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México México · México, D.F.
Críticas de Ivan Rincon Espriu
Ordenadas por:
87 críticas
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4
11 de abril de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los críticos más informados tienen como referencia la novela del sueco Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, primera de una trilogía policíaca titulada Millennium, y dos cintas basadas en dicho libro. Mis referencias previas a La chica con el tatuaje del dragón (EUA, 2011), de David Fincher, en cambio, son las películas del mismo director: Se7en (1995), El club de la pelea (1999) y Zodiaco (2007), entre otras. Es imposible —al menos para mí— ver la nueva cinta sin pensar también en el síndrome de Ciudad Juárez, por tratarse de un femicidio múltiple y sistemático, así como en el James Bond más viejo, chaparro y feo: Daniel Craig en el papel principal, que no es el de una “chica” tatuada, sino el de un periodista en aprietos legales. El título en este caso es el primer error de la cinta, pues efectivamente una “chica” protagonizada por Rooney Mara tiene un dragón tatuado en la espalda, pero eso no significa nada. La intencionalidad es evasiva, pues la versión sueca de la novela se llama Los hombres que odiaban a las mujeres, nombre que mejora el original en la medida que se apega más al trasfondo: una misoginia extrema. En español, el título es involuntaria y levemente misógino, inconsciente y sutilmente contradictorio, además de cacofónico.

Por lo demás, la truculencia de la trama le vino bien a Fincher, que parece tratar de especializarse en casos mórbidos y sórdidos, como The Silence of the Lambs (1991), de Jonathan Demme, cuyo éxito intentaría repetir Se7en con el mismo estilo, recargándolo de un morbo nauseabundo, pero sin pasar de la mediocridad. Basada en hechos reales, Zodiaco haría lo mismo doce años después. Con una duración en aumento, The Girl with the Dragon Tattoo (el título en inglés no es cacofónico ni misógino, pero los "traductores" suelen ser tan chapuceros como los exhibidores) intensifica la complejidad hasta el punto en que uno entiende que se trata de que entienda un carajo. Los subtítulos distraen la vista de imágenes repulsivas en fotografías decoloradas, mientras la música de Trent Reznor y Atticus Ross se propone ser pertubadora y lo consigue, fundiéndose con sobresaltos en el sonido.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ivan Rincon Espriu
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6
21 de diciembre de 2015
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amigas desde la infancia, dos mujeres cuarentonas inician sendo romance, una con el hijo veinteañero de la otra y viceversa. La relación alcanza una dimensión amorosa desde el principio y ambas asumen complicidad en su doble aventura.

Con gran carisma y calidad interpretativa, Naomi Watts y Robin Wright forman un fascinante par femenino en este drama romántico-erótico-amistoso ambientado en la playa bajo la dirección de Anne Fontaine.

La secuencia inicial de los créditos acierta en la elección de unas niñas muy parecidas a las protagonistas, que aparecen en seguida con unos niños a su vez parecidos a los hijos adultos. Abundan sutilezas por el estilo en el resto de la película, con encuadres de los mejores ángulos a luz y sombra de las actrices en sus momentos de melancolía, de modo que fotografía y actuación se hacen una misma cosa disfrutable y memorable.

Naomi vuelve a sus orígenes australianos como actriz y, por primera vez en su carrera, encarna un papel de mujer madura, madre de un adulto y, más adelante, abuela de una niña pequeña. Aunque menos conocida, Robin está plenamente a la altura de la estrella, superándola en perfección corporal.

