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Críticas 187
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
5
13 de enero de 2009
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pride & Glory circula por un sendero demasiado conocido. Y el problema de caminar por él es que no importan mucho los nombres propios que intervergan, porque todo se siente excesivamente familiar.
Desde su exordio hasta su vulgar desenlace, no aporta nada nuevo a su discurso.
La relación de los compañeros policias, uno retraído y el otro rebelde, ya se muestra poco comunicativa de nuevas fuentes (hago con ello referencia a la clara similitud con Arma Letal, por ejemplo). Como ya digo, su tesis discursiva sobre la corrupción interna, desmantelamiento de redes de camellos, disputas familiares, etc, ya no genera mas interés que un simple entretenimiento. Cuando escuchas por primera vez una palabra imponente y conoces su significado, te congratulas de almacenarla en tu vocabulario. Pero si repites esa palabra muchas veces, va reduciendo el interés que antes suscitaba, como si perdiera su potente significado. Algo así ocurre con el argumento de "Cuestión de honor".
Edward Norton
Hablando de sus actuaciones, esta vez no han dejado lucirse a Norton como debería, o al menos como venía haciéndolo hasta ahora. Farrell le pone ganas, y por momentos no resultan en vano, pero con ese guión que busca pretensiones trilladas, dar lecciones morales con ese arrepentimiento tan chirriante (claramente digo falso), sus esfuerzos se hunden y no hay flotadores para sujetarse. Luego está el sorprendente protagonismo que le dan a Noah Emmerich, que durante sus intervenciones confunde actuar con fuerza y vivacidad, con dar gritos y gestos amenazantes cada dos por tres.
Los dramas morales internos desvarían del contexto en que circula el filme (innecesaria la enfermedad de la mujer de Emmerich. O ha sido para cambiar algo del esquema convencional, o para conseguir un metraje algo mas alargado, también a modo habitual).
La realización de O' Connor transcurre algo tosca: la utilización de la cámara en mano resulta a ratos efectiva, a ratos mareante y grosera, aunque tiene el suficiente talento bruto como para transitar un pulso que decae y se recupera cada cierto tiempo.
Farrell ya se puede dar por satisfecho por haber recibido el Globo de Oro (por la otra película que estrenó, está claro), y Norton no debería preocuparse en demasía. A fin de cuentas, todo talento suele tener un borrón en su amplio y exitoso historial.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Aunque la pelea a puñetazos en el bar es tan caprichosa como innecesaria, lo que viene instantes mas tarde (el final, vaya) denota una falta de resolución imaginativa alarmante.
1 de septiembre de 2025
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la web de RTVE dice que más de 500 técnicos participaron en el proceso de animación de esta película. Catalogan de "hazaña tecnológica" su labor. Si naciste ayer, puede que compartas esta afirmación. Si, por el contrario, ya tienes unos años y tu bagaje cinéfilo es amplio, descubrirás con pavor que 'Campamento Garra de Oso' presenta una labor de VFX vergonzosa, sangrante para los ojos, digna de un mockbuster actual o de una película de serie B de mediados de los 90.

Resulta imposible simpatizar con la variada fauna del film debido a su paupérrimo grafismo (os aseguro que Masha y el Oso está más currado) y a la frialdad expresiva. Ni siquiera la mofeta Fritz, impulsada por un voluntarioso Carlos Latre, logra que sintamos interés por su propósito.

El guion está plagado de incongruencias desde el minuto uno (enumero algunas de ellas en la zona spoiler). Se salvan los niños protagonistas, que entregan algunos momentos de buena química, y la fabulosa localización montañosa, que la directora ha sabido exprimir a conciencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
* La madre apunta a la niña al Campamento Garra de Oso creyendo que este se basa en el argumento de un bestseller sobre autoayuda/crecimiento personal. ¿Sabéis de algún campamento de verano infantil inspirado en "Padre rico, padre pobre" de Kiyosaki o en "El monje que vendió su Ferrari" de Sharma?

