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Rusia Rusia · Stalingrado
Críticas de Ferdydurke
Ordenadas por:
1.065 críticas
1
15 de noviembre de 2017
6 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los más tristes atributos de nuestro desgraciado sino (desde que nacemos dando tumbos por el mundo, deambulando como sonámbulos, sin por qué ni cuándo) se muestra, como un asaltador montaraz agazapado en cualquier oscuro recoveco de la noche, en el momento de elegir (si damos por bueno ese espejismo, otro más); ahí se abre de piernas, nos incita a mala idea, el terrible instante en que nos damos cuenta de todo lo que, cada segundo, perdemos sin remisión, las montañas de oportunidades y renuncias que nuestras decisiones acarrean, como si fueran ristra de enfermedades venéreas tras cualquier peligrosa incursión amorosa, cada paso que damos significa millones de posibilidades despilfarradas, vidas abandonadas para siempre, mundos ya imposibles para ti, desiertos, traicionados, dejados de la mano de Dios, turba muda que te ruega por una esperanza de luz, zahúrda, zarabanda, Pavana para una infanta difunta.
Por ejemplo, yo mismo, esta fea noche de feroces augurios, cuando cogí el coche recién comprado al mejor precio teniendo en cuenta sus fascinantes prestaciones y todo lujo de comodidades y me dispuse, con mi santa esposa sin la que no soy ni media sombra ni tengo un cuarto de hostia, a arribar, cual pirata recién llegado del Caribe con las manos llenas tras infinitos saqueos, a las apetitosas salas, más bien las imagino bacantes o conchas rodeadas de anguilas, algas y corales, del cine, el que sea, eso no importa, el templo es para rezar, con el objetivo principal no ya de disfrutar de un merecido relajo y descanso tras un duro día de trabajo, sino que sobre todo con la generosa idea de apoyar a la industria cinematográfica mundial cuyos intereses comparto y de la que me siento felizmente identificado, más de la española por la causa patriota, pero no descarto ninguna otra, ni mucho menos desprecio a la norteamericana que es tan maja y cada día que pasa joyas por doquier y en derredor nos regala como fina lluvia y dieta sana, aportar mi granito de arena, eso decía que quería, no pierdo el hilo, solo estaba intentando precisar que era justo eso lo que pretendía y más deseaba, bueno, pues entonces, en ese preciso trozo de espacio-tiempo, como ya antes había señalado y no es cuestión de repetirse ni insistir, algo sucedió, lo vi, así lo sentí, algo se apoderó de mí, digamos que una epifanía o una ascensión mística me retenía, el caso es que conseguí vislumbrar todos esos lugares en los que me gustaría haber estado y nunca pude pisar por nuestro funesto sustrato que nos obliga a estar en un sitio cada rato y nos niega la mucho mejor bondad de la rica ubicuidad.
Ahí quise morir por todo lo que me perdí. Ahora haré un repaso por si no lo tenéis claro y perdéis el paso de la dimensión del fracaso, de tanto desgarro:
Me perdí, o me quitaron los cabrones, quienes fueran, algún día los iré a buscar y acabaré con ellos uno a uno, tras mil inventos cruentos de ojos morados y catedrales llenas de cardenales, la cama caliente de mi amante yaciente que tanto me idolatra y, lo que es mejor, todavía, a pesar de todo, de tanto, me quiere; me robaron los miserables el programa más entretenido de toda la programación de la muy española televisión, no sé si Gran Hermano, Operación Triunfo, El Chiringuito o el gran Estado de la Nación; me usurparon el atraco que tanto tiempo llevábamos planeando yo y mis colegas de hurtos, los de la banda de la rata según el calendario chino, son buena gente a la que tuve el gusto de conocer en Carabanchel, que con tanto esmero y disciplina habíamos organizado, hablamos de un asalto nada menos que al tren del dinero; me jodieron los hijos de la gran puta, eso sí que jamás se lo perdonaré, la escucha atenta, deleitosa, tanto tiempo aplazada, por motivos de infraestructura, tal vez de índole logística, y por eso aún más deseada si cabe de la Cantata Profana de mi admirado, hasta el delirio, Bela Bartok.
Me lo quitaron todo y por eso me quejo y quisiera destruir el universo entero.
