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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2220 críticas
10
27 de mayo de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ser humano no puede, en ningún sentido, simplificarse a los conceptos de bueno y malo, por el clarísimo hecho de que todo hombre o mujer lleva dentro de sí cualidades, potenciales, defectos y restricciones, que afloran de tanto en tanto según sean las circunstancias en que se encuentre inmerso(a). Pueden, en cada persona, prevalecer unas u otras inclinaciones, pero en determinadas eventualidades, el hombre considerado bueno podría actuar como un déspota o un malvado, y el hombre supuestamente malo podría dar prueba de una bondad y una dignidad insospechadas.

Con rigor, no puede hablarse de que haya dos entidades opuestas que nos habitan y menos que éstas puedan separarse para que cada una viva independientemente con todos sus extremos. Pero si puede el hombre ser ángel de día y demonio de noche, cuando su polo oscuro posee tanta intensidad como su polo de luz. Objetivamente, el ser humano es una entidad tripartita: Espíritu, mente y cuerpo, con potenciales que, en primer término, permiten catalogarlo como un heredero forzoso. Hereda cualidades y talentos, debilidades y falencias que cultivó en vidas pasadas y al tiempo carga con rasgos de carácter que heredó genéticamente de sus padres y de los cuales le es muy difícil sustraerse. En este sentido, es que me atrevo a afirmar que todo hombre es, a su manera, un poseso.

El mal –como ya lo demostrara brillantemente Albert Einstein- no existe. Así como la oscuridad es solo ausencia de luz, el mal es carencia de entendimiento y alejamiento de la Unicidad. Pero nada de lo que el hombre pueda hacer, puede llevarlo a que pierda, definitivamente y para siempre, su legítima grandeza y su hálito de divinidad.

“EL HOMBRE Y EL MONSTRUO” es una novela relevante y una magnífica película, en el sentido de que nos induce a reflexionar sobre esos "dos lobos" (bueno y malo) que todos sentimos dentro y que, como dicen los hindúes, "el que dominará en mi será aquel al que yo alimente".

Muy sabiamente, y distanciándose un tanto de los conceptos del siglo XIX de que se sirve el autor de la novela Robert Louis Stevenson, el director Rouben Mamoulian, nos recrea a Jekyll como el civilizado profesional (médico) de corazón grande, que decide jugar a alimentar sus instintos primarios y secretos, y así nace Hyde (asociable al inglés hide=oculto), el hombre primitivo (la caracterización física nos remite enseguida al hombre de Neardenthal) que, ajeno a la conciencia y al autocontrol, da rinda suelta a un afán posesivo, egoísta y malvado, que fácilmente se extralimita. ¿La pócima? Podría ser cualquier sustancia psicoactiva que produzca desinhibición y embotamiento de la capacidad de raciocinio.

El filme da cuenta, una vez más, de un director innovador y hábilmente recursivo (magnífica ambientación, efectos de maquillaje, composición de imágenes...) y es indudable que nos pone a pensar, muy en serio, sobre los misterios de la esencia humana.

En contra de los productores, que querían a Irving Pichel como protagonista, Mamoulian consiguió imponer a Fredric March (a quien ellos consideraban un comediante) y el resultado fue una magistral interpretación dual que terminaría galardonada con el premio Oscar. Y merecido reconocimiento a Miriam Hopkins –quien prefería en principio el rol de Muriel Carew, la prometida de Jekyll-, quien termina encantándonos y sorprendiéndonos como la coqueta víctima de los desmanes de Mr. Hyde.

Con todo, queda reconocer que, Rouben Mamoulian, ha logrado aquí una verdadera joya cinematográfica.
Luis Guillermo Cardona
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10
5 de marzo de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, aunque te parezca increíble, aunque creas que no es más que exagerada ficción, aunque te resulte imposible aceptar que haya habido en la historia tanta infamia contra la raza negra, lo que aquí se cuenta es solo uno de los miles, y quizás millones de sucesos que, tan solo en los Estados Unidos de Norteamérica, se han dado a lo largo de su oprobiosa historia.

