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España España · Madrid
Críticas de Feisal
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52 críticas
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7
6 de febrero de 2008
43 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
1992 marcó el comienzo de la nueva moda por adaptar a la gran pantalla los grandes mitos del terror. En ese año, Francis Ford Coppola estrenó con gran éxito de crítica y público "Drácula de Bram Stoker", y dos años más tarde le tocaría el turno a Frankenstein. En esta ocasión, Coppola se limitó al papel de productor, y cedió la dirección a Kenneth Branagh, quien había alcanzado fama por adaptar a la gran pantalla, y de forma brillante, dos obras de Shakespeare: "Enrique V" y "Mucho ruido y pocas nueces". En esta ocasión, Branagh contaría con un enorme presupuesto para recrear el mundo decimonónico y romántico que Mary Shelley había plasmado en su novela. Y el hecho fue que, a pesar de contar con un gran reparto y todo lujo de medios, la película resultó ser un fracaso de público y crítica. Los críticos, particularmente, se cebaron con Branagh, y le tacharon de pretencioso, teatral, pesado, vacío, etc, etc. Una vez vista varias veces la película he de decir que (como en muchas otras ocasiones), la película no es una obra maestra, pero tampoco es la basura asquerosa e inútil que casi todos predican. Se trata, en mi opinión, de una adaptación más bien "shakesperiana" y teatral combinada con todo tipo de movimientos de cámara (travellings, planos secuencia a mansalva, planos cenitales, etc), que, aun pasándose de rosca un par de veces, resulta eficaz a la hora de mostrar el atormentado y enfermizo espíritu de Victor Frankenstein, así como el espíritu romántico y desaforadamente terrorífico de la novela. Secuencias como el prólogo en el Ártico, la conversación entre Frankenstein y la criatura en la caverna de hielo, o la secuencia entera de la criatura en el bosque son verdaderamente notables, y hacen descansar la vista después de tanto movimiento circular de cámara. Y en el apartado actoral, pleno. Branagh se pasa de teatral e histriónico a veces, pero en general realiza una buena actuación, pero Robert de Niro sencillamente está perfecto dentro de su disfraz de carne cosida, ofreciendo tropecientos registros y mostrando con su mirada todo el desvalimiento y el sufrimiento de la criatura artificial. Aidan Quinn e Ian Holm están magistrales, pero, para mí, la sorpresa la representa un John Cleese sensacional en su papel contenido e hierático del siniestro profesor Waldman, que a veces da más miedo que la propia criatura. Helena Bonham Carter y Tom "Amadeus" Hulce también cumplen (especialmente este último), pero la actual mujer de Tim Burton da la sensación de ir de menos a más durante el filme.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Feisal
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9
21 de febrero de 2008
29 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya se sabe que el cine cambia y cambia, atraviesa épocas y décadas, y que siempre se repite hasta la saciedad aquello de que "ya no se hacen películas como éstas o aquellas". Pero es que en este caso, así es. Ya llevamos más de una década sufriendo la esclavitud de los efectos especiales en el cine de aventuras (aunque de vez en cuando surjan excepciones que intentan que no perdamos la esperanza), y la gravísima escasez de buenos e inteligentes guiones para este tipo de películas. En resumen, que sí, que ya no se hacen películas como "Los vikingos". Películas con inmensos actores en grandes papeles sostenidos por estupendos guiones que narraban aventuras inolvidables. Sin ir más lejos, "Beowulf", ambientada en una época similar, no tiene ni un 20% del encanto y de la fuerza que ésta posee, aun deslumbrándonos con unos sofisticados efectos visuales (y ojo, la cinta de Robert Zemeckis me entretuvo y me pareció más que correcta) que no poseen las escenas de Kirk Douglas escalando la pared de un castillo.
La historia del vikingo Einar (Douglas), bravucón, valiente, volcánico y arrogante como sólo Kirk Douglas sabía serlo; de Eric (Tony Curtis), el esclavo despechado y sufridor, y del rey Ragnar (Ernest Borgnine) forma parte de la historia del mejor cine de aventuras. Richard Fleischer, un excelente director al que Hollywood nunca tuvo demasiado en cuenta, puso todo su buen criterio y su inteligencia a la hora de llevar a la pantalla la novela de Edison Marshall. No sólo cuidó el guión (a cargo de Calder Willingham y Dale Wasserman), sino que exigió una ambientación completamente fiel al momento en que se desarrolla la historia, es decir, entre los siglos VIII y IX. Ni qué decir tiene que se cumplió a la perfección.
La película huele a aventura de las grandes por los cuatro costados. Ese Douglas comiéndose la pantalla. Ese Curtis prometiendo venganza en cada mirada suya. Ese Borgnine, puro derroche de vitalidad y fiereza. Incluso los secundarios Janet Leigh y James Donald están soberbios. El triángulo amoroso Douglas-Curtis-Leigh está enmarcado en el mejor de los paisajes, en el de los fiordos y montañas noruegas, bellísimamente fotografiados por Jack Cardiff. Y qué decir de la imborrable música de Mario Nascimbene, que se te queda grabada a fuego en el cerebro una vez que has terminado la película. Preciosa.
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Feisal
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2
29 de agosto de 2006
27 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Secuela de la película de 1998 "La máscara del Zorro", una estupenda revisitación del viejo cine de capa y espada. Tras esperar nada menos que 7 años, por fin se pudo hacer la secuela, sin la presencia de Anthony Hopkins. Siendo el Zorro uno de mis personajes favoritos, tengo que decir que la película me decepcionó enormemente. Se nota que todos la han hecho a desgana, a remolque, sin involucrarse demasiado. Banderas, la Zeta Jones y Sewell cumplen, pero lo peor de todo es el estúpido y lamentable guión, con chistes cada dos minutos, situaciones increíbles, cierto tufo a culebrón venezolano entre Banderas y la Zeta Jones, y secuencias de acción repetidas hasta la saciedad. El sumún es la historia, que nos plantea al pueblo californiano deseoso y feliz de poder entrar en la incipiente nación americana, que les va a procurar a los pobres campesinos y aldeanos una libertad sin límites. Que el Zorro se mate por recuperar la caja con los votos del referendum (con clara mayoría del sí) que han robado los malos, es vergonzoso (¿cuándo el personaje del Zorro-Diego o Alejandro de la Vega se ha metido en política alguna vez?). Que la película contenga imágenes de miles de herreros, campesinos, curas, terratenientes, y ricos, unidos todos agitando banderitas americanas, y vitoreando de alegría, es para echar la pota.

