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Donde viven los monstruos

6,2
26.752
votos
Sinopsis
Adaptación de un cuento para niños de Maurice Sendak. Cuando Max, un niño desobediente, es enviado a la cama sin cenar, se zambulle en un mundo imaginario creado por él y que está poblado por feroces criaturas que le obedecen ciegamente. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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21 de diciembre de 2009
324 de 353 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es una película para niños, ni exclusivamente para adultos. Es una película para adultos con el fin de entender como vive, siente y piensa un niño de 8 años.
El que espere una historia infantil parida desde una mente adulta, se equivoca. El que espere una historia adulta camuflada en un ambiente de cuento, se equivoca.
Es la historia de un niño que piensa, vive y actúa por su necesidad de cariño y atención, por sus miedos, por su crueldad, por su egoísmo, por su impulsividad, por sus fracasos, por su diversión, por su imaginación, por su creatividad, por sus limitaciones, racionales y emocionales propias de un niño de 8 años.
Porque sí, queridos cinéfilos, la cruda realidad es que un niño demuestra sus frustraciones, sus miedos, sus inseguridades... no con una sonrisa precisamente. Dejemos de ocultar tras sus caras angelicales la realidad de las emociones humanas infantiles. Los niños son crueles, egoístas, duros, agresivos, impulsivos, injustos y con falta de ética o moral.
El ego, el yo freudiano en toda su fuerza imparable y libre en un bosque donde dar rienda suelta a los instintos propios de su edad. Un ego que clama al cielo la presencia del superyo, la voz de la conciencia, la moral, las reglas y el bien de lo que hay que hacer (su madre), porque es así como un niño encuentra la manera de crecer y madurar.
Y en ese bosque, su yo encuentra sus emociones más latentes en forma de monstruos. El monstruo de estar solo, a ser abandonado (Carol), el monstruo del ser ignorado (la Cabra), el monstruo de ser invisible (el Toro Alexander), el monstruo de ser cruel y dar miedo (Judith), el monstruo de ser bueno y colaborador (Ira), el monstruo de la razón (Douglas) y el monstruo del cariño y el afecto (KW). Max intenta comprenderlos, afrontarlos, resolverlos… pero sólo es un niño mandando como único rey en sus propias emociones-monstruos y eso nunca puede salir bien sin el apoyo, el cariño y el amor de una madre/padre.
marypb21
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17 de diciembre de 2009
158 de 227 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ni para niños ni para mayores. En eso creo que coincidimos todos. Lo cual no significa que no vaya dirigida a un público concreto: esos seres humanos que ya no somos niños pero que nunca vamos a ser mayores.

Para mi: MAGNÍFICA.
Señora leño
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19 de diciembre de 2009
80 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jonze es un tipo inteligente, meticuloso y trabajador, y buena parte de razón me la da un proyecto que llega casi una década después de su último film, y no sólamente sabe con acierto trabajar en un espacio que huye del 3D y las nuevas tecnologías adoptadas por tantos otros, sino además una propuesta que en su mecanismo aparente parece querer generar escenas dotadas de un enorme aplomo visual y grandes cualidades en sus aspectos más técnicos, pero que en su fondo resultan tan sencillas que más de uno aborrecerá antes de tiempo las aventuras de Max y sus amigos, los monstruos.
Tras todo, como siempre, hay truco, y quien sepa llegar hasta su conclusión, admitiendo que "Donde viven los monstruos" es un film tan franco y sincero con lo que propone, como a su misma vez elemental, quizá se halle con una grata sorpresa ante la que servidor tuvo que tragar saliva y pensar que hay que ser muy bueno para transformar una obra de estas características en algo tan emotivo como lo que se palpa una vez terminado el film de Jonze.

Dejando de lado todo ello, esta pequeña pieza posee una virtud que quizá la hace todavía más admirable. A lo largo de todo el recorrido, y como es imaginable que sucederá, la contienda aparece para no dejar un camino tan llano a nuestros protagonistas, haciendo que se desate el conflicto y que parezca necesario buscar soluciones. Sin embargo, no es así: el niño se comporta como tal, es capaz de ver lo que sucede, es consciente de lo que acontece como impostado rey, pero no tiene a su alcance la virtud que poseería quizá un adulto, la de ofrecer una salida que lleve al diálogo, y del mismo modo les sucede a unos monstruos que se comportan de forma similar y quitan importancia a lo sucedido. Y es ahí donde radica su fuerza, en el alejamiento del sermón más convencional, de la moralina más típica, logrando que todo se resuelva con una naturalidad increíble y no se tienda a tirar del discurso para dar fin a algo que, casi sin quererlo, termina siendo solucionado.

