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La cámara de Claire

Comedia. Drama Durante un viaje de negocios al Festival de Cannes la joven Manhee (Kim Min-hee), asistente de ventas de una distribuidora, es despedida por su jefa acusada de ser deshonesta, pero en el fondo por una cuestión de celos. Por suerte, conocerá allí a una profesora llamada Claire (Isabelle Huppert), que hace fotos con su cámara Polaroid. Cada una de ellas tiene una peculiar visión de la vida, y juntas lograrán entender sus mundos. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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17 de julio de 2018
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo haber leído en alguna ocasión una afirmación parecida a la que sigue: un buen director de cine es capaz de hacer que sus películas hablen de algo, pero un genio siempre hará, una y otra vez, la misma película, o al menos todas sus obras hablarán de lo mismo.

Si esto es así, no hay duda de que Hong Sang-soo es uno de esos genios. Y es que el conjunto de sus filmes supone un amasijo en el que cuesta distinguir los unos de los otros. Esta situación ocurre también con cineastas de la talla de Ozu, Kiarostami, Rohmer o Angelopoulos, por ejemplo.

Dejando aparte este caso tan extremo (en el que las películas parecen casi siempre un calco de la anterior) podemos encontrar un conjunto de directores marcados por un gran tema, de forma que sus obras siempre tratan o giran en torno a la misma cuestión. Cabe citar aquí a Bresson, Tarkovsky, Tarr, Dreyer, Kaurismäki, Erice, Herzog, Jarmusch, Fellini... Y una larga lista de nombres que sigue y sigue.

Los ejemplos anteriores me sirven para posicionarme a favor de la afirmación inicial, así pues yo también concuerdo en que los grandes genios siempre hacen la misma película o siempre hablan de lo mismo. Y no solo ello, sino que son los cineastas por los que más interés y devoción siento, siendo Hong Sang-soo uno de ellos.

El cine de este surcoreano está marcado por unos elementos muy fuertes que lo hacen personal y diferente. Inevitable fijarse primero en esos zooms que tanto caracterizan su estilo. La primera vez que se vive uno de ellos es extraña y curiosa, pero poco a poco nos decantamos hacia una de dos posiciones: amor u odio.

Esos zooms, además de ser una cuestión de estilo, están al servicio de un fin mucho mayor: no cortar la interpretación. Sang-soo dirige actores de una forma muy peculiar, y es que escribe la historia a medida que rueda. Esto provoca que el punto de partida al que se agarran los intérpretes sea casi nulo, y por tanto dependen del día a día para construir sus personajes.

El resultado son unas películas llenas de espontaneidad, capaces de retratar no sólo a la sociedad al natural en su conjunto sino también a las personas y sus relaciones humanas. Y he aquí otro gran elemento de su cine: la poesía de lo cotidiano, de lo banal.

Al igual que el cineasta japonés Yasujiro Ozu, Sang-soo es conocido por retratar historias pequeñas, desnudas, de una forma sencilla y directa, sin elementos que recarguen en demasía algo que no necesita ser recargado. Huye del efectismo y lo rocambolesco, puesto que no tiene necesidad de ello, ya que sus películas son un claro testimonio de que menos es más.

Sus personajes casi siempre se desenvuelven en bares donde beben soju, fuman y comen cantidades ingentes de comida surcoreana. Las charlas por lo general giran en torno a cuestiones banales, amores, desamores, amistades y rencores. Pero también encontramos reflexiones filosóficas sobre el cine, el arte, el amor o el sentido de la vida.

No es raro que esas reuniones acaben en grandes borracheras o situaciones embarazosas. Tampoco es extraño ver a los protagonistas paseando por una playa o por las calles de la ciudad donde toda la trama tiene lugar. En cuanto a la relación entre esos personajes, usualmente se trata de relaciones amistosas, amorosas, interculturales, laborales o de profesor-alumno.

Y es que en el fondo Sang-soo habla de lo que conoce y de lo que le rodea. En La cámara de Claire concretamente se aprecia este aspecto más que en otros de sus filmes. Y no sólo porque aparezca la figura del director de cine, sino porque en esta ocasión el nombre de dicho sujeto (So Wan-soo) remite de forma irremediable al de su creador (Hong Sang-soo).

Con tantos filmes en su haber, y más que están por llegar, es irremediable encontrar algunos que destacan más y otros que van a la cola de estos. Hablando claro, es inevitable encontrar obras menores, y en mi opinión La cámara de Claire es una de ellas.

Para mi ello se sustenta no tanto en cuestiones de contenido, sino de forma. Y es que es muy evidente tras el visionado que se trata de una película rodada con escasos fondos y en poco tiempo. Cierto que ambos elementos suelen ser cortos en sus producciones, pero en esta ocasión lo son de más. Donde más patente se hace esto es en el sonido.

