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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2368 críticas
9
4 de abril de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un día cualquiera te levantas deseando tener un montón de cosas. Sueñas con lujos, abundancia de todo, comidas suculentas, bellas joyas, autos de lujo… y por qué no, vivir en una mansión. Para lograrlo, cuentas con un cuerpo hermoso y con una voz agradable para cantar. Y entonces, atraes a un hombre que puede brindarte cosas como las que tú deseas… y, como tanto has ansiado tenerlas, no haces preguntas, pero sabes que, quien te las proporciona, no actúa con dignidad, hace daño a mucha gente y tampoco a ti te trata como desearías que lo hiciera.

De pronto te das cuenta que estás pagando un alto precio… por nada, absolutamente por nada. Porque entonces comprendes que, las cosas valen muy poco, si una mujer no se siente valorada, respetada y tratada con cariño. Te das cuenta que, de poco sirven los lujos, si constantemente te ronda el miedo y la soledad. Te das cuenta que, a pesar de que ahora “lo tienes todo”, estarías dispuesta a dejarlo si encontraras a alguien que te amara de verdad.

Como tantas otras mujeres, esta es la experiencia por la que pasa Xiao Jingbao (Gong Li más fascinante que nunca), una chica que también alienta el sueño del amor, pero que cae en la trampa del éxito material y termina en manos de una pandilla de gánsteres quienes le brindarán lo único que aprendieron a dar.

La historia es vista desde la perspectiva de un chico llamado Shusheng Tang, quien ingresa a la pandilla como sirviente de la bella Xiao, inducido por un tío que espera sacarlo de la pobreza en la que hasta ahora ha vivido. Frecuentes y muy bien logradas tomas subjetivas, nos ponen en momentos cruciales, en el punto de vista del muchacho, y con él asistimos al mundo cruel e insatisfactorio de los fuera de la ley.

Zhang Yimou se luce con una impecable fotografía, una preciosa puesta en escena, y una cuidada banda sonora que incluye gratas canciones, entre las que sobresale, muy especialmente, la canción de cuna que interpretan a dúo Gong Li y la niña Yang Qianquan, quien consigue un emotivo rol como Ah Jiao, un ser que sensibilizará a la bella cantante y la hará sentir que la vida nos ofrece cosas maravillosas, pero que talvez para ella resultan ahora demasiado tardías.

Una vez más, Yimou asume a la mujer como centro del universo, y es profunda su nostalgia cuando recuerda, cómo se pierden tantos sueños y tantas esperanzas, por ceder a la ambición.

“LA JOYA DE SHANGHAI” es la clase de película que ninguna chica debería perderse.

Título para Latinoamérica: “LA REINA DE SHANGAI”
Luis Guillermo Cardona
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9
22 de marzo de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un guión lleno de sutilezas escrito a cuatro manos entre David Newman y, el luego calificado director, Robert Benton, en el cual la frase mordaz, sutil, manipuladora o hipócrita, tienen una alta resonancia. Una puesta en escena de contundente precisión para dar cuenta de las particulares, y a ratos difíciles, condiciones carcelarias del siglo XIX. Un conjunto de actores elegidos con la precisión de un viejo relojero, para que cada personaje tenga vida propia y represente a especímenes muy concretos de nuestra sociedad. Y una historia que, por más ambientada que pueda estar en 1883, en el Penal Federal de Yuma, no es otra cosa que la fidedigna recreación de la ambición, la corrupción y el egoísmo a ultranza que prevalecen siglo tras siglo y año tras año, con gran asiento en las instituciones oficiales. Todo esto, hace de “EL DÍA DE LOS TRAMPOSOS” un filme digno de los mayores reconocimientos.

Se trata aquí de un duelo de inteligencias (ejercicio previo para ese brillante derroche de lucidez que luego fuera “La Huella”) entre dos hombres que ven la vida desde dos polos opuestos: Paris Pitman desde la delincuencia: es atrapado luego de robar ¡quinientos mil dólares! a un soterrado voyeurista. Y Woodward Loperman, el nuevo alcaide de la prisión, quien llega con los mejores deseos de mejorar las condiciones de los presos. Ambos tienen liderazgo, un genio agudo, se respetan mutuamente y crean una suerte de alianza para que la prisión funcione con la mayor altura. Como detalle curioso y digno de reflexión, observamos que a Pitman le atraen las serpientes y Loperman cojea con su pierna derecha.

Entre ellos, un cúmulo de significativas situaciones se va presentando, y la historia adquiere un tinte de humor cáustico y de sorpresa en ciernes, que hace de esta obra una grata experiencia y una perfecta demostración del enorme talento que demostró siempre Joseph L. Mankiewicz.

