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Críticas de La Taverna del Mastí
Ordenadas por:
204 críticas
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6
4 de febrero de 2016
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Mecanoscrito del segundo origen" es una de las novelas que más me han marcado en mi vida. Escrita y publicada en 1974 por Manuel de Pedrolo, es uno de los libros más vendidos y posiblemente el más leído de la literatura catalana. Para quien desconozca la obra de Pedrolo, es necesario indicar que bebe directamente de algunos de los grandes clásicos de la literatura fantástica y de ciencia ficción, como el Richard Matheson de "Soy Leyenda", así como "La guerra de los mundos" de H.G. Wells; en el que se podría decir que comparte diversos puntos en común con su premisa, pero ambientada en tierras españolas.

Acorde con lo dicho anteriomente, efectuar una adaptación cinematográfica de una obra de tal envergadura es una ardua tarea. En 2007, la productora Antàrtida Produccions de Carles Porta adquirió los derechos del libro, y el gran director español Bigas Luna (responsable de clásicos como "Jamón, jamón" y "Huevos de oro", entre otros) mostró interés en dirigirla, ya que llevaba alrededor de 25 años intentando llevarla a la gran pantalla. Cuando todo parecía ir rodado, le detectaron leucemia a Bigas Luna, falleciendo posteriormente en 2013, hecho que propició parar en seco el proyecto. Así que, Carles Porta, dueño de la productora y amigo personal del director, decidió sacar adelante el proyecto y así rendirle homenaje. Con un largometraje de animación y un documental a sus espaldas, Carles se hizo cargo también de la dirección.

Llegados a este punto, y tras lo reseñado precedentemente, incido en la complejidad de llevar a cabo la adaptación de una historia de tal calibre, en el que los efectos especiales iban a jugar un papel importante en el filme, ya que su premisa nos trae a dos adolescentes: Alba, una chica blanca de 14 años, y Dídac, un niño negro de 9. Ellos son los únicos supervivientes de un holocausto de origen extraterrestre que ha asolado todo el planeta. Mientras se recuperan de la catástrofe, además de tener que adaptarse a un mundo devastado y plagado de cadáveres, se proponen como objetivo la misión de preservar la cultura humana.

Entrando ya en la valoración de la cinta propiamente dicha, diría que Porta no ha arriesgado demasiado con respecto al referente literario, que es verdaderamente demoledor, en el que sientes realmente esa soledad en un mundo en ruinas (un sentir parecido al protagonista de "Soy Leyenda"); y además, el miedo a lo desconocido, a esos seres venidos de otro planeta dispuesto a terminar con la existencia humana. Por otro lado, su factura técnica es bastante correcta, más sabiendo del escaso presupuesto con el que han contado. La recreación de una Barcelona reducida a escombros es realmente impactante, repleta de edificios ruinosos en llamas, coches malparados en las calles y cadáveres calcinados esparcidos por doquier.

Obviando a los extraterrestres como responsables de la hecatombe, los cuales no hacen acto de presencia en el transcurso del metraje, aunque se intuyen por algunos guiños y referencias, sirviendo como ejemplo el poster colgado en la pared de la serie "Expediente X" o las famosas palabras 'klaatu barada nikto' pertenecientes al clásico "Ultimatum a la Tierra" de Robert Wise; es conveniente decir que la premisa se centra en nuestra pareja adolescente, que serían una especie de Adan y Eva en el Siglo XXI, con el principal propósito de perpetuar la especie humana. Toda la acción se centra absolutamente en ellos dos, a través de una historia intimista, la cual muestra como sobreviven durante años en un ambiente alineado, además del proceso de maduración que una traumática experiencia conlleva, y el descubrimiento de la sexualidad. En contraste con lo anterior, es destacable el último tercio del filme, en el que un estupendo Sergi López hace acto de aparición, y pone en peligro la estabilidad (entre comillas) de nuestros jóvenes personajes. Es pertinente indicar que los actores son posiblemente lo más flojo del filme (exceptuando del veterano Sergi López), ya que tanto Rachel Hurd-Wood como los debutantes Andrés Batista y Ibrahim Mané, no transmiten muy bien toda la desesperación y rabia que deberían de sentir, tras encontrarse inmersos en un mundo totalmente destrozado y carente de esperanza.

