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Kedi (Gatos de Estambul)

7.0
1,366
votos
Año
2016
País
Turquía
Director
Reparto
Documentary
Género
Documental | Animales. Gatos
Sinopsis
Cientos de miles de gatos vagan libremente por la frenética ciudad de Estambul, la metrópolis turca de casi 15 millones de habitantes que divide Oriente de Occidente. Sin dueño, estos animales viven entre dos mundos, ni salvajes ni domésticos -y llenan de alegría a los que deciden adoptar-. En Estambul, los gatos funcionan como reflejo de las gentes, permitiéndoles reflexionar sobre sus vidas de una forma única. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
1 2 >>
23 de junio de 2017
29 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kedi es un documental especial. Consigue narrar en apenas hora y cuarto la vida de los gatos callejeros en Estambul, y también la de las personas. Habla de los gatos, sí, pero sobre todo de gente buena, gente que decide sacrificar parte de su vida para cuidar a estos animales.
Es un documental muy ágil, se pasa volando, lo cual hoy en día es de agradecer (hartos estamos ya de películas de 2 horas y media que no cuentan nada). La música acompaña pero no interrumpe, y la fotografía consigue el objetivo principal, acercarnos a la parte humana y gatuna de la capital.
Si te gustan los gatetes deberías verla. Y si no, también.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
RubyRed
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21 de julio de 2017
20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kedi (Gatos de Estambul) es un documental de la realizadora turca residente en Estados Unidos, Ceyda Torun, que retrata la capital turca a través del día a día en la vida de siete gatos con diferentes personalidades. Desde su estreno en EEUU el pasado 10 de febrero, Kedi ha recaudado casi tres millones de dólares hasta la fecha ($2,787,711 el 20 de julio) convirtiéndose en el tercer documental extranjero mas taquillero de la historia en Estados Unidos, por detrás de Bebés (Thomas Balmès, 2010) y Pina (Wim Wenders, 2011). Estreno el 21 de julio.

La directora turca Ceyda Torun muestra en Kedi cómo los gatos en Estambul vagan libremente por la ciudad en comparación con sus homólogos domesticados de otras partes del mundo que viven principalmente en las casas con sus dueños. Los gatos callejeros en Estambul son tratados de una forma muy parecida a las vacas sagradas de la India. Se trata de una ciudad predominantemente musulmana con una larga y consolidada historia ligada, desde hace miles de años, a un profundo sentimiento sagrado hacia este animal, debido a su vinculación con Mahoma. La tradición islámica habla de un gato protegiendo al profeta del acercamiento de una serpiente venenosa.

De entrada esta percepción resultará curiosa, sobre todo, para los que vivimos en el resto de Europa o Estados Unidos, donde no tendemos a dejar que los gatos se escapen del lugar, excepto dentro de nuestras casas y, además los mininos en la calle son capturados para ser enviados a refugios o centro de acogida de animales. De ahí el interés de Ceyda Torun en mostrar en Kedi ese sentido colectivo de los vecinos en Estambul por cuidar a los gatos callejeros y dejarles mantener su independencia. De esta forma, Kedi nos ofrece un nuevo e interesante punto de vista para entender la cultura de la ciudad e incluso una nueva perspectiva para comprender como abordar la vida.

Las personas entrevistadas en Kedi no son expertos, ni eruditos en materia gatuna, sino personas corrientes de la calle que conviven e interactúan a diario con los gatos en sus respectivos barrios, se encargan de cuidar a los felinos, darlos de comer o simplemente disfrutan contemplándolos. En Estambul los gatos en general no tienen un dueño oficial, sin embargo, encuentran siempre un lugar para llamar como si fuera su casa, consiguen a un humano amable y cordial para ser alimentados a diario, cepillados y llevados periódicamente al veterinario. Sobre este aspecto, uno de los entrevistados comenta a la cámara como la mayoría del vecindario tiene cuentas pendientes con el veterinario.

El documental Kedi defiende la tesis de la superioridad intelectual de los gatos sobre los perros, de hecho otro de los entrevistados comenta ante cámara que los perros ven a sus dueños como si fueran Dios mientras los gatos comprenden perfectamente el papel que juegan los humanos como intermediarios en un mundo superior, ” Los gatos saben que las personas actúan como intermediarios de la voluntad de Dios”. Por otra parte, Kedi realiza un homenaje a esa conducta casi de adoración en Estambul hacía los afortunados mininos, y vemos como algunas personas atribuyen poderes especiales a los gatos, “Ellos absorben toda su energía negativa”, dice un tendero. Otro entrevistado recuerda como una vez, cuando su barco de pesca fue dañado por una tormenta, un gato de forma sorprendente por no decir milagrosa, lo condujo hacía una cartera que contenía el dinero exacto para cubrir las reparaciones. En Kedi, observamos como Ceyda Torun y su director de fotografía Charlie Wuppermann realizan frecuentes tomas de atardeceres relucientes y, planos buscando inteligentemente el inmenso cielo acompañados por gatos, para resaltar intencionadamente la figura de un ser divino y misterioso.