Como he comentado antes, Sang-soo escribe a medida que rueda, por eso los actores tienen esa ligereza y naturalidad. Pero claro, para lograr esas interpretaciones es muy importante recoger todo en una sola toma, de ahí los zooms y el no cortar. Y a su vez es de vital importancia para ello el sonido directo, la voz y el tono original de los actores en ese momento determinado.

Sin embargo, en esta obra se nota cuándo se ha rodado con calma y cuándo no. Se notan las localizaciones silenciosas y las ruidosas. Se nota cuándo una calle no está cortada y el ruido de una moto o un autobús tapan el diálogo de los personajes. Todo ello embrutece no solo el sonido, sino también el resultado final.

La fotografía, cuestión además muy relacionada con la trama de esta película, sufre igualmente. Ello se evidencia sobre todo en los planos nocturnos, marcados por un dominante color naranja debido a las farolas de la calle. A mi parecer esto toda de un cierto feísmo nada agradable a la imagen.

El hecho de que se hable en inglés la mayor parte del tiempo y, por tanto, que los actores estén actuando en otro idioma, potencia el tono que ya de por si tienen las interpretaciones en el cine de Sang-soo. En este caso concreto (a diferencia de En otro país) dota a los personajes de una mayor sobreactuación y de cierto carácter infantil.

Pero a pesar de todo esto el filme funciona, nos atrapa y nos emociona. Porque es honesto, divertido, sencillo y directo. Porque tiene detrás a un cineasta curtido y con las ideas claras. Porque aunque sea una obra menor, tras él hay un genio mayor.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
PepeSapena
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13 de marzo de 2018
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Y se acabó. La gran epopeya de Hong Sang Soo de publicar cuatro películas el mismo año se cierra con la más esperada, esa que supone la vuelta de Isabelle Huppert a su cine tras In another country. No hay loas suficientes para un director que de manera improvisada ha logrado facturar en tiempo récord cuatro obras de gran calidad sin flaquear en ningún instante. Sang Soo demuestra que hacer una película no es tarea complicada: las cuatro, al igual que todo su cine, giran en torno a conversaciones, a casualidades, a encuentros fortuitos, a decepciones. No en vano siempre se le compara con Rohmer, hecho que nos hace pensar que igual la Claire que sostiene la cámara es aquella adolescente ingenua de La rodilla de Clara.

No parece complicado dirigir una película, decíamos, sino que lo verdaderamente difícil y meritorio es llegar al centro de un sentimiento y transmitirlo al espectador con una puesta en escena tan desnuda. Sang Soo nunca es artificio, siempre es verdad y emoción. El plato fuerte de Claire's camera, aparte de las dos estrellas femeninas, es el escenario elegido: Cannes en pleno festival.

La empleada de una distribuidora es despedida tras mantener un idilio con el director de la película. A su vez, sabremos poco después que la jefa mantiene otra relación clandestina con el mismo hombre. En esta confusión a tres bandas, Claire, una profesora de música de visita en el festival, capta con su cámara a las tres puntas del triángulo. A partir de esas imágenes será capaz de comprender lo que sucedió en el pasado y preveer lo que les traerá el futuro con gran facilidad.

Toda la historia transcurre en una burbuja ajena al espectáculo. Cuando el mayor escaparate de cine en el mundo tiene lugar a tan solo un par de calles, Sang Soo se venga del exceso de sus colegas de profesión que desfilan por la alfombra roja. Las dos mujeres protagonistas hablan en la playa de la importancia de las películas simples para pasarse el resto del film girando en torno a la decepción laboral y personal.

Cannes es una excusa que no hace más que resaltar la sencillez y la honestidad del relato que Claire retrata con sus polaroids, una tras otra, creando la historia. Si en algún momento alguien se esperase que el director nos colase en los entresijos del festival, saldría decepcionado. Al igual que The day he arrives, esta es una película de un laberinto de callejuelas y conversaciones en restaurantes. Los alumnos de la escuela de cine que aparecían al doblar cada esquina en The day he arrives jugaban el mismo papel que recae aquí sobre una perra dormilona y tranquila.

"La única forma de que las cosas cambien es volver a verlas otra vez, lentamente" le dice Claire a Manhee. Es por eso que lleva una cámara consigo. Es por eso que Sang Soo, con la misma fórmula de siempre, vuelve a ser capaz de regalarnos algo diferente. Un par de líneas de guión, un par de actores, un par de lugares, un par de conversaciones en una mesa y dejar que todo fluya. Una idea de dirección en torno a la que se creará la película basta: En Hill of freedom eran las páginas de una carta desordenadas, en In another country, tres relatos de una joven que se aburre, en Ahora sí, antes no la comparación de dos historias a partir de un ligero cambio...

