Alpha
5.7
958
21 de diciembre de 2025
21 de diciembre de 2025
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alpha es, en la superficie, un drama familiar con elementos de horror corporal y distopía, pero bajo esa piel se esconde una reflexión profunda sobre la muerte, la eutanasia y la transición generacional. Julia Ducournau construye un relato donde la enfermedad ficticia —que evoca indirectamente el miedo y el estigma social asociados al sida— funciona más como vehículo simbólico que como eje narrativo. Lo que realmente sostiene la película es el conflicto familiar: la madre que lucha por mantener con vida a su hermano enfermo y la hija/sobrina que acepta la muerte como liberación.
La película recurre a saltos temporales y superposiciones narrativas, creando confusión deliberada y sensación de pretensión, un recurso que algunos críticos pueden interpretar como estilístico sin sustancia. Sin embargo, estos mismos recursos permiten que Ducournau explore la subjetividad del dolor y la pérdida, la coexistencia de múltiples percepciones del final de la vida y la tensión entre lo conservador y lo posmoderno.
La película recurre a saltos temporales y superposiciones narrativas, creando confusión deliberada y sensación de pretensión, un recurso que algunos críticos pueden interpretar como estilístico sin sustancia. Sin embargo, estos mismos recursos permiten que Ducournau explore la subjetividad del dolor y la pérdida, la coexistencia de múltiples percepciones del final de la vida y la tensión entre lo conservador y lo posmoderno.

Conservador en tanto que la hermandad no pertenece a cada una de las dos personas implicadas, sino que es el hilo simbólico que los cose para estar unidos. Ninguno de los dos implicados tiene derecho a cortar la unión, a romper el lazo, sin el consentimiento del otro. Posmoderno, en tanto que hoy el principal imperativo es el individualismo, la propia libertad, y por ello poder elegir una muerte digna. Las dos reglas no pueden subsistir juntas. Ese es el drama que intenta retratar Julia Ducournau, donde la hija, Alpha, resuelve la trama bajo la lógica posmodernista.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El tramo final es particularmente místico y ambiguo: los cuerpos petrificados que se deshacen en polvo, la tierra roja entre edificios y la sinfonía nº 7 de Beethoven en arreglo de Liszt, crean un clima ritual y de transición. La hija, cantando en el idioma materno que no comprende, simboliza la aceptación de lo antiguo, pero también la afirmación de lo nuevo, mostrando cómo la voluntad de la siguiente generación toma relevo sin invalidar los logros del pasado.
El estilo visual y sonoro es poderoso y estremecedor, aunque la narrativa no lineal y la mezcla de elementos metafóricos y reales pueden resultar confusas. En ese sentido, Alpha comparte rasgos con otras películas de Ducournau (Raw, Titane): el horror corporal y la estética extrema sirven para intensificar la experiencia emocional más que la trama en sí.
Quizás lo que mejor sintetiza la lucha titánica, de los relatos encontrados que se entrecruzan en 'Alpha', sea esa truncada forma de acabar, con dos irreconciliables finales posibles, uno más emocional, otro más metafísico. Como si la autora hubiera pensado en los dos y nunca se hubiera terminado por decidir por ninguno de ellos, mientras a la vez, en el metafísico y en la escena final, Alpha, contempla la escena entre hermanos —con una mirada triste y desolada—, como la pérdida de algo ancestral…, el amor como devoción encarnado y sin límites. En definitiva, la muerte de lo tribal, que ella —las nuevas generaciones posmodernas— nunca comprenderán.
El estilo visual y sonoro es poderoso y estremecedor, aunque la narrativa no lineal y la mezcla de elementos metafóricos y reales pueden resultar confusas. En ese sentido, Alpha comparte rasgos con otras películas de Ducournau (Raw, Titane): el horror corporal y la estética extrema sirven para intensificar la experiencia emocional más que la trama en sí.
Quizás lo que mejor sintetiza la lucha titánica, de los relatos encontrados que se entrecruzan en 'Alpha', sea esa truncada forma de acabar, con dos irreconciliables finales posibles, uno más emocional, otro más metafísico. Como si la autora hubiera pensado en los dos y nunca se hubiera terminado por decidir por ninguno de ellos, mientras a la vez, en el metafísico y en la escena final, Alpha, contempla la escena entre hermanos —con una mirada triste y desolada—, como la pérdida de algo ancestral…, el amor como devoción encarnado y sin límites. En definitiva, la muerte de lo tribal, que ella —las nuevas generaciones posmodernas— nunca comprenderán.