Imposible no llorar, no sentir que se te quiebra el alma y que te llenas de rabia impotente, al presenciar el cruel e infame calvario por el que pasan seres tan inocentes y tan valiosos como Solomon, Patsey o Eliza, entre otras víctimas del racismo y el esclavismo que ¡por siglos! han padecido los afrodescendientes.

Solomon Northup (1808–187?) era un hombre culto, un sensible músico y un apreciado padre de familia que vivía en su tierra Saratoga, New York... cuando en 1841, mientras asistía a una engañosa entrevista de trabajo, fue drogado por sus supuestos empleadores (en realidad esclavistas) y vendido luego -contra su voluntad y sus derechos de hombre libre-, a un terrateniente sembrador de caña en un estado del sur. Desde entonces, Solomon (llamado ahora Plat) pasaría 12 años entre varios “amos”, teniendo su peor momento cuando es cedido a Edwin Epps, en cuya siembra de algodón, y a cuyo lado, conocería la infamia llevada a los máximos extremos.

Es allí, donde Solomon compartirá sus mayores penas junto a la esclava Patsey, una joven que despierta la lascivia de aquel esclavista, y en consecuencia, los patológicos celos de su cruel esposa, viviendo allí un infierno que no se lo merece ningún ser humano. La recreación es cruda, intensa y profundamente dolorosa, como si el director Steve McQueen, quisiera compensar las tantísimas historias edulcoradas -made in Hollywood-, que nos contaran por tanto tiempo, donde los esclavos lucían siempre tan bien tratados que parecían parte de la familia. Lo que nos muestra “12 AÑOS DE ESCLAVITUD” es el revés de “Lo que el viento se llevó”, contado ahora por alguien que sufrió en carne propia las atrocidades del esclavismo.

La película está basada en el libro de memorias “12 years a slave” que Solomon Northup publicara en 1853 y del cual se han sacado numerosas ediciones, siendo la última de 1968. Pero es bien seguro, que el éxito de esta adaptación cinematográfica, galardonada con el premio Oscar a Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Actriz de reparto, hará que la obra de Northup vuelva a reimprimirse.

Queda exaltar las brillantes actuaciones de Chiwetel Ejiofor, como aquel ser humano que padeció el arrebato de todos sus derechos por más de una década. Lupita Nyong’o, una Patsey que se convierte en una de las mayores víctimas de la infamia que hayamos visto en la historia del cine. Y Michael Fassbender (actor fetiche de Steve McQueen) quien, como el amo Epps, consigue una figura tan despreciable, que no vas a poder olvidarle durante mucho tiempo.

Creo que, “12 AÑOS DE ESCLAVITUD”, será capaz de sensibilizar al más duro de los corazones.
Luis Guillermo Cardona
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8
4 de marzo de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que necesita una mujer debe decidirlo ella y solamente ella. Nadie más. Puede haber quien la aconseje, quien le haga proposiciones de diferente índole, pero será ella, y solo ella, quien debe tomar la decisión última porque, sencillamente, es su propia vida la que está en juego. El carácter de una mujer –como el de un hombre- se demuestra precisamente en esa capacidad de autodeterminarse, de responder por su propia vida y no permitir que nadie tome por ella las decisiones más relevantes de su existencia.

Beverly, la hasta ahora hogareña esposa del Dr. Gerald Boyer, es una mujer de ese talante. Se queja con razón de que su vida social es bastante escasa… y apoyada ahora en los propios escritos de su esposo que abogan por la independencia femenina (pero sin incluir a su esposa), Beverly aprovecha el interés que ha demostrado en ella el señor Fraleigh, un anciano empresario que anda muy interesado en una buena campaña publicitaria para su jabón Happy.

¿Quién tiene el mando?, ¿Quién decide los cambios que pueden hacerse en casa?, ¿Quién aporta más dinero?… Temas como estos, comenzarán a debatirse y a poner en jaque una relación donde la esposa cree plenamente en el derecho de la mujer a realizarse más allá de las cuatro paredes de su hogar, siendo el marido de aquellos que, mucho tilín tilín pero pocos los helados.

