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Ida

6,9
14.822
votos
Sinopsis
Polonia, 1960. Anna (Agata Trzebuchowska), una novicia huérfana que está a punto de hacerse monja, descubre que tiene un pariente vivo: una hermana de su madre que no quiso hacerse cargo de ella de niña. La madre superiora obliga a Anna a visitarla antes de tomar los hábitos. La tía, una juez desencantada y alcohólica, cuenta a su sobrina que su verdadero nombre es Ida Lebenstein, que es judía y que el trágico destino de su familia se ... [+]
Críticas ordenadas por:
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10 de diciembre de 2014
61 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si me pongo en el lugar de los críticos profesionales, les entiendo. Claro. Los pobres están fritos de que les manden a ver spidermans, torrentes, crepúsculos y mierdas de esas que no les interesan. Normal. Y el día que les dicen que tienen que hacer una reseña de una peli tristona y polaca rodada en un bonito blanco y negro se erectan, sólo de pensarlo, y en tal estado, con la sangre lejos de la cabeza, pues ven la peli y la disfrutan y escriben su correspondiente reseña. Y tan felices.

Yo les entiendo, pero que me entiendan ellos a mí. Esto es un rollo no muy coherente, bien contado, eso sí, y además, para mi gusto, personal e intransferible, y pese a la bonita ambientación, Ida es una película de estética fea. Poco estética.

El director del asunto encuentra muy interesante encuadrar mal.
Lo que hace este señor es ocupar un cuarto del fotograma con el objeto a retratar, y los correspondientes tres cuartos los deja rellenos de aire, ya sea cielo, árboles, techos o cualquier otra cosa que importe un pijo. Es como un desfile de personas decapitadas, o descuerpadas, mejor dicho, que las cabezas sí que se ven. Incluso llega a retratar, este buen hombre, a las actrices sólo de pómulos para arriba, y el resto vacío. COSA MÁS FEA.
Si estando de vacaciones alguien te saca una foto así, se la haces repetir, fijo. Boyero también.
Pero si un director polaco hace una peli tristona en blanco y negro así, la peña se erecta.

Debe ser que la belleza cultureta no es como la belleza normal. Porque la percepción de la belleza es subjetiva. ¡Qué pereza!
VALDEMAR
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19 de agosto de 2014
31 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ida es una obra exquisita, una pequeña joya. Preciosa, en su sobriedad y ascetismo.

Para algunos podrá parecer una película fría y distante; yo la encuentro particularmente conmovedora en su austeridad y en su contención. Los universos interiores son demasiado hondos como para intentar revelarlos explícitamente, y las realidades humanas muchas veces demasiado amargas como para buscar explicitarlas. Una historia como ésta necesita y pide de un tono sobrio, a mi juicio sabiamente logrado en este filme.

Con unas imágenes en blanco y negro de una belleza gélida y potente, ambientadas en la Polonia de los años 50, nos sitúa a Ida, su delicada protagonista, en búsqueda de su identidad y de su verdad antes de tomar los votos para transformarse en monja. Acompañada de su tía Wanda a quien acaba de conocer, ambas recorren un camino que las lleva a indagar en los detalles de un pasado doloroso y sórdido. El telón de fondo es una Polonia en la era soviética, que aún no ha terminado de curar sus heridas después de la guerra.

Interesante es el contrapunto que se traza entre estas dos mujeres, que parecen tan opuestas y que sin embargo veremos que están tan unidas. A Ida acaso la oprimen los muros del claustro y el hábito que lleva puesto de manera permanente; a Wanda, el alcohol y el vacío asfixiante en el que vive inmersa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
urbana
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30 de marzo de 2014
31 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pawel Pawlikowski nos regala una brillante indagación sobre los horrores de la guerra y sus consecuencias, gracias a un guión preci(o)so en el que describe los lances de una joven novicia -huérfana del Holocausto y criada en el convento- que, en vísperas de tomar los votos, inicia un viaje en busca de sus orígenes (estamos en el año 1960, en la Polonia del Telon de Acero); le acompaña en el trayecto y ayuda en las pesquisas su tía, alta funcionaria (juez) del Partido Comunista, amargada dipsómana y desengañada combatiente.
Los dos personajes femeninos, antagónicos y complementarios, están cincelados magistrálmente. Por un lado, la inocente y timorata Ida, ignorante del mundo real más allá de su encierro monacal, que en el camino descubre su estirpe, pero también los estímulos y tentaciones de la vida extramuros. Por otro, su renegada tía, escarmentada misántropa que ahoga sus miserias en alcohol. El trabajo de las dos actrices es soberbio.
El añejo formato (4:3), la fotografía (austero blanco y negro, en concordancia con la grisura de la época) y la música clásica incidental otorgan a la cinta el fulgor de pequeña obra maestra.
Lástima que cada vez sea más dificil ver este cine en nuestras salas.
floren
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13 de abril de 2014
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una interesante historia se puede contar cinematográficamente sin acumular planos y secuencias por doquier con poco o ningún significado. Lo contrario ocurre en "Ida". Hay una economía absoluta de planos. Lo único que ocurre es que cada uno de ellos lo podemos saborear y se nos da el tiempo suficiente para que podamos enterarnos de su significado en la narración y más importante, saborear la poética del mismo. Es lo que debemos esperar del cine. Debemos salir de la proyección con el regusto que nos dejan los planos observados y saboreados.

