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Críticas de Dr Natalio
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27 críticas
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9
13 de marzo de 2015
31 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para un servidor, acometer la tarea de escribir una crítica digna para esta película supone un esfuerzo casi tan titánico como en su día lo fue para Aleksei German finalizarla. Como aficionado al cine en todas sus variantes, y lejos de ser un experto (ni falta que hace para apreciarlo), ver “Hard to be a God” por primera vez representa para el espectador uno de esos momentos cruciales en los que ha sido testigo de una obra única, inigualable e inabarcable. Uno sabe a ciencia cierta que películas como ésta, de tal dimensión y envergadura, se pueden contar con los dedos de una mano, y aun así sobrarían dedos. A continuación intentaré explicar humildemente por qué.

“Hard to be a God” (o “Qué difícil es ser Dios” en castellano) es la adaptación de una conocida novela rusa de ciencia-ficción, escrita en 1964 por Arkadi y Boris Strugatski (autores también de la novela que inspiraría el “Stalker” de Tarkovski) y de gran reconocimiento en Rusia y otros países. Al parecer, a Aleksei German le sedujo tanto la novela que ya en 1968 co-escribió el primer embrión del guión -junto con Boris-, que fue echado para atrás por las autoridades soviéticas. Sin embargo eso no le haría olvidar su viejo y anhelado proyecto y mucho después, tras haber rodado varias películas -y tras dos años de pre-producción- en 2000 comenzaría el dificultosísimo rodaje, que se extendería a lo largo de seis años. Siendo ya no pocas complicaciones, la fase de montaje y post-producción se alargaría aún otros seis años más, truncado con la fatídica eventualidad de la muerte del propio German, que no pudo ver completada su obra. La edición y el montaje fueron no obstante concluidos por el propio hijo del director siguiendo escrupulosamente las anotaciones y deseos de su padre. La película sería finalmente estrenada en 2013 en el Festival Internacional de Roma.

Pero de rodajes difíciles, largos y accidentados está la historia del cine llena. Lo que verdaderamente convierte a “Hard to be a God” en un film único cinematográficamente es, no en concreto lo que se cuenta, sino CÓMO se cuenta. Es ahí donde reside lo extraordinario y la enorme magnitud de la película, y como digo, lo que la convierte en una experiencia diferente a todas las demás. Una experiencia ciertamente inexplicable al cien por cien, avasalladora, aplastante, que sume al espectador entre el estupor. La incomprensión y la sordidez, y que a nadie dejará indiferente. La historia va como sigue.

En un futuro no muy lejano, unos estudiosos son enviados desde la Tierra a un planeta similar a ésta, poblado por habitantes similares, pero que se encuentran en un estadio de evolución social muy anterior al de los terrícolas (la voz del narrador al inicio explicita unos 800 años antes), en un tiempo similar a nuestra Edad Media. Allí, entre la peor de las miserias, gobiernan con atroz crueldad y brutalidad algunos nobles, estableciendo oscuros reinos del terror donde se persigue inmisericordemente a aquellos que saben leer y escribir, a científicos y artistas, y en definitiva a cualquiera que abogue por poco que sea por la cultura o la ciencia. Los observadores terrícolas, cuya misión es observar la evolución de estas sociedades y ver si se produce o no una especie de época de Renacimiento, no han de interferir en su desarrollo, de manera que se integran de tapadillo en su modo de vida y sus costumbres. Uno de ellos, Don Rumata, se ha convertido en una especie de elegido, descendiente de deidades, debido a sus obviamente mayores conocimientos y destrezas. Como tiene prohibido inmiscuirse en la evolución de la sociedad, vivirá entre ellos adoptando sus repugnantes y brutales costumbres, haciendo y deshaciendo –sin matar a nadie, eso sí- y tratando de aportar mejoras poco a poco y empujarlos a un desarrollo superior sin levantar demasiado polvo. Con el devenir de los acontecimientos, finalmente quebrantará las prohibiciones más intocables que se le habían impuesto, y pronto se dará cuenta, allí donde miseria, crueldad, brutalidad y muerte se enseñorean de todo, lo difícil que puede resultar en un escenario así ejercer de dios.

(Sigue en spoiler por falta de espacio)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Dr Natalio
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7
9 de abril de 2013
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un grupo de cuatro geólogos soviéticos (tres hombres y una mujer) son enviados en expedición científica a la taiga siberiana, con el objeto de encontrar yacimientos de diamantes. El sencillo planteamiento inicial pronto se tuerce cuando empiezan las complicaciones y los protagonistas han de luchar contra las inclemencias y la extrema dureza del lugar para salvar sus vidas. El sentido del deber, el estoicismo y la prepondernacia del bien general por encima de individualismos afloran entre los severísimos rigores del invierno siberiano, aunque también hay una pequeña luz para el amor, o tal vez para el recuerdo de éste.

