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Críticas de Daniel Farriol
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1.268 críticas
7
3 de marzo de 2021
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Conociendo el vecindario

Hay películas que no necesitan de alardes técnicos ni de la demostración en cada uno de sus fotogramas de su enorme trascendencia cinematográfica, para conseguir la complicidad y empatía del espectador. El verano de Cody es una de esas películas modestas que se limitan a contar una sencilla historia sobre la vida de unos personajes ordinarios sin querer plantear grandes conflictos dramáticos que los hagan funcionar. Esa es su principal virtud y, también, el mayor elogio que se le puede hacer.

El verano de Cody nos presenta a una madre separada (estupenda Hong Chau) que con su hijo de 8 años (sorprendente Lucas Jaye), llegan a una casa apartada de la ciudad. Allí vivía la hermana de la mujer y tía del niño con la que habían perdido el contacto hace muchos años tras una discusión familiar. Para su sorpresa, la casa está repleta de trastos inútiles de los que deberán desprenderse antes de poder ponerla a la venta. Mientras la madre limpia y redescubre a una hermana que la siente como a una extraña, el niño irá conociendo a los distintos ocupantes del vecindario. Aunque hay otros niños que viven en casas contiguas, se sentirá más cómodo con un viejo veterano de guerra (fantástico Brian Dennehy) que recientemente ha enviudado y vive solo.

El estilo humanista de Andrew Ahn

A partir de esa premisa no demasiado original que ya hemos visto en muchas ocasiones, el director estadounidense de ascendencia coreana Andrew Ahn, traza un sensible retrato de personajes que avanza a través de los detalles cotidianos, de las miradas y de los silencios. El cine de Ahn desprende una clara influencia de ese nuevo cine indie norteamericano que llena las pantallas de Sundance, pero también se adivina un estilo narrativo visual cercano a sus orígenes asiáticos. Así pues, entre sus directores de referencia hallaremos el imaginario de Kelly Reihardt o Terrence Malick, sin olvidar un acercamiento al tono humanista de Edward Yang o Yasujirō Ozu.

El verano de Cody es el cruce de caminos de unos personajes en una etapa crucial de sus vidas. El joven protagonista está a punto de cumplir los 9 años. Tiene toda la vida por delante, pero no parece feliz ni tampoco haber superado la separación de sus padres. Prefiere la soledad y jugar con una tableta que relacionarse con los otros chicos de su edad. Por contra, su vecino es un veterano de guerra que está en el ocaso de su vida. Tras la muerte de su esposa, pasa el tiempo sentado en el porche o jugando al bingo en el local social para veteranos. Uno de sus amigos empieza a mostrar los primeros síntomas de Alzheimer, mientras que a él solo le quedan sus recuerdos. El niño y el viejo entablarán una amistad sincera que servirá para tapar sus agujeros anímicos.

Una amistad que simboliza el paso del tiempo

Poco más sucederá en El verano de Cody. La película es un suspiro, el esbozo de un retazo de vida. Son apenas 73 minutos, pero suficientes para emocionarnos. Las evocadoras y preciosistas imágenes del fotógrafo Ki Jin Kim (Wild Prairie Rose, Aurora notte), junto a la melancólica música de Jay Wadley (Estoy pensando en dejarlo, Indignación), conforman un perfecto envoltorio para esta sensible historia de amistad y aprendizaje.

El verano de Cody es una pequeña y sutil obra sobre el paso del tiempo. Sobre lo efímero de la vida. Sobre la necesidad de disfrutar de los pequeños momentos de felicidad que nos tiene reservados y que, a veces, desperdiciamos. La película es tierna, bonita y emotiva. Está salpicada con algunas gotas de humor, pero funciona mejor cuando se enfoca en el drama intimista. Habrá gente que pueda encontrarla insuficiente por tratarse de una propuesta minimalista en la que apenas suceden hechos relevantes. Pasa la vida, ¿no es suficiente? La capacidad de Andrew Ahn para extraer belleza de la cotidianidad es ejemplar. Y la presencia a modo póstumo del gran Brian Dennehy en uno de sus mejores papeles debería ser suficiente para darle una oportunidad.