En definitiva los gatos son muy especiales para las gentes de Estambul, muchos de ellos se conectan con los animales tan profundamente que consiguen curar sus propias heridas físicas, afectivas, emocionales y los vuelve a conectar con la vida. Por un lado, Kedi nos sirve para conocer una faceta peculiar de la historia de Estambul y por otro, un estudio sobre la naturaleza humana, ya que sostiene las diversas razones por las que los turcos han elegido coexistir con los gatos de esta manera. De alguna manera se trata de una relación simbiótica de la cual tanto los gatos como las personas se benefician, comida y cuidados a cambio de amistad y compañía.

Otro tema interesante que sale a relucir en Kedi es la amenaza directa a un modo de vida consolidado en las barriadas de Estambul, ya que a los problemas socioeconómicos y políticos de la Turquía actual de todos bien conocidos, hay que añadir un nuevo concepto de urbanismo en la ciudad, basado en la construcción de altos y ostentosos edificios que poco a poco van invadiendo el entorno y hábitat existente, para sustituirlo por otro con poca o ninguna preocupación por las personas desplazadas, y ni muchos menos por los gatos que llevan tantos años habitando allí. Ceyda Torun plantea una triste realidad para un futuro no muy lejano.

Por limitación de caracteres, los dos párrafos finales que quedan con las conclusiones, puedes leerlos en:
https://cinemagavia.es/documental-critica-kedi/
Eduargil
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20 de julio de 2017
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Neko, cat, gat o kedi. Da igual si es en japonés, inglés, catalán o turco, todas estas palabras significan lo mismo: gato. Ay, los gatos. Esos animales a los que es imposible no hacerles una carantoña cuando se acercan a tu pierna, restriegan su cuerpo contra ella ronroneando para finalmente levantar la mirada, maullando, pidiéndote mimitos. Animales adorables, puestos de moda en la red gracias a los vídeos colgados en Youtube por los internautas, por esa locura llamada NyanCat o por el gato de la suerte japonés. Se ha hecho de todo con estos felinos, y les hemos visto hacer de todo. Tocar el piano, estamparse contra un cristal de forma jocosa, hacer un salto en falso de una cama a una estantería... Quien no haya visto esto alguna vez en su vida es que ha nacido hoy mismo. Pero en esta ocasión, nos encontramos ante el vídeo definitivo de gatitos. Un documental de unos 80 minutos que nos lleva por las calles y gente de Estambul, desde el punto de vista de un gato callejero. Puede parecer una tontería, pero lo que consigue no lo es. Nunca habíamos visto a los gatos de una forma tan bella.

'Kedi' sorprende. A primera vista, puede ser que no nos llame mucho la atención, pero es una vez dentro cuando te quedas prendado. Únicamente viendo unos minutos, se nota que no estamos ante un documental de segunda división. Al tratar un tema pequeño como el de los gatos, peca de quedarse más cerca de la curiosidad que de la majestuosidad de los grandes documentales que nos hablan sobre el origen de la humanidad, la prehistoria o del planeta Tierra. Pero a la vez es ese minimalismo lo que la hace una película adorable, sincera con su propósito y que no desperdicia ni un segundo en elementos que no vienen al caso. 'Kedi' nos cuenta lo que quiere, y lo hace de forma breve pero muy dinámica. Es un documental sobre los gatos callejeros de Estambul, pero no es su único propósito contarnos cómo sobreviven. Por el camino, y de forma totalmente homogénea, vemos tratados con acierto algunos problemas que asolan Estambul. La figura de la mujer en Oriente o la desaparición del pequeño comercio en pro de los grandes almacenes son algunos de estos temas. No quiero confundir a nadie: no ahondan demasiado en ello, pero esa pequeña pasada ya es suficiente para hacer de esta pequeña película algo más que un vídeo de Youtube de 80 minutos con momentos graciosos de gatos.

La película sorprende, pero también asombra. El gran apartado audiovisual que tiene la cinta es lo que la eleva por encima del "Es interesante”. La dirección de Ceyda Torun es fantástica. Sigue a los gatos de tal forma que consigue que nos pongamos en la piel de ellos. Captura de forma excepcional los momentos clave. Ese momento en el que caza a una rata, busca comida para dársela a sus crías o se pelean con otros para defender lo que es suyo. Vemos a los gatos en todo tipo de situaciones que despiertan diferentes sentimientos. Hay lugar para la alegría y para la tristeza. No se olvidan de nada. La mezcla de los gatos y Estambul deja imágenes preciosas a más no poder, con amaneceres que costará quitarse de la cabeza o recorridos por sus calles a lomos de cualquiera de los siete gatos protagonistas. Es una labor detrás de las cámaras que puede compararse a documentales mucho más grandilocuentes y ambiciosos, y no tan intimistas. La música sigue la estela de la propuesta y con pocos acordes consigue hacer gran cosa, sobre todo en su parte final, con unos últimos minutos muy emotivos que nos sirven como conclusión y reflexión de todo lo visto anteriormente.