En síntesis, aunque su resultado general es bastante digno, o incluso podría a aventurarme a decir que es interesante, este "Segundo origen" se queda a medio camino, ya que la fuente original mostraba una historia desgarradora y sin concesiones, calando hondo en el lector. Siempre nos quedará la 'espinita' clavada de saber que es lo que hubiera hecho Bigas Luna, si el maldito cáncer no hubiera hecho acto de presencia.
La Taverna del Mastí
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7
30 de enero de 2016
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se podría afirmar que Rocky es el boxeador más famoso de la historia de celuloide; con permiso del Jake la Motta encarnado por Robert de Niro en "Toro Salvaje" (Raging Bull, 1980) de Scorsese; y el Rocky Graziano del mítico Paul Newman en "Marcado por el odio" (Somebody Up There Likes Me, 1956) de Robert Wise. A pesar de contar con una historia más bien sencilla, la primera entrega de la saga pugilística era un drama sobre la lucha por encontrar satisfacción en un mundo indiferente, repleta de buen corazón, y valores como el honor, el coraje y cumplir los sueños en la vida; asimismo, introdujo muchas de las claves sobre el mundo del boxeo que se han utilizado, hasta la saciedad, en largometrajes posteriores. Cuarenta años después de la primera entrega, y tras cinco secuelas con más o menos éxito, llega este séptimo (y probablemente) último título de la saga que catapultó al estrellato a Sylvester Stallone.

La película que nos concierne, titulada simplemente "Creed" (el subtítulo de "La leyenda de Rocky" es por si aún hay algún "despistadillo") se centra en Adonis Johnson, del que cabe destacar el potente inicio del filme que presenta al personaje de maravilla. Adonis no llegó a conocer a su padre, el campeón del mundo de los pesos pesados Apollo Creed, que falleció antes de que él naciera; no obstante, nadie puede negar que lleva el boxeo en la sangre, por lo que pone rumbo a Filadelfia, mismo lugar en el que se celebró el legendario combate entre su padre y Rocky Balboa. Una vez allí, busca a Rocky y le pide que sea su entrenador. A pesar de que este insiste en que ya ha dejado ese mundo para siempre, Rocky ve en Adonis la fuerza y determinación que tenía Apollo, y que terminó por convertirse en su mejor amigo, accediendo a entrenarle finalmente.

Me ha gustado mucho la manera con la que su director ha abordado esta nueva secuela, ya que mantiene los valores y esencia predominante en toda la saga que anteriormente he citado; sin embargo, ha tenido la capacidad de actualizarla a los cánones que rigen en la actualidad, con unos combates muy bien filmados y bastante realistas (de hecho han contado con boxeadores reales, y eso a decir verdad se nota), los cuales nos sitúa dentro del cuadrilátero, en el que sentimos cada puñetazo dado, y la sangre y sudor a flor de piel. A esto hay que sumarle las notables interpretaciones del trío protagonista. Michael B. Jordan (que ya protagonizó en 2013 la interesante opera prima de Coogler, titulada "Fruitvale Station") encarna a Adonis, mostrando convincentemente las motivaciones que requiere su personaje, que son el canalizar toda esa rabia contenida durante años, para convertirse en el gran boxeador que fue su malogrado padre, cumpliendo sus sueños y buscando el reconocimiento de su familia. También destaca Tessa Thompson, que sirve como contrapunto perfecto para nuestro Adonis; pero sobretodo, es Sylvester Stallone quien se lleva el gato al agua, con la que posiblemente sea la mejor interpretación de su larga trayectoria (junto con la propia en la muy recomendable cinta de James Mangold, "Copland"). En esta ocasión Rocky Balboa ejerce como mentor del joven pupilo dándole grandes lecciones, no solo en referencia al boxeo, sino sobre cómo afrontar los retos que diariamente te plantea la vida. Al igual que en la tercera entrega, se crea un fuerte vínculo de amistad entre Creed y Rocky; además, ese interesante giro argumental en el último tercio del filme, eleva la calidad del mismo y propicia que esté a la misma altura que la primera parte, que no es poco.

En conclusión, "Creed. La leyenda de Rocky" es una muy buena película, que funciona como un más que digno broche final a la mítica saga; algo bastante parejo con "El despertar de la fuerza" y "Jurassic World" sobre sus respectivas sagas de Star Wars y Jurassic Park, que empleaban magníficamente el factor nostalgia en yuxtaposición con su propia personalidad como largometrajes; es decir, que poseen los suficientes argumentos para no caer en la mera copia barata y deslavazada carente de alma y calado, tal como le pasó a la infumable y charlotera "Terminator Génesis" (Alan Taylor, 2015).
La Taverna del Mastí
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7
8 de marzo de 2015
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cabe decir que el espionaje es un tema bastante recurrente en la historia del cine, y más en la sociedad actual, en que los avances tecnológicos permiten que nuestras conversaciones sean escuchadas y nuestra imagen registrada, hasta extremos insospechados. La saga de James Bond, creada por Ian Fleming, posiblemente sea la más conocida, y actualmente también son dignas de mención las de Misión Imposible y Bourne; sin embargo, no ha habido ningún filme de espías, centrado en un protagonista adolescente, que esté a la alturas de las circunstancias, hasta ahora. Ya que la película que nos concierne, titulada "Kingsman. Servicio Secreto", basándose en la novela gráfica "The Secret Service" creada por Dave Gibbons y Mark Millar, se centra en un delincuente adolescente que se mueve por los barrios bajos de Londres y que pronto verá como su vida da un giro de 180 grados gracias a la ayuda de un misterioso hombre. De criminal pasa, casi inexplicablemente, a encontrarse en la lista de los espías más importantes del país, protegiendo en secreto las calles que antes usaba únicamente en su beneficio propio.