En Claire's camera se trata de esta serie de fotos instantáneas que desdibujan la cronología de la película. Se provoca así una sensación de inestabilidad temporal que multiplica las posibilidades de significado de aquellos detalles que pueden pasar desapercibidos en la trama principal. Una película que, como Claire decía, invita a ser vista, otra vez, lentamente. Y efectivamente, cada vez se convierte en una historia distinta.
harryhausenn
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18 de noviembre de 2017
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo bello de este film radica en su exótico entretenimiento para focalizar la vida en unas cuantas secuencias y conversaciones. Cómo divagar sobre la profundidad de temas de forma casual y clara, sin cortapisas en su relato. La trama se moldea con un pequeño juego de disfunción temporal, que aviva la narración. Las interpretaciones, intensas y acuciadas por sus poliédricos personajes, viven el fulgor y el destello de las circunstancias adversas, que se crecen con el choque de sensaciones azarosas y aciagas. El guion nos muestra con facilidad la idea, la desarrolla con virtuosismo, pausadamente, lo que lastra al espectador a una especie de catarsis, de juego visceral donde su búsqueda se une a la despreocupación de Claire. Aún así, esa sensación de inacabado continuo hace que perdamos empatía con los personajes, no todo queda atado y pasa factura al producto final.
Bolseiro
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9 de abril de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es fácil seguir a Hong Sang-Soo. Solo en los últimos diez años ha estrenado deiciseis largometrajes. Además, para mucha gente, todos ellos pecarán de ser iguales, o muy parecidos. Y todavía más, seguramente les resulten pedantes y aburridos. Para otra gente, nada más lejos de la realidad, pues el cinéfilo que penetre en la propuesta de Hong encontrará un mundo en el que personas normales se debaten sin grandes dramas en problemas cotidianos que, sin embargo, sí que son vividos como tales dramas, padecidos como circunstancias abrumantes, como atolladeros insuperables. Todo ello envuelto en una ligereza formal que lo acerca, efectivamente y como tanto se ha dicho, a un Eric Rohmer del siglo XXI. Y, sin embargo, posiblemente la distancia que media entre ambos cineastas sea mayor de la que parece.

Difícilmente se podría decir que La cámara de Claire (Keul-le-eo-ui Ka-me-la, 2017) sea La rodilla de Claire (La genue de Claire, 1970), ni ninguno de cualesquiera otros títulos del autor francés. Si la poesía de Rohmer se expresa desde la afinada perfección formal del poeta que repasa sus versos infinitamente hasta alcanzar la perfección, Hong hace estallar el instante, se desboca en la improvisación y de ella emerge una forma que revela un contenido. Ambos casos son ejemplos de una estética desarrollada y muy profunda, pero que funcionan y se expresan en formas muy diferentes. Rohmer es un clásico, Hong un manierista, y ambos tocan el mismo centro del ser humano.

Después de varios intentos fallidos en los que la fórmula parecía haberse agotado, el cine de Hong necesitaba un estímulo, un nuevo desafío. Hong es un cineasta valiente, como demuestra en todos sus filmes no teme enfrentarse a sí mismo. Sus seguridades, sus fortalezas, sus debilidades, sus temores, están en la misma superficie de sus películas. En este caso, ese desafío lo llevó a rebajar todavía más su cine, a hacerlo más sencillo, menos planificado, más espontáneo. El reto era hacer una película durante los días que debía pasar en el festival de Cannes de 2016 presentando Lo tuyo y tú (Dangsinjasingwa dangsinui geot, 2016). Hong acepta el desafío, une a dos grandes actrices y les proporciona un amplio margen para improvisar. El resultado es una película mínima, en todos los sentidos, y sin embargo, hermosa y compleja.

La cámara de Hong (que al final es la única cámara verdaderamente protagonista) sigue a Kim Min-hee y a Isabelle Huppert, las junta y las separa, cada cual con sus circunstancias, propias y comunes. Todo este vaivén para dejarnos claro que al final, lo importante, no es vivir nuestra verdad, cada cual la suya, sino compartir un espacio común en un momento dado. Ahí la vida. Y ahí es donde entra la profundidad del enfoque del método de Hong. Nada hay predeterminado, Hong lo cifra todo al instinto, la sensibilidad y la experiencia de sus actrices para encontrar ese punto central del alma humana, espera pacientemente a que de sus encuentros surja algo que pueda retener. Una cámara móvil que hace permanecer a sus protagonistas en el centro del encuadre permanentemente, una puesta en escena desnuda y el montaje harán el resto.

El cine de Hong se configura así como una poderosa arma de humanismo. El centro de su cine es la persona, sea quien fuere esta persona. En muchas ocasiones es él mismo, como nos ha mostrado muchas veces, a través de ese cambiante personaje que atraviesa tantas de sus películas en forma de director cine. En otras, como esta, son sus actrices, seguramente haciendo de algo muy parecidas a sí mismas, como la propia Kim Min-Hee, quien en el mismo momento rueda con el mismo Hong En la playa sola de noche (Bamui Haebyunaeseo Honja, 2017), filme que se adentra en la ruptura sentimental entre ambos.

