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Críticas de David Colette
Ordenadas por:
15 críticas
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8
9 de febrero de 2015
17 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
"A Truly Transformative Tale" (una historia realmente transformadora), este es el lema que reza el póster de Tusk en su versión original. Si te dijeran que Kevin Smith dirige una película sobre un psicópata que trata de transformar a un hombre en una morsa, ¿por que irías a verla?.

Tusk, en una duración de apenas cien minutos, encierra dentro de si varias formas de diferentes de entenderse a si misma. Por un lado hay una notable película de terror que dura hasta la aparición de la morsa humana. Pero esta película es a su vez una comedia que, debido al poder perturbador de las escenas mas extremas, resulta el punto mas débil (según el gusto y el sentido del humor de cada espectador, claro). Sin embargo la película nunca se presenta a si misma como terror o comedia, siempre guarda un as en la manga, o mejor dicho un gag, que puede disolverse en un instante del mas intenso espanto al ver escenas que, cuanto menos, son bastante grotescas.

Pero si es una comedia de terror, ¿por que no reservó al engendro para el tramo final y mantener así el suspense?, ¿por que tiñó de drama las historias de los personajes?, ¿por que eligió un final tan patético?. En un acto de rebeldía, o quizás de inocencia, Kevin Smith decidió hacer una película que no tratara solo del morbo de ver a un hombre desfigurara a otro hasta que parezca una morsa, sino que tejió una historia sobre un el punto en el que el ser humano deja de ser humano para convertirse en un animal. ¿Era el personaje de Michael Parks un hombre o una bestia forjada a través de los abusos que sufrió en su infancia?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
David Colette
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10
11 de marzo de 2016
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1975 Londres asistió a uno de los conciertos mas legendarios de la historia del rock. The E Street Band inyectó la emoción y la honestidad de la desgarradora Thunder Road, que en este concierto tiene su interpretación mas icónica, para luego devolver el ritmo salvaje y el desenfreno que nos regalaron Buddy Holly y Elvis en temas como She's The One (la armónica y la percusión nos lleva de viaje a Not Fade Away) o Detroit Medley.

La anécdota ya es histórica; a la banda, que apenas había dejado de ser un éxito local tras el arrollador álbum Born To Run, la habían anunciado en Londres como la octava maravilla, y los nativos de New Jersey se plantaron en el recinto con un público escéptico. Cuanto de esta historia es cierto no lo sé, pero está claro que se ganó el respeto de todos y cada uno de los allí presentes, porque solo hace falta ver los veinte primeros minutos de concierto para sentir en los propios huesos la solemnidad con la que avanza de canción a canción, forjando a cada acorde la leyenda que se hiciera del poder de la E Street Band en los escenarios. Bruce Springsteen con la gorra y su melena rizada, chaqueta de cuero negro y vaqueros. Clarence Clemons de traje blanco con una rosa roja y sombrero. Imágenes para la posteridad, tan reales como la forma de sujetar el cigarrillo de Humphrey Bogart, la mirada inocente Marilyn Monroe, la expresión perdida de James Dean, o la sonrisa torcida de Elvis Presley.

Aquí tenemos la prueba de que el rock no murió el 3 de febrero de 1959. Recuperadas las imágenes para su comercialización tras la gira de The Rising, este concierto es de visionado obligatorio tanto como lo puedan ser The Last Waltz o el concierto de Bangladesh. No hay comparación posible; tras haber visto grabaciones en directo de todas las décadas de la banda, e incluso haber visto a la misma con mis propios ojos, esta sigue destacando, seas o no amante de los de Jersey, por ser el testimonio del nacimiento de algo que ha trascendido en la historia de la música. Nos recuerda el valor de lo que nos hace sentir el rock, de por que las estrellas existen, de por que hay cosas que solo se pueden decir con el sonido de una guitarra rota y una voz desesperada.
David Colette
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10
10 de marzo de 2016
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alejandro González Iñárritu ha dejado atrás Amores Perros y su intrincada narrativa episódica para realizar en su nueva etapa películas centradas en los viajes internos de sus personajes protagonistas. Si bien en un principio sus obras trataban sobre las consecuencias de trágicos hechos concretos en diferentes individuos, ahora se sumergen en la mente de personas que deben lidiar con el peso de sus propias vidas, afrontando sus amarguras y fracasos al verse enfrentados al tiempo, la muerte y la soledad.

En el caso de The Revenant se narra la historia real de Hugh Glass (aunque tampoco hay mucha claridad sobre los hechos de este personaje) y su lucha por la supervivencia en una naturaleza hostil; tras ser atacado por una osa en una expedición y ser abandonado a su suerte, Glass viaja a través de inhóspitos lugares con el fin de llegar al fuerte donde están aquellos que le dejaron morir. La historia, tan simple como la de cualquier otra aventura, es un mero vehículo para mostrar la experiencia del enfrentamiento de Glass, pero no contra la naturaleza, sino contra si mismo. A lo largo del viaje la venganza parece la motivación que mantiene con vida a este superviviente que, contra todo pronóstico, no murió cuando debería haberlo hecho. Pero es justo esta experiencia lo que le hace plantearse el valor de la justicia y de su propia vida. Quizás el mayor mérito de esta película el crear un personaje cuyo arco es narrado únicamente a través de las imágenes que cuentan los sucesos íntimos que transcurren durante la gran aventura, a la que se le presta menos atención. Esto cobra sentido en su final, cuando toma una decisión que demuestra como él mismo ha cambiado su perspectiva con respecto al principio, y es quizás el factor que muchos detractores le pueden achacar; su falta de intensidad a la hora de narrar la historia de la venganza. Pero esto es tan solo un malentendido, la trama nunca se centra en la venganza en si, sino en Hugh Glass, en su relación con sigo mismo, con sus demonios y con la naturaleza.