Huelga decir que la elección del director Matthew Vaughn ha sido más que acertada, ya que cuenta con algunas incursiones similares, tales como "Kick Ass: Listo para machacar" o "X-Men primera generación", que lo hacen estar sumamente preparado para abordar una cinta de estas características. Vaughn imprime un ritmo endiablado, adapta la historia de manera inteligente, y la dota con una factura técnica elegante y con estilo. También es destacable su lujoso elenco actoral, en el que podemos encontrar a Colin Firth, en el que confieso que nunca le había visto repartir tanta estopa, siendo una sorpresa muy gratificante; de hecho, se puede destacar cierta secuencia dentro de una iglesia que al más puro estilo "KIll Bill" de Tarantino, en la cual Firth reparte hasta quedarse solo. Asimismo, encontramos a un divertidísimo Samuel L. Jackson, en un rol que me ha recordado vagamente al que realizó en "Django Desencadenado" (Quentin Tarantino, 2012), hay también un curioso 'cameo' de Mark Hamill (el Luke Skywalker de la trilogía original de Star Wars); además de un notable Mark Strong y un sobresaliente (como siempre) Michael Caine, que le aportan categoría al filme.

Es de agradecer la gran cantidad de guiños y referencias a la saga de James Bond, así como de algunos clásicos del cine, como "My Fair Lady" (George Cuckor, 1964), sirviendo a modo de homenaje; al igual que el tono cómico, histriónico y delirante por momentos de su premisa, y mención especial para las canciones de los ochenta que componen la banda sonora, que en ciertos momentos, consiguen ser todo un puntazo nostálgico, sobretodo el "Money for nothing" de los Dire Straits que abre el filme, y el rabioso solo de guitarra de "Free Bird" de los Lynyrd Skynyrd en la secuencia eclesiástica.

En definitiva, "Kingsman: Servicio secreto" es una genial y recomendable parodia-homenaje al cine de espías, repleta de vigorosas secuencias de acción con sus dosis de truculencia, y una premisa inteligente que propicia que se desmarque del resto de propuestas similares.
La Taverna del Mastí
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6
28 de diciembre de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con la trilogía de "El Señor De Los Anillos", se podría afirmar con total seguridad, que Peter Jackson cambió de forma definitiva la concepción del 'blockbuster', además de granjearle multitud de premios, tales como las once estatuillas doradas que obtuvo por "El retorno del rey" (2003), hecho que le propició colocarse como la película más galardonada en los Oscar de la historia, junto con "Ben-Hur" (William Wyler, 1959) y "Titanic" (James Cameron, 1997). Así que en 2012, y visto el gran éxito de crítica y público conseguido, volvió a la obra de J. R. R. Tolkien, pero esta vez adaptando el libro que anticipó las aventuras de Frodo, Aragorn y compañía, titulado "El Hobbit".

El problema más evidente, ha sido la decisión errónea de dividir en tres partes una historia que tendría que haber sido constituida en un sólo filme (o si lo preferís en dos), para conseguir así una mayor efectividad en compendiar situaciones y personajes; del mismo modo, que compactaría perfectamente el tono y los mensajes sobre el heroísmo, el honor, el poder, la avaricia, y el liderazgo.

A pesar de ello, lo más destacado se encuentra en el innegable sentido del espectáculo visual de Jackson, y en la capacidad del neozelandés para reflejar con conocimiento la mítica de Tolkien, al margen de desaciertos en estructura y exposición, ya que el guión contiene bastantes irregularidades, centrándose prácticamente en la acción, siendo el filme una gran batalla alargada hasta la extenuación; aunque, es necesario indicar que Jackson enlaza de forma notable con la primera entrega de "El Señor de los Anillos", con mención especial para la secuencia, en la cual la elfa Galadriel (interpretada por Cate Blanchett) se enfrenta a un espectral Sauron, desterrándolo finalmente a Mordor, y siendo una verdadera gozada ver al gran Christopher Lee (que interpreta al mago Saruman) en tan buen estado de forma en las luchas, teniendo en cuenta que rebasa los noventa años.