A cada paso el humano pierde esencias, esa pérdida no se encarna en nuevos dones, se desintegran en polvo, como así es que le sucede a Amin —el hermano y tío—, el personaje que no se deja pensar ni reducir a ninguna alegoría en la película, pues sólo es en tanto que los otros piensan y sienten por él. Somos esencias efímeras, que antes de desintegrarse en polvo (en la nada), se petrifican en mármol (lo viejo, lo caduco, lo senil), en algo pétreo que finalmente pierde la vida.
En conclusión, Alpha es una obra polarizadora y ambiciosa, que no ofrece respuestas claras, pero sí provoca una profunda reflexión sobre la muerte, la familia y la transmisión de valores entre generaciones. Una película que puede parecer pretenciosa o confusa a primera vista, pero que recompensa al espectador dispuesto a sumergirse en su complejidad simbólica.
En conclusión, Alpha es una obra polarizadora y ambiciosa, que no ofrece respuestas claras, pero sí provoca una profunda reflexión sobre la muerte, la familia y la transmisión de valores entre generaciones. Una película que puede parecer pretenciosa o confusa a primera vista, pero que recompensa al espectador dispuesto a sumergirse en su complejidad simbólica.
12 de octubre de 2025
12 de octubre de 2025
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Julia Ducournau vuelve a desafiar los límites del cuerpo y de la emoción con Alpha, una película que no busca complacer, sino sacudir. Tras Crudo y Titane, la directora francesa confirma que su cine no se ve: se experimenta. Alpha es una inmersión brutal en el miedo, la enfermedad y la memoria colectiva, una metáfora abrasiva sobre el sida y sobre cómo el amor y el cuerpo se contaminan de deseo, culpa y supervivencia.
Ambientada en los años 80, la película sigue a una adolescente y a su madre —Golshifteh Farahani, magnífica— atrapadas en un drama íntimo que se convierte en alegoría universal. Ducournau utiliza la textura de la carne, el sonido, la fiebre y la materia como lenguaje. El resultado es tan físico que duele: los cuerpos se petrifican, los colores se desangran, y el miedo se vuelve tangible.
No es un film fácil, ni quiere serlo. Alpha incomoda, perturba y exige. Pero precisamente ahí radica su grandeza: en recordarnos que el cine no tiene por qué ser amable, que el arte que duele es el que deja huella. Ducournau no ofrece respuestas, sino un espejo áspero donde el espectador debe enfrentarse a sus propios temores y prejuicios.
Ambientada en los años 80, la película sigue a una adolescente y a su madre —Golshifteh Farahani, magnífica— atrapadas en un drama íntimo que se convierte en alegoría universal. Ducournau utiliza la textura de la carne, el sonido, la fiebre y la materia como lenguaje. El resultado es tan físico que duele: los cuerpos se petrifican, los colores se desangran, y el miedo se vuelve tangible.
No es un film fácil, ni quiere serlo. Alpha incomoda, perturba y exige. Pero precisamente ahí radica su grandeza: en recordarnos que el cine no tiene por qué ser amable, que el arte que duele es el que deja huella. Ducournau no ofrece respuestas, sino un espejo áspero donde el espectador debe enfrentarse a sus propios temores y prejuicios.

Su mirada es radical y necesaria. Pocas cineastas actuales filman con tanta convicción y libertad, sin miedo a romper las normas narrativas o estéticas. Alpha es un viaje sensorial, una ópera febril que trasciende el género y convierte el horror en una forma de empatía.
No gustará a todos, pero los que entren en su código sabrán que han presenciado algo auténtico, incómodo y profundamente humano.
No gustará a todos, pero los que entren en su código sabrán que han presenciado algo auténtico, incómodo y profundamente humano.
