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Todos a la cárcel

5,6
4.674
votos
Sinopsis
En la cárcel Modelo de Valencia se va a celebrar el Día Internacional del Preso de Conciencia. Gentes de la política, la cultura y la farándula asistirán al acto y aprovecharán la ocasión para hacer lucrativos negocios. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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19 de septiembre de 2008
23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé si porque falta Azcona en la elaboración del guión o porque Berlanga estaba en un momento de crisis creativa, pero lo cierto es que "Todos a la cárcel" es como trasladar "La escopeta nacional" de escenario - con el mismo protagonista, "Saza", queriendo hacer negocios con los que tienen influencias - y hacerla más graciosa a base de zafiedades (sale Santiago Segura en su línea de secundario "encasillado"). No obstante, curiosamente, la película funciona de nuevo gracias sobre todo a su galería de personajes pintorescos.
Sin ser la mejor de uno de los grandes del humor español, resulta divertida y nuevamente crítica con la corrupción política, la manipulación de los medios y esa particular perspectiva sobre los ladrones que se refugian en un paraíso como España, donde antes tanto se hacía la vista gorda. Atención incluso a Torrebruno como banquero mafiosillo de tres al cuarto.
Lo mejor: Luis Ciges en su rol surrealista de jubilado agrónomo bosnio adoptado.
Lo peor: La trama de Tornicelli es muy confusa.
Luis Miguel
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2 de septiembre de 2010
24 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿De qué va?:

A principios de los noventa, y en el contexto de la corrupción política y la cultura del pelotazo en su máxima expresión, Berlanga coloca a Sazatornil en una especie de nueva lectura de la brillante La escopeta nacional (1978). El argumento gira en torno a unas jornadas del Día Internacional del preso de conciencia en la prisión de Valencia, donde caraduras de todo tipo y condición, desde curas a políticos pasando por empresarios y funcionarios pululan por el recinto en busca de sacar tajada...

Crítica:

El director valenciano pone sobre el tapete su estilo clásico, nada que reprochar en ese sentido, a los que van con sus ideas hasta el final hay que respetarles. Sin embargo ese estilo tantas veces aplaudido con razón (La vaquilla, La escopeta ancional, Plácido. Sólo por citar algunas), en esta ocasión provoca sobredosis berlanguiana aguda. Desde el principio se le da al espectador mucha más información de la que puede digerir, muchos más chascarrillos de los que puede asumir y mucho más descontrol del que es mentalmente asumible. En realidad llega un momento en que la historia es devorada por los personajes, que son lo único a lo que uno puede agarrarse aquí.

Como digo, los personajes tienen bastante enjundia, el reparto es de una calidad indiscutible y todos dan lo mejor de sí, Galiardo inconmensurable y arrollador como siempre, Saza haciendo su papel eterno de puteado crónico y haciéndolo muy bien, Sacristán convincente y locuaz, Agustín González en su línea, Alexandre o López Vázquez no hace falta ni decirlo pero...

Berlanga fracasa en esta ocasión quizá porque repite en exceso fórmulas que le funcionaron bien en el pasado o quizá por la ausencia del siempre fundamental Rafael Azcona en la creación del guión, pero el caso es que el cine de Berlanga fue paulatinamente decreciendo en calidad conforme fue creciendo la libertad en España. Algunos dirán que es la edad la que no perdona, pero yo creo que la maldita censura, paradójicamente, nos dio la oportunidad de ver las mejores películas del genio valenciano, películas que hubieran sido muy distintas posiblemente de no haber contado con la amenaza permanente del tijeretazo, de la prohibición, que hace que los creadores a veces den lo mejor de sí mismos para esquivarla y creen obras con varias capas. Todos a la cárcel sólo tiene una, la del exceso, un exceso berlanguiano indigesto por repetitivo y excesivamente grosero. Un poco de la contención obligada de antaño no le hubiera hecho ningún mal a la película.
triforme
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30 de julio de 2008
26 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
De toda la obra de Luis García Berlanga, de las menos valoradas por la crítica especializada pero de las más divertidas e ingeniosas. Muy a tono con el entorno político-social de la época, el director carga, como sólo él sabe hacer, contra todo y todos, sin dejar títere con cabeza. Servicios de inteligencia, funcionarios de prisiones, cargos políticos, ONGs, etc, todos corruptos como ocurre la mayoría de las veces en la vida real. Los personajes, a la vez sublimes y miserables, antihéroes, muy de Berlanga. Destacando el papel desarrollado por Galiardo, el banquero Gorozarri y, por supuesto, Sazatornil lo vuelve a bordar en su papel de representante de "Sanitarios Bermejo".

