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El desprecio

7,5
4.809
votos
Sinopsis
Paul Javal (Michel Piccoli), un dramaturgo francés, acepta reescribir algunas escenas para "La Odisea", una película que se va a rodar en Capri bajo la dirección del renombrado director alemán Fritz Lang (Fritz Lang). En un primer encuentro con el productor norteamericano, el arrogante Prokosch (Jack Palance), el escritor deja que su mujer, la bella Camille (Brigitte Bardot), se vaya en el coche con el productor a la finca de éste. Este ... [+]
Críticas ordenadas por:
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26 de octubre de 2005
107 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aparentemente, no es El desprecio el prototipo de película de Godard, en tanto que apenas se hallan en ella sus rasgos estilísticos más reconocibles: el montaje entrecortado, los cambios bruscos de tono y de género, el ritmo sincopado, el uso de carteles, el humor grotesco, etc. Bien al contrario, se trata de una estilizada historia contada básicamente a través de elegantes planos-secuencia de brillante y hermosa textura fotográfica, asemejándose a la estética del cine clásico "convencional".
Pertenece también a la primera etapa de su obra, que podríamos denominar "narrativa", en el sentido que todavía "cuenta una historia" con una linealidad argumental definida que el espectador puede seguir sin ningún problema.
Pero, precisamente porqué Godard no filma una película "de Godard" —como ya había hecho en más de una ocasión limitándose, en el fondo, a dar lo que ya se esperaba de él— se muestra más valiente y audaz que nunca.
En mi opinión, asistimos a su primera obra de auténtica madurez, donde se muestra menos interesado en llamar la atención sobre sí mismo que en adecuar, de manera magistral, lo que cuenta con la manera de contarlo. De ahí que el impecable discurso fílmico nos lleve inexorablemente al discurso de fondo más genuino y, probablemente, más complejo de este autor: la disección de los problemas de comunicación en la pareja, el pesimismo existencial, los sentimientos contradictorios respecto del cine y de la industria del cine... se muestran en El desprecio de manera más desnuda y menos artificiosa que nunca, libre también de los momentos pedantescos que de vez en cuando lastran algunas de sus obras. E incluso consigue que una actriz tan limitada como B.B. nos parezca insustituible en su rol.
Mención especial merece la partitura de Georges Delerue, a mi juicio una de las más hermosas de la historia y que consigue que cualquier evocación de El desprecio —como ocurre con El tercer hombre o Solo ante el peligro— no pueda llevarse a cabo sin rememorar a su vez la maravillosa música que la acompaña.
Quim Casals
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15 de febrero de 2009
69 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil
Habitación. La cámara se desliza suavemente por el cuerpo de Camille, recorriendo con tacto su belleza, como un escultor de la Grecia clásica moldeando delicadamente con sus manos. La enumeración de sus partes es intrascendente, lo importante es el conjunto; la perfección en el arte viene por su análisis global, no por su fragmentación.

Cinecittá. Fritz Lang se aleja en solitario de la escena, en la pared posters de películas de Hawks y Hitchcock, de fondo la música de George Delerue, un homenaje sentido, único, reivindicativo del amor de Godard por una serie de autores antaño menospreciados y ahora elevados al puesto que se merecen. Ligero travelling y una pequeña anécdota, casi imperceptible en los gestos, se convierte en el motor dramático de la trama. Un estallido de emociones que se desencadena sin más ruido que el del motor de un coche que aleja para siempre el amor entre los protagonistas. Paul se pierde entre las ruinas de los estudios, una panorámica que refleja un mundo cinematográfico del pasado y a la vez el interior del protagonista. La confusión de la pérdida, la sordidez de la soledad y sin embargo, sus ojos muestran su vano intento de racionalizar estos sentimientos, de intelectualizar el fracaso.