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Daniel Farriol
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7
2 de marzo de 2021
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La soledad del amor no correspondido

La comedia romántica a menudo es un género denostado por la crítica (con razón) debido a la debilidad y previsibilidad de sus historias y a un enfoque poco realista sobre el amor. Pero, de vez en cuando, surgen obras que se rebelan contra lo establecido y proponen historias atípicas dentro del género como esta Tremble All You Want. Dinámica, imaginativa, tierna y surrealista, estamos ante una película protagonizada por una Ally McBeal nipona con el espíritu idealista de Amélie. Vive enamorada en secreto de un antiguo compañero de la escuela secundaria que nunca le hizo caso y está empeñada en encontrarlo de nuevo. Por contra, empieza a recibir demasiada atención por parte de un empleado de la oficina que a ella no le interesa como pareja.

Bajo esa simplona premisa, la directora Akiko Ohku traza una historia de crecimiento emocional muy entretenida que adapta la novela “Katte ni Furuetero” de Risa Wataya. El personaje central es odioso y encantador al mismo tiempo, egoísta y vulnerable. Está interpretado por una fantástica Mayu Matsuoka que aporta el carisma necesario a un rol que en otras manos podría haber resultado insufrible. La chica es insegura, solitaria, arisca y tiene mucha imaginación. En su mundo interior actúa de manera distinta a como se muestra en realidad con las personas que se encuentra en su camino. Les cuenta su vida al estilo de Forrest Gump, creando un diario visual ficticio donde incluso puede llegar a cantar como en la escena de un musical. También le apasionan los animales extintos, por eso adquiere en internet el fósil de un Amonite (un molusco con forma de espiral). Será su única compañía durante las noches solitarias que pasa frente a la Wikipedia en su diminuto piso de soltera.

Un coming of age tardío

Lo más interesante de Tremble All You Want es el retrato que hace la directora de ese mundo interior de la protagonista. Desde el humor, pero siempre con un tono de amargura melancólica, utiliza una narrativa llena de hallazgos visuales que complementa con un original tratamiento del sonido. Es cierto que a la película le sobra metraje y que se podían haber concretado más algunos de los pasajes de esta odisea existencial sobre la incertidumbre adolescente (aunque la protagonista tenga 24 años se comporta como tal). Se podría decir que es un coming of age tardío sobre el paso a la madurez. También sobre las renuncias y sobre darse de bruces con la realidad de la vida. Ese momento exacto en que percibimos que no somos especiales y que, posiblemente, algunos de nuestros sueños de juventud quedaran recluidos para siempre en un cajón.

Como vemos, el fondo de la historia es bastante trágico, pero Akiko Ohku no pretende deprimirnos ni hacernos llorar. Todo lo contrario. Su película tiene un tono vitalista y lleno de color. La estupenda fotografía corre a cargo de Natsuyo Nakamura (Kagekiha Opera). La magia inunda la pantalla y los toques surrealistas hacen que la trama sea tan imprevisible como que tu vecino se pase el día tocando la Ocarina. La toxicidad de las relaciones se verá reflejada tanto en la obsesión de la chica por un ideal imposible como en el acoso al que es sometida por su compañero de trabajo. No conducen a nada bueno. Es cuando las personas se sinceran y se reconocen en los defectos de los demás cuando puede iniciar algo verdadero. Tremble All You Want es una encantadora romcom que se aleja de tópicos y que seguro conquistará tu corazón.