En esta película es un acierto el color, ya que se nos muestra una época de la historia reciente de Polonia gris o gris tirando a negro. Además se puede disfrutar de dos magníficas interpretaciones de las actrices principales. Dos "travellings" al final de la película magníficos y significativos. Los diálogos son escasos pero impresindibles. En resumen, una delicia de película.
Francisco Balibrea
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10 de abril de 2014
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ganadora en diversos festivales, incluyendo el de Gijón, la nueva película del casi desconocido Pawel Pawlikowski le ha resucitado tras casi diez años sin dar señales de vida, salvo la excepción que supone poco valorada 'La mujer del quinto' (2011). Lo logra gracias a 'Ida', una cinta polaca que se suma a la muy estimable lista de títulos europeos que han surgido a lo largo de 2013.

La cinta narra el encuentro entre una joven monja y su tía, muy diferentes entre sí pero unidas por un trágico pasado común marcado por la segunda guerra mundial y el holocausto, en cuya búsqueda de la verdad verán entrelazadas sus vidas durante unos días. Esta extraña road movie discurre a través de una narración aparentemente sencilla, cuya fría exposición quizá provoque una entrada en calor algo tardía. Pese a ello, y quizá como acierto al fin y al cabo, el relato va mostrando sus aristas conforme avanza el metraje con gran delicadeza, convirtiendo lo que era presumiblemente misterioso y más bien translúcido en un retrato cálido y sincero, revelándose como un pedregoso camino de emociones y descubrimientos que implica al espectador. Es revelador que, girando en torno a una temática tan terrible, no asome en ningún momento la tentación del senacionalismo o la hipérbole sentimental, manteniendo un tono uniforme, comedido y honesto hasta el final. Diríase que Pawlikowski ha recuperado el pulso, sujetando la batuta con esa mano firme que le granjeó éxitos (de crítica) como 'Last Resort' (2000).

Ida es una historia de descubrimiento personal y espiritual, encarnada en cuerpo y alma por la sorprendente debutante Agata Trzebuchowska y la escasamente más curtida Agata Kulesza, pero va más allá. A las dos formas de ver y entender la vida y el mundo que les rodea que personifican las dos protagonistas se añade el poderoso subtexto que baña la película, que no es otro que el retrato de una Polonia, la de los años 60, triste y gris, aún herida por la barbarie del nazismo. Emerge, casi como si fuera sin querer, un sobrio y certero fresco sobre el dolor, la pérdida y el pasado que nos persigue, sobre cómo un país alberga en sus entrañas más vergüenza incluso que dolor ante la tragedia. Y, aunque parezca que estamos ante un film exclusivamente seco y oscuro, posee un fino sentido del humor que no se le escapó a un servidor.

No es un mero capricho formal la (preciosa) fotografía en blanco y negro, sino que responde a lo que se nos muestra en pantalla (como ocurría en la brillante 'Nebraska'), donde ese mundo apagado y encerrado en sí mismo solo resplandece (o mejor dicho titila) con ocasionales notas musicales que se pierden en el aire. Un mundo incapaz de devolver algo de lo mucho que ha arrebatado a tantas vidas, ahora errantes. Su estimulante giro final no es ni mucho menos una arbitrariedad, sino que funciona como perfecto y doliente paso adelante (¿o atrás?), ideal para generar un fértil e interesante debate al salir de la proyección. Quizá algún crítico haya citado a grandes autores, como Dreyer, pecando de exceso de euforia. Pawlikowski aún está lejos pero, con trabajos como éste, demuestra tablas para ser tenido muy en cuenta.

http://www.asgeeks.es/movies/critica-de-ida-viaje-de-ida-y-vuelta/
Pableras
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