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Críticas de Boris la Araña
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29 críticas
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5
28 de agosto de 2020
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de esperar con muchas ganas este estreno, la verdad es que me he quedado igual y sé que mi análisis es muy básico, pero es que no me ha gustado nada.
Creo que un ritmo cinematográfico brutal, unas imágenes y un sonido espectaculares no son suficientes.
Qué Nolan es uno de los grandes creadores de la historia del cine está más que claro, al menos a mi parecer pero eso no es óbice para poder decir también que desde Origen no ha vuelto a hacer una gran película, incluyendo obras notables como Interestelar.
Y me explico: en comparación con otras películas de su filmografía el elenco está muy regulero, Branagh no brilla nada, excepto BATtinson los demás están muy hieráticos, como sobrepasados por el material que tienen en sus manos, la banda sonora en ocasiones en un tanto machacona, se nota que falta Zimmer y el argumento y aquí creo que está el mayor “error” de la cinta, es demasiado enrevesado. Nolan debe entender que no somos conocedores de física cuántica y al igual que en otras de sus películas quizás se sobre explicaba, en Tenet te pierdes sí o sí porque la trama en ocasiones se convierte en un jeroglífico, debido en parte por sus diálogos algo simples y a que la acción te apabulla desde el minuto uno, literalmente.
En mi humilde opinión es de las peores de sus últimas películas sin desmerecerla en absoluto porque es un ejercicio cinematográfico bestial digno de verse en pantalla grande, eso sí.
Como decía al principio, con sentirla no basta.
Boris la Araña
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10
22 de junio de 2020
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Mi pasión por el cine y ahora por las series tiene una secuencia vital clara, El retorno del jedi (1983), El templo maldito (1984) y El secreto de la pirámide (1986). 
Las tres pelis las vi en el cine y gracias a ellas comencé a ver el mundo de forma diferente. Es algo que agradeceré a mis padres eternamente.
Young Sherlock Holmes (Barry Levinson, 1985) como os decía es una de mis pelis preferidas y a pesar de tener que competir con películas inolvidables como Los goonies, también con texto de Columbus y producida por Spielberg, creo que es de las películas ochenteras mejor recordadas por los que pudimos vivir esa época.
Es verdad que fué un fiasco económico porque se invirtieron 18 kilos y solo recaudaron 3 y que sus protas no eran igual de carismáticos que Brolin, Fieldman o Astin, pero quizás El secreto de la pirámide es una de esas pelis fundamentales para entender lo que significó el cine en la década de los ochenta.
Con el foco puesto en la supuesta juventud de Sherlock Holmes y con un enorme respeto hacia la obra de Sir Artur Conan Doyle, El secreto de la pirámide nos traslada a un Londres victoriano donde podremos ser testigos de la "primera" aventura de un joven Sherlock Holmes y del que será a la postre, años más tarde, su fiel compañero Watson, ahora un estudiante amante de las natillas y proyecto de doctor.
Es verdad que Holmes y Watson no se conocerán hasta El estudio escarlata y que siendo fieles a la imagen que el verdadero autor les confiere en sus libros estos Holmes y Watson son muy diferentes pero lo genial de esta película es que el perfil del detective y su compañero que dibujan Levinson cinematográficamente y Columbus a los textos es completamente plausible y encajaría de forma perfecta en lo que sí será la personalidad solitaria y huraña del Holmes de Doyle. Watson sería otro cantar porque el dr. Watson de Doyle es un soldado, un hombre de acción y aquí nos lo presentan con un tono bonachón y un poco atontado.
Con todo, el homenaje es perfecto y respira respeto por los cuatro costados, tiene un diseño de producción impecable y unos efectos visuales y especiales que con más de treinta años han envejecido muy bien. Además supongo que ya sabéis que tenemos la 1ª animación de Pixar que junto con Lights & Magic consiguieron que saltásemos de la butaca al ver a ese caballero templario romper la vidriera para atacar al cura. Momentazo!
El secreto de la pirámide sabe aunar una trama oscura de desapariciones misteriosas, suicidios aún más misteriosos y cultos donde se sacrifican vírgenes con otra trama más de corte juvenil donde podemos conocer la supuesta juventud del joven detective.
El correcto pulso que mantiene Levinson en la cinta se decanta más por la parte dramática al final de ella con lo que la historia cobra vértigo, emoción. Y no olvidemos esa larga escena final imbricada en los títulos de crédito que nos hizo permanecer por primera vez en las butacas hasta el final de la película para descubrir la última pincelada del film.
Guiada magistralmente por la música de Bruce Broughton, ganador de numerosos Emmy y nominado al Oscar por la magnífica Silverado, se resuelve el misterio y de esta forma se comienza a forjar uno de los grandes personajes literarios de la historia, SHERLOCK HOLMES.

