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Quien sabe...

Comedia. Drama Narra el regreso a Francia de una actriz de teatro que se había refugiado en Italia para olvidar sus problemas personales. (FILMAFFINITY)
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3
21 de julio de 2019
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay algún latigazo, algún momento de chispa que brilla en esta enorme laguna de más de dos horas y media, no negaré que hay ciertos momentos en "Vete a saber" que valen la pena. Pero no, no me convence una película que su mismo director confiesa que estaba pensada para que durara los clásicos noventa minutos y que se le fue de las manos por más de una hora. Algo falla, siempre digo que en más de dos horas cualquier película tiene que ofrecer mucho contenido, acción, trascendencia, ideas originales, algo con lo que flipar. Da miedo pensar en una versión editada sólo para Francia que se fue a más de las tres horas.

"Vete a saber" tiene esos dos puntos buenos, el duelo de caballeros con dos botellas de vodka por ejemplo, o ese final tan especial en el que el teatro se mete dentro del cine para acabar ofreciendo algo muy original en el que todo se mezcla, el género con los personajes, los actores de cine con el teatro que, definitivamente queda homenajeado como pocas veces. Bergman, el sueco, cuya vida profesional quedaba dividida entre el teatro y el cine, se reiría (probablemente no, pero me encanta pensar en ello) con estos adorables personajes que se mueven delante nuestro y nos enseñan sus vidas imperfectas, sus amores incompletos y hasta sus vacíos existenciales. Es broma, Bergman jamás se reiría.

Para acabar: enhorabuena al que llegue a la media hora de película sabiendo que quedan dos por delante y mantenga la ilusión y las ganas de seguir adelante. Yo no me he equivocado, tras treinta minutos la realidad es que "Vete a saber" es empalagosa, pretenciosa y aburrida... Y ahí sigue hasta el final.
10
30 de abril de 2024 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una cinta realmente maravillosa. Del año 2001, pero con el sabor de las que vimos en los cineclubs en los años 80. La película más rohmeriana de Rivette, una auténtica y compleja delicia por lo que se refiere a la reflexión sobre el amor, la pareja y la añoranza de nuestras relaciones perdidas. Sólo el cine francés ha sabido mostrar, su tradición existencialista se lo permite con mayúsculas, esta compleja trama llena de contradicciones que son las relaciones personales, sin moralismos esencialistas, encuentros y reencuentros, miradas y silencios que pueden decirlo todo. El amor y el dolor.
Rivette nos presenta el teatro dentro del cine y el cine dentro de la vida, tres planos que son lo mismo en una dinámica existencial llena de casualidades y de forzados encuentros. Personajes llenos de encanto, el encanto ensimismado de los personajes de Bresson o el encanto vital de los personajes de Garrel que encontramos aquí, una vitalidad proyectada desde una soledad reflexiva y melancólica, de besos tímidos, de miradas que se huyen, de preguntas sobre Heidegger o sobre relaciones anteriores.
Lo maravilloso de este tipo de películas es que se llega a la sensualidad y al erotismo del amor a través de la intelectualidad, a través de la reflexión introspectiva, a través de la filosofía de las relaciones, una sofistificación muy francesa que conjuga Ilustración y existencialismo, un romanticismo de amplia visión, sin juicios morales, el ser humano puede reinventarse porque es conflicto permanente.
Italiano y francés. Balibar y Castellito siempre magníficos, lenguas distintas y habitaciones distintas o la misma habitación. Sus escenas son propias de la mejor terapia psicoanalítica, rematadas con un sentido del humor magistral: a lo mejor bebiste demasiado.
Rivette nos regaló con más de setenta años una película que ya le hubiera gustado dirigir a un debutante de veinte. Bresson, Rohmer, Rivette. ¿Cuántas películas habrá adorado Woody Allen de estos directores?) Nuestra educación sentimental. Qué pena que las nuevas generaciones no lleguen NUNCA a conocer estas existenciales lecciones de amor. Magistral.
8
1 de noviembre de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jacques Rivette empezó como crítico de cine en los años cincuenta, entre otras revistas en «Cahiers du cinéma». Actividad que dejó más adelante para hacer sus propias películas en vez de comentar las ajenas. Su primer largometraje, «Paris nous appartient» (1958-1960), sentó las bases de los ingredientes narrativos característicos de muchas obras posteriores: un grupo de actores de teatro y su director tienen la sensación de ser víctimas de un complot (real o imaginario). En esta película, de un complot urdido por una organización fascista a escala mundial; un personaje que ha desaparecido, Juan, introduce la referencia española en la trama.

