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España España · Madrid
Críticas de OsitoF
Ordenadas por:
1.345 críticas
3
17 de septiembre de 2021
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Tras unos inicios en papeles secundarios de gordita maja, alguien vio en Melyssa McCarthy un posible rol protagonista como gorda bastorra y la chica se tiró ahí unos cuantos años haciendo el mismo personaje con distinto collar. A veces las circunstancias, un guion con gags afortunados o una dirección competente sabían sacar partido al material y la película terminaba resultando decente, pero lo normal es que se tratase de variaciones sin demasiado criterio ni esfuerzo alrededor del concepto «riámonos de lo que ha hecho la gorda». Hace tiempo que no sé nada de ella y recientemente he oído que, por motivos de salud o por desencasillarse, ha cambiado de hábitos y conseguido un físico más saludable, veremos si eso va acompañado de un cambio de filosofía de trabajo.

“Por la cara” pertenece a la etapa de la McCarthy con sobrepeso. Hay que reconocer cierto trabajo de escritura en una trama con un nivel por encima de la media, pero a la hora de insertar la parte cómica todo se reduce a satisfacer al espectador de humor de brocha gorda con situaciones que saquen partido al físico de McCarthy y a contentar a los seguidores de McCarthy haciendo que la gordita ponga en apuros al tío guapo. Con una historia que no se sostiene más allá de la primera media hora y un sentido del humor a medio camino entre la indiferencia y la vergüenza ajena, “Por la cara” es un título totalmente prescindible como casi todo esa filmografía de McCarthy. No se puede decir mucho más. Se pueden salvar cosas sueltas como tal personaje, tal chiste o tal interpretación, pero en general es un fiasco.
OsitoF
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8
17 de septiembre de 2021
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“Battlestar Galactica” (la de 2004) ha sido una de las series que más huella me ha dejado. Setenta y pico episodios tocando toda clase de géneros: desde la acción pura hasta la política, desde la ciencia ficción a la aventura, pasando por lo detectivesco y el romántico. Con tramas que iban de la comedia más hilarante a la tragedia más dolorosa y un despliegue de efectos especiales pocas veces vistos en una serie. Y todo ello sin avergonzarse de que se le pudiera considerar un culebrón espacial ni acobardarse por meterse en cuestiones filosóficas, religiosas o mitológicas de las que suelen huir las producciones generalistas. Además, tuvo la visión de pensar a lo grande, de manera global, generando merchandising y spin-offs en forma de películas (“Razor” o esta “Sangre y metal”) o miniseries web con las que tener enganchado a su público entre temporada y temporada.

A lo mejor exagero, pero “Battlestar Galactica” (BG en adelante) puede haber sido la serie de ciencia ficción más ambiciosa antes de la aparición de Netflix. Y dado que muchos efectos son más mecánicos que digitales, ha envejecido razonablemente bien y sigue superando al noventa por ciento de la parrilla actual. Es cierto que su complejidad echó para atrás a más de un habitual de las series de acción (a los haters de todo lo que huela a entretenimiento ni los cuento), pero también generó un fortísimo vínculo de lealtad con sus seguidores. Su temporada de desenlace y su absolutamente sorprendente final aún me deja la cabeza caliente cuando pienso en él. Una pena que su precuela “Caprica” no cuajara. Era prometedora pero posiblemente cometió el error de pensar que BG le había proporcionado crédito ilimitado para embarcarse en su ambiciosa historia multihilo antes de afianzar sus cimientos (BG se mantuvo la primera temporada dentro de los parámetros normales de batallas espaciales antes de adentrarse en el terreno metafísico) por lo que en nueve de sus diez episodios no pasaba nada interesante o comprensible y fue cancelada justo cuando entraba en la fase de obtener resultados.

“Sangre y Metal” narra un episodio independiente dentro del universo BG: la primera misión del futuro Almirante Adama, cuando era un simple y jovenzuelo piloto durante la primera guerra con los cylon. La película está hecha con el mismo material técnico que la serie, por lo que su puesta en escena es similar y se integra perfectamente con ella. Tiene algunos efectos visuales mejorados y una trama bastante sólida que encuentra excusas perfectamente justificadas para emplearlos, a la vez que proporciona algunas pistas sobre la primera guerra con las tostadoras teniendo cuidado para no revelar nada que pueda entrar en conflicto con el canon.