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Daniel Farriol
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7
2 de marzo de 2021
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Tres vidas marcadas por la muerte del padre

One Night fue primero una obra de teatro y, aunque conserva su foco principal en la construcción de los personajes y en la importancia del texto, tanto el guionista Izumi Takahashi como el director Kazuya Shiraishi, se las ingenian para no caer en aquello tan poco visual del teatro filmado. La puesta en escena y la fotografía de Atsuhiro Nabeshima (Mientras ellas duermen, Hibana), sacan partido de toda la oscuridad emocional relativa al relato para crear una atmósfera tan envolvente como opresiva. La película es un intenso drama que plantea cuestiones morales y éticas importantes. En la primera secuencia vemos a una madre que, para proteger a sus hijos y así misma de un hombre alcoholizado que les maltrata físicamente a diario, decide atropellarlo y acabar así con el suplicio. ¿Es un asesinato justificable?

Tras 15 años desde la muerte de su padre, los tres hijos han afrontado la pérdida desde su propia experiencia y criterio. Ninguno de los tres ha superado aquella traumática noche que ha afectado al devenir de sus vidas. Hiroki (Ryôhei Suzuki) sigue tartamudeando como un niño y es un padre en trámites de divorcio. Sonoko (Mayu Matsuoka) trabaja como camarera en un bar de mala fama y ha abandonado su sueño de ser peluquera. Yuji (Takeru Satō) no ha conseguido ser novelista y malvive en Tokio escribiendo columnas para revistas pornográficas. Ninguno de los tres se ha convertido en la persona que querían ser y lo achacan a aquella fatídica noche. Cuando la madre (Yûko Tanaka) retorna al hogar como prometió, tras 15 años de ausencia, todos deberán confrontar su distinta manera de asumir lo sucedido para recuperar los vínculos familiares rotos.

La figura paterna ausente

One Night es una tragedia shakesperiana moderna. Tiene un tono fatalista que nos habla de cómo los hijos repiten los errores de sus antepasados y de cómo sus vidas se ven condicionadas por el entorno familiar en qué crecieron. Es un proceso que se repite sin remedio y del que solo se puede salir con el amor de los demás. Aunque no comparto mucho la teoría de justificar actos violentos por haberlos sufrido en carne propia en el pasado, sí que se nos hará comprensible el enorme sufrimiento por el que pasa el personaje de Hiroki. Fue un niño maltratado y lleno de inseguridades que se resaltan a través de su tartamudeo. Ahora, de mayor, tiene irrefrenables ataques de ira al sentir que cada vez se parece más a su padre y que es incapaz de sostener la estabilidad de su propia familia. Su esposa quiere el divorcio y conseguir la custodia de su hijo.

Uno de los temas principales de la película es la paternidad y la conflictiva relación generacional entre padres e hijos. En el cine de Hirokazu Koreeda estas cuestiones se abordan desde el costumbrismo amable, el sentido del humor y el humanismo heredado de Ozu. El director Kazuya Shiraishi es más ecléctico y tiene recursos heredados del cine de género, utilizando un tono más grave y existencialista. Su cine está menos arraigado a los aspectos culturales del Japón más tradicional y probablemente esté mucho más influenciado por el cine occidental. En su tesis sobre la paternidad ausente se añade una subtrama al margen de la familia, la del personaje Michio Doka (Kuranosuke Sasaki). Es un hombre de carácter afable que repudia el beber alcohol y que entra a trabajar en la compañía de taxis familiar. Poco a poco, se desgranará su convulso pasado y la nula relación que tiene con su hijo. En un principio, esta trama parece despegada del resto, pero acaba siendo la que motiva la catarsis final para todos los implicados.

La mártir asesina

One Night es una película tan interesante como emocionalmente densa. Se nos ofrecen distintos puntos de vista a la hora de afrontar el asesinato de un padre, un hecho tan terrible como, en este caso, liberador. Será tarea del espectador intentarlos comprender todos y colocarse en la piel de cada uno de los personajes. Todos ellos imperfectos, complejos, humanos y creíbles. Hay un gran trabajo de escritura empática por parte de Izumi Takahashi en la que trata de comprender las motivaciones, anhelos y carencias de todos ellos. También hay que reconocer que es un acierto el casting escogido. Todo el elenco realiza un gran trabajo interpretativo que saca a relucir la multitud de capas que tienen esos personajes.

