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Centauros del desierto32.111
Western. Aventuras
Texas. En 1868, tres años después de la guerra de Secesión, Ethan Edwards, un hombre solitario, vuelve derrotado a su hogar. La persecución de los comanches que han raptado a una de sus sobrinas se convertirá en un modo de vida para él y para Martin, un muchacho mestizo adoptado por su familia. (FILMAFFINITY)
6 de enero de 2008
46 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres años después de la finalización de la guerra de Secesión, Ethan Edwards vuelve a su querido hogar formado por su hermano Aaron, su cuñada Martha, sus dos sobrinas Lucy y Debbie y un muchacho medio mestizo llamado Martin. Lucy está prometida a un joven muchacho llamado Brad, cuya familia vive cerca, mientras que Laurie, la hermana de Brad, está enamorada de Martin.
John Ford ya había filmado numerosísimas obras maestras cuando decidió rodar un western, que lejos de convertirse en uno más en su colección, supondría su película más ambiciosa. La sencillez de los recursos cinematográficos empleados para narrar historias sobre los personajes mientras transcurre la acción principal hace que la película transmita un estilo que nadie consiguió imitar con tanta maestría. Sin una sola palabra, sabremos que Ethan fue un combatiente confederado, que tuvo una relación con Martha, la mujer de su hermano, que Martha lo sigue amando... John Wayne busca a los comanches que secuestraron a su sobrina Natalie Wood, pero no sabe si prefiere encontrarla viva o muerta. Así de sencillo. El personaje de John Wayne, el inmortal Ethan Edwards, es uno de los más ricos y complejos que ha dado el cine. Alguien que prefiere las balas antes que las palabras, pero que esconde una humanidad inmensa. Sutilmente misteriosa, ahí estan los hilos entre John Wayne y su cuñada, que sugieren que la razón profunda de la búsqueda reside en que “tío” Ethan podría ser en realidad el padre de la chica, por lo que su obsesión por matarle tendría origen en la culpa. John Ford no es indulgente con sus personajes, escépticos fantasmas que deambulan por el tiempo y el espacio. La expresividad que transmiten los actores y cada escena es impresionante, cada matiz, cada lectura... Destacan especialmente los agresivos colores de la fotografía y el guión de Frank Nugent, basado en la novela de Alan LeMay. Violenta y hermosa a la vez, Centauros del desierto (por una vez el título en español mejoró al original, The Searchers), es una película maravillosa, desde cada aspecto técnico hasta la última línea del guión. Obra maestra, película trágica y rotunda. Trasciende su condición de western para volverse un drama épico a toda regla. Cierto, habrá quien la sitúe directamente en el terreno del racismo, pero es pura poesía. 28 de diciembre de 2017
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Me llamo John Ford y hago wésterns”. Así solía presentarse el director de cine por excelencia de películas del Oeste. En 'Centauros del desierto', definió el carácter americano con una historia sencilla y con el tema del racismo como telón de fondo, el mayor drama de los años 50 en Estados Unidos.
Ethan Edwards (Wayne), es un desgarrado y oscuro soldado confederado que tiene fachada de héroe y actúa con justificados prejuicios racistas. La misión en la que se embarca, aparentemente épica, oculta en realidad una tarea inmoral llena de rencor y amargura. El paisaje mitológico de Monument Valley será testigo de una paranoica persecución por parte de este obstinado individuo, que no muestra pudor en arrebatarle los ojos a un comanche muerto. La película aplaude la condición invulnerable del hombre blanco frente a la ineptitud indígena. Ford traza de forma circular un viaje con dos puertas, una que se abre y otra que se cierra. Es el relato de un hombre que, en la persistente búsqueda de una niña secuestrada, intentó descubrirse a sí mismo en un medio que le era extraño, el hogar. Filme lírico y extremadamente violento. 18 de junio de 2013
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hay muchos, pero sí algunos, que no pueden con esta obra maestra. Que si racista, que si plana, que si ramplona.