Habrá quien piense que la nota está inflada como homenaje a la serie, pero no es el caso. Ví “Sangre y metal” antes de ver la serie y conecté con ella enseguida, con su ambientación militrar, con lo creíble de su planteamiento, con su mezcla de acción y estrategia, con su visión del espacio, con sus personajes… Puede que no fuera tan espectacular o derrochase tanto CGI como “Star Wars” o “Star Treck”, pero me resultaba más fácil identificarme con ella y con sus propuestas. Y aún lo hace. Casi veinte años después, sigo animando a todo el mundo a dejar prejuicios aparte y entrar en el mundo BG. Es verdad que requiere un esfuerzo para adaptarse a su estética y sus normas, pero vale la pena.
OsitoF
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3
15 de septiembre de 2021
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Trasnochada propuesta de un estilo cómico que tuvo bastante gracia hace más de cincuenta años cuando Paco Martínez Soria o Alfredo Landa vivían alocadas peripecias basadas en el choque que suponía interactuar con otras culturas, ya fuera ligando con suecas en Benidorm o viajando a Alemania, Pepe. El trasfondo de realidad, lo atrevido (para la época) de los planteamientos y el talento de los susodichos y sus colegas como Saza, Gracita Morales o Jose Luis López Vázquez nos dejaron películas de mucho éxito y mérito que todavía hoy se deja ver con nostalgia y sonrisas.

“Descontroladas” viene a ser lo mismo pero a lo basto, a lo grosero. Su valor añadido es tener de protagonista al dúo formado por una de las actrices presuntamente cómicas de moda como es Amy Schumer y la semi-retirada, aunque siempre carismática, Goldie Hawn. Todo lo demás es el esquema ya visto mil veces de soltar a un par de urbanitas americanos (americanas, en este caso) en un peligroso y atrasado país del Tercer Mundo para hacerles pasar penurias. Aquí la película no arranca con buen pie al elegir al razonablemente avanzado Ecuador como dicho destino, poniendo de manifiesto el pobre y equivocado concepto que los norteamericanos tienen de él. Se puede entender que el sistema educativo de EEUU considere que todo lo que haya al Sur de Arizona sea África, pero da mucha vergüenza ajena que entre todos los productores y el equipo de guionistas, supuestamente profesional, no haya nadie capaz de levantar la mano y decir que Ecuador no es una república bananera de ciudadanos mugrosos y sudorosos policías con sobrepeso.

El que consiga trascender la falta de respeto y el supremacismo que desprende la película hacia lo extranjero, se encontrará con una trama infantil salpicada de chistes de brocha gorda, generalmente en ridiculizar el aspecto de alguien, en golpes y porrazos tontos o en reírse de las torpezas de Schumer. Todo ello con un innegable aire de improvisación y con gritos, muchos gritos histéricos de la pareja protagonista ante las inconveniencias de estar en el selva. ¿La gracia? No sabría decir. Hay momentos especialmente absurdos que pueden tener un pase, pero la mayor parte de la película discurre entre la indiferencia, el aburrimiento y la vergüenza ajena.
OsitoF
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4
14 de septiembre de 2021
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Película basada en el homónimo y autobiográfico libro de una tal Jeannette Walls cuya lectura sea, posiblemente, la única manera de aclarar ciertos pasajes difusos del largometraje y de tratar de extraerle unas conclusiones que yo, personalmente, no he sido capaz de encontrar. Eso, o mirar en Wikipedia, que es lo que he hecho yo antes las pocas ganas de profundizar en el tema que me ha suscitado el visionado de esta película más allá de buscar algo de material con el que rellenar esta reseña.

Y es que “El castillo de cristal” me ha dejado completamente indiferente con la única duda de si ha sido una pérdida de tiempo o simplemente un peñazo de esos que hay que tragarse en ocasiones como precio para encontrar alguna película decente de vez en cuando. Me inclino por lo primero y diría que hay tercer motivos fundamentales que lo explican. El primero, que es una película mal escrita, con continuos saltos en el tiempo que no guardan una coherencia argumental ni tienen sentido narrativo. El hecho de que arranque con la infancia de la protagonista, luego viaje al presente y más tarde nos maree aleatoriamente con saltos hacia su infancia, juventud y madurez no responde a relaciones de causa y efecto entre experiencias pasadas y reacciones presentes, sino a la más pura arbitrariedad. La película se podría haber contado perfectamente en orden cronológico sin alterar el resultado final, aunque entonces no parecería tan cool. Quizá más amena, pero menos chic. Baja Nolan, que llega Destin Cretton.