17 de marzo de 2026
17 de marzo de 2026
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alpha es una película que, si bien muestra a una cineasta segura en el camino o estilo con el que quiere narrar, cuya originalidad reside en continuas reinterpretaciones del cuerpo humano, de cómo este refleja su temática, de cómo se somatizan sus ideas en el mismo (enfermedades y traumas en este caso), también encontramos una cierta complacencia en ese camino, aunque Alpha sea una película potente visualmente. Me gustó y no me gustó casi de una escena a otra, porque hay una especie de individualidad o independencia en las escenas y una desconexión entre las mismas, pero que es, y ese es el problema, deliberada y muy premeditada, no parece algo natural y que surja de la artista espontáneamente.
Todo lo que simboliza el sida me gustó, los cuerpos lacerados en un mármol que se deshace y el miedo, rechazo y exclusión hacia los enfermos en general y muy especialmente a los homosexuales, que además quedaban marcados por su condición sexual. Lo recuerdo de esa manera al vivir esa pandemia terrible de los 80, recuerdo la ignorancia y el terror social que causaba una enfermedad de la que al principio no se sabía cómo se contagiaba y cuyo resultado final inevitable, salvo excepciones contadas, era la muerte. Evidentemente, hoy se ve de forma muy distinta. La película lo recoge muy bien en la situación del profesor gay y su novio, en el buylling escolar de la protagonista y en la incertidumbre obsesiva de la madre, además médico y, por lo tanto, plenamente consciente de las limitaciones de la medicina como ciencia, y es desde esa consciencia de que no es en ningún caso una ciencia exacta, junto a su papel de madre, lo que la convierte en una persona insistente y reiterativa y en especialmente miedosa y protectora para con su familia. Esto acrecentará los terrores de la protagonista.
Todo lo que simboliza el sida me gustó, los cuerpos lacerados en un mármol que se deshace y el miedo, rechazo y exclusión hacia los enfermos en general y muy especialmente a los homosexuales, que además quedaban marcados por su condición sexual. Lo recuerdo de esa manera al vivir esa pandemia terrible de los 80, recuerdo la ignorancia y el terror social que causaba una enfermedad de la que al principio no se sabía cómo se contagiaba y cuyo resultado final inevitable, salvo excepciones contadas, era la muerte. Evidentemente, hoy se ve de forma muy distinta. La película lo recoge muy bien en la situación del profesor gay y su novio, en el buylling escolar de la protagonista y en la incertidumbre obsesiva de la madre, además médico y, por lo tanto, plenamente consciente de las limitaciones de la medicina como ciencia, y es desde esa consciencia de que no es en ningún caso una ciencia exacta, junto a su papel de madre, lo que la convierte en una persona insistente y reiterativa y en especialmente miedosa y protectora para con su familia. Esto acrecentará los terrores de la protagonista.

Esa ofuscación o reiteración también se ven en otros aspectos de la película, que puede que pierdan al público o le genere una desconexión o cansancio con la historia y le acerquen peligrosamente a una cierta pereza o incluso irritación. Quizás Ducournau juegue con las posibles interpretaciones de la película de una manera muy reflexionada y estudiada. También hay algo de telenovelesco en algunas situaciones que se repiten continuamente entre el tío y la madre o el tío y Alpha, de qué te pasa, te quiero salvar, me desesperas, me voy, se acabó y vuelvo al principio, y unas interpretaciones exageradas o histriónicas pero buscadas por su directora, que quiere ese tono. También puede que esas repeticiones se deban a los sueños y pesadillas, que siempre son reiterativas.
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spoiler:
La protagonista manifiesta un trauma de la infancia que se muestra al principio y luego más tarde en el hotel y en otra igual a la primera pero rodada desde otro ángulo, pero con significados contradictorios. En la primera, la niña interviene con el dibujo en el brazo de su tío, uniendo las laceraciones en la piel causadas por inyectarse heroína, que este compensa con la sorpresa de la mariquita. Parece un juego bonito e inocente, acompañado con la cálida y acogedora voz de Beth Gibbons de Portishead. En las otras, sin embargo, se muestran crudas y, como dije, traumáticas.
También se recurre al sueño dentro de un sueño, del que habla su profesor homosexual, y a la pesadilla y al subsconsciente en escenas como las de la terraza de la fachada en reforma (una especie de cárcel o laberinto del que no pueden salir) o la habitación que se mueve y atrapa y casi aplasta a Alpha. Pesadillas de ese terror que se adquirió en la infancia y que perdura en la adolescencia (escena del hotel donde indistintamente se muestra a la niña y a la adolescente en los contraplanos y a la madre en el plano) pero que no parece confirmar, como digo, la primera secuencia de la película aunque sí la última, que es distinta y sin el símbolo de la mariquita.