¡Ja! Sólo me gustaría hacer un comentario: si alguien sabe contar una historia, ése es John Ford. Y no me refiero a la historia de la niña secuestrada y la búsqueda de la misma (que también), me refiero a esos 11 segundos que transcurren cuando van a buscar a Ethan a la granja de su hermano para participar en la partida contra los indios. El Capitán (magníficamente interpretado por Ward Bond) es el único miembro de la partida que queda en la casa. Está en primer plano tomando café, aparentemente ajeno a la escena que se desarrolla detrás de él: Martha, la cuñada de Ethan, le da a éste su capote. No se habla, no hay casi acción, no se explicita nada, pero Ford nos cuenta tanto o más que lo que va a contar en el resto de la cinta, ¡Qué once segundos! ¿Y todavía hay quien le pone peros? ¡Ya quisieran! 9 de enero de 2008
30 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo pienso que para calificar a una película de buena o mala, tienes que ser capaz de verla50 veces y no aburrirte. Con esta pasa, lo mismo que una buena comedia te hace reír aunque te sepas los chistes de memoria. Al final de Centauros del desierto tengo que decir que siempre (la he visto unas 10 veces) se me saltan las lágrimas.
Pero si escribo aquí es porque muchas críticas tachan a esta preciosidad de racista, y eso me molesta. El personaje de Ethan es un soldado confederado racista, y punto. Hay que saber distinguir de lo que es ficción y de lo que no, aquí nadie intenta transmitir mensaje de ningún tipo, nadie hace apología del racismo, solo se presenta al protagonista. En este caso un tipo hosco, violento y que odia a los Comanches con toda su alma. John Ford siempre trató bien a los indios, (no pasa nada por llamarlos indios), de hecho los Navajo a los que empleaba como extras en muchas películas (creo que son los Navajo) le hicieron miembro de la tribu. De John Ford es la película "El gran combate" (maldita traducción del título), donde los Cheyenne (tribu pacífica, nada que ver con los comanches que se hartaron de matar misioneros españoles y de guerrear contra los Apaches) son los buenos y los militares estadounidenses los malos genocidas. Nadie ha mostrado tan crudamente como fueron tratados los indios como Ford en ese largometraje. En resumen, no viene a cuento decir que esta película es mejor ni peor basándose en el mensaje, porque no lo hay. Decía Assimov que es difícil para un escritor poner ideas en un personaje que uno no comparte, difícil pero no imposible. 8 de abril de 2013
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando le pongo un 10 a una peli no es porque me parezca perfecta, sino por las cosas que me ha hecho pensar o sentir. Para mucha gente, "Centauros del desierto" puede ser una obra sobrevalorada, y sin duda podría ser criticada por muchas cosas: su machismo, su racismo, los descuidos de raccord, la falta de rigor histórico... Pero a mí me emocionó la primera vez que la vi, y desde entonces no me canso de disfrutarla. Creo que "Centauros del desierto" es el mejor ejemplo de que la narración cinematográfica puede basarse más en la omisión que en el relato explícito, y que una imagen puede ser tan expresiva por lo que evoca como por lo que muestra. Quizá me influyó la edad a la que la vi por primera vez, porque para mí esta película fue toda una lección de lenguaje cinematográfico.
Ford demuestra ser un maestro en la composición del plano. Los primeros veinte minutos son inolvidables, con la llegada del Ethan a casa de su hermano (¿o sería mejor decir de su cuñada?), la aparición posterior del comisario-reverendo (genial la escena del desayuno-alistamiento) y la delicada despedida de Ethan y su familia. Después asistimos a la enfermiza búsqueda por parte de Ethan de su sobrina, que es una verdadera lucha contra el destino... "Centauros del desierto" es una colección impagable de detalles sobre el paso del tiempo, la lealtad, el orgullo, el remordimiento, la responsabilidad, el odio, la venganza, la amistad... Y Ford rueda la historia con su peculiar estilo de cámara fija, mientras los personajes se mueven de una forma calculada y precisa, como en una coreografía perfecta. Más allá del discutible tono de algún pasaje, muy poco edificante visto a día de hoy (en especial, el emparejamiento de Jeffrey Hunter con la mujer india), hay momentos de comedia típicamente fordiana muy reseñables (las lecturas de las cartas, la boda bufa del personaje de Vera Miles, etc.). La peli se inicia y se cierra con planos complementarios. Y la historia es un continuo encuentro de polos antitéticos. La persecución es una forma de huida, y la búsqueda del ser querido no es más que la búsqueda de uno mismo. La película se caracteriza por las continuas mirada fuera de campo de los personajes, siempre es más importante lo que se intuye que lo que se ve. Todo está más allá de lo que puede verse. Pero, si alguien me preguntase por qué creo que ésta es una de las mejores películas de la historia del cine, sólo podría explicarlo intentando describir la profunda sensación de melancolía que me invade con la escena final. Y eso es cine, ¿no?. |