El futuro
5.6
1,115
15 de diciembre de 2011
15 de diciembre de 2011
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Existe entre nosotros una raza de gente... extraña. Todos conocemos a algún representante, aunque ninguno de éstos tendrá la iniciativa de declararse como miembro de dicho grupo. Pura fachada. En el fondo les encanta pertenecer a él, ya que la mayoría de sus decisiones está enfocada a reafirmarse como lo que son: modernillos, y les encanta caer en una gran contradicción, porque se las dan de alternativos, se las dan de diferentes... pero es imposible distinguir a uno del otro. El ejército clon. Así, todos reniegan del sistema operativo para ordenadores más universal, y se pasan a la compañía de la manzana. El término concreto es "switcher", que inglés todo suena mejor.
Hay muchos más maneras para reconocer a un modernillo. Fijarse en su forma de vestir, cuidadosísimamente descuidada; en su peinado, sustituido muy a menudo por una mopa desgastada; en su manera de hablar, cuanto más desangelada, mejor; en sus inquietudes (por ejemplo, ¿qué debe pensar un limón cuando están a punto de arrancarlo de su limonero?), de una trascendencia vital para ellos... y de una absurdez tremenda para el resto de seres vivos. ¿De dónde surgen? Se preguntará el intrépido sociólogo. Al igual que los enanos brotan del suelo (según la creencia popular, claro), los modernillos provienen de un lejano y soleado territorio llamado California. Allí tiene su asentamiento una de las más importantes representantes de este singular colectivo: Miranda July.
Hay muchos más maneras para reconocer a un modernillo. Fijarse en su forma de vestir, cuidadosísimamente descuidada; en su peinado, sustituido muy a menudo por una mopa desgastada; en su manera de hablar, cuanto más desangelada, mejor; en sus inquietudes (por ejemplo, ¿qué debe pensar un limón cuando están a punto de arrancarlo de su limonero?), de una trascendencia vital para ellos... y de una absurdez tremenda para el resto de seres vivos. ¿De dónde surgen? Se preguntará el intrépido sociólogo. Al igual que los enanos brotan del suelo (según la creencia popular, claro), los modernillos provienen de un lejano y soleado territorio llamado California. Allí tiene su asentamiento una de las más importantes representantes de este singular colectivo: Miranda July.

Miranda July
Una de las hijas predilectas del Festival de Cine Independiente de Sundance (de dónde si no...) rompe un silencio de seis años (eventualmente roto por algún que otro cortometraje) tras su primera y aclamada película, y vuelve a las salas de cine con 'El futuro', una cinta que, por lo que se dice, es la causante de que a día de hoy todavía se escuchen en Berlín ecos de los abucheos del público que tuvo el dudoso honor de probar sus mieles antes que nadie. De ser ciertas las crónicas de la 61ª edición de la Berlinale, lo cierto es que la reacción del respetable para nada es desmesurada, sino más bien reflejo de una irreprochable cordura.
Algo de lo que Miranda July parece carecer en demasiadas ocasiones. ¿Se debe a su aborrecimiento del desorden narrativo? ¿Se debe a su tantas veces adoptado y exasperante cripticismo? ¿Se debe a su gusto por lo extraño (uno de los requisitos fundamentales en el manual del buen modernillo)? No, todos estos elementos, bien cocinados y mostrados con mesura pueden dar, por difícil que sea de creer, conjuntos sólidos, digeribles y hasta estimables. No hay que ir demasiado lejos para encontrar un ejemplo de ello. 'Tú, yo y todos los demás', firmada por la propia July, era una más que recomendable conjunción de todos los ingredientes ahora citados, que desembocaba en una interesante y atípica reflexión sobre los lazos afectivos que establecemos con las demás personas, y de cómo éstos definen nuestra existencia.
Algo de lo que Miranda July parece carecer en demasiadas ocasiones. ¿Se debe a su aborrecimiento del desorden narrativo? ¿Se debe a su tantas veces adoptado y exasperante cripticismo? ¿Se debe a su gusto por lo extraño (uno de los requisitos fundamentales en el manual del buen modernillo)? No, todos estos elementos, bien cocinados y mostrados con mesura pueden dar, por difícil que sea de creer, conjuntos sólidos, digeribles y hasta estimables. No hay que ir demasiado lejos para encontrar un ejemplo de ello. 'Tú, yo y todos los demás', firmada por la propia July, era una más que recomendable conjunción de todos los ingredientes ahora citados, que desembocaba en una interesante y atípica reflexión sobre los lazos afectivos que establecemos con las demás personas, y de cómo éstos definen nuestra existencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El problema era que el filme dependía demasiado de los fogonazos de inspiración de su autora. Era como si el capitán del barco se durmiera en los laureles y en más de una ocasión estuviera a punto de estamparse contra un iceberg... pero al último momento, reaccionara y diera un golpe de timón magistral que evitara la catástrofe. De este modo, las puntuales maniobras evasivas eran mucho más atractivas que la travesía en general. Con 'El futuro' sucede algo similar, aunque ni la mejor de las piruetas salvaría al navío de hundirse en lo más profundo del mar. Allí es donde permanecen las buenas intenciones de una película demasiado ensimismada (aplíquese el mismo diagnóstico a Miranda July) y condescendiente con sus personajes.