Los hijos y un marido son el punto débil de la historia, pues carecen del encanto que rebozan las mujeres… hasta que sus vástagos tienen novias.
Ivan Rincon Espriu
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8
3 de julio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En Stoker (Estados Unidos, Reino Unido, 2013), de Chan-Wook Park, el día que India cumple 18 años, su padre aparece muerto; hasta entonces ni ella ni su madre tenían noticias del tío Charlie, quien llega para quedarse y completar el nuevo escenario familiar. Otras dos mujeres, en cambio, tienen en común conocer el pasado y la procedencia del recién llegado, y desaparecer durante su estancia… Más sensitiva de lo normal, India no tolera que la toque nadie y así ha llegado a la mayoría de edad, intacta y virgen, ahora tentada por el misterio y la seducción a romper su impenetrable círculo de soledad con el arribo de un hombre que la repele y atrae, por quien experimenta deseo, pero también desconfianza. Menos inteligente y contradictoria, más vulnerable y simple, la madre no duda en dejarse atrapar por el encanto masculino y la carga de amoral cinismo que, ante la mirada atónita de India, exhibe su dominio de la situación para inquietarla, perturbarla y despertar a la mujer salvaje, pero reprimida, más que dormida, lo cual consigue hasta el punto de la complicidad…
La actriz australiana de ascendencia polaca Mia Wasikowska encarna brillantemente la oscura patología, compleja, interesante y atrayente personalidad de India Stoker, mientras el británico Matthew Goode interpreta el papel del siniestro tío, y la australiana de origen hawaiano Nicole Kidman el de la madre, en ese orden de méritos. Aunque Wasikowska tenía 22 años al rodar la película y su personaje tiene 18, diferencia que no pasa desapercibida, su actuación es cautivante; la de Goode es convincente, y la de Kidman, pasable. Embellecida con pupilentes que agrandan sus ojos notablemente, quizás una discreta cirugía y cabello castaño oscuro, largo y lacio, Mia desempeña por tercera vez el papel protagónico en un largometraje, después de Alicia en el país de las maravillas (Estados Unidos, 2010), de Tim Burton, y Jane Eyre (Reino Unido, Estados Unidos, 2011), de Cary Fukunaga. Su habitual proyección de una muchacha muy dulce y angelical solía ser agradable, y ahora en plan sombrío resulta fascinante. Hay que estar atentos a lo que haga, pues se perfila como una de las mejores actrices del mundo actual.
Kidman, en cambio, siempre ha sido físicamente insípida y el abuso de las cirugías "estéticas" limita cada vez más su expresividad, a lo que se agrega una forma de afectación que no es fácil tolerar, pero se agradece que no haya dado al traste con algo tan prometedor que parecía demasiado grande para ella. Goode actúa con desenfado y naturalidad, aunque habría sido mejor alguien menos delgado y más atractivo quizá.
Lazos perversos, como fue titulada en español, es el debut en Hollywood y lengua inglesa para el director coreano de la exitosa «trilogía de la venganza», quien dirige también por primera vez con un guión que no es suyo. El actor británico Wentworth Miller escribió el guión en este caso y el de una "precuela" o anterior historia narrada después con el título de Tío Charlie.
En la concepción de Stoker destaca una influencia primigenia: La sombra de una duda (Estados Unidos, 1943), de Alfred Hitchcock, sirvió como punto de partida argumental: en aquella cinta, una muchacha sospecha que su tío, de visita en casa, es un asesino serial de viudas. Además, Stoker significa fogonero, "alguien que aviva el fuego", como el tío Charlie, que más bien remueve las cenizas del pasado y enciende nuevas llamas, en términos metafóricos. La palabra es también el apellido de Bram Stoker, otra influencia confesada por Miller, aunque aquí el horror no es sobrenatural, como el de los vampiros, sino sicológico, pletórico de símbolos en un drama doméstico, y más que horror es suspenso.
La encuesta anual realizada por The Black List ubicó la obra de Miller (firmada con el seudónimo Ted Foulke, nombre de su perro) en el quinto lugar de los mejores guiones que todavía no llegaban a la pantalla grande, pero eran leídos y mencionados por productores y ejecutivos de Hollywood; de los 290 encuestados en 2010, 39 lo mencionaron.
La película —que no es para el gran público, sino una gran película para mi gusto— fue producida por la compañía de Ridley y Tony Scott, aunque este último falleció antes de comenzar el rodaje, que duró cuarenta días.
El diseño de arte y producción en general se hace uno con la dirección de cámaras y es minucioso y creativo desde los créditos iniciales hasta los finales, como el sonido y la transición entre algunas escenas, a veces con montajes a manera de colash y otras veces con efectos especiales (la secuencia del peinado, por ejemplo), en donde vuelve a ser protagónico el sonido.
Para la composición de la banda sonora fue contratado Philip Glass, pero lo reemplazó Clint Mansell (Réquiem por un sueño), dato de interés para quien haya visto La ventana secreta (Estados Unidos, 2004), escrita y dirigida por David Koepp, pues si bien es inferior tiene mucho en común con la cinta que nos ocupa. La música en ese caso fue compuesta por Philip Glass y Geoff Zanelli.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ivan Rincon Espriu
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8
24 de abril de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En algún lugar al sur del Sahara...