Tampoco cabría negar que tiene sus pegas, como no: el estadounidense se pasa de un extremo al otro para mostrar y amplificar la gama de sensaciones que recorren el cuerpo de sus entrañables monstruos, y lo que sin necesidad de llegar a ciertos puntos, intentando sugerir y convertir algunos momentos en baches no tan bruscos para los propios protagonistas, hubiese funcionado a las mil maravillas, sorprende que en la cinta que nos ocupa lo siga haciendo, logrando un resultado que va más allá de lo imaginable, porque cuando uno conoce el final de la historia que se le está contando, se lo sabe al dedillo, observa el gesto, se anticipa y,...


(Termina en el spoiler, sin desvelar nada)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Grandine
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9 de diciembre de 2009
108 de 172 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esperaba con bastante interés el estreno de esta peli, la historia era buena, los personajes entrañables, el director de los que tienen interés, la música se suponía excelente, luego tenía todos los ingredientes para ser el peliculón que algunos pregonan por ahí.

Y tiene un poco de todo, una excelente música melódica, una buena dirección, la fotografía más que pasable, los muñecos perfectamente recreados, el niño no molesta mucho pues no es en exceso repipi, luego los primeros minutos prometen.

Pero según avanza la peli te das cuenta de que algo no funciona, pese a la buena dirección de Jonze.Y lo que no pulula es que pese a que los personajes son peluches claramente infantiles, no es una película para niños, y no lo es pues el director se va por los cerros de Úbeda elucubrando en el tema pedagógico más de la cuenta, lo que seguro llevara a cualquier niño al aburrimiento más absoluto, haciéndola poco recomendable para los más pequeños de la casa.

Pero lo peor no es que pueda aburrir a los niños, lo peor es que tampoco es lo suficiente adulta para llamar la atención de los mayores, pues tampoco va dirigida en su totalidad a ellos, ya que en muchos casos es en exceso infantil, no consiguiendo en ningún momento que te sientas interesado por lo que se cuenta.

En fin, a mi gusto patinazo de lo gordos de Jonze, no ha sabido, quizá por ponerse trascendente, captar el mensaje de la historia, ni siquiera la atmósfera, una auténtica pena pues en el tema técnico se puede calificar la película de intachable.

Aprobadillo entre bostezos.
antipseudo
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22 de diciembre de 2009
51 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
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MAX---------------------------------------|

No sólo de niños viven los sueños. Aunque Jonze los use en este ejercicio por cuestiones prácticas de afecto. Lo cierto es que los sueños viven en cada uno de nosotros. No los noctívagos sino los conscientes. Y existe, hasta una regla de tres: a mayor descontento, mayor capacidad para crear los sueños. Cuanto más inadaptado, mayor facilidad para hilvanar historias no reales. Ergo... cuanto más adulto, más facilidad para crear fantasía. Empero, son los niños los reyes de los sueños. ¿Alguien lo entiende? Vayamos donde habitan los monstruos. Quizá alguien nos los pueda aclarar.

El poder de lo onírico se basa en que es una metáfora de lo que nos toca vivir. De ahí todas las interpretaciones e interpretadores de sueños. O eso dicen. Para mí, el poder onírico viene de su capacidad sugestiva. Quizá por ello, el cine sugestivo lo disfruto tanto.

Creo que son diez los minutos maestros que existen en esta película. Hacía casi un año, que en una sala de cine no sentía el poder de los 24 fotogramas por segundo. También era el inicio de una película. Y también era de monstruos o inadaptados de una sociedad. También usaban disfraces (para esconderse del mundo hostil). Luego Jonze nos lleva a su mundo (que puede ser reiterativo, algo machacón al no querer avanzar), pero nos ha dejado un epílogo donde suelen ir los prólogos. Y es que su inicio, de prólogo no tiene nada porque la presentación de Max es una lucha por seguir viviendo. A su manera, claro.

Entonces me tiran de una media. Poquito a poco. ¡Sigo aquí! Me dicen. ¡Hablame! Me reclaman. ¡Escuchame! Me ordenan.

Oye, una lágrima resbala por mi mejilla. Para que luego digan que no soy sentimental.

¿Es que no notas la desidia, las envidias, los temores, los deseos perdidos o encontrados? ¿Es que no oyes golpear la puerta cada vez que caes defraudado? Son los monstruos que viene a por ti. A coronarte rey de tu propio mundo. De tus propias fantasías, de tus sueños olvidados...

Y sigues siendo tú.
Chagolate con churros
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