Posiblemente La cámara de Claire sea una película menor en la filmografía de Hong Sang-Soo, pero eso ¿a quien le importa? Seguramente, ni a él mismo. Hong ha desarrollado su carrera de forma que sea más personal que perfecta. Lo que importa es que nos ha dado una obra valiente y plenamente disfrutable, sobre la que volveremos una y otra vez, y que en su día lo trajo de vuelta al primer nivel después de años rebajándose en muestras fútiles de retórica y autocomplacientes referencias a sí mismo, cuyo punto más bajo fue Ahora sí, antes no (Right Now, Wrong Then, 2015). De todas formas, Hong ya ha entrado en la historia, ya ha dejado su legado mayor, películas como La puerta del retorno (Saenghwalui balgyeon, 2002) ya son una referencia ineludible al hablar del cine del siglo XXI, y ahora, ¿que más podemos pedir que contentarnos con obras que nos sigan trayendo una voz tan intensa, tan sincera, tan necesaria?
souldecember
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13 de julio de 2018
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Manhee es una joven coreana que trabaja en el departamento de ventas de una distribuidora. Durante el Festival de Cannes, sin embargo, es despedida por la jefa bajo el pretexto de haberse comportado de manera deshonesta. Tal noticia llega a oídos de Wansoo, director del film en el que la distribuidora estaba realizando tareas de promoción, un tipo que conocía muy de cerca de la propia Manhee. Tanto el cineasta como la joven, entre tanto, conocerán en los rincones de la ciudad francesa a Claire, una profesora parisina que acaba de llegar al festival para ver la película que estrena una amiga suya. Con su cámara de fotos a cuestas y una visión abierta acerca de la vida, esta mujer se convierte en parte importante de la relación entre Manhee y el mencionado director de cine.

La cámara de Claire es uno de los últimos trabajos que ha firmado el afamado cineasta surcoreano Hong Sang-soo. Bastan apenas unos segundos para comprobar que el estilo de autor que el director de Ahora sí, antes no o En otro país ha exhibido a lo largo de su filmografía se mantiene intacto en este nuevo film. Con planos abiertos en los que se muestran largas y distendidas conversaciones, Sang-soo ni siquiera evita prescindir de la figura de Kim Min-hee, actriz presente en todos los últimos trabajos del cineasta y que aquí toma el papel protagonista de una mujer cuyo nombre recuerda claramente al de la propia actriz. Junto a ella se alza Isabelle Huppert, que ya colaboró con el realizador coreano en la mencionada En otro país, una notable película que además resulta muy recomendable para iniciarse en la obra de este autor.

Con todo, Sang-soo vuelve a mostrar en La cámara de Claire que perfectamente se puede poseer un sello reconocible como artista sin caer en lo repetitivo. La película no solo sigue la línea formal de los anteriores trabajos del cineasta, sino que también se nutre de su línea autoral en el contenido del guion. Las conversaciones que mantienen los personajes de la obra poseen al principio un tono muy tímido, de asentir a todo lo que dice la otra persona, de recurrir a tópicos por no saber muy bien qué se debe decir, hasta que una de las dos partes termina por romper el hielo con una invitación. Esto no solo se muestra en aquellas escenas de atracción hombre-mujer, como vemos en esta cinta y conocemos de muchas otras de Sang-soo, sino que también supone el origen de la interesante conexión que se establece entre Manhee y Claire, una pequeña amistad que rompe con aquellas barreras generacionales, culturales y profesionales que en un principio podíamos pensar que existían. El toque de comedia también está presente en casi todos los diálogos, casi siempre ocasionado de manera involuntaria por los personajes, pero no por un Sang-soo que sabe bien cómo dotar de gracia a las conversaciones que escribe.

Todo este relato se enmarca en la celebración del Festival de Cannes, de manera que Sang-soo también añade a su obra ciertos detalles acerca de las relaciones entre miembros de la industria fuera del propio trabajo cinematográfico. El personaje del director So Wansoo bien pudiera ser realmente un alter ego de Sang-soo, lo que sería un ejercicio de gran honestidad por parte del cineasta coreano al retratar la arrogancia que muchas veces caracteriza a los artistas. Sea como fuere, lo que es cierto es que La cámara de Claire supone otro notable trabajo para añadir a la colección de un Hong Sang-soo que ya es uno de los referentes en el panorama del cine de autor internacional. Conseguir que sus obras se sientan tan vivas y refrescantes sin que el coreano tenga la necesidad de moverse un ápice de su línea estilística es algo que solo está al alcance de genios como él.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para @CineMaldito
Kasanovic
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