El mejor cine del mundo se hace al margen de Hollywood, y un ejemplo de ello es Rebelle (Canadá, 2012), película escrita y dirigida por Kim Nguyen, con personajes ficticios en un contexto real: el reclutamiento forzoso de niñas y niños por los ejércitos regulares y las organizaciones guerrilleras o paramilitares de África central, región formada por una decena de países en guerra. La cinta no especifica en cuál de esos países ocurre la historia que relata, pero el rodaje fue realizado en la República Democrática del Congo, donde tiene lugar el índice más alto del mundo en cuanto a militarización infantil, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), así como el 80% de las reservas mundiales de coltán, cuya explotación es la principal causa de un conflicto internacional que ha costado la vida a más de cinco millones de personas, lo que supone a su vez el mayor número de muertes violentas desde la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de la niñez, el coltán es un recurso natural no renovable, considerado como "altamente estratégico". Ruanda, Uganda y Burundi lo roban del Congo para exportarlo a Occidente (principalmente a los Estados Unidos), que lo utiliza en dispositivos electrónicos de la más alta tecnología y la telefonía celular.

La guerrilla ficticia del Gran Tigre, que vemos en la película recolectando coltán, representa, por consiguiente, a cualquiera de las milicias rebeldes que operan en el Congo. Cabe suponer que, para obtener permiso de rodar allí, los realizadores se comprometieron a mantener la identidad del país en el anonimato.

War Witch, como se titula en inglés, es la historia narrada por una adolescente de nombre Komona al hijo que se gesta en su vientre; ella tiene catorce años de edad y, dos años antes, cuando tenía doce, la guerrilla irrumpió en su aldea, mató a la mayoría de los adultos y secuestró a todos los niños para obligarlos a pelear contra el ejército del gobierno; Komona fue obligada primero a disparar contra sus propios padres, bajo amenaza de asesinarlos a machetazos si no lo hacía ella a balazos…

La cinta dura 90 minutos y está dividida en tres capítulos de media hora para cada una de las edades que componen el relato de Komona: a los doce, la hacen soldado; a los trece, escapa con otro adolescente; a los catorce, la devuelven a la guerrilla y vuelve a desertar. La media hora intermedia contrasta con las otras dos, como una tregua, por sus momentos de ternura y amor entre los protagonistas…

Hacer que los niños asesinen a sus padres o a otros seres queridos es normal en estos casos, pues así los "endurecen" como soldados. También es común que, antes de empuñar un arma, sean esclavizados a golpes y demás formas de maltrato para que realicen trabajos brutales, como sucede en la historia de Komona. Las niñas suelen ser, además, esclavas sexuales…