La madre es el catalizador de todas esas emociones. Fue la ruptura en el pasado y quiere ser el pegamento en el presente. Sin embargo, su presencia motiva la proyección de las debilidades que permanecían ocultas en los tres hijos y, también, conlleva el acoso en el negocio de taxis por parte de vecinos que no la reconocen como a una mártir y la tratan como una simple asesina. ¿Todos los delitos de sangre son equiparables? El debate moral está servido en una película que se distancia en sus juicios de valor para limitarse a exponer los hechos remarcables. El tono apesadumbrado y la tristeza infinita de una familia rota sobrevuelan en cada uno de los fotogramas, casi siempre en escenas nocturnas o de interiores. La redención, el perdón y la asunción de nuestros propios errores para salir del agujero, son el eje estructural sobre el que se sustenta el discurso de un drama tan sólido como conceptualmente brillante. Muy recomendable.

Crítica de @danielfarriol para No es cine todo lo que reluce
Daniel Farriol
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7
1 de marzo de 2021
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Una cafetería mágica

Siempre digo que las películas que incluyen viajes en el tiempo ya tienen ganado mi entusiasmo de antemano. En Café Funiculi Funicula la propuesta fantástica es bastante original, aunque termine siendo algo secundario y funcional para poder desarrollar las historias dramáticas que envuelven a sus personajes. Son cuatro historias, pero se evita el formato episódico. La película pone en imágenes la novela “Coffee ga Samenai Uchi ni” de Toshikazu Kawaguchi que el propio autor adapta a guion en esta hermosa película japonesa dirigida por Ayuko Tsukahara.

La protagonista es la joven Kazu Tokita, interpretada por una absolutamente encantadora Kasumi Arimura. Ella es quien regenta una cafetería familiar llamada “Funiculi Funicula” (sí, como la popular canción napolitana de Luigi Denza que plagiaría Richard Strauss y posteriormente cantaría hasta el mismísimo Luciano Pavarotti). Existe un misterioso rumor que describe a ese lugar como mágico. Según se relata, los clientes pueden viajar en el tiempo si se sientan en un lugar específico del local.

Las reglas para viajar al pasado

Como veremos después, el rumor es totalmente cierto. Café Funiculi Funicula es un lugar mágico. Eso sí, conviene advertir que existen unas reglas muy específicas que es necesario cumplir durante esos viajes al pasado. Solo se puede visitar a personas que estuvieron en alguna ocasión dentro de la cafetería. Aunque hagas cosas diferentes en el pasado, nunca se cambiará el presente. Solo puede viajar una persona a la vez, en caso de que el asiento mágico esté ocupado, se deberá esperar hasta que ese cliente lo deje libre. No debe tocarse nunca a esa persona mientras esté viajando.

Y por último, la norma más importante de todas, el tiempo del viaje al pasado durará lo que tarde en enfriarse el café que te sirven (de ahí el título alternativo que existe para la película). Si no te lo acabas de beber antes de que suceda quedarás convertido en un fantasma que vagará por la eternidad suspendido en el tiempo. Para que la magia se produzca, la única que puede servir el café es Kazu, ya que es un don heredado por todas las mujeres de la familia. Eso hace que su semblante siempre sea algo melancólico al no poder viajar ella para confrontar un trauma de su pasado relacionado con su madre.

Confrontar el pasado

A partir de esa introducción que nos pone en situación, Café Funiculi Funicula va desgranando de modo independiente las historias de algunos de los clientes de la cafetería. El hilo conductor será el lugar y la propia historia de Kazu, cuyo clímax se reservará para el final. Todas las personas que se sientan en la mesa mágica necesitan regresar al pasado para terminar una conversación pendiente o iniciar una que nunca se produjo. Aunque no se pueden cambiar los hechos que suceden en el presente, esas conversaciones pueden afectar al desarrollo anímico y emocional de los viajeros. Por tanto, eso puede hacer que en el presente se tomen decisiones distintas que sí afecten a su futuro.