Pues eso mismo, todo lo dicho, nos vale, nos pasa a todos con los títulos de las críticas que llenan esta página de alquímica enseñanza. Cada vez que ponemos uno, dejamos a un lado tantos otros igual de necesarios e importantes. (Un título es la mitad de una crítica, en un título está el resumen, el estilo, la esencia de lo que venga, su mejor cara, por sintética, por clara). Y no sabéis el dolor tan grande que eso supone.
Ahí van los que abandoné por aquel que elegí: "Plutonio enriquecido... y sabrosón", "Perro loco... nunca es poco", "Fantasma... y que lo veas", "Si te vas a Oriente, lleva la crema hidratante para ponerte de cara al sol que más caliente, no vaya a ser que te quemes y desorientes", "Pedicura y Manicura son las dos una ricura", "Esto es una boooombaaaa... ". Queda reluciente la dificultad máxima de la elección. Es como tener un hijo recién nacido y saber que al mismo tiempo estás mandando a la muerte al resto de la progenie, peor, abortados, nonatos, atrapados esos fetos en las paredes de tu conciencia, emparedados los engendros que aun no balbucean siquiera entre tus sesos y el cerebelo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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1
6 de noviembre de 2017
45 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo es spoiler. Eso me temo.
Soy Billie Jean (como la canción) King y me subo el sueldo. Lo dice el feminismo en el artículo 1.
(¿En qué quedamos, cuál es el criterio, economía libre de mercado, todos iguales ante el Dios dólar, o más bien lo contrario, el Estado intervencionista y quizás hasta un poco Comunista, todos iguales y nos importa un comino el citado dólar? ¿Cobramos todas las mujeres igual o solo aumentarán sus ganancias Billie Jean y sus colegas? ¿Cobrarán todas las mujeres igual que los hombres sin tener en cuenta los estadios, la duración de los partidos, la publicidad, las audiencias... ? ¿Cobrarán igual todos los hombres que las mujeres, tanto los malos como los buenos? ¿Dependencia de los resultados en una competición abierta en la que juegan todos juntos, hombres y mujeres de todas las edades? ¿Esto qué coño es? ¿Concretamos un poco o hacemos soflamas vacuas, al aire, gratuitas, estúpidas?
Decía que soy muy feminista, me rebelo y quiero más dinero. Creo un torneo y ya lo tengo. Para celebrarlo como Dios manda me voy a la pelu que es lo que hacen las mujeres libres en estos casos pintiparados (sí, también las nuestras, qué te habías creído). Allí hacemos chistes zafios sobre los hombres y hay que ver lo bien que lo gozamos (por supuesto que si los hicieran ellos, igual de bastos y tópicos, los llamaríamos machistas, es lo que tiene, jajaja). A continuación aparece un estilista (o como se llame el bonito oficio del hombre de la pluma, a lo que parece nos quieren insinuar sutil, elegante, educadamente que puede llegar a ser homosexual, uy, qué cliché tan fino y colectivo, ni en el landismo) que nos quiere poner monas para acabar de liberarnos, qué risas y alegrías de tanta algarabía. Además una magnánima compañía tabacalera (el tabaco antes era gloria y salud lo mismo que ahora es dolor y terror) nos patrocina para ayudar a la causa.
Allí, en la susodicha pelu, como en la Academia de Platón, reflexionamos sobre lo humano y lo divino, compartimos nuestras experiencias y existencias. Una rubia trabajadora me hace ojitos y de fiesta me la llevo, que soy guerrera e ideóloga pero no de piedra. Yo estoy casada (es la sociedad la que me obliga, el sistema masculino opresor) y aun así soy libre cuando quiero, mucho más ahora que me ha venido la conciencia y la pureza, y, mira, igual me la llevo al huerto. Disfruto de sus agradecidas carnes y todo es apretujamiento. No conocía a Safo y ahora te cuento.
Me llama Bobby Riggs, un cincuentón machista que me pica y me ofrece un partido en el que batallarían el machismo y el feminismo. Yo me niego de plano, y de raíz, qué se habrá creído ese mequetrefe ridículo. Yo no montaría una farsa así jamás, ni por todo los tesoros del mundo. Nunca en la vida convertiría mi santa causa (y el de todas las mujeres buenas o con algo de ciencia) en una grotesca feria, qué escándalo y vergüenza, solo de pensarlo me embarga la pena. Mucho menos haría dinero con ello, ni hablar de un espectáculo chapucero.