Antes de entrar en combate, niñas y niños son narcotizados con un enervante vegetal al que se refieren como "sabia mágica"; al consumirla, Komona puede ver a los espíritus de los muertos, así como a los "demonios" del gobierno, y parece estar fuera del alcance de las balas, por lo que sobrevive de milagro a los tiroteos y, desde las supersticiones y creencias místicas y religiosas que abundan en las culturas africanas, es considerada por sus compañeros de armas como una bruja sagrada; hasta el máximo líder de la guerrilla, un criminal cacique a quien llaman El Gran Tigre, venera a Komana como tal, y se acaba el maltrato, casi. Entre los espíritus y fantasmas que habitan las visiones de la muchacha están los de sus padres, que son los más persistentes y le piden que regrese a la aldea para enterrarlos.
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Ivan Rincon Espriu
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5
11 de mayo de 2016
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
'Los odiosos ocho' tiene algunas cosas buenas: la banda sonora con personalidad y méritos propios, a cargo del gran Morricone; la fotografía con instantes exquisitos y postales majestuosas, de Richardson… Pero, en general, me parece un western odioso, con diálogos redundantes, reiterativos y repetitivos hasta la exasperación, con tal de ser muy largos y seducir a quienes aplaudieron en su momento los insulsos intercambios verbales de Pulp Fiction, unos personajes burdos que hacen caricaturas de sí mismos hasta resultar literalmente insoportables, sobre todo el supuesto verdugo (tan amanerado que, en efecto, parece inglés) y el supuesto alguacil que todavía no asume el cargo y parece haber salido de una serie infantil de dibujos animados o por lo menos ser la voz de alguno de sus personajes (Dios nos libre de Tim Roth y Walton Goggins: el mundo sería menos detestable sin ellos).
La primera hora es una presentación de los personajes, al cabo de la cual uno se pregunta si la intención de la película es humorística, si es acaso una comedia negra como secuela degradativa de la Guerra de Secesión; entonces comienza una versión gringa de 'La tempestad', de Shakespeare, que progresivamente se transforma en Agatha Christie, como una vuelta de tuerca desde la perspectiva de los dos personajes principales, que son cazarrecompensas.
Del refrito del cine hongkonés al refrito de la literatura clásica, Tarantino se supera. Aquí vemos a todos sus actores fetiches y confirmamos que tiene serios problemas para incluir mujeres en sus relatos descriptivos de un mundo exclusivamente masculino, como el que suele concebir. Aquí vemos también una violación homosexual, como en Pulp Fiction, que precede a la violencia gore, tan característica del autor; al visceral director y escritor de guiones infames le fascina que las cabezas y vísceras de la gente estallen como sandías con balas expansivas.
La premisa es que un cazarrecompensas entregará con vida a su prisionera. La razón, en teoría, es un balbuceo ético (ningún tipo rudo saldría con semejante patraña y se ahorraría las molestias y complicaciones, dificultades y pérdidas de tiempo, con un balazo en la cabeza), pero en los hechos es un pretexto para que alguien irrumpa en el ameno encuentro de hombres cultos y trate de rescatar, a sangre y fuego, a la prisionera (mi querida Jennifer Jason Leigh en la interpretación más antipática de su carrera… por eso fue nominada como actriz de reparto al desacreditado Óscar, una vez que la dizque academia de Joligud ninguneó su extraordinario desempeño en 'Última salida, Brooklyn', de Hubert Selby Jr.).
Samuel L. Jackson y Kurt Russell hacen bastante bien sus papeles, a pesar de los pesares; también Bruce Dern, aunque nunca se levanta del sillón. Por ahí vemos a Demián Bichir en un papel autodenigrante (Tarantino reivindica hipócritamente a los negros, pero repele a los mexicanos y demás inmigrantes latinos, y su guión en este caso comete el error de atribuir un racismo antimexicano a cierta mujer que, minutos después, es anfitriona de una banda de forajidos, entre los cuales hay un mexicano).
Cuando acaba el tercer capítulo no comienza el cuarto, sino la segunda parte del tercer capítulo, que también acaba, pero no comienza el cuarto capítulo, sino la tercera parte del tercero, que acaba por fin y entonces empieza el cuarto capítulo. ¡Uf!
Salvo los guiños, la mayoría de los indicios resultan infantiles para un lector de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (como lo fui en la primera juventud).
El giro pretendidamente sorpresivo no es menos burdo que los personajes, pues sucede a dos horas de vulgaridad por un lado y aburrimiento por el otro.
Yo, como el entrañable y extrañado Gustavo García, paso de Tarantino.
Ivan Rincon Espriu
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