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Rara

6,4
589
votos
Sinopsis
Que te gusten los chicos, o quizá encontrar que son estúpidos; ser supercercana con tu mejor amiga, y aun así no contarle tus secretos; tener problemas en el colegio y unos padres aburridos. Este es el tipo de problemas a los que se enfrenta una niña de 13 años. Para Sara eso no tiene nada que ver con el hecho de que su mamá viva con otra mujer. Aunque su padre no piense lo mismo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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28 de octubre de 2016
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película latinoamericana ganadora del Festival de Cine de San Sebastián. Opera prima de Pepa San Martín como directora, nos involucra en la mirada de una niña de trece años (Sara) que observa el mundo desde el interior de una familia comandada por dos mujeres. Está inspirada en el caso de la jueza Karen Atala, que perdió la tuición de sus hijas por ser lesbiana. El camino fácil para abordar la historia hubiese sido ubicarse dentro del cine de denuncia, militante y activista de las minorías sexuales. La dirección de San Martín, en cambio, opta por una mirada a la clase media chilena, mostrando los prejuicios que la guían, asimilados del pensamiento de sectores más acomodados y conservadores. Esta «rara» familia intenta pasar piola y no molestar al resto de la sociedad. Eligieron al Liceo Manuel de Salas (lo sitúan en Viña del Mar) como representante de esa clase media y donde, según parece, existe bastante tolerancia al tema homosexual, salvo en sus autoridades (no sé si será así en la realidad, aunque sin lugar a dudas, el Manuel de Salas es parte de la clase media chilena). En el guion colabora Alicia Scherson, cuyas historias siempre asombran desde un férreo punto de vista (recordemos «Play», «El futuro» o «El bosque de Karadima»). Sentimos los murmullos de los compañeros, de la madre y del padre desde la mirada de Sara, adolescente sin una clara posición ante el conflicto, entregada a lo que dictamine un tribunal o su padre, sin oponer mayor resistencia. Nica, la gatita que adoptan las niñas, es esterilizada y nadie le pregunta; a Sara y a su hermana tampoco, simplemente el padre las aparta de su madre a través de un dictamen judicial. Él tiene un pasar acomodado y quizás su hija no calza con su moral conservadora, dice estar preocupado por su hija, pero acaso prefiere higienizar su entorno social. Hay gran mérito en la dirección de actores, la cotidianidad fluye de manera natural, y habría que felicitar a la productora por un casting muy acertado.
Anibal Ricci
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25 de marzo de 2017
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se ahoga en su propia y elegante forma, en su continua elusión y sutil alusión, en su apuesta por los sobreentendidos y el sucedido de fondo. Tanto se contiene y sugiere que cuando quiere mojarse y opinar de verdad, no de lado y con pildoritas, ya es demasiado tarde, se le pasó el momento y no volverá. Ahora ya no vale con decir la tuya con sincera honestidad, tiempo tuviste durante los 90 minutos para dejar claro tu punto de vista sin necesidad de dar tantos rodeos y hacer tantos disimulos.
Se evita el maniqueísmo grueso, pero canta demasiado el partidismo. Se huye del tópico, pero todo es muy convencional. Se prescinde del morbo y el grito, pero el conflicto es obvio y consabido. Se quiere quedar bien y termina en aguachirri. Simpático, bien hecho y fallido. Un gesto contrahecho, una mirada torcida, un ay y un pequeño bluf al final del todo.
(Atención, mucho spoiler a continuación, aquí abajo por falta de espacio, pero solo en caso de perentoria necesidad de más información. Usted verá)
- Adolescencia. La protagonista está en ella, en sus turbulentos y desconcertantes principios, cuando se busca identidad, lugar, seguridad, afirmación. De ahí su dolor. Por ello su rebeldía. Porque siente la presión de la "normalidad", del grupo, de la corriente mayoritaria. Y cuando más inseguro te sientas sobre tu posición e identidad, con más fervor necesitarás unirte a la manada y ser uno más, sentir el calor de los que te rodean, hacer lo que sea para ser aceptado. No tener falla, tacha o cualquier posible defecto o punto débil que se te pueda achacar o utilizar en tu contra. En este caso, es, evidentemente, el lesbianismo de su madre lo que a ella le da miedo. No porque suponga un problema o menoscabo en la intimidad, su equilibrio o el afecto que ella recibe, más bien por lo que pueda suponer de rareza entre los de su edad, por las habladurías, los cuchicheos y las maledicencias, por el dedo que apunta, señala y acusa, que pide sangre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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26 de marzo de 2017
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mirada de los demás condiciona nuestra existencia más de lo que – en la mayoría de las ocasiones – somos capaces de reconocer. Queremos dar una imagen de nosotros mismos y nos esforzamos por conseguirlo – seamos conscientes de ello o no – e igual importancia tiene la imagen que creemos o pensamos que los demás tienen o se hacen de nosotros. Y casi todo nuestro afán, cuando vivimos esclavos del examen al nos creemos sometidos, se centra en querer desmentir una fantasía que hemos pergeñado nosotros mismos y que puede ser o no ser cierta, pero que la percibimos como verdadera e inapelable y en ese quijotesco empeño gastamos nuestra energía al luchar contra molinos de viento ilusorios que nos provocan huracanes y desazón.