Y es que más allá de que uno de los protagonistas mueva a su antojo las olas del océano, o detenga el tiempo, o hable con la Luna, no hay más pequeñas grandes pinceladas marca de la casa que justifiquen la paciencia hipotecada en una cinta que por querer distanciarse de lo establecido, se hace pesada, incluso da la sensación estar ya muy vista. Es este uno de los síntomas más preocupantes que cada vez se manifiestan más en un indie que, al igual que nuestros queridos modernillos, está cayendo en una paradoja autodestructiva, al estar creando algo que en teoría era la gran causa de su principal lucha: un mainstream propio. Y basta ya de anglicismos, que las gafas de pasta empiezan a pesar, y el futuro no es halagüeño para los que no pueden levantar demasiado la vista. Aplíquese la misma profecía a Miranda July.
Y es que más allá de que uno de los protagonistas mueva a su antojo las olas del océano, o detenga el tiempo, o hable con la Luna, no hay más pequeñas grandes pinceladas marca de la casa que justifiquen la paciencia hipotecada en una cinta que por querer distanciarse de lo establecido, se hace pesada, incluso da la sensación estar ya muy vista. Es este uno de los síntomas más preocupantes que cada vez se manifiestan más en un indie que, al igual que nuestros queridos modernillos, está cayendo en una paradoja autodestructiva, al estar creando algo que en teoría era la gran causa de su principal lucha: un mainstream propio. Y basta ya de anglicismos, que las gafas de pasta empiezan a pesar, y el futuro no es halagüeño para los que no pueden levantar demasiado la vista. Aplíquese la misma profecía a Miranda July.
3 de enero de 2012
3 de enero de 2012
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Miranda July pretende hacer una película original, fuera de lo normal, y lo peor, indie.
Con esto no quiero decir que no me guste el cine indie, al contrario, me encanta, pero es que "El Futuro" es un despropósito.
No sé qué es más absurdo, las reflexiones del gato Paw Paw, los diálogos de la pareja, el cambio de estilo de vida, la relación de la protagonista con el dibujante, el tiempo congelado, la niña enterrada, el baile con la camiseta amarilla puesta...
Para mí no hay por dónde cogerla, pero a lo mejor es culpa mía porque no soy capaz de entender tanto simbolismo y ese universo tan extraño que ha recreado Miranda July.
Anda que, se habrá quedado a gusto la chavala...
Con esto no quiero decir que no me guste el cine indie, al contrario, me encanta, pero es que "El Futuro" es un despropósito.
No sé qué es más absurdo, las reflexiones del gato Paw Paw, los diálogos de la pareja, el cambio de estilo de vida, la relación de la protagonista con el dibujante, el tiempo congelado, la niña enterrada, el baile con la camiseta amarilla puesta...
Para mí no hay por dónde cogerla, pero a lo mejor es culpa mía porque no soy capaz de entender tanto simbolismo y ese universo tan extraño que ha recreado Miranda July.
Anda que, se habrá quedado a gusto la chavala...
6 de diciembre de 2011
6 de diciembre de 2011
5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de conquistarnos con 'Me and you and everyone we know' ('Tú, yo y todos los demás'), la directora norteamericana Miranda July regresa a la cartelera con 'THE FUTURE' ('EL FUTURO'), película que ahonda en los miedos que azotan e inmovilizan a todo individuo capaz de enamorarse perdidamente.
Como realizadora, Miranda July es más que solvente, elaborando con tacto la psicología de cada plano. Digamos que es atractiva en su forma de filmar el equilibrio entre elegancia y suciedad. Cosa distinta es qué quiere filmar: ahí el espectador tiene todos los argumentos posibles para discrepar.
Durante la primera mitad el tono narrativo alcanza una frialdad que roza lo enfermizo. El aspecto resulta demasiado snob y la banalidad se muestra en todo su esplendor. Parece más una postura pop que una película y buscando rendir homenaje a la normalidad tropieza en la mediocridad. El humor rebosa demasiada incredulidad.
La historia se hace intrascendente por los numerosos esfuerzos (en vano) de su directora queriendo ser sofisticada, moderna y original. Se puede tener la sensación de estar asistiendo al concierto de uno de esos grupos británicos donde las primeras dos canciones suenan guay pero el resto se parecen demasiado entre sí. El aburrimiento se ha puesto cómodo en la sala.
Como realizadora, Miranda July es más que solvente, elaborando con tacto la psicología de cada plano. Digamos que es atractiva en su forma de filmar el equilibrio entre elegancia y suciedad. Cosa distinta es qué quiere filmar: ahí el espectador tiene todos los argumentos posibles para discrepar.