Aquí no hay sana aventura, no hay calidez, no hay todo lo bueno de la peli de 1998. Sólo hay una malvada organización secreta francesa, Hermanos de Aragón (siempre he sabido que los zaragozanos son gabachos disfrazados), que pretende fragmentar la unidad de la patria americana gracias a la nitroglicerina. Sólo hay un niño CAR-GAN-TE hasta la depresión, que hace que desees que se caiga por un barranco a cada aparición suya. En definitiva, pobre espectáculo, indignante patrioterismo barato, y lo peor que podía suceder (y ha sucedido) es convertir al legendario Zorro en héroe de las barras y estrellas. Agggggg.
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Feisal
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10
15 de diciembre de 2009
27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno nunca sabe qué película es la que le va a marcar, de la misma forma que nunca se sabe qué libro, qué melodía o qué persona perdurará en nuestra memoria para siempre. Yo nunca imaginaría que la película sobre el famoso Thomas Edward Lawrence, más conocido por Lawrence de Arabia, el coronel inglés del Departamento Árabe que, en plena Primera Guerra Mundial, contactó con los árabes y sus líderes, convenciéndolos de aunar fuerzas para combatir a los turcos, aliados de los alemanes (y sí, a mayor gloria del Imperio Británico); me marcaría de la forma que lo hizo, hasta el punto de considerar que, ya para el resto de mi vida, este filme estaría en un lugar especial, más allá del bien y del mal.

Porque esta película sobrepasa cualquier consideración que se le haga únicamente como "película de aventuras". No, es un error que siempre ha estado ahí. ¿"2001" es solo una "película de ciencia-ficción"?. ¿"El Padrino II" es solo una película de gángsters?. "Lawrence" no es, ni mucho menos, una más de tantas películas de aventuras. "Lawrence de Arabia" es el más brillante ejercicio de análisis del alma de un hombre, cristalizado en el paisaje y el ambiente que le rodea, que yo haya experimentado jamás. Quizá el verdadero T.E. Lawrence no fuera exactamente así. O no. Sospecho que las ardientes arenas del desierto deben de provocar algo más que fascinación cuando no has crecido entre ellas y te empeñas en amarlas y fundirte con ellas. En convertirte en beduino, como intentó Lawrence-O'Toole. David Lean nos advierte del precio que ello conlleva, entre otras muchas cosas. El director se atreve, como nunca antes se había hecho, a dotar de relecturas psicológicas y reflexiones acerca de las transformaciones de personas corrientes en héroes y mitos; y todo ello desde el marco de la más ambiciosa y colosal producción hollywoodiense. Y, amigos, eso es lo más impresionante de Lean, algo que ya nunca volvió a conseguir después ("Doctor Zhivago", obra maestra también, fue masacrada por la crítica de la época, más pendiente por aquel entonces de Godard y sus muchachos).