Está realizada en una época en la que se podía hacer crítica de todo, en temas políticos, sexuales, sociales, sin que hubiera que ser políticamente correcto. En la actualidad muchos de los comentarios de esta cinta (y de otras del mismo director) serían criticados como homófobos o machistas por los "lobbies" que todos conocemos, excepto los que tengan que ver con la Iglesia Católica, los cuales si estarían celebrados, permitidos y subvencionados.

Berlanga divide cada plano en varios subescenas a la vez, cada vez que ves la película denotas detalles, frases o comentarios que no habias oido anteriormente. Asi que puedes ver la película varias veces y siempre encuentras algo nuevo.

Lo peor, la version DVD, muy flojo, sin escenas eliminadas ni extras que merezcan la pena.

Excepcional. No tengo palabras.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Edu Porte
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16 de febrero de 2009
15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
L.G.Berlanga es un genio como Wilder, pero en esta película no logra el enganche genial que en sus obras acostumbra. Aun así, resulta interesante desde el mismísimo título "Todos a la cárcel", ya que desarrolla un filme crítico-cómico sobre lo que está ocurriendo actualmente en España, esta nación cuyos nuevos amos son los políticos (¿el pueblo soberano?, ja, ja, ja).

Las subidas de sueldos de los políticos en tiempos de crisis, los despilfarros del sector público, plasmados en los coches de lujo adquiridos por sátrapas territoriales, mesas que costaban tanto como un apartamento, obras suntuosas en las residencias del poder, vestuario y caprichos varios han proyectado hacia la ciudadanía la irresponsable imagen de un poder político arrogante, insensible y ajeno a la limpieza, que no merece representar a sus ciudadanos ni liderar una democracia que se autotitula "avanzada".

Pero todavía hay un capítulo en el que la ineptitud del primer ministro en España ha batido todos los records: el de la degeneración de la democracia. Está gobernando sin transparencia y sin verdad, amparado en lo opaco, convirtiéndose en maestro de lo turbio y lo borroso, adoptando medidas que hasta sus propios ministros desonocen; no ha respetado la separación de poderes, interviniendo con descaro en la Justicia y aplicando la ley "según convenga a la jugada"; ha invadido con sus políticos la sociedad civil y la ha maniatado y casi asfixiado, ocupando espacios que en democracia les están vetados a la clase política, como las cajas de ahorros, las universidades, la patronal, los sindicatos y muchas instituciones y empresas que deberían funcionar en libertad e independencia pero que el poder público ha logrado controlar, ya sea directamente, llenando sus mesas de consejo de cargos públicos o mediante subvenciones, concesiones y privilegios. La mayoría de los medios de comunicación, bajo su mandato, se han sometido al poder y han dejado de vigilar y fiscalizar a los poderes, como manda la democracia, dejando sólo al ciudadano frente al insaciable y depredador Estado.

Además tenemos un primer ministro representativo perfecto del Estado monstruoso y enfermo de obesidad mórbida que España ha creado, el Estado donde los políticos se han convertido en los absolutistas AMOS, integrado por 86.000 concejales casi 9.000 alcaldes, 19 Presidentes de Autonomías, casi 1.600 parlamentarios autonómicos, 350 diputados en Cortes, 300 Senadores, 200 parlamentarios en Estrasburgo, una Casa Real, 20 Ministros y una "horda" de funcionarios, asesores, enchufados y parásitos cifrada en casi tres millones y medio de personas, más del doble de lo que los expertos consideran necesario. Únicamente con el ahorro que consiguiera reduciendo ese aparato, podría acabarse con el hambre y la pobreza en España.

En realidad no habría cárceles para meterlos a todos si hubiera que llevarlos a la cárcel.
Polifonía
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14 de septiembre de 2007
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una película estupenda, llena de gags desternillantes para los que sepan prestar atención a sus diálogos, en alguno de ellos se hace una crítica velada a la forma de hacer política de la época en que fue rodada, al sistema penitenciario, la financiación de las ONG´s, etc.
Mi absoluta recomendación para los que quieran pasar un buen rato, siempre que tengan cultura humorística.
Nacho
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