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Argentina Argentina · santa fe
Críticas de rouse cairos
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292 críticas
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7
21 de octubre de 2013
104 de 118 usuarios han encontrado esta crítica útil
La real odisea del capitán del carguero Maersk Alabama, quien decidió entregarse como rehén a piratas somalíes, tan inexpertos como peligrosos, a cambio de salvar a su tripulación, toma forma cinematográfica en un momento de creciente piratería en el Cuerno de África. El film recrea el episodio que en 2009 encendió el alerta mundial de que luego de 200 años, el peligro de los saqueos de piratas había retornado. Al basarse en hechos reales, la película dirigida por Paul Greengrass (responsable de la trilogía Bourne), toma el formato de un docudrama con un contenido hiperrealista y alta tensión dramática.
Con excepción de las primeras escenas, la mayor parte de la película está filmada en el mar, lo que representó un desafío técnico para los actores y la producción, tanto por lo reducido del espacio y el contrapeso de la estabilidad, como por los mareos producto del constante movimiento del mar.
Los primeros cuarenta minutos construyen un clima de temor ante la irrupción de un peligro inminente pero no previsto. Para enfrentarlo, el barco no cuenta más que con mangueras de relativa potencia para desalentar el abordaje de eventuales asaltantes. Tampoco existen armas ni entrenamiento especial más alla de las rutinas marineras y la práctica comercial. Ese contraste entre un puñado de piratas descalzos pero con arsenal de guerra frente a una tripulación que no sale de su asombro, crea una extraña sensación ante la desigualdad de situaciones, que tampoco es constante sino variable. Cada pequeño paso de los piratas somalíes para subir al barco, incrementa la tensión dentro y fuera de la pantalla, en una narración que en sus clímax apela a la cámara en mano y violentos planos contrapicados.

La perspectiva de Greengrass consiste en no centrarse exclusivamente en los procedimientos del rescate, sino en priorizar el retrato de los personajes y las situaciones de manera creíble por sobre el uso de efectos especiales y el impacto visual.
Al comienzo de la historia, se muestra la brecha que pone la situación en marcha: la casa del capitán Phillips (Tom Hanks), sin lujos pero confortable, en un barrio suburbano que contrasta rotundamente con la costa africana, donde sobreviven los improvisados piratas en precarios campamentos. Estos son pescadores desocupados, reclutados por caudillos mercenarios que los arman y mandan al abordaje de barcos para conseguir botines de los que se quedan con la mayor parte.
La película evita la estigmatización de los malos y los finales idealizados; si bien no justifica a los piratas, permite entender la tragedia que los lleva a obrar así, descorriendo la cortina de un conflicto más amplio, entre quienes son parte del mundo globalizado y los excluidos del mismo.