Se trata de un documental del que es difícil no encariñarse. Está hecho para que el espectador salga con una amplia sonrisa tras su visionado (tanto si te gustan los gatos como si no), y eso lo consigue. La sensación que deja es muy agradable a pesar de tratar algunos temas peliagudos. Su carácter reivindicativo del amor animal es de agradecer así como la muestra de la situación actual de Estambul. Como he dicho antes, ‘Kedi’ no será un documental que pasará a la historia, pero si uno de esos que pasará a nuestros corazones. Tres miaus por esta pequeña joya.
Sacri94
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21 de julio de 2017
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estambul es una ciudad mítica por muchas razones, derivadas especialmente de su situación geográfica que la convierte en la puerta de enlace entre Occidente y Oriente. Multitud de personas de varias razas y religiones se concentrar en un lugar cuya riqueza arquitectónica ya deja entrever su glorioso pasado. Pero en la localidad otomana no solo hay sitio para las personas. Los gatos colonizan buena parte de las calles estambulitas y conviven con el ser humano en cierta armonía. Personas que les dan de comer, les acarician, les invitan a su casa e incluso sienten que tienen una deuda con ellos. Lejos de ser unos animales cualesquiera, los gatos son habitantes de la ciudad aunque no formen parte del censo.

La cineasta turca Ceyda Torun es una de estas ciudadanas estambulitas que sienten una conexión especial con los gatos. De ahí que se decidiese a rodar Kedi (Gatos de Estambul), un documental que pretende mostrarnos la vida de los felinos en la localidad y su constante interacción con las personas. Una vida que, como sabrá cualquiera que conozca bien a estas criaturas, está basada en una rígida rutina que no les impide desviarse de ella en el momento que vean un peligro, una presa o algo que les despierte su inagotable curiosidad. Gatos con nombre o apodo, gatos tranquilos o demasiado activos, gatos desvergonzados o tímidos, gatos comilones o gatas que comparten su pieza alimenticia con sus hijos... En el film, como en la vida real, se muestran todo tipo de personalidades felinas,

El documental se nutre de los testimonios de diferentes habitantes de Estambul, que narran diferentes historias acerca de los gatos del lugar. Aunque cualquier persona que conviva con un felino ya conozca bien lo mucho que estos animales pueden ofrecer, lo cierto es que algún relato de Kedi parece casi de ficción por el grado de sorpresa que despiertan. Precisamente, el hecho de que el film pueda agradar tanto a personas habituadas a estar rodeadas de gatos como a aquellos que no les conozcan tan bien es una clara muestra del conocimiento que desprende su directora a la hora de transmitirnos la vida de los felinos, sin que sea necesario que la propia Torun trate de robarles un segundo de protagonismo a ellos o al resto de habitantes de Estambul. La cámara busca constantemente al gato y nos muestra la ruta que varios de ellos hacen por las calles de la localidad turca. Incluso en esos amplios planos que captan la ciudad en todo su esplendor, los espectadores más atentos conseguirán ver a un felino situado en los rincones más difíciles de imaginar, tal y como son ellos en realidad.

Lejos de buscar una humanización de los animales, como erróneamente se intenta transmitir por parte de algunos de sus presuntos defensores, Kedi muestra el lado más puramente gatuno de estos adorables seres. Torun demuestra que la convivencia en calles y edificios es beneficiosa para ambos y que la libertad de los felinos no está reñida con el normal discurrir de la vida de los estambulitas, a través de diversas imágenes donde vemos cómo los gatos piden comida a la gente que está sentada en las terracitas de cafeterías o al propio personal del negocio. Circunstancias que incluso en ciudades con bastante presencia felina (Madrid, por ejemplo) serían asociadas con molestias o falta de higiene, en Estambul se interpretan con una gran naturalidad. Por otro lado, el hecho de que la directora no muestre o insinúe el rechazo de algunos ciudadanos a los gatos no significa que aquel no exista sino que, bajo lógica interpretación, la negatividad no tiene cabida en un documental que precisamente intenta mostrar la cara más amigable de estos entrañables animales.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para Cine Maldito
Kasanovic
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4 de febrero de 2018
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me ha sorprendido gratamente la magnífica ejecución, un compendio de relatos de personas comunes hablando de su relación con los gatos intercalado con preciosas imágenes de Estambul y aderezado con estupenda música turca.

A lo largo del film nos adentramos en la vida de ciertos protagonistas gatunos, sus costumbres, su modo de vida y sobretodo su relación con las personas. Éstas nos hablan desde su perspectiva contándonos bonitas historias de sus allegados gatos, a pesar de no ser sus dueños, nos hablan del carácter y personalidad de sus amigos gatunos. Se trata de una simbiosis, los gatos necesitan a las personas y las personas necesitan a los gatos. En general la gente se preocupa por ellos, les dan de comer, cuidan a sus crías y los llevan al veterinario cuando lo necesitan, sin embargo respetan su derecho a la libertad.

Muchos de ellos nos explican los beneficios que obtienen de estos interesantes animalitos, al parecer la sociedad les tiene un gran respeto, muchos hablan desde un punto de vista religioso o filosófico. Me ha parecido apasionante, divertido, entretenido y enternecedor. Me quedo con una gran frase de uno de los interlocutores: "Quien no ama a los animales no puede amar a las personas"
garriduli
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