Es necesario indicar, que en ocasiones, algunas de las peripecias y saltos en las peleas, quebrantan todas las leyes de la física, siendo totalmente inverosímiles; sin embargo, los efectos visuales son notables, aunque algo cargantes, ya que Jackson ha abusado un poco de ellos, haciendo que muchas veces se asemeje a un vídeojuego.

En definitiva, "La batalla de los cinco ejércitos" es una película muy entretenida, a pesar de no llegar a las altas cotas alcanzadas por la trilogía del anillo, que contiene sus momentos interesantes y oscuros, y siendo posiblemente la mejor, y más lograda, de las tres entregas del Hobbit.
La Taverna del Mastí
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9
5 de octubre de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se puede afirmar con total seguridad que este año 2014 está siendo verdaderamente bastante satisfactorio para el cine español, ya que se han estrenado grandes películas; tales como "Carmina y amén", la brillante secuela de la exitosa opera prima de Paco León; la divertida comedia "Ocho apellidos vascos", de Emilio Martínez Lázaro; además de "El Niño", el vertiginoso thriller sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar de Daniel Monzón; sin descuidar el regreso del soez policía Torrente con su "Operación Eurovegas"; entre otras... sin embargo, por encima de todas ellas destaca la película que nos concierne, "La isla mínima", un potente thriller policíaco que, no solo es el mejor estreno del año, sino que se erige como uno de los mejores largometrajes realizados en la historia del cine de nuestro país.

La trama se centra en dos policías que son expedientados, y enviados, a un remoto pueblo de las marismas del Guadalquivir a investigar la desaparición de dos chicas adolescentes. Tras encontrarlas brutalmente asesinadas, los dos policías de ideologías opuestas, tienen que lidiar con una comunidad anclada en el pasado, y encontrar al despiadado asesino.

Su director Alberto Rodríguez, responsable de la solvente "Grupo 7", demuestra poseer una sobriedad y un talento increíble, sabiendo manejar los tiempos en todo momento... manteniendo el suspense hasta el final, e hilvanando de maravilla una tremenda historia que pone los pelos como escarpias. Destaca también con creces la ambientación cuidada al detalle, en la cual posiblemente más de uno haya encontrado similitudes con la soberbia serie de Nic Pizzolatto y Cary Joji Fukunaga: "True Detective", no obstante, huelga decir que "La isla mínima" ya estaba rodada cuando se emitió la serie. Aunque tal comparación puede que sirva como pretexto halagador de un trabajo bien realizado, ya que como decía anteriormente, la ambientación es magnífica, que te transporta a los primeros años de la transición española, en la cual los habitantes de los pequeños pueblos y aldeas estaban hartos de formar parte de esa "España profunda", de la etiqueta que los tildaba de paletos, y con la necesidad imperiosa de huir a las grandes urbes para tener una oportunidad en la vida; en otras palabras, de progresar, dejar atrás el tedioso pasado. De ello, Alberto Rodríguez, junto con Rafael Cobos, se sirven para darle al villano de la función la motivación perfecta para saciar sus más bajos instintos.

Aparte de la ambientación, hay que reivindicar la excelente fotografía, a cargo de Alex Catalán, con esos planos picados a vista de halcón realmente impresionantes; de igual modo podríamos considerar el notable trabajo de edición de sonido, que al contrario de "Grupo 7", en el cual no se entendía prácticamente nada de los diálogos, en esta ocasión, el sonido es nítido y muy bueno... chapeau!

Las interpretaciones son notables, tanto de Raúl Arévalo como inspector de policía, al igual que Nerea Barros y Antonio de la Torre que dan vida a los padres de las víctimas... pero sobretodo, cabe destacar la soberbia interpretación de Javier Gutiérrez, un actor que está verdaderamente desconocido, realizando una actuación distinta a lo que habitualmente nos suele ofrecer, tanto en serie de televisión como en largometrajes varios... sin lugar a dudas, la mejor que ha ofrecido en su carrera.

En definitiva, "La isla mínima" es una obra maestra absoluta, dirigida brillantemente por Alberto Rodríguez, que realiza un entramado sutil y muy inteligente, y al mismo tiempo, hace un retrato a los primeros años de la transición española... un filme imprescindible que transciende a los anales de nuestro cine patrio como unos de los mejores ejercicios de estilo en su género.
La Taverna del Mastí
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