Interludio (casa de campo). La cámara muestra una gran extensión de terreno, sin embargo los personajes se agolpan en un espacio reducido, la composición nos indica que está pasando, no se miran se dan la espalda y divagan en su propia lengua. Se hace patente la incomunicación. Progresivamente todo se focaliza en Paul y Camilla y aunque el plano se acerca la distancia entre ellos aumenta. Finalmente Camilla abandona, sólo su espalda se acerca a nosotros, su gesto no es revelado pero un montaje de insertos dinámico lo aclara; sus dudas sus recuerdos, el proceso mental del pensamiento conectado con el arte cinematográfico. (sigue en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
LennyNero
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19 de abril de 2010
44 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sexto largometraje de Jean-Luc Godard (París, 1930), es una de sus películas más conocidas y acreditadas. El guión, del Godard, adapta libremente la novela “Il disprezzo” (1954), de Alberto Moravia (Roma, 1907-1990). Se rueda en escenarios naturales de Roma y Capri. Producido por Georges de Beauregard (el productor de la “Nouvelle vague”), Carlo Ponti y Joseph L. Levine para Roma-París Films (París), Films Concordia (París) y Compagnia Champion (Roma), se estrena el 29-X-1963 (Italia).

La acción dramática tiene lugar en Roma y Capri durante varias semanas del verano de 1963. Paul Javal (Piccoli) y su joven esposa, Camilla (Bardot), forman una pareja enamorada de recién casados. Paul, que se dedica a escribir obras de teatro, acaba de recibir una oferta para escribir el guión de una nueva adaptación de la Odisea, de Homero, al cine. Se la ha planteado el productor norteamericano Jeremy “Jerry” Prokosch (Palance), que desea un guión más comercial que el que le ha propuesto Lang (Lang). Paul es indeciso, indolente y poco resolutivo. Camilla, de 20 años, es celosa, sensible, independiente y muy atractiva. Jerry, de media edad, es arrogante, fanfarrón y oportunista. Lang, de unos 70 años, encarna al cineasta acreditado, insobornable y riguroso, que sabe que el cine está por encima del dinero y la fama.

El film suma drama, comedia, romance y cine en el cine. Construye un relato en el que se superponen tres líneas narrativas que se desarrollan en paralelo, entrelazando secuencias, diálogos, observaciones y propuestas. No sólo no se interfieren, sino que a aprovechan las interrelaciones que se dan entre ellas. El hilo conductor viene dado por la historia de amor. Sobre ella descansa una profunda reflexión sobre las relaciones entre arte y cine, cine y comercialidad, cine y realidad, etc. Se añaden referencias a episodios de la historia de Ulises, Penélope y Poseidón, que constituyen el material de rodaje del film en el que se trabaja. Entre las tres líneas narrativas Godard establece relaciones, cruces, coincidencias y paralelismos.

Se advierte que Paul, Camilla y Jerry se comportan como encarnaciones vivas de Ulises, Penélope y Poseidón. Una observación adicional permite descubrir relaciones entre Paul, Camille y Jerry con el trío formado por Godard, Ana Karina y Joseph L. Levine. La asimilación más patente es la de Godard y Paul por el uso continuado del sombrero y la afición a los cigarros puros. El paralelismo de Camilla y Ana Karina, pareja entonces de Godard, lo pone de manifiesto la peluca negra de Camille. Los problemas de la historia de ficción evocan y reflejan los de la pareja real de Godard y Ana Karina. Los problemas de Godard con los productores, en especial con Levine, se glosan a través del conflicto entre Paul y el americano Jerry. Por lo demás, Godard se explica a sí mismo a través de la figura eminente de Lang, el cineasta admirado y, a la vez, entronizado como figura capital del cine de todos los tiempos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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29 de abril de 2010
43 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde luego, la peli es rara. Rara de cojones. Aunque, claro, tratándose de una peli de Godard que sea rara tiene -hasta cierto punto- su propia lógica. De hecho, lo raro hubiera sido que “El desprecio” no fuera una peli… rara. Aún así, le agradezco a Jean Luc que después del martirio sensitivo y cerebral que me supuso el visionado de “Al final de la escapada” haya tenido el detalle de rodar una peli -al menos desde una perspectiva eminentemente formal- mucho más serena y comedida.