La fortaleza del cine de Greengrass reside en las actuaciones potentes y la pericia en los planos que confiere contundente potencia a las imágenes. No hay muchas palabras: la secuencia inicial donde se presenta al capitan en su hogar, preparando su próxima mision, es prácticamente silenciosa. Recién en el auto, camino a embarcarse en su próxima misión, hablan con su mujer acerca de la rutina riesgosa del oficio y de un mundo que se muestra cada vez mas dificil y peligroso, manifestando su preocupación sobre el futuro que les va a tocar a sus hijos.
Si bien todo el elenco es impecable, el peso del relato recae en Hanks y en sus contrincantes: los cuatro actores debutantes que interpretan a los piratas ofrecen caracterizaciones temibles, profundamente humanas y bien diferenciadas.
Tom Hanks siempre se ha caracterizado por dotar a sus personajes de una gran humanidad y de representar mejor que nadie al americano medio, por lo que resulta un acierto su elección en el casting, pero lo sorprendente es el aporte de los actores desconocidos que representan a esos piratas violentos y desesperados, famélicos y furiosos. Particularmente es soberbio el trabajo de Barkhad Abdi (Muse, el líder) teniendo en cuenta que es su primer papel en el cine. Se agiganta en sus enfrentamientos con Hanks, un duelo de titanes al que sostiene con sus ojos desconfiados, su gestualidad y la naturalidad de sus desplazamientos.
En un momento de guiones mediocres provenientes de la siempre poderosa factoría americana, “Capitán Phillips” sobresale por hacer una inquietante historia de su tiempo, alertando acerca de una de las variantes de piratas que habitan el presente y dando pie a la reflexión de por qué éstos han renacido y se encuentran al acecho.
rouse cairos
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8
18 de agosto de 2009
113 de 140 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entrar en el rigor que demanda el cine y la literatura negra, parece servirle al experimentado narrador de historias cotidianas Juan José Campanella, para controlar sus habituales desbordes sentimentales y minimizarlos a certeros chispazos de humor que alternan momentos de intenso dramatismo con risas como válvula de escape.
Su última película entrecruza el relato policial con una historia romántica, donde Darín interpreta a un funcionario judicial (Benjamin Espósito), quien a punto de jubilarse se empeña en escribir una novela sobre un caso criminal ocurrido en su jurisdicción laboral, veinticinco años atrás: el asesinato impune de una joven inocente. Con enorme solidez narrativa, la historia va y vuelve a través de un cuarto de siglo: la novela que pretende escribir el protagonista conduce a la turbulenta Argentina de mediados de los setenta, con su carga de violencia fuera de control.
Eludiendo los lugares comunes sobre el tema y los encasillamientos ideológicos, la trama entrelaza los dilemas éticos en torno de la justicia y el castigo, al amor y el desgaste del tiempo.
La mirada al pasado trae al presente no sólo la violencia de un crimen injusto y la incoherencia de que su perpetrador no fuera castigado, sino también una profunda historia de amor entre el personaje central y su compañera de trabajo en el juzgado (Soledad Villamil), a quien éste ha amado idealizadamente y en silencio durante años. Pero no se habla solamente de ese amor nunca consumado sino también del amor interrumpido entre el viudo Morales (Pablo Rago) y la joven victima (Carla Vazquez) y su persistencia en el tiempo, luchando contra el olvido.
Sustentado en un guión excelente, una destacada fotografía, montaje y dirección de arte, "El secreto..." conforma una de las mejores películas del cine argentino del último tiempo aunando solidez artística y complacencia de público.
Uno de sus puntos más fuertes son las notables actuaciones en roles inolvidables. Con respecto a los desenlaces, Campanela tiene la necesidad de que sus películas
conduzcan hacia un final feliz. Así el protagonista Benjamin Exposito recorre un
itinerario que van literalmente del temor al amor (del "Temo" al "Te Amo"). Porque
debajo de tanta negrura, el tema sigue siendo ese eterno sentimiento. Y su concreción, el gran desafio pendiente en el poco tiempo que aún queda.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
rouse cairos
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7
31 de julio de 2007
89 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
"XXY" no es precisamente una película que se dedica a explotar desde el lado morboso o sensacionalista el tema de la intersexualidad. El hermafroditismo de la joven protagonista que compone Inés Efron es el disparador para reflexionar sobre algo que está detrás y es más profundo: la libertad de elección.
"XXY" no es recomendable para los que esperen un melodrama como "El hijo de la novia" o que vayan al cine simplemente por el carisma de Darín, tampoco para los que demanden un desenlace cerrado, ya que el filme subraya interrogantes y desnuda prejuicios a flor de piel, provocando sentimientos cruzados.

Básicamente "XXY" es un relato sobre la iniciación adolescente, el descubrimiento del cuerpo, la exploración caótica de la sexualidad y fundamentalmente, la búsqueda de la propia identidad.

La película tiene el mérito de una puesta en escena austera y pudorosa, que esquiva la sensiblería y aunque la historia deja a sus protagonistas principales en el inicio de un camino (antes clausurado y ahora abierto), subsiste la incertidumbre de muchos cabos sueltos.

Más allá del desenlace abierto que propone, "XXY" deja siempre una sensación de noble sutileza y logra imponer la credibilidad necesaria en el relato, apoyándose en una meritoria fotografía y una banda sonora adecuada.

