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Críticas de Palomitasconchoco
Ordenadas por:
445 críticas
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8
27 de noviembre de 2015
19 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde el día que descubrí a Matías Bize con ‘En la Cama’ inmediatamente me quedé con el nombre y la referencia de este director y es que este chileno tiene lo que se llama sello propio. Si ves una película suya sin saber el título o sin tener referencias previas, podrías decir a los pocos minutos que es una película suya, en La memoria del agua, este sello se vislumbra desde el principio. Matías Bize rueda con una sensibilidad especial, siempre deja un gran protagonismo a los actores, siempre deja planos cortos para interpelar a las emociones, siempre siembra en los guiones unos diálogos con la capacidad de apelar al lirismo. Bize deja hablar a los actores con el ritmo adecuado, con las palabras adecuadas y siempre proyecta una iluminación tamizada y bella, creando narratividad con la luz. Domina todos los ámbitos del cine dejando a cada uno hacer su trabajo, volcándolo todo a la emotividad.

La memoria del agua no es una excepción si no un ejemplo clarificador de este tipo de cine intimista, evocador y emotivo. Premiada con el Colón de plata a la mejor dirección del Festival de Cine Iberoamericano, el galardón, se queda corto para una cinta que bien pudiera haberse alzado con el trofeo a la mejor película. Hay pulso en la dirección, hay una fotografía urbana preciosista, hay un guión de diálogos entrañables, con escasa acción pero mucho simbolismo y hay dos actores que se dejan la piel en sus papeles, la española Elena Anaya y el chileno Benjamín Vicuña realizan un trabajo encomiable.

Matías Bize lo reconocía en la rueda de prensa de presentación en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva “puse gran parte del peso de la película en los actores y ellos me respondieron a la perfección, hay mucho trabajo de ensayo previo” y eso se nota. En cuanto a la elección de Elena Anaya para el papel, Bize asegura que “la había visto antes y tenía muchas ganas de trabajar con ella, fue mi primera elección y afortunadamente aceptó”. Que el nombre de Elena se cuele entre los productores de La memoria del agua también tendría algo que ver, pero aún así, su actuación es sobresaliente delante de una cámara empeñada en enfocar cada poro de su rostro en primerísimos planos.

La memoria del agua es diálogo puro, es cierto que no hay mucha trama y esto puede decepcionar a algunos, pero el punto de partida ya es suficientemente duro como para que el dolor que deja la película se mantenga a flote durante todo el filme.

La pérdida de su pequeño hijo por parte de una pareja y las dificultades por las que atraviesa su relación tras este luctuoso hecho es todo lo que necesita una narración a flor de piel, más que en los hechos se apoya en los símbolos, en la omnipresente presencia del agua en los planos (el pequeño Pedro murió ahogado), en la nieve, en las lágrimas, en pequeños detalles que conforma junto a los diálogos el peso emocional que redondean los actores con sus voces. Es una narración inactiva pero completa que en mi opinión conforma un guión más que digno.

Así que junto a la ya mencionada En la cama y La vida de los peces, esta nueva introducción en el cine intimista de Matías Bize se salda con éxito, dejando una historia con piel, narrada con lirismo y emoción, interpretada con una sensibilidad desbordante y dirigida en todos los planos con la maestría que este joven realizador chileno ya ha demostrado con anterioridad.

http://www.viveiberoamerica.com/la-memoria-del-agua-la-piel-del-agua/
@iberoamericavi
Palomitasconchoco
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5
31 de julio de 2012
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El título de esta crítica es también el de la novela que sirvió de base para el guión de esta película, un clasicazo de terror, una de esas escasas películas de serie B que consiguen sobreponerse a su escueto margen de acción y trascender no sólo en su época si no a lo largo de los tiempos. La razón es bien sencilla: La originalidad, que en esta ocasión utiliza el miedo a lo desconocido pero ahondando aún más en la confusión, porque en este caso nadie sabe a ciencia cierta el origen o las intenciones de estos maléficos niños con corazones como témpanos. En ‘El pueblo de los malditos’ no hay monstruos, ni sangre, ni apariciones fantasmagóricas, ni psicópatas… hay niños, extraños púberes de cabello rubio platino, que no muestran sentimiento alguno y capaces de leer y controlar la mente humana, pero niños al fin y al cabo y el hecho de provocar terror en algo tan cercano e inocente es lo que ha hecho a esta cinta un mito.