* Los monitores del campamento lo tienen todo bajo control (lista de niños matriculados, calendario asiduo de actividades diarias) pero no les ha dado ni por un momento por revisar el buzón donde tienen alrededor de 800 cartas acumulándose. ¿Ninguno de ellos se ha cruzado con el repartidor de Correos?

* Hay una niña a la que le encanta rodar dentro de un bidón terraplén abajo (llamémosla Rocketwoman). Sin duda es una heroína, porque la chica sale hasta en dos ocasiones con todos los huesos intactos y sin vomitar el desayuno mañanero. Don't try this at home, kids!

* Se supone que el campamento va a desaparecer porque un horrible promotor inmobiliario capitalista va a convertir la zona en un resort de lujo. Muy bien. ¿Dónde están los operarios? ¿Dónde está todo el equipo? Anabel Alonso y Edu Soto interpretan a los lamebotas del promotor, pero ¿por qué van vestidos como si fuesen los guías de un safari por la sabana africana? ¿No estamos en España?
* El promotor ve las garras de oso a la entrada de la cueva y decide que ya no le interesa tanto el resort, que ahora va a cazar a los osos de la zona. ¿Será un coleguita del rey emérito?

* Los padres regresan al campamento a recoger a sus hijos. Pero ¿cuándo? ¿Tres semanas después, según los planes iniciales, o a las 48 horas, según el aviso del Ayuntamiento? ¿En qué momentos los monitores se han puesto a llamar a todas las familias? Benditas elipsis, que me dejan atolondrado.
6 de marzo de 2014
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de François Ozon, para los que le hayan seguido la pista de cerca en lo que llevamos de siglo, se divide fácilmente en dos categorías o tendencias: una abiertamente más clásica, academicista e incluso ciertamente manierista (8 mujeres, En la casa) y otra de corte mucho más rupturista, arriesgada e independiente (El tiempo que queda, Ricky). Sin desmerecer el recuerdo de otros títulos que culminan una versátil y rica filmografía, el director francés se ha deslizado entre ambos estilos de forma espontánea y lineal, con el devenir de los años, en vez de realizar su obra por etapas, personales y artísticas, que sí han podido conocer otros autores de prestigioso renombre.

Su última película, Joven y bonita, se entroncaría dentro de la tendencia más libérrima de su cine, estableciendo unos vínculos de unión muy evidentes, sin caer en la comparativa, con el título anteriormente mencionado, El tiempo que queda. En símil, el rastro de un tratamiento de la sexualidad carente de pudor pero no por ello erótico, referido al exhibicionismo kitsch de calentar butacas y personal. Ozon adereza esa morbosa pulsión a través del rastro de la juventud, que la personifica en la protagonista como inmadura, perdida y confusa, y bucea a través de ella logrando la emancipación de la inocencia. Esto es algo muy recurrente en sus tratamientos, pues la curiosidad del sexo suele estar focalizada en los ojos de alguien aún puro e ingenuo, carente de maldad.
Marine Vacth
Como ya ocurriera en la película protagonizada por Melvil Poupaud, el relato está barnizado con levedad y respeto de orfebre por los detalles. El realizador galo rechaza lo rimbombante y lo juicioso para dar libertad de análisis y carta blanca a las interpretaciones. Los personajes de sus películas, y más aún el de esta última, fluyen a su paso, errantes y desorientados pero, ante todo, carecen de una exposición direccionada hacia la audiencia. Rara es la ocasión de encontrarse como espectador con una historia, que aborde la temática de la prostitución y la adolescencia, en la que el canon imperante no sea el dominio y control de los juicios, valores y acusaciones de todos los sucesos por parte de su propio creador. Esto, como es lógico, resta de naturalidad y autenticidad a esos filmes.