Kirk Douglas y Henry Fonda recrean poderosamente a esos dos símbolos de la metamorfosis humana. Y el resto del reparto, en especial Meredith y Cronyn, imponen una vigorosa facilidad interpretativa que se conserva a la altura de aquellos dos grandes protagonistas.
¿Qué habría sido del Western, me pregunto ahora, sin actores como Cooper, Stewart, Peck… o Douglas y Fonda que irradiaban un magnetismo absolutamente envolvente?

Creo que, con “EL DÍA DE LOS TRAMPOSOS” el western que, por entonces (años 70), había iniciado ya su lento ocaso, tuvo otro grato respiro y una obra de merecida permanencia.

La diferencia esencial entre un político y un condenado es sólo cuestión de tiempo, y radica en que aquel todavía sigue afuera, mientras que éste ya se encuentra preso.

Título para Latinoamérica: “EL FINAL DE UN CANALLA”
Luis Guillermo Cardona
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10
19 de enero de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos en tiempos de la Ley Seca en los EEUU, pero los gángsters - sabedores de que la prohibición hace aún más atrayente lo prohibido - se las ingenian para mantener activos sus negocios de juego y de licor, aunque para lograrlo tengan que convertir parte de una sala de funerales en un camuflado cabaret donde sólo se vende café… café escocés, café canadiense, café irlandés. Allí, entre los músicos de la orquesta, encontramos a Joe y Jerry, un par de amigos que, acosados por las deudas, se han visto abocados a hacer lo que ahora hacen. Pero ellos tienen olfato, y en su afán de huir de lo que presienten que está por venirse encima, se vuelven testigos de un ajuste de cuentas y pronto tienen a la toda la mafia de Chicago tras sus talones.

Pero, parece que los chicos se merecen una oportunidad y ésta les llega con la ausencia de dos chicas en una orquesta de mujeres que acaba de ser contratada para tocar en Miami, Florida. Así, Joe y Jerry, se convierten en Josephine y Daphne, y pronto se verán rodeados de sensuales piernas, entre las que están incluidas las de la encantadora Sugar Kane, quien también huye como ellos, pero por razones diversas.

Comienza así una de las comedias más eternamente frescas, picarescas y encantadoras, que se hayan hecho en la historia del cine hollywoodense. El guión, mezcla de gansterismo, romance y comedia de enredos, luce y reluce por donde se le mire, pues está bien cargado de situaciones jocosas, de coquetería y de gags muy originales y logrados. Los personajes exhalan recursividad a montones y los reveses de la vida los resuelven con ingenio y con la presteza que cada situación reclama. Todo redunda así, en una comedia inteligente e inventiva que mantiene su gracia a todo lo largo de su metraje.

Y la escalada hasta la cumbre la agregan sus protagonistas: Tony Curtis y Jack Lemmon son los asustados y enamoradizos músicos quienes compiten por el amor de Marilyn Monroe, una sensualísima Sugar que se nos derrite en la boca. También Joe E. Brown resulta encantador como el magnate Osgood Fielding III, quien tiene muy claro que nadie es perfecto, y hasta George Raft, resulta intimidante y efectivo en un rol que siempre le viene al pelo como “Botines” Colombo, el hombre que tiene en la mira a nuestros dos caros amigos.

Billy Wilder da renovada prueba de que su vena artística está en pleno furor, y todavía tendría pulso para atinar luego en otras inmortales comedias como “El Apartamento”, “Bésame, Tonto” y “En Bandeja de Plata”, entre otras.

“CON FALDAS Y A LO LOCO” es una bella historia donde la amistad se muestra con todos sus entremeses y donde puedes volver a comprobar que, para conquistar el amor de una mujer, pesan más las sutilezas y los encantos personales, que todo el oro del mundo... aunque en principio esto sea lo que brille.

Título para Latinoamérica: “UNA EVA Y DOS ADANES”.
Luis Guillermo Cardona
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9
17 de diciembre de 2009
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de John Huston huele a locas aventuras, a detectives de noches oscuras… y a perdedores, cuya derrota les sirve para auto-descubrirse, convirtiéndose entonces en un triunfo del ser. Y en el primer terreno, uno de sus mayores éxitos es, para nosotros, “LA REINA DE ÁFRICA”, una travesía con guión de Huston y de James Agee en la que dos seres, ya creciditos y harto dispares, de pronto descubren que en realidad los une las cosas más esenciales. El destino se confabula para ponerlos en una barcaza con rumbo a una isla donde puedan huir de las atrocidades nazis que, para empezar, acaban de destruir la aldea donde Rose era misionera, e indirectamente, causaron la muerte de su hermano.

Charlie Allnutt surge entonces como el ángel salvador que sacará a Rosie de aquella trampa, donde él pudo disfrutar de sus atenciones gastronómicas, un día en que sus tripas le pitaban como un tren en marcha.