Una gran dirección, buenas interpretaciones y una magnífica fotografía, sumado a la cruda belleza del inhóspito paisaje, hacen de "La Carta que Nunca fue Enviada" una más que apreciable película, visualmente avasalladora. Pese a mostrarse algo lenta en ciertos momentos, el desarrollo no se hace pesado y el sobrecogedor tramo final se cierra con un magnífico final. Los amantes de este tipo de cine ni lo dudéis, haceos con ella.
Dr Natalio
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8
11 de diciembre de 2010
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fenomenal película ambientada en los inicios de la Revolución Rusa de 1917. Adaptada a partir de los diarios y las anotaciones del escritor soviético Mijaíl Bulgákov en "Morfina" (1926), narra de forma cruda e hiperrealista la vida de un joven doctor tras llegar a una minúscula aldea perdida en medio de la nada, donde deberá ejercer. Allí la rutina y la vida cotidiana serán de todo menos fácil, y deberá afrontar desde partos y dolencias a traqueotomías y amputaciones. Debido a una alergia y para sobrellevar el estrés, se autorecetará morfina, pero esa primera dosis no le resultará suficiente y el paso del tiempo irá complicando las cosas a medida que la sobrecarga de trabajo y lo extremo de las condiciones comiencen a hacer mella en el jóven médico.
Con una dirección sobria y acertada, y una excepcional ambientación, presenciamos el progresivo descenso al abismo experimentado por el Doctor Polyakov de la mano de su adicción a la morfina. Segmentada en pequeños episodios, la historia aumenta en tensión y oscuridad a medida que lo hace la desesperación del protagonista, no sin hacer gala de un fino sentido del humor, que en ocasiones hasta duele. Extremadamente cruda en ocasiones, explícita, concisa y con un final demoledor, no puedo más que recomendar acaloradamente esta película, que relata de forma magistral las condiciones de vida y miseria de la época en los albores de la revolución, de un médico con nobles intenciones cuyo destino, por un motivo u otro, no fue el que en teoría estaba preparado para él. Cine del que golpea las entrañas.

"La muerte de sed es una muerte paradisíaca, beatífica en comparación con la sed de morfina" (Mijaíl Bulgakov, en "Morfina")
Dr Natalio
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7
28 de febrero de 2011
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dolorosa y amarga historia narrada con envidiable sencillez acerca de la vida de un hombre de cincuenta y cinco años, ex-campeón nacional de natación que trabaja en la piscina de un hotel, y que es relevado de su puesto de trabajo, que ocupa su hijo. Lo que en un principio nace como un episodio de humillación y fracaso personal se convierte pronto en la antesala de problemas más graves cuando la situación de guerra civil se agrava en el país y el gobierno comienza a exigir a los ciudadanos impuestos o hijos en edad de luchar contra los rebeldes. El padre se ve entonces en la difícil tesitura de elegir.

Un retrato duro y amargo de la situación de permanente guerra y miseria que se da en muchos países africanos, en este caso Chad. La narración, sencilla y pausada, se despoja en ocasiones de casi todo, salvo de las emociones reprimidas y los silencios -que gritan de desesperación- de los protagonistas. Éstos están completamente creíbles (un diez para el protagonista) en sus papeles y la historia, pese o por su dureza, necesita ser contada, tal vez de esa manera. En definitiva, una buena película que remueve las entrañas y que merece la pena ver.
Dr Natalio
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1
16 de octubre de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El espectador avispado sospechará de lo que se le viene encima cuando en el inicio aparecen los nombres del reparto. Tal vez a los más jóvenes el nombre de Jaleel White no les suene de nada, pero a algunos más mayores nos permanece en la memoria casi como un recuerdo indeleble. Tal vez si decimos que este hombre era el bueno de Steve Urkel en la serie "Family Matters" la cosa se vaya aclarando. En la primera parte uno de los protagonistas es Lorenzo Lamas, así que uno no sabe si la elección habrá sido mejor o peor.

Pero entremos en harina. La película -llamémosla así- es un despróposito de tanta envergadura como los bicharracos que nos muestra. Desde el inicio te percatas de que el director no tiene el más mínimo interés en contar nada, aquí el único propósito es mostrar las correrías del tiburón y el cocodrilo. Por tanto, aquí coherencia, guión, dirección, interpretación o montaje parecen sobrar, y así lo constata el sufrido espectador. El problema es que tanto las imágenes del escualo como las del reptil resultan increíblemente ridículas por lo vergonzoso de su factura. Uno se pregunta si no había recursos para recrear algo mejor a las dos bestias, aunque si lo había es obvio que al responsable le importaba un comino. Los documentales de dinosaurios o incluso algún videojuego dejan a "Megatiburón Vs Crocosaurus" a la altura del betún.

Por lo demás, uno podría esperar escenas espectaculares, muertes a mansalva o gags ocurrentes. Desafortunadamente, lo único que encontramos en la cinta es una sucesión de saltos del tiburón que harían sonrojar a un niño de 6 años (las peripecias del cocodrilo tampoco se quedan atrás, aunque no rallan a la misma altura que las del tiburcio, nunca mejor dicho lo de la altura). Por si tuviéramos poco con los dos titanes mastodónticos, intervienen el bueno de Jaleel con su cara de sapo "interpretando" a un científico reciclado por el Ejército de EEUU, a un cazador de cocodrilos con aspecto de borracho pendenciero, y a una agente secreta de muy buen ver representando al sector militar. Las andanzas de los tres a bordo de buques, submarinos y helicópteros para conseguir aniquilar a los bichos no tienen desperdicio (tampoco interés): una continua repetición de tontunas inverosímiles que de lo patética ni siquiera hace gracia.
Una cosa sí hay que reconocer al que ha defecado semejante engendro, y es el innegable buen ojo a la hora de seleccionar el reparto femenino. Con esas mujeres más vadría que hubiera rodado otra cosa ;-)

Lo cierto es que, por muy manido que suene, "Megatiburón Vs Crocosaurus" entra directamente en la lucha por el título a la película más lamentable, inexplicable, absurda, ridícula, deplorable y peor hecha de la historia del cine, a falta de encontrar más adjetivos que puedan definirla. Lo habrás oído muchas veces pero, hazme caso, esta vez es verdad. Esta basura jamás debería haber existido. Horripilante es poco.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Dr Natalio
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