A raíz de esto, lo que más puede destacar de Joven y bonita es que Ozon precisa de nuestra participación, pretende dejar preguntas abiertas para no ser él quien las responda. Por ello, existe separación y objetividad con respecto a lo narrado, un gran tanto a su favor. Posibilita, a partir de la concepción de las secuencias, la espontaneidad recurriendo a las descripciones, por sí mismas, de la puesta en escena y la dirección de actores. Lejos quedan los circunloquios y monólogos aberrantes que expliciten aquello que con la imagen se puede conseguir con tanto acierto e impacto. Es a su vez un nuevo ejemplo de intimismo en el director francés, a partir del cual, con susurros, silencios y también aquí gemidos, es capaz de lograr diseñar una verdad infranqueable, no por su naturaleza sino por su ejecución.
Guste más el Ozon clásico, contenido y filosófico o más el extrovertido y arriesgado, lo cierto es que ambas separaciones distan mucho de ser inconexas. Sus películas, de un modo u otro, beben unas de otras, se comunican entre sí y continúan en su temática y su concepción. Rechazan la impostura y remiten a los tejemanejes que conforman la vida. Unas veces pueden ser más felices o luminosos; en otras son tenebristas y soterrados. En cualquier caso, Joven y bonita es una confirmación más de la voluntad de compromiso y comunicación que el excelso director francés ha gestado durante su carrera y continúa en nuestros días.

Crítica para www.magazinema.es
@WeisGuerrero @MagaZinema_
6 de febrero de 2013
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hoy, al igual que ayer, hace un mes o 10 años, la realidad de Afganistán es bien conocida en Occidente a causa de las guerras que se libran incesantemente en su territorio, pero cuando Makhmalbaf decidió filmar Kandahar su propósito fue denunciar una situación social entonces casi ignorada. El prestigioso realizador iraní presentó su film en el último Festival de Cannes del pasado mes de mayo causando un fuerte impacto por su testimonio sobre la desesperante condición de mujeres y hombres que viven en un país desolado, acosado por la enfermedad, el hambre, la postergación de la mujer y las secuelas de su guerra con la Unión Soviética. Después de los hechos del 11 de septiembre, esta situación pasó al dominio de la opinión pública, pues la película tuvo el dudoso acierto de ser estrenada en una época en la que las tierras afganas estaban siendo atacadas por los Estados Unidos.

Esta película cuenta una historia real e íntima sobre Nafas, una periodista que hace 10 años emigró a Canadá, decide volver a su patria en busca de su hermana menor, que ha permanecido en la ciudad de Kandahar, lugar sagrado talibán. Desesperada por la condición dramática de la mujer –que en cada momento es identificada como una cárcel– la muchacha le ha anunciado su suicidio. Nafas entra a Afganistán desde Irán, pero el viaje en rescate de su hermana se convertirá en una ardua lucha. Ante la imposibilidad para una mujer de viajar sola por los caminos, y casi sin medios de transporte, deberá afrontar una y otra dificultad, supeditada a la voluntad y ayuda de los hombres, adultos y niños: deberá sobrellevar el desierto, los asaltos, la enfermedad, las patrullas de inspección y el hambre bajo el burka que la cubre completamente.

Como es habitual en el cine iraní, tomando como ejemplos las eminentes figuras de los directores Abbas Kiarostami y Majid Majidi, el cine de Makhmalbaf se mueve entre la ficción y el documental: la historia tiene un origen real, la actriz que interpreta a Nafas revive su propio pasado, pues ella se había acercado al director con su drama pidiéndole ayuda para llegar a Kandahar a salvar a una amiga desesperada. Ningún actor es profesional, motivo que da lugar a una mayor implicación del espectador con lo real. Sin embargo, la improvisación y la espontaneidad agregan una dosis extra de realidad fenomenológica y dramatismo.
Quienes hayan podido descubrir y visionar una película llamada El círculo, de Jafar Panahi, podrán caer en la cuenta de que el cine iraní siempre es sinónimo de compromiso, denuncia y grito reivindicativo que se confirma en Kandahar, aunque cinematográficamente este film no tiene los valores de aquél.