Nos vamos de gira mis chicas y yo y, además, para que nada falte, me llevo a mi recién amante. Pero en esto que llega mi maridito, le miento en toda la cara, el buenazo se entera y no pasa nada (ni lamentos ni cuernos, esos horrores para los otros. Son las ventajas de mi nueva autonomía y recién ganada independencia). Es lo que tienen los hombres buenos cuando han evolucionado hasta un punto en el que son de los nuestros (feministas de alma y de vocación aunque quizás todavía no se hayan dado cuenta), que consienten cualquier cosa sin gritos vulgares ni quejas ni penas, ni lagrimitas siquiera, al contrario, ponen hielo en las piernas, nos comprenden, apoyan, quieren, ayudan, nos iluminan con su amorosa presencia, saben, en fin, que en esta lucha nada es sacrificio y todo merece mucho la pena. Es una lástima que no todos sean así como él de enteros y buenos. Un mundo mejor sería posible. Sin tanta guerra y tanta hambre e injusticias que nos asolan.
De entre todas las mujeres buenas hay una mala, siempre pasa, una manzana podrida nos acosa. Sí, la única que tiene hijos. Fíjate que pérfidas que son las mujeres cuando paren churumbeles y viven con sus tristes compañeros en matrimonios esclavos donde ellos las oprimen (en este caso no tanto). Esta perversa señora es fría y mala como el hielo y se presta, la traidora y desnaturalizada, a la gran mamarrachada que pretendía el cerdo machista.
Lo veo (solo por curiosidad de observadora ideológica, no penséis mal) y no lo creo. Pierde el partido y deja por los suelos nuestra bandera (en una hora se fueron al garete todos los esfuerzos, cuánto daño provocó esa dramática derrota). Esto no lo puedo consentir yo de ninguna manera. Tomaré cartas en el asunto y pondré fin a esta ignominia.
Mientras tanto vemos al payaso (así lo llaman con discreto eufemismo y es lo mínimo que merece como hombre sin fuste), que es un jugador y mal marido, gorrón y mantenido. Una birria y un asco. Su divina mujercita, seguramente que otra feminista, así apunta su hondura y altura de miras, quizás en la sombra, le aguanta y ayuda a pesar de todo, de tanto desafuero. Pero todo tiene un límite y se cansa la bendita, de tan buena clase y pinta. Ya veremos.
Se acerca la hora de la cumbre deportiva. El evento que parará el mundo por su enorme trascendencia y grandes valores. Las mujeres demostrarán por fin que son iguales (¿Mejores tal vez? ¿Es mucho aventurar y no es necesario tampoco abusar?) a los hombres.
La de 29 contra el de 55, la joven, buena, guapa y libre e inteligente y especial y fiel (casi) y sincera (más o menos) y desinteresada del todo (hombre... ) y pensadora (sí, esto no me lo niegues) y sensacional, estupenda, maravillosa y libertaria (sí, sí y sí) contra el hortera nefando, ese bochornoso pelele, desagradable petimetre, bufón espantoso y patán colosal.
¿Quién ganará? ¿El bien o el mal ¿Con quién tú vas? El futuro de la especie humana, de todas las mujeres buenas y los hombres malos, está en marcha.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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2
3 de agosto de 2013
9 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primaria y simplona. Tendenciosa y sermoneadora. Histriónica e histérica.
Me sangran los ojos y me estallan los tímpanos.
Tanto delirio y tremendismo para decirnos que la gente de campo es inocente y buena, y que la ciudad es mala y corrompe. El mito del buen salvaje versión social posguerra española.
Todo es obvio y trillado; los personajes grotescas marionetas y la historia saturada de efectismo melodramático. No hay lugar para el reposo, la observación o la delicadeza; todo es brutalidad cinematográfica.
Solo se salvan algunas escenas por como están rodadas; me gustan especialmente las mudas: la de la chica probándose la ropa de su jefa y la pelea del camión.
Quiere ser una película neorrealista española y tiene valor como documento histórico; es apreciable su contundente e implacable ritmo, pero se pierde en enormidades e infantilismos, anteponiendo el mensaje, el discurso, a la verdad de los personajes, olvidando que no son autómatas, aplastándoles con la pesada carga de la moralina.