Así pues, estamos ante una película que retoma los códigos habituales de los viajes en el tiempo, solo que la acción se reserva a tomarse un café y saldar cuentas pendientes. El guion sabe manejar con pericia todos esos elementos. Pese a la limitación del espacio y una tendencia exagerada hacia el melodrama más caramelizado, las historias están urdidas con mucha sensibilidad y conjugan un conjunto de experiencias vitales en los protagonistas bastante emotivas. Los personajes están bien construidos y el uso de las paradojas temporales en su desenlace es bastante original. La complejidad de las mismas es tratada aquí con mucha cercanía y sencillez.

Un café dulzón que te dejará buen sabor

Ayuko Tsukahara filma en Café Funiculi Funicula una dramedia muy elegante y bonita. La fotografía llevada a cabo por el reconocido fotógrafo Norimichi Kasamatsu (Unforgiven, Ikari) es luminosa y está llena de colores suaves y cálidos. También me ha resultado innovadora y bella la manera de plasmar en imágenes los viajes en el tiempo. La música compuesta por Masaru Yokoyama (Memoirs of a Murderer, Her Blue Sky) es de corte clásico y ayuda a explotar el mundo emocional de los personajes con eficacia. El compositor tiene mucha experiencia en musicalizar animes. La banda sonora incorpora una pegadiza balada de tono eurovisivo como es “Traumerei” de Yuki.

Café Funiculi Funicula es una película que se saborea como un capuchino​ dulzón. Hay margen para la amargura que otorgan los vaivenes de la vida (enfermedades, muertes, etc), pero se hace un acercamiento que siempre termina endulzando nuestro corazón. Se podría decir que el regusto final que deja la película es muy agradable. Advertencia: prepara los clínex y las chocolatinas. Si tienes problemas de diabetes, mejor aléjate de esta propuesta.

Crítica de @danielfarriol para No es cine todo lo que reluce
Daniel Farriol
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6
1 de marzo de 2021
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El origen de la maldición en cinco fases

El cine de terror argentino sigue en auge y tras películas como Aterrados (Demián Rugna, 2017), Muere, Monstruo, Muere (Alejandro Fadel, 2018) o Luciferina (Gonzalo Calzada, 2018), ahora tenemos la oportunidad de seguir profundizando en el género que allí se hace a través de esta curiosa miniserie llamada No Grites. Está dirigida por Sebastián Dietsch y escrita por Martín Méndez. Son solo 5 episodios de corta duración, entre 8 y 10 minutos cada uno, que plantean situaciones aparentemente independientes que suceden todas dentro de un mismo lugar, una casa maldita.

En realidad, las cinco historias sí están interconectadas entre sí como iremos descubriendo más tarde. Nos proponen cinco pequeños relatos de terror que van retrocediendo en el tiempo en cada nuevo capítulo, desde 2020 hasta 1935. De ese modo, iremos descubriendo, poco a poco, cuál es el origen de la maldición y el porqué de las apariciones fantasmagóricas. Es una idea bastante original, aunque la corta duración de los episodios y verlos semanalmente, pueden hacerle perder fuerza. Sin descubrir nada nuevo en el género, me ha parecido divertida y solventada con bastante pericia pese a la evidente escasez de recursos técnicos. El director Sebastián Dietsch demuestra su pasión por el género, aglutinando recursos de varios subgéneros como las casas encantadas, exorcismos y maldiciones. Seguro que ha debido disfrutar mucho rodando estas píldoras de terror puro y nada elevado. A destacar también el leit motiv musical de la serie compuesto a piano por Alejandro Mendez Sierra.

Crítica de @danielfarriol para No es cine todo lo que reluce
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Daniel Farriol
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