En esta cinta se habla mucho, pero no siempre se dice todo lo que se piensa ni se expresa con palabras directas y claras lo que bulle en el interior y se quisiera decir pero no se sabe cómo. Salvadas las distancias, me ha recordado la estética y cadencia de Eric Rohmer, por su luminosidad en apariencia intrascendente, por la importancia de los diálogos y por el hecho de que muchos acontecimientos relevantes quedan fuera de campo, en segundo plano, por lo que el espectador tiene que reconstruir ciertos datos relevantes que subyacen entreverados en el tejido de la trama y hacer explícito lo que permanece implícito gracias a una vigilante escucha y observación.

Además hay varias historias y diferentes niveles en esta interesante y modesta obra chilena llena de encanto. Por una parte tenemos el retrato de una adolescente que anda peleada consigo misma y con su realidad – típica de la edad del pavo – y que busca su lugar en el mundo sin saber muy bien a quién acudir ni como acometer semejante tarea sin pelearse con casi todos sus seres queridos. Por otra parte tenemos el reflejo cotidiano de una pareja de mujeres que se aman y conviven pero que no son ajenas al entorno que se toma este hecho como una afrenta. Por último tenemos también el soterrado estudio de una separación y la lucha por la custodia de unas hijas que quieren permanecer junto a su madre (y su pareja), pero que acabarán siendo utilizadas como meros peones en un infamante juego de ajedrez.

Tierna, sutil y deliciosa, llena de amor y comprensión hacia sus personajes, con su pertinente y necesaria dosis reivindicativa sin que por ello resulte un panfleto irritante. Quizás le falte algo de ritmo y destreza, pero en general logra despertar la complicidad del espectador que agradece su cuidadosa y mesurada ambivalencia.
antonalva
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18 de noviembre de 2016
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corría el año 2003 en Chile cuando, tras tres instancias judiciales, Karen Atala, una destacada abogada y jueza chilena perdía la tuición de sus hijas a causa de una demanda del padre, ya que la madre convivía junto a su nueva pareja. ¿La demanda? “No se encuentra capacitada para cuidar de las tres niñas, dado que su nueva opción de vida sexual sumada a una convivencia lésbica, estaban produciendo consecuencias dañinas al desarrollo de estas menores”. El caso fue llevado por la abogada a la Comisión Interamericana de DDHH, obligando al Estado de Chile siete años después a corregir la decisión, en un hecho emblemático para el continente.

Inspirada en el caso mencionado, Pepa San Martín dirige su primer largometraje, ‘Rara’, que coronó con el Premio Horizontes Latinos en el último Festival de San Sebastián. La cinta, lejos de biografiar el hecho, cuenta la historia de Sara (Julia Lübbert), una niña de 13 años que vive junto a su hermana menor Cata (Emilia Ossandón), a su madre (Mariana Loyola) y su pareja, Lia (Agustina Muñoz). Pero el siempre complicado inicio de su pre adolescencia se ve afectado por su padre (Daniel Muñoz), el que no aprueba que sus hijas convivan bajo el mismo techo con su mamá y su novia.

Junto con Sara, el espectador recorre sus días en el colegio, sus tardes en su casa de Viña del Mar junto a su familia, su interés por el niño que le gusta, sus conversaciones cotidianas y certeras con su mejor amiga y compañera en el pasillo y baños del colegio, y sus discusiones con la Cata. Sin embargo, es consciente de su situación: está en la mira de una sociedad que la apunta, que murmura tras las paredes, que la mantienen al filo de la normalidad, la aceptación o el cuestionamiento. San Martín consigue, desde la primera escena, hacernos parte de una familia encantadora, espontánea y natural. Bastan diez minutos para comprender años de historia. Así mismo, la posición del padre, sin ser ausente, también es explícita con las escenas siguientes. Con gran parte de las bases narrativas logradas, lo que queda no es más que una hora intensa de emociones que nos trasladan desde la alegría a la impotencia, del amor al odio, de la inocencia a la madurez.