El director canadiense, Norman Jewison, tiene aquí su primer éxito cinematográfico partiendo de una estupenda historia de Carl Reiner y Larry Gelbart, con la que logra una divertida e ingeniosa comedia, en la que no hay personaje de segunda ni (casi ninguna) escena desperdiciada. Desde esa soterrada y punzante crítica a la eterna pobreza televisiva, hasta ese alegato contra la sumisión al hogar por parte de la mujer (tan solo malogrado por ese final donde de seguro hubo intervención de los impotables conservadores de ciertas juntas), “SU PEQUEÑA AVENTURA” (¡Vaya un título en español!) asegura unas buenas carcajadas y está colmada de deliciosas sutilezas que, para quien no se despiste, resultarán reveladoras.

El reparto es de oro: Doris Day (quien se quedó con un rol destinado a la inefable Judy Holliday) demuestra que podía como ella hacer muy digno su papel. James Garner es estupendo como el ginecólogo que teme verse “destronado”. Edward Andrews resulta hilarante como el “madurito” empresario que, tras muchos años de lucha, por fin está a punto de ser padre. La legendaria Zasu Pitts es estupenda como la empleada Olivia… y hasta Kym Karath, la niñita precoz que luego se inmortalizaría en “Sonrisas y Lágrimas”, resulta aquí de una picardía inolvidable. Tuvo que haberse atravesado después algún in$eguro maridito castraideales, para que esta chica no hubiese trascendido con semejante brillo. ¡Ah! ¿Y adivinen dónde aparece Carl Reiner, quien tiene unos cameos la mar de interesantes?

En fin, lo cierto es que, Norman Jewison, se ha consolidado aquí como un eficaz realizador de comedias.

Título para Latinoamérica: “LA SAL DE LA VIDA”
Luis Guillermo Cardona
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10
19 de febrero de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
“¡Usemos la palabra, la pluma, la acción… Tenemos que darle al mundo justicia. Solo así podremos tener paz”.

¡Qué personaje era Émile Zola! El padre y el mejor representante del Naturalismo literario, escuela que abogaba por mantener una objetiva recreación de la realidad, de una manera tan documental que preservara por igual los aspectos gratos y dignos, como los más procaces y vulgares. De origen parisino, Émile Zola (1840-1902) un estudiante de bajo perfil que ni siquiera terminó satisfactoriamente su bachillerato, mantuvo una larga y estrecha amistad con el pintor Paul Cézanne, y empleado como dependiente en una librería, entabló positivas relaciones con escritores como los hermanos Edmond y Jules Goncourt, y con pintores como Édouard Manet y Camille Pissarro.

Al poco tiempo, decide lanzarse él mismo como escritor. Escribe en varios periódicos y pronto concebirá su largo proyecto de veinte novelas conocido como Les Rougon-Macquart. Títulos como “La Curée”, “Germinal”, “La bestia humana”, “El dinero”, “La debacle”… y por supuesto “Nana” entre muchos otros, convertirían a Emile Zola en uno de los mayores escritores franceses, miembro de la Legión de Honor y aspirante a La Academia Francesa, cargo que declinaría para dedicarse a ´El caso Dreyfus´ un acto de ignominia que llevaría al descubrimiento de la alta corrupción que anidaba al interior del tan alabado ejército francés.

Recreación de la vida del gran escritor Zola, y del memorable papel que éste desempeñara en la defensa del capitán Alfred Dreyfus, condenado por su propio ejército a la prisión de La isla del diablo, por injustos cargos de traición a la patria durante la guerra franco-prusiana (1870-1871), “LA VIDA DE EMILE ZOLA” es uno de los más potentes, esclarecedores y relevantes filmes, que alguna vez hayan sido galardonados con el premio Oscar.

El director William Dieterle, ha conseguido una historia brillante en todo su desarrollo, logrando mantener una altura argumental que no decae ni un solo instante, al tiempo que gana interés e intensidad con cada nueva escena, pues de manera muy calculada, borda primero a ese hombre –hasta que llega al renombre y a la respetabilidad nacional- que le dará la pelea al Estado… para luego adentrarlo en el sonado caso donde, con gran arrojo, arriesgará su pellejo y defenderá la verdad contra todas las consecuencias.