Con pocas palabras y medidos gestos, las actuaciones de los jóvenes sobresalen. Ricardo Darín impone su oficio y el resto de los actores queda en roles más desdibujados pero correctos.
rouse cairos
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8
29 de marzo de 2011
86 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil
Contrariamente al previsible argumento delirante que mal podrían anticipar los prejuicios ante los anuncios que promocionan esta película, desde su mismo título y las imágenes de una vaca caída del cielo, pocos guiones cierran con tanta lógica, cuidado y prolijidad como en esta película atípica y divertida pero tan racional como un mecanismo de relojería. La trama se origina y se encadena a partir de hechos extraños pero posibles, abre y cierra con una perfecta estructura circular, donde el disparador es siempre la casualidad. La presencia del azar es la constante que acerca a los personajes aparentemente opuestos pero en el fondo solitarios sentimentales y de inclinación justiciera.
Lo imprevisible y fuera de cálculo es lo que une en Buenos Aires a un joven chino recién arribado y asaltado, con un solitario porteño cuarentón que permite lucirse a Darín en la recreación de otro personaje entrañable y contradictorio, Roberto, un ferretero cascarrabias atrincherado en su mundo que no pasa el límite de su barrio y su pequeño negocio. Huraño, malhumorado y obsesivo, este antihéroe se la pasa chocando contra lo que altera su mundito ordenado y seguro.
Este hombre de costumbres rigurosas y solitarios hobbies como: desmigajar el pan, contemplar aviones y recortar noticias extravagantes de los periodicos, ve convulsionada su existencia con la presencia de un desconocido al que no le entiende una sola palabra pero que le genera una mezcla de compasión y culpa. Y aunque su solidaridad no es incondicional, juntos irán generando un vínculo muy especial, al tiempo que atravesarán una serie tragicómica de vericuetos burocráticos y equívocos idiomáticos.

Hay rasgos costumbristas en la forma elegida para contar la historia, guiños a la argentinidad, a la historia reciente y a la corrupción presente. Pero a la vez hay un formato de fábula que es la marca del relato, que se replica en la música y en las escenas fantaseadas por Roberto cuando se imagina como protagonista de las mismas noticias absurdas y reales que recorta (y colecciona) de los diarios.
A “Un Cuento Chino” le cabe algo más que la simple etiqueta de comedia, porque se trata de una película emotiva con humor, algo negro por momentos, porque el espectador llega a divertirse con las dos tragedias que se encuentran y la risa surge de la brecha que une y separa a estos dos personajes que acaparan el interés y la simpatía del público.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
rouse cairos
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8
10 de mayo de 2010
74 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película se inicia con inquietantes cifras sobre los miles de muertos y heridos por accidentes de tránsito en la Argentina (un promedio de veintidós víctimas fatales por día). Alrededor de estas estadísticas se maneja el dinero de indemnizaciones, gastos médicos y legales que genera un mercado donde se mueven muchas aves de rapiña con diferentes ganancias de acuerdo con su poder. En la base de esta siniestra pirámide se mueve el personaje de Sosa (Darín), un abogado de pasado oscuro que ha perdido su matrícula y trabaja por necesidad, para un estudio jurídico dedicado a captar víctimas de accidentes de tránsito. Manipula testigos y pericias, arregla con la policía, los jueces y las aseguradoras.
En ese deambular entre guardias de hospitales, servicios de emergencias y comisarías en busca de posibles clientes, Sosa conoce a Luján (Martina Gusmán), una joven médica recién llegada a la ciudad con un ritmo de trabajo que apenas le permite dormir. A pesar de un pasado que se intuye desencantado, el escéptico protagonista masculino ha conservado algo de ternura en su corazón, que se despierta ante la encantadora fragilidad de Martina.

El punto fuerte de Trapero es su maestría narrativa. Es muy buen director con su punto fuerte en la acción y puesta en escena, ayudado por un sólido trabajo de cámara y de fotografía de Julián Apezteguía (Crónica de una fuga).
La película tiene secuencias filmadas con gran oficio: la escena de los dos pacientes peleándose de camilla a camilla (recuerda la riña entre las presas de Leonera) de un realismo abrumador, casi sin cortes. O la secuencia final, que es para una antología del policial negro argentino.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
rouse cairos
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