“El desprecio” constituye, pues, una rareza bastante digerible en la que el hilo narrativo es absolutamente lineal y en la que los experimentos de montaje aparecen en su justa medida. Es más, igual voy a decir una tontería pero yo añadiría, incluso, que la incuestionable predilección de Godard por los planos largos y la inmejorable amortización de esa espléndida melodía que los acompaña en todo momento le confieren a esta peli un aspecto considerablemente ‘clásico’.

Lo que ya no me parece tan sereno, ni tan comedido, ni tan ‘clásico’ es el planteamiento argumental del que parte Godard para explicitarnos esa extrañísima crisis matrimonial que padecen Paul (Piccoli) y Camilla (Bardot). Ni tampoco me parece claro y meridiano el trazado que utiliza el gurú de la nouvelle vague para poner de manifiesto lo complejo que puede resultar rodar una peli cuando la incomunicación y la falta de consenso entre sus máximos artífices (productor, guionista y director) es total y absoluta. Ahí creo que Godard es deliberadamente abstruso. Y qué queréis que os diga, pero a mi eso de ser deliberadamente abstruso porque sí me parece malicioso, petulante y, sobre todo, estéril.

Total, que si he decidido concederle siete estrellitas al creidito de Godard es porque su film ha conseguido dispensarme algún que otro momento de goce ¿intelectual? y porque debo admitir que su persistente afán experimental -en esta ocasión- obtiene buenos resultados. Pero más allá de todo ello y más allá del incuestionable aliciente que supone ver reunidos -en una misma peli- a Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance y Fritz Lang, lo que más y mejor ha influido en mi valoración global de la peli de Godard es el indescriptible placer de poder contemplar detenidamente las tersas, mórbidas y sinuosas nalgas de BB. Una mujer por la que cualquier hombre perdería la cabeza. Y quién diga lo contrario, o es gay… o miente.
Taylor
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4 de mayo de 2010
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
La villa de Curzio Malaparte es una mastaba color peonía que observa el mar desde uno de los lugares más impresionantes de la Tierra. Esta casa fue el lugar elegido por Jean-Luc Godard para rodar "El desprecio". A la muerte de Malaparte, la casa pasó a ser propiedad de una fundación: los turistas no pueden acceder a ella.

"El desprecio" también es una obra muy personal y gran parte de ella también permanece cerrada al público: demasiadas corrientes íntimas que ninguna biografía podrá desentrañar nunca. Tiene un algo de testamento o de última voluntad sepultada bajo tres niveles. En un primer nivel, la historia de absurdo desamor entre el escritor y su mujer, que carece de importancia como tal; en un segundo nivel, la reflexión evidente sobre la creación artística; y en un tercer nivel, se empieza a rastrear el alma. Creo que la suma de sus niveles no da más resultado que el de la derrota: es la insuficiencia de las palabras para expresar una imagen y la insuficiencia de las imágenes para dar forma a palabras para las que todavía no existe un lenguaje.

Película por tanto, profundamente imperfecta: es la angustia del perseguidor que no conoce lo que persigue y sin embargo, lo desea. Lo busca a través de la belleza, lo busca a través de los mitos, del arte y lo busca a través del amor. Pero ¿acaso no lo buscaron todos los demás? Sin embargo, es imposible encontrarlo. Sea lo que sea, él también desconoce su naturaleza pero finalmente decide escoger la nada. La nada, que a fin de cuentas, es el reverso de lo inabarcable.

Lo mitológico y lo vulgar se dan de la mano en una historia que habla de dos tragedias: la fatalidad, que fue la tragedia de los héroes en tiempos de los dioses; y la banalidad, que es la tragedia de los artistas en los tiempos de los hombres.

La villa de Curzio Malaparte, solitaria y misteriosamente inaccesible, seguía mirando al mar la última vez que visité Capri. Del mal lugar.
Neathara
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