
Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que es una secta yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.
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