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Críticas de Melón tajá en mano
Ordenadas por:
112 críticas
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3
12 de noviembre de 2011
13 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mercenarios que espían a otros mercenarios. Espías que asesinan a otros espías. Entre una cosa y la otra (o en mitad de la nada) están 'KILLER ELITE' ('ASESINOS DE ÉLITE') que dirige Gary McKendry.

Su inicio es magnífico y trepidante. El uso de la cámara al hombro en las escenas de acción resulta correcto sin más. La producción de la película es excelente y gestiona de manera ejemplar la larga lista de localizaciones empleadas en su narración. La tensión está bien administrada pero pretende abarcar demasiado y la información se pierde en una trama de conexiones complejas.

Estamos ante otra de esas películas que buscan tapar los evidentes agujeros de su guión con la presencia de algunos rostros reconocidos por méritos propios.

Clive Owen sigue demostrando con multitud de registros por qué es uno de los actores más en forma del panorama actual. Y qué más se puede decir del infatigable Robert De Niro, que no teniendo bastante con sus planos se come también la cámara y a los pocos espectadores que todavía pelean contra un segundo acto cuyo ritmo e intensidad hacen bajar los brazos y los párpados del espectador más generoso.

De todos los lastres que carga la película, el más pesado recae sobre su protagonista. Su leitmotiv es tan flojo como el actor que le da vida: Jason Stathan, que tiene la misma expresividad que el cartón del rollo de papel higiénico.

Pese a contar con una pelea a tres filmada con gran oficio, el tercer y (por fin) último acto pone en evidencia todas las carencias dramáticas de este thriller de acción reciclable y fácil de olvidar. El happy end de manual cierra una historia de amor tontorrona y sin chicha. Al tostón le sobra de todo, incluso metraje. Inevitable salirse de un filme cuyo argumento no te invita a entrar.
Melón tajá en mano
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2
13 de octubre de 2011
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Receta para hacer una comedia insípida y de imposible digestión:

1. Corta sin delicadeza tres protagonistas varones. No hace falta que sean
buenos. Cuanta menos capacidad tengan para hacernos reír, mejor.

2. Ponlos en agua hirviendo y por separado. Cada uno con su conflicto,
cuanto más estúpido mejor.

3. Olvídate de la sal y la pimienta, simplemente échale un buen puñado de
diálogos banales sobre preocupaciones intranscendentes.

4. Mételos en el horno durante poco más de hora y media.

5. Ya está listo. Prepárate para pasar mucha hambre.

Hay veces que vas al cine como si fueras a un sitio de comida basura. Sólo quieres comer, no importa la calidad. Cuanto más guarro y más cerdo te pongas, mejor que mejor. Es difícil que salgas enfadado ya que te han dado lo que pedías. Pero llega un punto en el que, de tanto comer basura, te pones delicado y ya no te vale cualquier cosa.

Si Seth Gordon (director de esta patraña incomestible) montase una cadena de comida basura el negocio le haría aguas por todos lados. Bueno, en realidad ya lo ha montado. Y tiene forma de película, que jode más. ‘Horrible bosses’ es eso: horrible. Demasiado para ser verdad. Lo único que nos une a los protagonistas son las ganas de matar a sus jefes. Ellos a los suyos y nosotros a los creadores de otra de esas comedias que marcarán una época olvidable.

Ni Kevin Spacey en su salsa, ni una picante Jennifer Aniston en una de sus mejores interpretaciones, ni Colin Farrell puesto de coca ni Jamie Foxx haciendo autoparodia consiguen engancharte a una comedia que se pierde en los quiebros de una estructura que, además de no ser nada original, tampoco viene a cuento de nada. Por lo menos el director tiene la decencia de cerrarla hábilmente con un giro final decente y, por tanto, nada acorde con el resto de metraje.

Juro que he visto vídeos de bodas en VHS mejores que esta película, la cual carece de interés y te condena al aburrimiento en una sala fría donde parece que no estén proyectando nada. Y es en ese silencio donde descubres que lo que se escucha no son risas sino los jugos gástricos de un montón de estómagos que, después de probar la receta que os contaba al principio, quedaron hambrientos de risa. Era de esperar.
Melón tajá en mano
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6
11 de marzo de 2012
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antonio Chavarrías es uno de nuestros encantos mejor guardados. Habrá quienes piensen que lo mejor es que no se sepa demasiado para que éste pueda seguir haciendo cine con la misma libertad que hasta ahora. Lo cierto es que a su carácter arriesgado como director tampoco le vendría mal un poco más de publicidad. Al fin y al cabo el espectador merece conocer más obras y autores de las que se le ofrecen por los canales más convencionales.