Algunos habéis mencionado, con razón, cierta debilidad (interesada o no) en la parte política del asunto, así como del retrato que de los árabes hace el filme. No os negaré parte de razón. Pero los derroteros, las intenciones del tándem Bolt-Lean no son las de hacer un retrato político de la Arabia de principios de siglo XX. Si me apuráis, solamente hay dos protagonistas en la película: Lawrence y el desierto. Es lo que a Lean le interesa, cómo el desierto es fiel reflejo, durante las 3 horas y media inolvidables que dura la película, del alma del protagonista: luminosa y romántica al principio del viaje, sucia y casi grotesca hacia el final. La interpretación de Peter O'Toole hace más fácil esta comprensión, el viaje del protagonista desde lo más alto a lo más bajo del espíritu humano.


(Sigo en en el spoiler)
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Feisal
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7
2 de febrero de 2012
29 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Resulta curioso el evidente ninguneo que ha sufrido "Oro negro" en su paso por las salas españolas. Vaya eso por delante de todo lo demás, porque lo que apuntaba como un estreno comercial, una cinta de aventuras con cierto sabor añejo, con director conocido y estrella conocida (y local), ha tenido un paso discreto. Eufemismos aparte, lo cierto es que no ha interesado a casi nadie (ha durado dos semanas, terminando arrinconada en una o dos salas diminutas), quién sabe, tal vez porque no atrae en estos tiempos ver una película de jeques y sultanes y arenas del desierto si no es con humor barato, protagonista enseñando bíceps o 250 millones de presupuesto (sí, estoy pensando en "Prince of Persia"), y aquí no lo hay. Cosas que pasan en la ancha Castilla.

Terminado este prólogo aclaratorio, tengo que reseñar dos sensaciones: lo enorme que hubiera podido ser esta película con otro guión, y la admiración que me producen cineastas como Jean-Jacques Annaud. La película, en su conjunto, es un buen ejemplo de aventuras con trasfondo político, cine que aúna entretenimiento y cierta reflexión. O sea, cine que escasea mucho hoy en día. Annaud no pretende llegar a cotas de otras cintas ambientadas en el desierto, caso de la mismísima "Lawrence de Arabia" (a quien pertenece la frase que da título a la crítica), o "El viento y el león", película, por cierto, con la que comparte muchos puntos en común. Pero sí que intenta, a partir de esquemas melodramáticos, llegar a una reflexión sobre el propio pueblo árabe y musulmán, y sus relaciones con Occidente, más allá de su península.

Annaud se sirve de la historia de dos hijos de un sultán que pasan a ser tutelados por su enemigo para poder mantener una tregua respecto a cierta parte del desierto, situada entre los territorios de ambos reyezuelos. A través de la historia, trufada de momentos románticos, protagonizados por la bellísima Freida Pinto, dramáticos y levemente humorísticos, el director hace fluir el metraje con presteza hasta el momento en que hace su aparición el oro negro en plena tierra de nadie. Y los mejores momentos de la película empiezan a partir de ahí.

Lo peor de la película, lamentablemente, es su propio guión. Menno Meyjes no puede o no sabe desarrollar bien una historia, más allá de la corrección, con tantas posibilidades. El comienzo y la primera parte de la película se desarrolla a trompicones, demasiado deprisa, como si hubiera necesidad de llegar a la madurez de los protagonistas. Con todo, los personajes están suficientemente bien dibujados, personificando cada uno formas distintas de ver a Arabia y el papel que puede jugar en el mundo, desde un turbio y muy en su papel Antonio Banderas, abierto sin complejos de ningún tipo al capitalismo y al dinero; y el siempre magnífico Mark Strong, caracterizado fabulosamente, dando vida a la parte más arraigada al pasado, más anclada en sus tradiciones y en su religión y en cerrarse a toda influencia exterior. (Sigo en SPOILERS)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Feisal
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