El acierto está también en no desvelar segundas intenciones en mantener a los personajes de la trama tan confundidos como al espectador, sólo pequeños detalles van desvelando la verdadera naturaleza maquiavélica de estos seres y su origen. Otra de las razones en la que radica su originalidad es la naturalidad de la invasión de estos niños, mientras que en el cine de terror al uso, casi todo lo que ocurre se hace de manera subrepticia y los ‘malos’ tratan de huir de lo público para no ser descubiertos, aquí las acciones de estos pequeños no solo se efectúa ante la mirada de todo el pueblo, también ante las autoridades civiles y militares que están informadas en todo momento. Así, en otros seres hay un punto flaco que minar, una esperanza, pero el autoritarismo con el que estos bellos y arios engendros pavonean su poder sin que nadie pueda hacer nada es pavoroso, sencillamente son imparables pero… ¿qué es lo que hay que parar?. Lo que se consigue no es una película de terror al uso, no hay golpes de efecto ni sobresaltos, es simplemente una intranquilidad latente a lo largo de toda la película, un desasosiego que no te hace taparte los ojos, pero que no suelta el nudo de la garganta. Pese a la buena cimentación de la película con un guión tan poco común y un apetitoso gancho, lo cierto es que la película no deja de ser una serie b, y en los aspectos técnicos flaquea y tropieza. Las actuaciones son acartonadas y poco concluyentes (a excepción de niño David que realmente no parece mostrar ante la cámara sentimiento alguno y mantiene una frialdad asombrosa), los efectos especiales resultan ser bastante falsos, y la música es más propia de una marcha militar que de una película de miedo. La escasa duración del filme (74 minutos) y la celeridad por tratar de explicar tantos hechos extraordinarios en tan poco tiempo es otro hándicap importante de tal modo que el director tiene que recurrir a enormes elipsis para encofrar la obra y los lapsus temporales se notan demasiado. Tampoco el guión tiene todas consigo salvo la originalidad ya reseñada y un extraordinario comienzo, el gancho perfecto para introducirte en una trama ante un fenómeno misterioso sin explicación… pero tiene bastantes lapsus, muchas incognitas no resueltas y otros muchos detalles por los que se pasa de puntillas y sobre todo, tiene un pésimo final, una manera un tanto absurda de acabar la obra de forma abrupta, acelerada y poco certera. …y pese a caer en tantos errores ¿porqué nos atrapa?

http://palomitasconchoco.wordpress.com
Palomitasconchoco
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7
31 de julio de 2012
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La hora cero es una trepidante película de acción sin descanso, de persecuciones, tiroteos, emoción, giros de guión imprevisibles y grandes dosis de adrenalina en vena, al más puro estilo Hollywood sí, pero también es mucho más, porque esta impresionante película venezolana va más allá, y entre esa manada de delincuentes que secuestra un hospital a lo John Q, hay además una enorme crítica social a muy diferentes niveles, y un tratamiento de los personajes muy digno, confundiendo siempre al espectador sobre quienes son los buenos o los malos (en John Q por ejemplo quedaba claro que el secuestrador era el bueno, pero aquí, por muy buenas motivaciones que tenga, un sicario es un sicario).