Lo que a mi me llega muy hondamente de esta película, es el magnífico cuadro que logra Huston de la relación de pareja. Que los opuestos se atraen, que aunque a una mujer la miramos primero por su belleza, es por su fuerza interior que realmente nos enamoramos. Que cuando dos seres, animados por una idea común crean sinergia, sus lazos hacen trenza y los vientos soplan fuerte hasta conseguir – como ahora - que se despierte el amor, y que el nuevo lazo sea entonces una viga casi irrompible…

Rose y Charlie… Ella, una beata cuyos amores eran Dios, su hermano y los nativos… estos dos últimos ya perdidos. Él, un solterón sin otro amor que su African Queen, una casi agotada barcaza, con la que aún reta a los ríos y los mares. Ella, astemia y ordenada. Él, bebedor de noches solitarias, y sucio por el duro trajinar de cada día. Ella, dispuesta a hacer algo grande en beneficio de su patria en guerra. Él, sin más afán que el de protegerse, pero dispuesto a secundarla cuando siente que ya su lazo se ha trenzado para siempre.

Actitudes del más dulce romanticismo, reacciones de regreso a épocas no quemadas, y demostraciones de una fortaleza que sólo puede inspirar el amor, se entremezclan, equilibradamente, en una encantadora aventura por la exótica África a bordo de aquella African Queen, testigo junto a nosotros, de uno de los más encantadores e inolvidables romances de la historia del cine.

Quien pueda prescindir sin objeciones de sus, poco elaborados efectos visuales y especiales - cosa que para Huston fue siempre secundaria – y prefiera, como nosotros, la interioridad y la construcción de personajes con un claro y profundo sentido de la vida, tendrá aquí una historia de gran pulcritud y de belleza palpitante. Y Bogart y Hepburn se le asentarán en el alma.

Título para Latinoamérica: “LA REINA AFRICANA”
Luis Guillermo Cardona
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10
13 de diciembre de 2009
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cada país tiene de tanto en tanto su crisis, y ésta es la consecuencia – entre otras cosas - de la manera como, durante largo tiempo, se ha venido manejando, individual y/o colectivamente, la banca, la industria y el comercio en general. La explotación, los abusos, los malos tratos, la mala administración, los productos de mala calidad, las trampillas por donde se presten… van horadando el equilibrio del universo y la crisis estalla como la necesaria sacudida que, de tanto en tanto, nos merecemos. Porque, por más que lo parezca, la impunidad no existe, y siempre el búmeran compensatorio ha de hacer su camino de retorno.

En época de crisis, los que nunca han sido honestos, siguen igual en su mayoría, porque no entienden el mensaje. Lo que les pasa – creen - se debe a otros o al simple azar, y por lo tanto, vuelven a armarse de todas las formas oscuras que bien conocen, para enriquecerse de nuevo y para preservar lo que, quizás, aún les queda. Y la gente del común es la que padece sus embates, sus infamias, sus atropellos.

Para aquellos su rol es el de causar sufrimiento. Para el pueblo manso es la ocasión de ejercitar su templanza, su fe, su resistencia… y a flote salen magníficos sentimientos que corroboran su grandeza humana.

La familia de Tom Joad es de este talante. Tras el crack de 1929, se han visto abocados por las presiones de los terratenientes, a dejar su tierra y a marcharse con rumbo a california donde guardan la esperanza de encontrar trabajo en la recolección de frutos. En un desvencijado camión, viajan los doce miembros de la familia. Se sienten desarraigados, pero mientras unos piensan que lo han perdido todo, otros alientan la esperanza de un futuro mejor. Se parecen a los ocupantes de La Balsa de la Medusa, el inmortal cuadro de T. Géricault, donde se refleja la crisis y la actitud que asumen los diferentes seres humanos ante ella.

Con una eficaz y realista puesta en escena que deja ver la profunda pobreza que afrontan tantísimas familias de aquella época; una fotografía que transluce a la perfección las emociones de cada instante en que se presenta el mal trato, la decepción, la ira, el inconformismo… y con un conjunto de actores que da la plena medida a cada personaje, John Ford ha conseguido otra obra que permanecerá en el historial del arte cinematográfico por excelencia.

La novela de ese gran escritor que fuera John Steinbeck, es – como este filme - un grito contra la injusticia y la explotación, y es una luz de esperanza que aspira a que, un día, consigamos entender que, TODOS los seres humanos, merecemos vivir con dignidad.

Henry Fonda tiene aquí una de las mejores actuaciones de su vida y Jane Darwell es una Mamá que serviría de ejemplo a todas las madres del mundo.

Este es el cine que sirve al pueblo… a ese pueblo que permanecerá por siempre.

Título para Latinoamérica: “VIÑAS DE IRA”.
Luis Guillermo Cardona
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