Boris la Araña
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10
9 de junio de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Documentándome un poco sobre esta película para poder hacer un análisis un poco decente, he podido leer algunas críticas no muy favorables hacia la misma y no consigo entenderlo. El pianista de Roman Polanski es una obra de arte en su conjunto y leer cosas como: “Carece de esos particulares momentos personales que introducen al público en una historia y les permite identificarse con una personaje.” (Kirk Honeycutt: The Hollywood Reporter) me sorprende mucho porque justamente es lo contrario. Desde que Brody aparece en pantalla ya no puedes hacer otra cosa que calzarte sus zapatos y temblar.
Basada fielmente en el libro de Wladyslaw Szpilman, Memorias de un pianista en el gueto de Varsovia y mezclada con pinceladas de la infancia propia del director en el gueto de Cracovia, El pianista es la segunda película que Roman Polanski filmó en su Polonia natal tras “Knife in the water (1962) y quizás y esto no lo digo yo sino que el propio Polanski lo dice en sus entrevistas, la obra más importante de toda su filmografía.

A mí es que me parece una película perfecta, atemporal y que tiene un valor y rigor histórico importantísimo pues nos pone frente al espejo y nos demuestra que el ser humano no es tan racional como nos dicen. Resuenan como nunca esas palabras del filósofo Hobbes, homine homini lupus adecuadas eso sí a otro paradigma político.

Además, la película tuvo una amplia aceptación por la crítica, en especial la actuación de Brody, que llegó a perder casi 15 kilos con una dieta salvaje a base de huevos cocidos, verduras hervidas, pollo y té verde y que en sus propias palabras le supuso un cambio total en su vida: “(…)hay un sentimiento de soledad que llega cuando mueres de hambre y no lo había experimentado. No hubiera podido interpretar ese papel sin saberlo. Había experimentado la pérdida, la tristeza en mi vida, pero no conocía la desesperación que llega con el hambre“.
Recibió en el 2002 la Palma de oro en el Cannes. Fue ganadora con tres Oscars: al mejor director, al mejor actor principal y al mejor guion adaptado, de un total de 7 candidaturas; siete premios Cèsar y dos Bafta: a la mejor película y a la mejor dirección.

Crítica y publico se daban la mano y se rendían a los pies del creado polaco…

El Pianista, nos lleva al gueto de Varsovia (fue el mayor gueto judío establecido en Europa por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial), implantado en el centro de la capital entre octubre y noviembre de 1940 y donde fueron confinados sobre todo los judíos de Varsovia, así como también de otras regiones de Polonia bajo control alemán.

El guetto de Varsovia tenía una población estimada de 400.000 personas que se encontraban hacinadas en una superficie equivalente al 2,4 % de la misma ciudad. Durante los tres años de su existencia, el hambre, las enfermedades y las deportaciones a campos de concentración y de exterminio redujeron su población a 50.000 “habitantes” y es por todo esto por lo que esta peli es necesaria, más allá del valor artístico existe un valor histórico y documental. Para que nunca olvidemos.

La mirada que plantea Polanski aquí está libre de injerencias morales, sociales o incluso políticas, la historia es la que vemos, triste y oscura pero es sin ninguna duda una historia de esperanza.

Esta película esta llena de momentos imborrables que te dejan cabizbajo, pensativo, indignado. Me quedaría para mi propio imaginario la interpretación de la Balada nº1 en sol menor de Chopin que toca Szpilman ante Wilm Hosenfeld “justo entre las naciones”, en la que ves como débilmente el pianista comienza a tocar y poco a poco su tímida balada se convierte en una tormenta de rabia, dolor…esperanza. Esas manos frente al piano cobran vida.

Otro detalle que redondea aún más esta película es su fotografía, Edelman decidió ir progresivamente retirando la viveza de los colores hasta que estuviesen opacos para simbolizar la degradación y destrucción tanto de Szpilman como de la ciudad y en mi opinión es un trabajo impresionante pues no sólo a través del demacrado cuerpo de Brody podemos observar el cambio evidente del actor sino que es la propia fotografía y en muchos momentos la música de Chopin, la que te lleva de la mano en el viaje a ninguna parte de nuestro protagonista.