Ferdydurke
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4
26 de noviembre de 2017
7 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mucho spoiler.
Empezó con el mismo cine. La fórmula. Aunque en realidad es inmortal. Vino con el código genético. Incorporada a la sangre y a las conexiones neuronales. Antes de comenzar a balbucear ya la podíamos recitar. Es platónica. Una idea arquetípica. Anagnórisis. Está fijada y prefijada desde el principio de los tiempos. Antes del Big Bang. Se codeaba de tú a tú con los dinosaurios, vacilaba a los diplodocus y a los tiranosaurios. Resistió las glaciaciones, la desaparición de los neandertales, conoció a Homero y le susurró al oído (pero este no le hizo mucho caso), observó la aparición de los primeros cristianos en el foro romano, llegó a la Edad Media y el Renacimiento, y ahí tuvo todo su apogeo.
Pero fue el cine el que la supo querer y tratar como más se merece. Fue el cine el que desde su aurora callada comprendió con más claridad que las muchedumbres pedían amor pero no desorden, pasión pero no caos, sexo pero no riesgo, comunión pero no fusión, contacto pero con guantes, arrebato distante, fueron los primeros creadores de este bello (a veces) y banal (no siempre) arte los que mejor entendieron que el amor, para que fuese aceptado por la mayoría (igual a mucho dinero) debía ser desnaturalizado y rebajado, neutralizado y adelgazado, convertido en un perrito faldero de conducta previsible y adocenada, que sabes que cuando abras la puerta de casa ahí va a estar para ti, sin peligro, sin juego. Ellos entendieron que la gente tiene miedo, que el deseo se castra desde muy pequeño y muy pronto y que luego ya no hay remedio, solo queda un reflejo, un atisbo muerto, un anhelo fofo, un recuerdo difuso de algo más bello, pero sobre todo miedo. De ahí el triunfo indiscutible e indestructible de la fórmula. Conseguía que el tren no descarrilase y que nadie se manchara, que nada más abandonar la sala del cine cada uno pudiera volver a su hogar como si todo hubiera sido un inofensivo sueño, dispuestos a soportar unos días más de espejismo consolador, de seguridad acolchada, de ficticia felicidad. Por eso la fórmula es parte indispensable de nuestra esencia, la más duradera, la que vemos cuando nos miramos al espejo y escuchamos las noticias, esa esperanza vaga de algo mejor que no sabemos ni cómo. La fórmula.
Fue el cine el que la dio su lugar y la convirtió en la reina de la fiesta, siempre presente, inalterable, sin envejecer ni padecer enfermedades, bañada en la fuente de la eterna juventud.
La fórmula. Y no la de Coca Cola. Ni siquiera la de la patriótica San Miguel.
Es... (sí, algunos más avispados ya lo habéis acertado)... la fórmula del amor, de su narración, de su desarrollo temporal, fiel, ineludible e inexpugnable, como un (otro, distinto del anterior, no nos confundamos, este se llama Fofito, el otro Juan) perro que te sigue hasta la tumba o un corpiño que te aprieta muy fuerte, el cinturón de castidad, el anillo de propiedad, una correa que te ata a la vida y el deber.
La fórmula.
Descripción.
a) Elementos (en sus inicios, pero los factores no alteran el resultado del producto, son intercambiables y variables hasta el infinito, da igual, piezas de engranaje): Chico-Chica.
b) Transcurso o su proceso: Encuentro-Odio-Remanso-Pasión-Remanso-Amor-Remanso-Crisis-Remanso-Reflexión-Remanso-Reconciliación-Remanso-Amor-Remanso-Final-Feliz.
c) Otras consideraciones: Se dice, cuenta la leyenda, que hay algún espectador que todavía piensa que las cosas son más o menos así o que en realidad no hay fórmula, ningún frenesí.
El caso es que a pesar de mi mucha zorrería y escepticismo reconocido, de la gran desconfianza y la sabiduría extrema, al principio y un buen rato después, me timaron, me engañaron, me la metieron doblada los muy cabrones, me tragué el anzuelo, me pensé (pobre de mí) que iba a ser, así parecía y apuntaba por sus rudas maneras, una historia nada convencional, algo original, auténtica, con sincera personalidad, sin concesiones, pura, verdadera, sí, la vida entera.