Este joven director, va desenvolviendo la trama con una plausible soltura, adentrándose en el Parca (el personaje principal) a través de flashbacks reveladores que nos desvelan parte de lo que está ocurriendo ahora. El guión está maquinado con fiereza, y su estructura compleja y dinámica está creada para señalar con el dedo en otras subtramas al objeto de sus críticas. No hay piedad, policías, políticos, misses, la sanidad pública en general, todos sufren un varapalo mientras los disparos suenan. Así el argumento transcurre en una clínica privada mientras la sanidad pública está en huelga, mientras una miss se opera los pechos, mientras los ricos acuden a curar sus mundanas dolencias en el mismo instante que otros se desangran… y lo dejo ahí, pero hay muchas otras sorpresas que se encargan de desprestigiar todos los estamentos del país de manera subrepticia mientras la acción que se desarrolla sigue disparada y sin freno.

También hay un control de la cámara muy bueno, acudiendo muchas veces al hombro para las secuencias de mayor intensidad y caos, haciendo barridos panorámicos, contrapicados, ralentizando la imagen para sostener la tensión, primeros planes de detalles, en lo más sórdido (perros lamiendo la sangre o la huella roja dejada en el cristal de una ventanilla) que viene a afianzar con buena técnica el trabajo de guión realizado y la caracterización de los personajes.

Su mayor debilidad radica quizás en la poca profusión que hace del resto de personajes, toda la película la basa en la fortaleza ( y las escondidas flaquezas que lo hacen más humano) del Parca, interpretado por Zapata 666, un rapero venezolano criado en los barrios bajos de Caracas que parece conocer bien a personajes como el que interpreta y que hace un buen papel. El resto de personajes de la trama son casi meros clichés, sin una personalidad definida, una periodista zorrón que busca escalar a través de la audiencia, su cámara adicto a la marihuana, un puñado de ricos snob defensores de los valores tradicionales y otro puñado de ‘malandros’ barriobajeros capaces de asesinar con la mayor frialdad.

Pero en general la película merece mucho la pena, especialmente en una época en la que es difícil ver buen cine de acción, para quién me siga, sería algo así como una especia de Celda 211, algo más que acción.

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Palomitasconchoco
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5
1 de abril de 2015
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo más que un alegato antibelicista. En la Gran Ilusión, Renoir nos lleva a la primera guerra mundial (la película es tan antigua que la segunda ni siquiera se había producido) para contarnos la historia de un grupo de oficiales aliados, prisioneros en un campo de concentración alemán. Allí la relación entre capturados y captores es más afable de lo que podría suponerse en una contienda bélica, todos ellos se respetan y al ser un campo de concentración sólo para oficiales, las condiciones de vida para los prisioneros, están lejos de parecerse a lo que solemos ver en otras películas, donde hay tiempo para comer bien, divertirse y, como no, para intentar escapar.

El director francés nos deja claro que las fronteras son unas líneas inventadas por los hombres, que las guerras son absurdas por definición y que la humanidad está por encima de todo, incluso por encima de las lenguas o de las clases sociales. Porque es también un tema a tratar por Renoir, la conciencia de clases y la pérdida de privilegios de la antigua aristocracia europea, eso sí, en la película el guión les ofrece a este grupo un descomunal sentido del honor, una mitificación de la honra que los coloca casi en un escalón superior al del resto de oficiales más ‘chabacanos’, buenas personas, pero incapaces de sacrificarse, un mensaje que personalmente no me gustó.

En cualquier caso, al margen de hablarnos de la fraternidad universal, de los elementos comunes que unen a todos los hombres del mundo, incluso en las circunstancias más perversas para la confraternización, en cuanto a los elementos propiamente cinematográficos todavía se nota que el cine como industria aún anda por sus albores y por mucha filosofía que la crítica generalizadamente le quiera extraer al filme del genio francés hay elementos de seria inmadurez a la hora de cuajar la historia.