Esos elementos se encuentran, corregidos y aumentados, en «Out 1: Noli me tangere» (1971): aquí hay dos compañías de teatro y una sociedad secreta, los Trece. La versión completa dura doce horas y cuarenta minutos. La versión abreviada («Out 1: Spectre») dura cuatro horas y quince minutos,

«Vete a saber» (2000-2001) contiene los elementos característicos del cine de Rivette, pero en una versión más ligera y más digerible para el gran público. Encontramos una compañía de teatro, desde luego, y un misterio (la búsqueda de un manuscrito inédito de Goldoni). Después de varios años pasados en Italia, Camille vuelve a París con la compañía de su marido, Ugo. Durante los ensayos de «Come tu mi vuoi», de Pirandello, está nerviosa, olvida el texto. En realidad, se siente perturbada por el recuerdo de su antiguo amante, Pierre. Decide ir a verlo para hacer las paces con su pasado. Mientras Ugo busca el manuscrito de Goldoni por las bibliotecas, conoce a la joven Do. A partir de ahí, las relaciones entre los personajes chocan, se desvían, se invierten, se pierden o se encuentran, tejiendo los incidentes narrativos.

En cuanto a las inversiones, cabe mencionar los desencuentros entre Ugo y Do. A pesar de sus respectivas estrategias de seducción, cuando uno está dispuesto, la otra se muestra refractaria, y viceversa.

EL GENIO DE HOWARD HAWKS
Rivette no puede evitar la tendencia a hacer películas que no tengan fin. Afirma tranquilamente: «Cada vez que empiezo un proyecto, espero poder ceñirme a una hora y media» («Libération», 3 de mayo de 2002). Sin embargo, iniciado el rodaje, director y actores entran en trance y crean una obra donde proliferan situaciones y coincidencias inesperadas, donde se entrecruzan enredos e intrigas. Se trata de una puesta en escena improvisada y, al mismo tiempo, rigurosa. Ese tipo de cine se sustenta en la interpretación de los actores. Por suerte, Rivette ha contado con un buen elenco. Quiero mencionar en especial a Jacques Bonnaffé, quien lo ha tenido muy difícil, pues le ha tocado un papel ingrato.

Rivette sabe captar la belleza y el misterio de la gran ciudad, en su caso de París, tanto de los puentes sobre el Sena como de las calles anónimas y de los interiores, insólitos (las bibliotecas) o no.

«Vete a saber» pertenece al género de la comedia, incluso roza el burlesco cuando los dos rivales se encuentran en la pasarela del teatro para un duelo. Comedia ligera, situaciones con ramificaciones imprevistas, diálogos chispeantes, personajes simpáticos, a pesar de todo… Es un material frágil, sí, pero con esos ingredientes un buen director puede hacer una buena película. Y Rivette lo consigue. Además, el aspecto de comedia no debe hacernos olvidar el carácter dramático de la obra. Rivette mezcla ambos géneros, como su admirado Howard Hawks, cuyo genio fue de los primeros en saludar cuando ejercía de crítico de cine.

En nuestro país se ha estrenado la versión corta, de más de dos horas. La versión larga, se acerca a las cuatro horas. La versión ideal no tiene fin, es «senza fine, never-ending», como canta Peggy Lee en la película. Espero poder ver algún día la versión «senza fine».
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