Hasta... que el padre enferma (de mucha gravedad). Ahí lo vi venir. Cantaba demasiado a giro de guion con toda la (mala y forzada, recurso manido) intención. Pero seguían el beneficio de la duda y el crédito vigente.
Hasta... que el rumano guapo (por cierto, vaya suerte que tiene el muchacho originario. Se le aparece de repente un príncipe azul de los de oro en paño y a todo trapo, para limpiarlo con un paño. Guapo, listo, bueno, valiente, paciente, con oficio, experiencia y muy tranquilo) se marcha. Tardé mucho (imperdonable), lo sé. Pero ahí sí, ya no dudé. Todo el percal pillé. No lo podía creer. Ellos también. Les había cogido cariño, aprecio, mucho amor del bueno. Seguía sus aventuras y desventuras, sus roces, sexos, compañía y goces con la lengua fuera, todas sus revelaciones y desperfectos como caídos del mismo cielo. Tenía el petate hecho. Dispuesto a presentarme en esa lejana granja para que me dieran consejo, cobijo, amparo, regocijo, lo que fuera, que yo también quería comer del mismo plato, donde comen dos tres no molestan y con el padre y la abuela echamos el resto.
Y, de repente, ante esa epifanía o visión estremecedora, me sentí traicionado, estafado, como si me hubieran con otro engañado. No, hombre, no, vosotros no, así no, por favor, también no. Os lo ruego. No.
Pues sí. Que se va. El otro le va a buscar. Se encuentran. Se quieren. Y de vuelta al hogar. A cuidar ovejas, borregos, becerros y si hace falta nos marcamos un degüello. A amarnos como realmente nos merecemos.
Como si vas a escuchar a Stravinski y te meten a Alejandro Sanz, a Cobos, a Nyman, todo bueno, pero tú buscabas otra cosa, a Sid Vicious, a los tres sudamericanos, a Rajmaninov, a Franco Battiato, no ese tran tran impersonal y barato.
En fin, hasta en el campo más olvidado te están esperando con la guadaña en alto, agazapados, dispuestos a darte el palo y salir pitando.
En el spoiler sin spoiler haremos algunas preguntas que ya se estaban echando a faltar.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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2
13 de noviembre de 2017
5 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cómo hacer una buena crítica (de aficionado, tampoco te creas). O curso acelerado para triunfar en Filmaffinity en el menor tiempo posible.
"Hazlo. Escribe, no pienses." (Ferdydurke)
Este pequeño tratado está hecho con la mejor de las intenciones. He intentado reunir en un solo escrito la suma total de mis experiencias, lecturas y enseñanzas obtenidas (algunas tras opíparas cenas regadas con generosos caldos) sobre el tema con diversos y amistosos compañeros de armas.
Espero y confío que estas líneas os sirvan de guía, consejo, esperanza y luz a los que las lean y recién comienzan en este mundo maravilloso y proceloso.
He tratado de mostrar dos aspectos igualmente esenciales: lo que el crítico tiene de humilde artesano y lo que este absorbe de la realidad circundante. La mano de obra y el cerebro pensante. El currela y al artista. El hombre de acción y de pensamiento.
El decálogo es siempre lo primero:
1) Todas las películas son buenas aunque no lo parezca.
2) Todas las puntuaciones son altas aunque no te apetezca
3) Todos somos amigos aunque lo disimulemos.
4) Los escritos claros y escuetos. Lo bueno si breve dos veces bueno
5) Siempre películas de estreno. O muy conocidas.
6) La mayoría siempre tiene la razón. Y si no, únete a otro grupo dominante.
7) No divagues. Informa.
8) Tu vida no importa, pero alguna anécdota no molesta.
9) Jerga y frases hechas administradas con recato.
10) Sobre todo que quede claro que eres buena persona.
a) Antes de todo.