Durante la primera mitad el tono narrativo alcanza una frialdad que roza lo enfermizo. El aspecto resulta demasiado snob y la banalidad se muestra en todo su esplendor. Parece más una postura pop que una película y buscando rendir homenaje a la normalidad tropieza en la mediocridad. El humor rebosa demasiada incredulidad.
La historia se hace intrascendente por los numerosos esfuerzos (en vano) de su directora queriendo ser sofisticada, moderna y original. Se puede tener la sensación de estar asistiendo al concierto de uno de esos grupos británicos donde las primeras dos canciones suenan guay pero el resto se parecen demasiado entre sí. El aburrimiento se ha puesto cómodo en la sala.

Miranda July
Los personajes buscan una señal que los mantenga unidos y despiertos. Miranda July se atreve de nuevo como actriz (ya lo hizo en su primer filme) porque sólo ella sabe qué demonios quiere expresar su personaje. Su compañero protagonista, Hamish Linklater, deambula sin un conflicto demasiado claro. Ambos están forzadísimos en unos diálogos marcados por lo superfluo.
Una escena sexualmente turbia marca el cambio de rumbo. El interés en la trama cambia por completo cuando en la ficción se hace de noche. Mucha atención a la cruda secuencia con que July, jugando con el binomio espacio- tiempo de sus protagonistas, consigue impregnar de terror el preciso instante de aceptar una verdad que puede cambiarte la vida en un solo minuto. La directora decide pararlo todo e invitarnos a pensar. Y da auténtico pánico.
Una sencilla metáfora nos cuenta que los recuerdos te persiguen hasta encontrarte, vestirte y no dejarte ver nada de lo nuevo que tienes delante. Cuando consigues asimilar toda la información, la película ya te tiene atrapado por completo. Claro que resulta casi heroico haber llegado despierto ahí.
Una escena sexualmente turbia marca el cambio de rumbo. El interés en la trama cambia por completo cuando en la ficción se hace de noche. Mucha atención a la cruda secuencia con que July, jugando con el binomio espacio- tiempo de sus protagonistas, consigue impregnar de terror el preciso instante de aceptar una verdad que puede cambiarte la vida en un solo minuto. La directora decide pararlo todo e invitarnos a pensar. Y da auténtico pánico.
Una sencilla metáfora nos cuenta que los recuerdos te persiguen hasta encontrarte, vestirte y no dejarte ver nada de lo nuevo que tienes delante. Cuando consigues asimilar toda la información, la película ya te tiene atrapado por completo. Claro que resulta casi heroico haber llegado despierto ahí.

Miranda July
Desgraciadamente vuelve a hacerse de día: la grandeza cierra su paréntesis y el filme te empuja otra vez al pozo superficial de lo indie por lo indie. El final está bien resuelto y aunque la última media hora es casi redonda, no consigue salvar el estropicio abismal del inicio.
6 de diciembre de 2011
6 de diciembre de 2011
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque pueda ser que en algunos aspectos que trata sobre la vida en pareja puedan ser interesantes, incluso medianamente divertidos, "El futuro" agota en su desordenada puesta en escena de esa colección de desastres sobre las relaciones en la vida moderna o, igual, en la norteamericana. Si a las discusiones y pensamientos de los dos protagonistas se le añaden los comentarios, (innecesarios), de su gato,- créanselo-, tenemos una película de regusto "indie" fallida y llena de tonterías, que acaban por no tener ni pizca de gracia. Y, además, se hace terriblemente larga.
26 de marzo de 2012
26 de marzo de 2012
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tantos pros como contras. The future es una declaración de intenciones de su actriz-directora Miranda July: cine indie, guión, interpretación y dirección en plan Juan Palomo. Yo dicto las reglas y más si soy indie. Las reglas, pues algunas son esos pros, y otras se convierten en claros contras. Le doy el mérito que tiene el querer hacer una película que no siga postulados, que quiere inventar, ser otro camino. Narración libre, juegos y licencias narrativos (he ahí el poder y la inmensa capacidad de lenguajes que tiene el cine). Pero: el estilo, la luz, ciertas escenas meta-modernas… Momentos en que aplaudes la idea pero no la forma. O viceversa (hay momentos brillantes, como la de una danza extraña pero atractiva desde el punto de vista visual).
Por lo tanto, ves la película y en mitad de ella no sabes con qué carta quedarte. Aplaudo pero censuro. Censuro pero me olvido porque esa idea me gusta. Ah, las interpretaciones made in flus flus a veces rayan, sobre todo la señorita July. Ideas y conceptos. Al estilo indie, con todo lo que ello puede acarrear si se llevan hasta las últimas consecuencias.
Por lo tanto, ves la película y en mitad de ella no sabes con qué carta quedarte. Aplaudo pero censuro. Censuro pero me olvido porque esa idea me gusta. Ah, las interpretaciones made in flus flus a veces rayan, sobre todo la señorita July. Ideas y conceptos. Al estilo indie, con todo lo que ello puede acarrear si se llevan hasta las últimas consecuencias.
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