El segundo motivo está relacionado con el anterior: “El castillo de Cristal” avanza a golpe de revelaciones que se hacen sobre la marcha. El esquema que se repite en bucle es el de personajes en pantalla haciendo o diciendo cosas sin motivo aparente y difíciles de explicar, hasta que el guion suelta la pista que todo lo aclara. Esa técnica puede funcionar en la literatura, porque el formato escrito se presta a que el escritor inteligente pueda dejar indicios en páginas previas que enlazan con una sorpresa en un momento dado. En el cine, por contra, es más complicado y suele requerir de flashbacks anticlimáticos o, como en este caso, simplemente tener al público aburrido e ir soltando alpiste argumental de vez en cuando.

Y ya para terminar, se puede decir claramente que la vida de Jeannette Walls no pasa de dramita. Vale que sus padres eran unos nómadas hippilondios, que su padre le hacía vivir fantasías maravillosas que nunca se hacían realidad por culpa de la bebida y que a la madre le faltaba voluntad para cortar con todo aquello y empezar de cero con sus hijos… pero vamos, que tuvo una niñez en la que (afortunadamente) ni pasó privaciones, ni (afortunadamente) sufrió malos tratos, ni (afortunadamente) nada le impidió ponerse a trabajar y salir adelante como periodista. Hay mejores padres, obviamente, pero también, sin tener que irnos muy lejos, los hay mucho, mucho, mucho peores. A falta de más datos, veo la película y sólo percibo rencor hacia un padre con un gran potencial desaprovechado y que, MUY de vez en cuando, se acuerda de su hija famosa para sablearla. Ojo, y lo dice una chica que según Wikipedia se colocó de periodista del corazón en una TV americana y ha escrito tres libros, todos ellos basados en ella y/o en su familia… vamos, que a buenas horas iba a haber tenido el relativo éxito que ha tenido, si su padre hubiese tenido un trabajo de oficina de nueve a cinco.
OsitoF
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2
14 de septiembre de 2021
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“El día que vendrá” nos lleva a la Alemania de los meses inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, concretamente al Hamburgo administrado por los ingleses, donde un importante oficial británico trata de mantener el orden en una ciudad donde los perdedores van poco a poco recuperándose del shock de la derrota y empiezan a organizar algo parecido a una resistencia. Su arranque parece prometer una visita a uno de los momentos históricos menos manoseados por el cine y la literatura, con una narración desde los puntos de vista de vencedores y vencidos, en lo que -con independencia de su rumbo final- podría ser un desarrollo novedoso que visibilizara el drama de una población civil machacada por bombardeos o que recordase que gran parte de esa misma población miró hacia otra parte en el Holocausto.

Pero eso es solo el arranque. Al cuarto de hora aparece Kiera Knightley, se apodera del noventa por ciento de los planos de la película y la película se convierte en un folletín rocambolesco y ridículo, un episodio largo de telenovela tan solemne y vistoso como pésimamente escrito, con unos giros tan mal preparados que las hipotéticas sorpresas que se suponen que tienen que dejar boquiabierto al espectador se construyen negándole una información que le hace vivir en un permanente estado de desconcierto y, cuando finalmente, se arroja la luz esclarecedora, se hace con tan poco arte y tan poca naturalidad que parece una solución de conveniencia escrita a toda prisa para acabar cuanto antes.

Pero que lo que prometía ser un drama de época acabe siendo un episodio de telenovela poco inspirada no es el menor de los males de “El día que vendrá”. Lo peor, lo que hace que no se la recomiende a nadie (ni al más acérrimo seguidor de “Acacias 38”), es que es un peñazo del copón. Un tostón insufrible como pocas veces he visto. Hay por lo menos cincuenta minutos de metraje que son puro relleno y se podrían eliminar sin alterar la narración, todos ellos plagados de mohines y gestitos random de una Keira que, ante lo errático del guion, se ve obligada a tirar de todo su repertorio para pasar del dolor más amargo a la alegría más desbocada. Es lo que pasa cuando quieres meter en cien minutos de película una trama de culebrón que se tomaría normalmente treinta o cuarenta episodios.

Obviamente, el resultado es una interpretación muy poco natural, pero es que no se puede hacer nada con ese libreto. No se me ocurre ninguna actriz capaz de meterse en el papel sin resultar pareciendo una desequilibrada. Con los chicos tampoco hay mucho que rascar, a ninguno parecen haberle dejado claro el contexto de su personaje más allá de las escasas frases escritas, de ahí que sus personalidades al principio de la película no tengan nada que ver con sus comportamientos al final. Eso suponiendo que se consiga superar el tedio y el sopor para llegar a ese final de tres bandazos a cada cuál más forzado y alcanzar los títulos de crédito, una aventura que no está al alcance de todo el mundo y para la que hay que estar muy seguro de querer embarcarse. Cosa que no recomiendo.
OsitoF
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