The Revenant cuenta con interpretaciones de Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, ambos excelentes en sus papeles a pesar de ser una película que narra mas a través de lo que pasa alrededor de los personajes que de lo que hacen estos. La fotografía de Emmanuel Lubezki y la dirección de Iñárritu son los auténticos protagonistas y el motivo por la que esta se sostiene como una de las películas que mas respeto del director mexicano, y desde luego la mas lograda de esta segunda etapa tras las excelentes pero demasiado grises y pomposas Biutiful y Birdman.

Sin lugar a dudas su envoltorio académico será presa de la furia de muchos escépticos, pero cualquier espectador que preste suficiente atención podrá ver una obra sensible, original e impactante. Lejos de ser perfecta, sus mayores defectos son fruto de la propia génesis del proyecto. El reto de filmar con luz y sonido natural deja huella en la factura final para bien y para mal, y algunas escenas están resueltas de manera menos convincentes que otras mucho mas sobrecogedoras. Pero esto es solo un fallo menor que no mancha la huella que deja en la mente, que se mantiene firme mucho tiempo después de haber acabado los créditos.
David Colette
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4
13 de julio de 2014
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin lugar a dudas resulta doloroso darse cuenta de lo frívolo que pueden ser algunos estudios al usar una serie de temáticas tan relevantes como lo son el miedo a la muerte, la maternidad, el primer amor y aceptar el papel de uno mismo en la vida, y relegarlos a una excusa para filmar una película simplona, que busca la lágrima fácil y huye de las cuestiones mas jugosas, dejando al espectador patidifuso ante tal descarada masturbación romeojulietista y tanta emoción barata. Pero no crean que únicamente es esta una historia mal enfocada; el culmen de la infamia y el malfacer llega en el momento en que dejamos de asistir a un largometraje para sumergirnos en un anuncio o, quizás, en algún vídeo de motivación personal, en el que el fondo sencillamente deja de existir, para transformarse en un mero escaparate donde exhibir de frases y narración en voz en off redundantes y prácticamente injustificados. Que una película sobre la muerte no transmita miedo a la muerte es una fallo imperdonable; dice la protagonista sobre su novela favorita (la obra ficticia Un Dolor Imperial) -Es mi novela favorita porque el autor entiende la angustia de estar muriendo-. Bien, esta película no consigue eso, siendo un artificio para hacer taquilla y salir del cine con los ojos llenos de lágrimas y el corazón vacío de emociones.
David Colette
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10
6 de mayo de 2012
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algunas películas son simples historias lineales, otras buscan sorprenderte mediante un inesperado giro final, otras recrean situaciones absurdas y divertidas o terroríficas. Y las hay geniales, las hay normales y las hay pésimas pero todas ellas están planteadas bajo un factor común: una "narración figurativa".

Y cuando uso el término "narración figurativa" me refiero al modo de plasmar una realidad comprensible y aparentemente coherente para el cerebro humano, o lo que es lo mismo: si quiero contar con mi cámara que dos personas tomaban el té, pondré a dos personas tomando té. Si quiero expresar con mi cámara la rabia que siento pondré a un actor frente a ella y le haré decir sin mas preámbulos -¡que rabia siento!-. Esta es la forma en la que se hace cine casi siempre, y así hemos visto películas que van desde Ciudadano Kane (probablemente la mejor película de la historia) hasta Avatar (probablemente la peor película de la historia a la que se la ha dado tanto bombo).

¿Y porque Mulholland Drive es arte? ¿que tiene de especial?. Su estructura narrativa. La forma de mezclar lo onírico con lo real para poder alcanzar a entender los sentimientos y deseos de su protagonista. El complejo puzzle que desentraña el misterio. Arte. Como Rayuela (Julio Cortazar) o como las obras del Dadaísmo.

David Lynch es un artista y probablemente un visionario, aunque no sea un hombre ostentoso y dado a la vida pública, porque Mulholland Drive supone una innovación en las técnicas narrativas y en la misma forma de entender el cine (y otras varias películas de su obra que también son dignas de considerar). Fellini ya se acercaba a esto, y varios directores también. Pero es Lynch quien lo ha perfeccionado y llevado al máximo esplendor, mezclando la estética propia de su estilo y el perfeccionismo propio del cine Americano, dejando una factura bella, limpia, inquietante y sobre todo muy artística.

Esta es sin duda una película que hay que ver para entender todas las posibilidades que puede ofrecernos el cine.
David Colette
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