La relación homoparental nunca es puesta en juicio por el relato ni expuesta de manera soterrada. La sensibilidad de la cámara de San Martín junto con el acabado guión -a cargo de la misma directora junto a Alicia Scherson (‘Play’, ‘Turistas’)- que no deja espacios para dudas o inconsistencias, naturalizan cualquier posibilidad de evaluación; nos convertimos rápidamente en un integrante más de la familia y no podemos hacer otra cosa sino empatizar con lo que significa para Sara, su hermana y su madre, dejar su casa para irse a vivir junto a su padre, demanda mediante. Llena de grandes momentos, en ‘Rara’ todo conspira para crear un relato mágico donde, paradójicamente, la realidad abunda y la palabra “injusticia” no hace más que removernos el piso y ver con otro cristal una verdad mucho más latente que la que podamos llegar a pensar. Escenarios acotados a interiores y locaciones mayormente cerradas también constituyen un trabajo de diseño intimista y totalmente necesario.

La otra mitad del éxito de la cinta la consigue su reparto de excepción. Tanto Julia Lübbert como la pequeña Emilia Ossandón se roban todas las miradas con un trabajo de interpretación superlativo, quienes resultan un deleite para la cámara a pesar de sus cortas edades, lejos de cualquier sobreactuación y con una facilidad de diálogo y trabajo físico envidiable para cualquier experimentado actor nacional. Por otra parte, tanto Mariana Loyola (‘La Nana’, ‘Génesis Nirvana’) como Agustina Muñoz (‘Viola’, ‘La Princesa de Francia’) sostienen una cinta desde la psicología femenina, donde todo el tiempo se respira inteligencia y mucho sentido común.

‘Rara’ es una película necesaria que, tras los créditos, provoca querer seguir conviviendo con ellas, verlas crecer, madurar, evolucionar, y que sin permiso, nos viene a educar; nos toma del brazo y nos abre los ojos. Desde la inocencia de una niña hasta el dolor de una madre y la malentendida preocupación de un padre, Pepa San Martín debuta en el cine con un filme sensible, potente y obligatoriamente pedagógico.


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www.elotrocine.cl
Wladimyr Valdivia
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23 de marzo de 2017
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mayoría de películas de temática LGTB actualmente se olvidan de lo más importante para esta comunidad: convencer a los que todavía no ven a las parejas del mismo sexo con buenos ojos. Rara es un gran ejemplo de cine militante, verdadero, que habla claro al espectador y quiere hacerle ver que una familia, esté formada por quien esté formada, siempre será una familia.

Rara es la ópera prima de Pepa San Martín y está basada libremente en un caso real ocurrido en Chile en 2004 en la que una madre perdió la custodia de su hija por ser lesbiana. La realizadora, en vez de realizar un film de denuncia al uso, lleno de procesos judiciales y penurias, apuesta por narrar un relato familiar más liviano centrado en las hijas de la mujer protagonista.

Éste es quizá el movimiento más inteligente de su guión y dirección. No se trata de denunciar una situación verdaderamente injusta, sino que, por la vía de los sentimientos más primarios, demostrar la injusticia de la situación. Puede que para la mayoría esté claro que una madre tiene el mismo derecho de tener la custodia de su hija por el hecho de ser lesbiana, pero hay una minoría que todavía no lo comparte. Todo el mundo, en la familia protagonista verá a gente que se quiere, que quieren compartir juntos el día a día. Nada más. No hay prejuicios en medio. Solo amor materno-filial.

Por otro lado, el cine LGTB está plagado de escenas de contenido muy erótico. Sin duda, los más escépticos nunca cambiarán de opinión si se les provee este tipo de contenidos. En declaraciones en el último festival de San Sebastián, Pepa San Martín comentó que lo único “erótico” del film, una escena que narra una mamografía simbolizaba la presión de ser madre. No hay sexo. Ni siquiera la pareja protagonista se besa en muchas ocasiones en pantalla.

El tono de la película nunca se acerca al drama. La película celebra la alegría de sentirse en una familia. El hecho de que todo esté narrado desde la perspectiva de las niñas pequeñas, le da al conjunto un toque de inocencia que convierte a esta historia en un relato universal.

Rara consiguió el premio a la Mejor Película Hispanoamericana en el último festival de San Sebastián. Es un relato sincero, directo, veraz y muy humano. No estamos ante la obra de arte del siglo, pero sí ante una cinta que por su humildad y ambición deben tenerse en cuenta. Con más películas de este tipo, adultas y honestas, el cine es capaz de mostrar su mejor cara y cambiar todas las lacras del mundo. Hasta entonces, habrá que seguir luchando.
Alberto Monje
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