Se nota por ejemplo a la hora de cercenar el filme en dos partes demasiado diferenciadas que casi parecen dos películas marginadas entre sí, hubiera hecho falta un mejor trabajo de montaje para engranar una historia con la otra y situar al espectador mejor en la historia. Tampoco ayuda demasiado una falta de ritmo constante en toda la historia que en algunas ocasiones explota la tensión y en otras deja pasar escenas costumbristas que valen más para rellenar que para narrar. Aunque el aliciente de la relación entre aliados y enemigos resulta el factor principal de la película, el guión no se preocupa en absoluto de hacerlo creíble, simplemente ocurre y se da y esa complicidad puede resultar falsa en algunos momentos, al menos a ojos de un espectador del siglo XXI. También le falta algo de magia al trabajo interpretativo, todavía poco gestual por lo que la potencia de los personajes deja toda la responsabilidad en los diálogos, y en cuanto a los márgenes técnicos, aunque el director sabe utilizar con buen tino los planos largos con una amplia profundidad de campo, la verdad es que el catálogo de manejo de la cámara se antoja algo corto.

Tal vez una década más de experiencia en eso del cine, hubieran hecho de esta película una obra maestra, pero honestamente a mi no me lo parece aunque muchos lo den por hecho.
Palomitasconchoco
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3
31 de julio de 2012
14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si nos basamos únicamente en criterios cinematográficos, ‘freaks’ es una mala película, y sin embargo, su naturaleza de alegato único contra las desigualdades, su nauseabunda inmersión en un mundo desconocido, su juego para confundir al espectador, para doblegar sus valores, su valentía para filmar una película absolutamente irrepetible (y nunca esta expresión se puede ajustar más a un título) la han convertido en un clásico imperecedero en la que todavía bucean cientos de cinéfilos contemplando esta ‘rara avis’ del celuloide de la que nunca se ha podido hacer si quiera una mala copia 80 años después.

En un circo, una serie de personajes, deformes, tullidos, amputados o monstruosos conviven día a día: son los freaks. Tratados como parias, el director nos muestra durante más de la mitad de la película su vida diaria casi a modo de documental mientras la pequeña trama se va formando, que no es otra que la de un enano que se enamora de la hermosa trapecista del circo, que accede a sus peticiones a sabiendas de la enorme fortuna que ha heredado el pequeño personaje, mientras ella mantiene un idilio con el ‘forzudo’ del circo.

Los ‘freaks’ son tratados en la película con toda su humanidad, (también con sus defectos) y uno de los grandes logros del filme es que no cae en efectismos de ternura o compasión, son humanos, pero lo son más aún en comparación con los denominados ‘normales’, cuya avaricia, ingratitud y maldad los convierten en los verdaderos monstruos de la película, una transmutación de valores de la que apenas te das cuenta a lo largo del filme y que te golpea con su crítica atroz y grotesca que engloba cualquier tipo de desigualdad y que fustiga de forma inmisericorde a la intolerancia. Y es que Browning tiene un forma espectacular de voltear los valores como un calcetín y hacernos repudiar nuestra existencia de ‘normales’ a ojos de nuestra sociedad.

Ahora bien, en el grueso de la película sus grandes virtudes se encasillan solo en este aspecto, en el de los valores y enseñanzas y en la valentía que tiene a la hora de plantearlos. Es su carácter único lo que nos fascina, nos despierta la misma curiosidad que un deforme personaje de circo y nos quedamos tumbados en el sofá viendo esa aberración inigualable. Pero en cuanto a niveles técnicos o artísticos la película tiene hondas y profusas decepciones. Para empezar, el nivel interpretativo es bajo, bajísimo, al igual que el ritmo y el guión en general. El director se obceca en la presentación y el desenlace, apenas hay nudo en la película y por lo tanto tampoco hay intriga (algo que también destruye al hacer que el grueso de la película sea un flashbacks) ni oportunidad de saborear como se cocina la trama. La anulación del nudo es lo que hace que la película tenga una duración de apenas una hora.

Tampoco ayuda la creación de algunos ‘trucos’ con pretensiones efectistas que tal vez en la época lo fuesen pero que hoy día resultan ridículos y que especialmente en el final restan credibilidad a la película. En definitiva, la película puede ser plausible por muchas cosas, pero no como obra del séptimo arte.

http://palomitasconchoco.wordpress.com
Palomitasconchoco
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