El pequeño QuinquinMiniserie
2014 

6.7
1,277
Serie de TV. Comedia. Intriga
Miniserie de TV (4 episodios). P'tit Quinquin es un chico muy brioso de unos diez años que vive en la granja de su familia. Al comienzo de sus vacaciones de verano mata el tiempo con sus dos amigos y su novia Eve, paseándose en bicicleta y haciendo bromas con petardos. Pero sucede un acontecimiento extraordinario: el descubrimiento de un cadáver de vaca descuartizado y expuesto de manera espectacular en un búnker de la zona, unos restos ... [+]
11 de diciembre de 2020
11 de diciembre de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cinema satánico. El realizador francés Bruno Dumont, con la entrega de su último film El pequeño Quinquin (2014), dividido a modo de mini-serie en cuatro episodios: Au coeur du mal, L'diable in Perchonne, Allah akbar! y La bet'humaine, nos recuerda el móvil del acto creativo: la repetición de una obsesión. Cada obra de arte o cinta la oportunidad de rehacer la misma película y al cambiar la disposición de la trama permitirse vislumbrar dicha obsesión desde distintos ángulos.
El arte arroja luz y desafía los pasadizos oscuros donde creemos el mal se esconde, iluminándolos. Dumont narra la historia de Quinquin, un niño problemático en su actitud de ángel malvado que se divierte paseando en bicicleta con tres amigos formando una pandilla cuyo líder, debido a las ocurrencias y travesuras en la punta de la lengua, no es otro sino él. Al igual que en Hors Satan (2011) la calma de un lugar cuyo nombre nos es vedado conocer más que por la audacia de un viento ágil, un mar azul tan frío que ahuyenta a los curiosos de profundidades y los deja únicamente a sus orillas y un campo verde y abierto donde pululan granjas rebosantes de secretos sirve como el escenario perfecto a la intriga de un crimen. El paisaje es un personaje no por silencioso y estático en apariencia menos complejo.
El arte arroja luz y desafía los pasadizos oscuros donde creemos el mal se esconde, iluminándolos. Dumont narra la historia de Quinquin, un niño problemático en su actitud de ángel malvado que se divierte paseando en bicicleta con tres amigos formando una pandilla cuyo líder, debido a las ocurrencias y travesuras en la punta de la lengua, no es otro sino él. Al igual que en Hors Satan (2011) la calma de un lugar cuyo nombre nos es vedado conocer más que por la audacia de un viento ágil, un mar azul tan frío que ahuyenta a los curiosos de profundidades y los deja únicamente a sus orillas y un campo verde y abierto donde pululan granjas rebosantes de secretos sirve como el escenario perfecto a la intriga de un crimen. El paisaje es un personaje no por silencioso y estático en apariencia menos complejo.

La presencia del Diablo en un pueblo al norte de Francia, después de encontrar dos cadáveres destazados en el interior de unas vacas, es innegable. El dúo dinámico, formado por el comandante Van der Weyden (Bernard Pruvost) y su mano derecha Carpentier (Philippe Jore) comienza la búsqueda, a modo de cacería de brujas, del demonio. Y al poner a cada personaje visto por el espectador al filo de un precipicio, Bruno Dumont consigue encubrir el rostro o descubrir que no existe tal, del asesino. El paraíso está a una serie de crímenes de convertirse en infierno.
Con una fotografía delirante y una música de naturaleza sinfónica y clásica en sus apariciones premeditadas, con la destreza y astucia de convertir el paisaje y sus alrededores en una metáfora siniestra, eclipsando además el tema de la infancia y su inocencia siempre a punto de ser corrompida, El pequeño Quinquin logra entregarnos una serie cuya duración cercana a los doscientos minutos sobrevive con un humor casi sobrenatural que a pesar de lo grotesco en gestos y el absurdo en acciones no hace sino afirmar un contraste cuyo triunfo está en dotar de profundidad a la obra. Sin ánimo de revelar la trama, basta decir que hay películas que convierten un misterio inacabado en un objeto cinematográfico imperdible y la última cinta de Dumont pertenece a dicha suerte.
Con una fotografía delirante y una música de naturaleza sinfónica y clásica en sus apariciones premeditadas, con la destreza y astucia de convertir el paisaje y sus alrededores en una metáfora siniestra, eclipsando además el tema de la infancia y su inocencia siempre a punto de ser corrompida, El pequeño Quinquin logra entregarnos una serie cuya duración cercana a los doscientos minutos sobrevive con un humor casi sobrenatural que a pesar de lo grotesco en gestos y el absurdo en acciones no hace sino afirmar un contraste cuyo triunfo está en dotar de profundidad a la obra. Sin ánimo de revelar la trama, basta decir que hay películas que convierten un misterio inacabado en un objeto cinematográfico imperdible y la última cinta de Dumont pertenece a dicha suerte.
16 de julio de 2016
16 de julio de 2016
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quinquin es sabio, él y su banda, son la esperanza, la juventud y la policía, ah... la policía, son unos tontos pagados de sí mismos. Y el director nos lo cuenta en una película cortísima (sí, sí, cortísima, sólo tres horitas) en la que no paran de pasar cosas extrañísimas, y a la vez corrientes y muy de pueblo, de village de la France, que es pueblo y además con boina. Es una peli para ver untando paté en una baguette, cortando queso de camembert y empinando una botella de Jurançon mientras asiste uno atónito a las idas y venidas del poli ("le flic") más bobo al sur del Sena, entre una pléyade de personajes asombrosos: la cantante de concurso televisivo, el loco, la chica guapa enamorada del chico con la nariz más torcida del cine, las vacas caníbales, las majorettes pasaditas de peso, los chicos de la banda enemiga, el negrito discriminado y su discriminadora, el granjero deprimido... pero ese policía, tan tremendamente burro, viendo siempre las cosas del revés y sacando las conclusiones más descabelladas de los hechos más sencillos es un genial monumento a la estulticia policial y todo un descubrimiento cinematográfico.