El filme es emocionante, pleno de vitalidad y de fuerza interior; matiza a su personaje para que podamos entenderlo como un ser humano con debilidades y fortalezas; y cuando asume la justicia y la verdad como las grandes fuerzas que preservarán la luz y la dignidad entre la especie humana, nos deja un gusto a lo que los hindúes llaman Mahatma (Alma Grande) que sigue corroborando a Émile Zola como uno de los grandes valores que nos ha dado la literatura universal. Hay que leer su carta abierta (del 13 de Enero de 1898) al presidente de Francia, titulada “J’accuse…!” (Yo acuso…!), para comprender la fortaleza de un hombre para quien la vida no vale nada sin la transparencia.

“LA VIDA DE EMILE ZOLA” es una obra maestra y Paul Muni, como Émile Zola, supo tener aquí una de las mejores interpretaciones de su vida. Mención necesaria para Joseph Schildkraut (como Alfred Dreyfus) y para Gale Sondergaard (su esposa Lucie Dreyfus).
Luis Guillermo Cardona
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8
28 de diciembre de 2013
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Karen Gay Silkwood era empleada de una planta nuclear ubicada en Oklahoma y propiedad de la compañía Kerr-McGee. Ante las inconveniencias que a diario se presentaban en su puesto laboral, Karen decidió afiliarse al Sindicato de Empleados Atómicos (A.W.U.) y ante ellos denunció la manera como, al interior de la planta, se adulteraban los rayos x que revelaban cualquier inconsistencia en las barras de combustible. Ante el grave peligro que esto representaba para la seguridad de los trabajadores y del país en general, el sindicato consigue que Karen se comprometa a conseguir pruebas contundentes que demuestren lo que está ocurriendo.

En su investigación, que le costaría la animadversión de muchos de sus compañeros de trabajo, Karen Silkwood descubre asiduas violaciones de las normas de seguridad, almacenaje improcedente de residuos contaminados, deficiente protección de la salud en los espacios laborales y exposición de los trabajadores a sustancias radiactivas, cuando comprobado está que, una pizca de plutonio del tamaño de un gramo de polen, basta para producir cáncer en un ratón.

Avanzada la investigación que despertaría la alerta sobre los peligros de la energía nuclear y sobre el negligente manejo de tales empresas, el 13 de noviembre de 1974, Karen Silkwood - quien tan solo tenía 28 años y dejaba tres hijos de una relación de la que se había separado-, es encontrada muerta dentro de su auto chocado, en un hecho que las autoridades concluyeron como un accidente por conducir dormida, pero que, tras las investigaciones posteriores, ha dejado fuertes sospechas de que pudo ocurrir otra cosa.

Este hecho causó revuelo en la sociedad norteamericana… y pronto se convirtió en un guión cinematográfico que escribieron Nora Ephron y Alice Arlen, y que fue dirigido por el ya famoso Mike Nichols ("¿Quién teme a Virginia Wolf?", "El graduado"...), logrando otro gran éxito comercial y aumentando la polémica frente a la irresponsabilidad de las plantas nucleares.

Meryl Streep, de notable parecido físico con la verdadera protagonista de aquel insuceso, logra una enérgica y convincente caracterización, forjando un personaje lleno de contradicciones, pero con un fuerte carácter que la impulsaría a defender la verdad y la justicia, en un espacio donde los hombres resultaban vendidos o por completo sumisos.

La historia da mucha importancia al reflejo de un ser humano que vio siempre distante y a cuenta gotas los momentos de felicidad, pero quien supo aprovechar la oportunidad que le dio la vida de ser alguien con altura y que, además, logró ser consecuente con la dignidad y con la búsqueda de la verdad, a lo que se deben de manera indefectible, los mejores entre los seres humanos.

¿Y por qué murió tan repentinamente Karen Silkwood? Si fue un asesinato, fue por un acto de torpeza de algún oscuro personaje que quiso, impertinentemente, tapar las nubes con las manos. Y si fue por decisión del fatum, es porque bien que sabe que hay personas que se tornan más representativas cuando son víctimas de una inesperada desaparición... porque así animarán a otros a proseguir su camino.
Luis Guillermo Cardona
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