El caso es que Chavarrías se ha tomado su tiempo antes de volver a ponerse tras la cámara. Tratándose de él, estaba claro que algo tramaba. Y ese algo se llama 'DICTADO', una cinta que no hace sino reafirmarlo como uno de los autores más atrevidos, honestos y descarados del cansino panorama nacional.

El rigor narrativo de sus aristas emocionales queda plasmado desde un excelente inicio, un delicado templo visual que multiplica por mil las revoluciones de los sentidos del tacto, el oído y la vista. La fotografía está bien lograda, pero su trabajo más loable está en el campo del sonido. Ahí la cinta se hace grande. Además la banda sonora aporta la intensidad necesaria a cada escena acentuando cada mirada, cada pausa, cada silencio.

La pareja formada por Juan Diego Botto y Bárbara Lennie trasmite verdad por todos los poros de la pantalla y esa es una de las mejores bazas de la película. La tensión está bien jugada, los niños suenan más a niños que de costumbre y no hay un solo flashback mal tirado. Quizá el filme no tenga más que un lastre pero este sea demasiado pesado: el espectador va casi siempre por delante y pocas cosas llegan realmente a sorprender.

'Dictado' es un buen thriller dramático, pero lo es mucho más en su ámbito psicosocial que en el puramente psicópata. De terrorífico no tiene más que lo básico. Se echa de más el recurso de la pesadilla, tan previsible y fallido para esta historia. La historia se defiende muy bien en el terreno fatalista de las obsesiones, pero da la sensación de precipitarse al vacío al resolverla por su vía más rápida y menos interesante. No era fácil encontrar un buen broche y el impacto pretendido acaba diluyéndose.

La nueva cinta de Antonio Chavarrías goza de muy buen fondo pero no logra estar a la altura de sí misma y de sus riesgos, un defecto maravilloso del que no pueden presumir tantísimas otras películas de su misma generación. Hay veces que conviene felicitar a los atrevidos. Esta es una de ellas.
Melón tajá en mano
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8
28 de noviembre de 2011
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo ha llovido desde que Robert Redford dirigiera en 1980 la inolvidable 'Ordinary People'. La carrera como director del rubio norteamericano ya va por su octava película: 'THE CONSPIRATOR' (traducida por los pelos como 'LA CONSPIRACIÓN'), filme basado en el juicio a los supuestos asesinos del presidente Abraham Lincoln a mediados del siglo XIX.

Estamos ante un thriller de grandes dimensiones narrativas cuyo interés crece a buen ritmo gracias a un guión mayúsculo que gestiona a la perfección el icerberg de la información. James McAvoy está perfecto como protagonista y abogado defensor. Pero el que llena la pantalla con pocos minutos de metraje es, una vez más, el inconmensurable Tom Wilkinson.

La dirección cumple sobradamente con una genial ambientación de época y una realización limpia sin aspavientos ni lujos. La banda sonora es tan asombrosa como la función dramática que cumple. Puede que la fotografía se obceque en la búsqueda del naturalismo y que en algunos diálogos haya demasiados cambios de plano, pero el resultado global de la cinta es sobresaliente. Casi de obra maestra.

Redford nos regala muchos minutos del cine más exquisito en todas y cada una de las apasionantes secuencias judiciales. El director es coherente hasta las últimas consecuencias y da un golpe certero al espectador con un doble giro final que desemboca en una escalofriante escena final de las de quitarse el sombrero.

El jurado popular, clavado en su butaca, dicta sentencia: así se hacen las cosas, rubio. Ahora toca esperar el veredicto de la taquilla.
Melón tajá en mano
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4
28 de mayo de 2013
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé si habré escuchado más de tres o cuatro carcajadas generales durante la proyección de la tercera entrega de ‘The Hangover’ (‘R3sacón’). Lo que sí es seguro es que las risas no sonaban demasiado sinceras, sino entrenadas para negarse a reconocer que la fórmula está agotada.

Todd Phillips ordena a sus actores con los mismos recursos de las citas anteriores, convirtiendo esta tercera parte en la más predecible y aburrida de la saga. El humor, manido a rabiar y excesivamente gratuito, aparece con cuentagotas y tiene más que ver con el slapstick que con el texto. Ni siquiera Galifianakis parece estar cómodo en un papel absurdo y sin chicha.

Solo alguna secuencia liderada por Ken Jeong logra aliviarnos del tremendo sofoco. Sin llegar a ser del todo infumable, esta tercera parte es uno de los grandes patinazos de la temporada. Todas las virtudes que encumbraron con justicia su primera parte, aquí desaparecen por completo. Incluso la banda sonora deambula con torpeza.

La comedia casi siempre se basa en la repetición, pero nunca en el hartazgo. Todd Phillips no ha jugado con fuego sino con hielo, que también quema. De lo más radical que encontraremos en la nueva sección de ultracongelados. Ojala y solo sea una mala resaca.
Melón tajá en mano
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