También se recurre al sueño dentro de un sueño, del que habla su profesor homosexual, y a la pesadilla y al subsconsciente en escenas como las de la terraza de la fachada en reforma (una especie de cárcel o laberinto del que no pueden salir) o la habitación que se mueve y atrapa y casi aplasta a Alpha. Pesadillas de ese terror que se adquirió en la infancia y que perdura en la adolescencia (escena del hotel donde indistintamente se muestra a la niña y a la adolescente en los contraplanos y a la madre en el plano) pero que no parece confirmar, como digo, la primera secuencia de la película aunque sí la última, que es distinta y sin el símbolo de la mariquita.

Este es un ejemplo, pero hay más. La muerte del tío también se muestra dos veces al final. Una fría en el hospital, con la degradación corporal marmórea y la del viento rojo bereber, deshaciendo al tío en los brazos de la madre de Alpha, más calurosa y humana. Lo que no me gustó de ese bonito final es que Ducournau recurriera, como tantos y tantos directores han hecho antes que ella, al Allegretto de la Séptima Sinfonía de Beethoven, esta vez al piano, como acompañamiento fúnebre. Su belleza fascinó al público en su estreno el día 8 de Diciembre de 1813 en Viena, que pidió que se repitiera, pero es que el cine ha recurrido a ella en tantas ocasiones que ya no genera impacto, aunque siga siendo una de las piezas más bellas e icónicas de su compositor y de la historia de la música en general.
20 de marzo de 2026
20 de marzo de 2026
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante cinta que nos presenta a una adolescente que, básicamente, es apartada, arrinconada por su compañeros porque existe la posibilidad de que esté contagiada por una especie de virus que deja unas claras y visibles secuelas en los infectados.
A todo esto nuestra protagonista también tendrá que lidiar con su tío Yonki y con una madre con la que no acaba de entenderse.
Como decía, peli interesante, que sin embargo, aunque nos atrapa, no parece dejar un claro mensaje. Creo que la directora ha estado más preocupada en que se identifique la cinta claramente con su estilo que en pulir detalles de un guion que queda como a medias.
Lo mejor, indiscutiblemente, las interpretaciones en general, tanto la joven chica como la atractiva Golshifteh Farahani interpretando a su madre están impecables e incluso aún mejor hace lo suyo Tahar Rahim interpretando al tío de Alpha.
No me gusta nada el rollo body horror aún así la peli me ha parecido aceptable, bien es cierto que hay bien poquito del subgénero citado. También podrían haber contado la misma mierda en 15 o 20 min. menos, pero bueno.
A todo esto nuestra protagonista también tendrá que lidiar con su tío Yonki y con una madre con la que no acaba de entenderse.
Como decía, peli interesante, que sin embargo, aunque nos atrapa, no parece dejar un claro mensaje. Creo que la directora ha estado más preocupada en que se identifique la cinta claramente con su estilo que en pulir detalles de un guion que queda como a medias.
Lo mejor, indiscutiblemente, las interpretaciones en general, tanto la joven chica como la atractiva Golshifteh Farahani interpretando a su madre están impecables e incluso aún mejor hace lo suyo Tahar Rahim interpretando al tío de Alpha.
No me gusta nada el rollo body horror aún así la peli me ha parecido aceptable, bien es cierto que hay bien poquito del subgénero citado. También podrían haber contado la misma mierda en 15 o 20 min. menos, pero bueno.
La nota media que le asignan los usuarios me parece súper adecuada, un 5,7.
Saludos y gracias por la atención.
Saludos y gracias por la atención.
25 de noviembre de 2025
25 de noviembre de 2025
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Da la impresión de que tenían enlatadas unas cuantas escenas con cierto impacto visual y han elaborado el guión a partir de ellas para encajarlas. Ya desde el principio, cuando ves que la banda sonora tampoco encaja con la trama aumental te das cuenta de que algo raro está pasando. Me imagino que también estaría enlatada a la espera de darle salida. En fin, no hay conexión en ningún momento, todo lo contrario, a medida que avanza te vas desconectado todavía más
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