- Bagaje: ¿Qué debe saber un buen crítico antes de ponerse a escribir? (Sé que este asunto es de honda preocupación entre los de nuestro gremio)
Indudablemente debe conocerse la historia del cine al dedillo, desde sus albores silentes hasta esta planicie ruidosa y desolada que nos rodea, se debe frecuentar a los más extravagantes y desterrados como a los más exquisitos o convencionales. La historia de la música, también. La del arte sin falta. La Historia, así, en mayúscula, agrada lo suyo. El pensamiento entero que ha dado el hombre no es mal compañero. La ciencia completa siempre es buena consejera. La de la literatura, con premura. En fin, su cabeza debe ser una enciclopedia de oro bruñida y metafísica dorada.
- Estado civil. A ser posible soltero. Todo el tiempo es poco si el empeño es verdadero. Ya sabéis que las mujeres distraen, desgarran y encandilan. Y los demás hombres..., para qué un triste reflejo.
Este es un oficio para máquinas solitarias. Todo el que no sea capaz que huya antes de que su vida se destruya. Sí, amigos, esta profesión causa los mismo estragos que la heroína pura, una corresponsalía en zona de guerra, una concejalía de cultura o igualdad, el ébola en el África negra, estrés, síndrome postraumático, la mirada perdida de la milla, pesadillas recurrentes, picores en el entrecejo, psoriasis y hasta se ha visto a algún penoso individuo que ha caído en la infinita vulgaridad del alcoholismo o el puterío...
(- Sexo (o género o.. ): Por si alguien no se había dado cuenta, masculino. Las mujeres tienen asuntos mucho más delicados que observar y resolver como para ponerse a perder el tiempo con estas ridículas minucias (a las pruebas me remito y no hace falta hilar muy fino). Ellas deben arreglar el mundo. Asunto baladí, lo sé. Pero de ellas dependemos. A nosotros que nos dejen con nuestros juguetes).
- Profesión: Ninguna. Rico de nacimiento. Trabajar debilita y corrompe, te vuelve sumiso y cobarde. Te une a la manada de los que no tienen nada (en el alma).
Otras opciones. Rentista. Extorsionador. Diplomático. Proxeneta. Vago. Maleante. Poeta. Puto. Comisario de arte. Expositor. Conferenciante. Jugador de hockey sobre hielo (la hierba para las vacas, el parqué para cosas serias como el baile de salón). Preso común y moliente, los otros no sirven para nada.
b) Durante el día de trabajo.
- Predisposición: Debe estar descansado. Haber dormido bien. Doce horas para empezar a hablar. Con la mente limpia y fresca. Con el cuerpo a punto.
Si la película es demasiado profunda también se aconseja echar una siesta al mediodía, de unas seis horas como máximo.
- Actividades físicas previas al evento: Reposo absoluto. Aislamiento completo.
Aunque aquí debo añadir que hay diferentes opiniones que responden a escuelas, corrientes de pensamiento y teorías críticas opuestas que hablan del sexo (me refiero a la gimnasia, me niego a nombrar la melonada del amor, eso lo dejo para las revistas Marie Claire o los filósofos antiguos, los pobres) como el elemento crucial de la ecuación precognición del peliculón en cuestión. Es decir, algunos apuntan a la descarga previa del material acumulado como la obligación fundamental del crítico (no hablamos de apetencia, es una exigencia). No precisan, o si lo hacen hay demasiadas divergencias o subgrupos en pelea que discuten los matices más sutiles o las taxonomías más delicadas, qué tipo de ejercicio concreto es el más adecuado. En cualquier caso es mayoritaria, hay casi quórum (pero extraoficialmente, no hemos encontrado pruebas escritas o cualquier otro documento que lo atestigüe de manera clara), la tendencia que considera lo más idóneo en esos casos una discreta (perdonen la vulgaridad) masturbación frente a la pantalla del ordenador, delante del televisor, leyendo a un autor pervetidor o recurriendo a cualquier colaboración digital humana que nunca sería despreciada (no muy duradera que el tiempo apremia y la energía escasea).
O, si este crítico sintiera o sintiese que eso sería un desdoro (solo permisible para patéticos perdedores o mugrientos adolescentes) impropio de su condición de hombre cosmopolita y mujeriego al que la aventura promiscua le da otro vuelo, podría recurrir a un polvo rápido en los lavabos del cine con la taquillera, sexo salvaje con el viejo acomodador en cualquier rincón oscuro si lo hubiera o, quién sabe, otear el ambiente de la sala y hacer otras excursiones que dejamos en manos de la imaginación y el empuje del susodicho si quisiera.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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