El Pianista de Roman Polanski es una oda a la esperanza aunque pueda parecer lo contrario, es un recordatorio de lo que el ser humano es capaz de hacerle a otro ser humano y nos intenta mostrar que entre tanta podredumbre, tanto barro humano también existe la bondad.
Boris la Araña
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5
8 de junio de 2020
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estoy leyendo las “críticas profesionales” y estoy consternado. Me fío más de las críticas de la comunidad que de las profesionales, sin desmerecer a estas.
Ya me pasó con la multipremiada Parásitos y me vuelve a pasar con esta. Seré yo???
No consigo digerir el cine coreano, con el cine hecho en China no me pasa por si alguien lo pregunta, y a pesar de hacer muy buen cine en esa latitud, hay siempre algo que me saca constantemente de la trama y sin ser algo grave, me deja con mal regusto durante y sobretodo al final de la pelicula en cuestión.
Busanhaeng, que es así como se llama esta película en su lengua original, es una propuesta nueva y da aire fresco a un género que ya huele a muerto (chiste de cosecha propia, por eso es tan malo), está fenomenalmente rodada, con sus cosillas y es capaz de mantenerte más o menos en tensión todo su largo metraje pero aún así no consigo tomarme en serio las cosas que acontecen, ni en los momentos más dramáticos consigo empatizar y creo que es por el estereotipo de personajes que siempre salen en las pelis coreanas: la niña_vieja, la anciana sabia con permanente, el fortachón de gran corazón, el mendigo que es el que más sabe de todos pero le tienen excluido y al final salva a uno o varios protagonistas, la pareja jovencita y el guapetón prota que hace todo a trancas y barrancas.
Hay fervientes defensores del cine surcoreano, yo no.
Boris la Araña
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8
8 de junio de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Theodor W. Adorno retomando las propuestas de Freud en El malestar en la cultura (“la educación que pretenda impedir la repetición de aquellos hechos monstruosos ha de concentrarse en esa etapa de la vida”) hablaba de la importancia de la educación en la primera etapa de crecimiento de los niños, la primera infancia, pues era en este momento vital donde la bondad del individuo se debía guardar fuertemente. Además de Adorno otros intelectuales de la 2ª mitad del siglo XX, como Arendt o Horkheimer, reflexionaron acerca de esta cuestión y de cómo la férrea educación prusiana, basada en la disciplina, el castigo y la culpa pudo ser causante del apocalipsis nazi.

No sé si era la intención del bueno y subversivo Haneke en su obra La cinta blanca hacer un esbozo de todo esto, de las monstruosas consecuencias de una educación severa e inflexible, como la que recibió la generación de adolescentes que vivió los albores de la Gran Guerra, pero en mi parecer creo que este asunto es el que sobrevuela a lo largo de todo el film, la conducta de los habitantes del pequeño pueblo alemán donde transcurre la acción de La cinta blanca representan estos principios teóricos: la hipocresía, la doble moralidad y egoísmo de los adultos es mimetizado por los jóvenes en sus propias conductas futuras.

¿Es pretencioso querer asociar la férrea educación prusiana, sufrida por el propio Hitler en sus carnes, con el futuro germen del nazismo al privar de empatía a las generaciones anteriores a la gran guerra y futuro horror nazi? Pues puede ser, pero Haneke solo sugiere, esboza, y el espectador ha de interpretar.

Lo que sí está claro es que el cine del maestro austríaco es un cine difícil de catalogar y de digerir, hecho de forma voluntaria siempre consigue implicar al espectador y marearlo de manera que cuando acabas de ver su peli te quedas con cara de que te han tomado el pelo, pero conforme va pasando el tiempo y reflexionas acerca de ella te das cuenta que hay mucha, pero que mucha más tela que cortar. Y es esto lo que me fascina de esta película.

En el libro ‘Haneke por Haneke’ nuestro protagonista decía: “En mis películas hablo de cosas desagradables sin ofrecer respuestas a las preguntas que planteo. Los que me tachan de moralista suelen ser aquellos que no quieren enfrentarse a este tipo de preguntas”.

La cinta blanca no es una peli fácil de ver, eso es verdad, es un metraje largo y lento que explora los dilemas filosóficos donde aún se debaten las viejas tensiones entre el anhelo de fé y el escepticismo racional, deteniendo el tiempo en cada fotógrafa, ignorando alardes o filigranas e imprimiendo lirismo en su concepción de la luz, el tiempo y el espacio. De manera teatral, nos implica pero nos deja libres.

Haneke detiene el tiempo, congela la imagen y recurre al fuera de campo de manera muy inteligente en algunas secuencias esenciales, consiguiendo dejarte a un lado, expectante, un poco atribulado y además lo hace en momentos de suma violencia que no nos muestra, por lo que consigue crear en el espectador angustia e incluso terror. Es acojonante este recurso y en mi opinión demuestra que estamos ante un auténtico cineasta con su sello personal indudable y reconocible.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Boris la Araña
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