Hoy sabemos que la mujer afgana no puede mostrar su cuerpo ni su rostro en público, para salvaguardar su honor, y tampoco puede ir a la escuela. Pero no deja de asombrarnos la consulta al médico, quien ante una enfermedad no puede ver –mucho menos tocar- a la paciente, sino tan sólo preguntar los síntomas a un niño, que oficia de intérprete, para elaborar un diagnóstico. Resulta una mirada valiente, crítica y reveladora sobre los fundamentos en los que se ha convertido la mujer afgana cubierta por su burka, negras las viudas, multicolores las demás, como si el color pudiera paliar el ocultamiento. Resulta difícil a la mentalidad occidental aceptar que esas son pautas culturales válidas para todo un grupo étnico, pero Kandahar elige no profundizar en este sentido.

Makhmalbaf filma magistralmente esos inmensos espacios de la nada, y el movimiento de las masas que irrumpen en el vacío, en una película atemporal. Y también echa una mirada esteticista sobre lo que más lastima, pues el paisaje es la metafísica de la ruina: barrizales, chozas, boquetes, humaredas, harapos, grietas, flaqueza, árboles secos, cascotes y arena. Es particularmente patética –e impúdica- la escena en un campamento de la Cruz Roja, donde un enorme grupo de campesinos espera sobre sus muletas las piernas artificiales que reemplazarán las que han perdido al pisar alguna de los millones de minas que siembran todo el territorio, y exhiben sus mutilaciones. Y esa escena se complementa con la imagen de las piernas de plástico que, arrojadas desde un helicóptero, caen en paracaídas sobre la arena.
La música oriental, melancólica y sugerente, acentúa la desolación de cada evento, la traslación de esos multicolores grupos de mujeres anónimas por el desierto. Si bien, hace ya más de diez años, la CNN anunciaba que la realidad afgana mejoraría después de la guerra, no es éste el mensaje que transmite la película, que no alienta esperanzas para esas mujeres, presas eternamente en la cárcel de sus burkas.

Es por tanto una obra desgarradora y profunda, contada con la más valerosa de las miradas y enjundias, que supone un grito de guerra que lucha por los desfavorecidos y los miserables en un régimen político-religioso al que se ha permitido extremar su inherente machismo hasta un grado apoteósico.
Finalizo con la cita textual de la escritora islámica Ayaan Hirsi Ali que resume, de mejor modo alguno, la desgracia de nacer mujer en Irán: “la única esperanza verdadera para los musulmanes reside en que practiquen la autocrítica y que pongan a prueba los valores morales recogidos en el Corán, sólo así podrán romper la jaula en la que están encerradas sus mujeres, y por añadidura ellos mismos”.
6 de febrero de 2013
18 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
- Roger Ebert, Chicago Sun-Times: Un divertido y no demasiado pretencioso homenaje a las películas de episodios que arroja cierta originalidad y un humor incorrecto sorprendente.

- Todd McCarthy, Variety: La audiencia disfrutará moderadamente si sabe a lo que va, pues los realizadores son los primeros en no tomárselo demasiado en serio. Ofrece lo que promete y lo que esperas, y eso ya es un atractivo suficiente.

- M. Torreiro, Diario El País: Disfuncional, zafio y no demasiado divertido filme por capítulos sin cohesión narrativa más allá del homenaje a la muerte de la forma más bruta y despiadada. El corto de Vigalondo es casi lo mejor de la función.

- Carlos Boyero, Diario El Mundo: Aborrecible, bochornosa, lamentable, vomitiva, desagradable, gratuita, onanista y vulgar. Aburrida y pedante.

- Mick LaSalle, San Francisco Chronicle: No es una obra perfecta, pero sí una perfecta evasión. Mordaz, genuina e insobornable. Como el gran cine.

- Nandó Salvá, Cinemanía: Más brutal, más excelsa y más cínica que el formato habitual de película por episodios en homenaje a una ciudad (París, Roma, Tokyo...) A destacar, los capítulos de todos los realizadores japoneses, ejemplos de locura cinematográfica a niveles descontrolados e insospechados.

- Peter Travers, Rolling Stone: Un formato que hará escuela durante muchos años encuentra con 'The ABCs of Death' su zenit artístico. Despiadada, original y de culpable disfrute, cada realizador entrega una pieza mordaz y directa como un gancho de derecha.

- Weis, La Habitación de su Casa: Solo critico sobre cine. En este caso, no critico.
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