La película se burla de todo y de todos, pero con una gracia particular, paisana, como diciendo: esto de reírnos de nosotros mismos lo hacemos porque somos franceses y podemos, si no eres de aquí no se te ocurra hacerlo que te corremos a gorrazos, bromitas con la patrie non.
También significa que habrá gente, mucha, a la que no le haga maldita gracia ni entienda ni de qué va ni por qué esa gente tan rara (y tan fea) hace todas esas tonterías. De hecho hay gente a la que se la he recomendado y ya no me habla. Es algo que hay que asumir.
La película se burla de todo y de todos, pero con una gracia particular, paisana, como diciendo: esto de reírnos de nosotros mismos lo hacemos porque somos franceses y podemos, si no eres de aquí no se te ocurra hacerlo que te corremos a gorrazos, bromitas con la patrie non.
También significa que habrá gente, mucha, a la que no le haga maldita gracia ni entienda ni de qué va ni por qué esa gente tan rara (y tan fea) hace todas esas tonterías. De hecho hay gente a la que se la he recomendado y ya no me habla. Es algo que hay que asumir.
2 de agosto de 2020
2 de agosto de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé si por ser muy receptivo a todo producto cultureta o por ser un poco francófilo a mi pesar, encaré la serie con buena disposición y disfruté mucho del humor absurdo del primer tramo. De todas las referencias que se citan la que más percibo es la de Buñuel, especialmente en la hilarante escena del entierro en la iglesia.
La visión del racismo de la Francia profunda y el germen del fundamentalismo están retratados más que con ironía yo diría casi que con abierto cinismo.
Se me hizo un poco pesada y repetitiva desde el segundo episodio y no acabo de conectar con tanto asesinato cruel narrado como si no tuvieran importancia. Mención aparte merecen los dos personajes protagonistas, el inspector: un tarado con una desfachatez monumental y el niño que da título: un sádico cabrón y racista también con una jeta de cemento armado que acaba por hacerse sino simpático (dan ganas de mandarlo a un gulag) al menos peculiar.
Además hay varios secundarios notables, casi todos ellos por mostrar comportamientos ajenos a cualquier convención social.
La visión del racismo de la Francia profunda y el germen del fundamentalismo están retratados más que con ironía yo diría casi que con abierto cinismo.
Se me hizo un poco pesada y repetitiva desde el segundo episodio y no acabo de conectar con tanto asesinato cruel narrado como si no tuvieran importancia. Mención aparte merecen los dos personajes protagonistas, el inspector: un tarado con una desfachatez monumental y el niño que da título: un sádico cabrón y racista también con una jeta de cemento armado que acaba por hacerse sino simpático (dan ganas de mandarlo a un gulag) al menos peculiar.
Además hay varios secundarios notables, casi todos ellos por mostrar comportamientos ajenos a cualquier convención social.
4 de marzo de 2017
4 de marzo de 2017
8 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Menudo chasco. Solamente he visto el primer capítulo, pero creo que me costará ver qué sigue pasando con ese elenco de personajes a cual más raro y con más tics. Vistas las demás críticas, seguramente no he entendido de que va la historia pero he de reconocer que no me llama la atención tanto absurdo, tantos tics de los personajes, tantos diálogos sin sentido. Niños maleducados, curas idiotas, policías bobos, me imagino que cualquiera podría inventarse un personaje absurdo y lo podría meter en la serie sin desmerecer a ninguna otro. Lo dicho, ahí os dejo con esto que yo me voy a otro tipo de series que me llenen más. Cuanta risa, jajajaja.
25 de abril de 2020
25 de abril de 2020
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
A raíz de estar disponible en la plataforma Filmin desde inicios de abril, me gustaría destacar esta miniserie de TV de cuatro capítulos escrita y dirigida por Bruno Dumont, responsable de trabajos como "Camille Claudel 1915" y "La alta sociedad", que vi el verano pasado. P'tit Quinquin es un chico muy brioso de unos diez años que vive en la granja de su familia. Al comienzo de sus vacaciones de verano mata el tiempo con sus dos amigos y su novia Eve, paseándose en bicicleta y haciendo bromas con petardos. Pero sucede un acontecimiento extraordinario: el descubrimiento de un cadáver de vaca descuartizado y expuesto de manera espectacular en un búnker de la zona, unos restos mortales que se vuelven más inquietantes al revelar la autopsia trozos de cuerpos humanos en su interior. En la ciudad desembarca un improbable dúo de investigadores de la gendarmería, compuesta por el comandante Van der Weyden , repleto de extraños tics, y del teniente Rudy Carpentier. Esta es una singular comedia de intriga francesa, surrealista, no es fácil entrar en su humor absurdo y tiene personajes que desprenden humanidad. Muestra un mundo de los adultos pesimista que solamente puede salir adelante con la inocencia de los niños. La realización es seca, el ritmo pausado y hay que mencionar la fotografía de Guillaume Deffontaine. Este trabajo de 2014 se presentó en el festival de Cannes, fue elegido en el top 10 del año por la revista Cahiers du cinema, llegó a estrenarse en España un año después y se estrenó en Movistar + en septiembre del año pasado.
Valoración: 7
Valoración: 7
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