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El capitán Horatio Hornblower

7,2
2.382
votos
Sinopsis
En el siglo XIX, el capitán inglés Horatio Hornblower atraviesa el Atlántico con su barco para ayudar a un enloquecido dictador centroamericano. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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30 de abril de 2007
35 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primero de cuatro films realizados por Raoul Walsh sobre aventuras en el mar ("El pirata Barbanegra, 1952", "El mundo en sus manos, 1952" y "Los gavilanes del estrecho, 1953"). Se basa en las tres primeras novelas ("The Happy Return", "A Ship On The Line" y "Flying Colours") de Cecil S. Forester, según adaptación del mismo. Se rueda en exteriores de la Riviera francesa y de Villefranche-sur-Mer y en los Warner Firts National Studios (Inglaterra, RU). Producido por Gerry Mitchell, se estrena el 10-IV-1951 (RU).

La acción tiene lugar en el Pacífico, entre el Cabo de Hornos y un lugar próximo al istmo de Panamá, Plymouth, Londres, La Tete-de-Buch, el río Loira y el puerto fluvial de Nantes. Los hechos tienen lugar a lo largo de unos 12 meses, en 1807/08, después de la batalla de Trafalgar (1805), en el marco de la guerra de Inglaterra y Napoleón.

La película combina acción, aventuras, drama, romance, comedia y guerra. El relato está dividido a la manera clásica en introducción, tres actos y epílogo. Los primeros minutos del metraje se dedican a la presentación de los personajes y de su situación, mediante un encadenado de planos precisos y diversos que familiarizan al espectador con la tripulación. La acción se inicia con la llegada de la fragata Lydia al lugar de destino, sólo conocido por el capitán, seguida de una batalla con un galeón, primera batalla naval de Walsh, vibrante y visualmente muy atractiva. El film luce una grata sencillez narrativa, que se apoya en el uso de elipsis y sugerencias. Pocos realizadores han sabido decir tantas cosas con tan pocos fotogramas como Walsh en el film. Yuxtapone texturas narrativas diferentes, que dan ligereza al relato. Éste es el caso (no el único del film) de la última batalla, precedida de una secuencia dramática y seguida de un episodio en clave de comedia. Destaca el buen manejo del humor (apuestas sobre las previsiones del capitán, hizado de una dama a bordo, gritos de miedo de la sirvienta) y de la farsa (extravagancias grotescas de Alvarado). No descuida la épica de la historia y su grandeza: admiración de la tripulación por el capitán, su capacidad de sorprender al enemigo y su habilidad para concluir acciones relevantes. No faltan toques de humanidad: el capitán cocone a los miembros de la tripulación por su nombre, rechaza los castigos físicos, etc.

La música subraya el sentido de la acción, como el despliegue de las velas ("Main Tittle"), la ternura del bebé (melodía de caja de música), la próxima separación de los enamorados (bajos), su reencuentro (melodía romántica). La fotografía aporta momentos culminantes como el movimiento de cámara que acompaña la lectura por el capitán de la carta de su esposa, de la que muestra la butaca, el cuadro de bordar y el clavecín. La interpretación de Gregory Peck es austera y sobria, como corresponde al papel. La de Virginia Mayo es desenvuelta y seductora. El capitán Hornblower es un personaje de ficción literaria.
Miquel
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21 de julio de 2009
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupenda película de aventuras dirigida por Raoul Walsh. Pese a lo comentado, tiene u excelente ritmo, y en ningún momento se hace larga. Magnífica interpretación de Gregory Peck, bien Virginia Mayo y magníficos los diálogos entre los dos oficiales del barco, cruzando apuestas sobre las decisiones del capitán.

Sin ser una obra maestra, es una buena película que hará pasar un rato agradable
espasi
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13 de febrero de 2008
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raoul Walsh lleva a cabo una adaptación ficticia de la novela de C.S. Forester, sobre el capitán Horatio Hornblower.

Uno de los primeros alicientes con los que cuenta la película es la fotografía inundada en ese technicolor resplandeciente, la mano de Walsh en las batallas, Gregory Peck y Virginia Mayo... aunque a los españoles nos traten un tanto despistados y nos dejen de lado aquí luchan contra el mismo enemigo.
"El hidalgo de los mares" es una cinta de aventuras agradable y entretenida, que no se puede comparar con "El mundo en sus manos" más épica y con más sentido del humor, aún así no pierde para nada el interés del espectador que asiste a una sesión de buen cine y para nada aburrida.
Dusty Rivers
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7 de junio de 2010
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raoul Walsh dirige con acierto esta película de aventuras, sobre Horatio Hornblower, héroe de una saga novelística sobre la marina británica en las guerras napoleónicas, escrita por Cecil Scott Forester. El propio Forester intervino en la elaboración de un guión que conjuga batallas navales, duelos de capa y espada y un romance central, pues según Walsh :”En todas mis películas la historia gira siempre alrededor de las escenas de amor”.

Y el romance Gregory Peck – Virginia Mayo es el eje del film, tanto, que en el guión se fusionaron distintas novelas para conseguir que la aventura nunca abandonase el romance. Esta sensación de historias "cosidas" queda patente cuando en Portsmouth, la pareja debe separarse para desconsuelo de los aficionados a los "happy ends". Pero no. Una nueva aventura y nuevas dosis de caprichoso azar y “tutti contenti”. No se confundan, la película es muy buena, las batallas navales son de lo mejor que he visto en cine, incluso y a pesar de los 53 años de diferencia entre una y otra, superior a Command and Conquer (basada en otro personaje novelesco, Jack Aubrey), pero el añadido se percibe con claridad, incluso para quienes desconocíamos la saga de Mr. Forester.

Y aquí, trompetas, clarines, fanfarrias y todo lo demás para Gregory Peck. No afirmo que sea su mejor papel. Discutiría entre su capitán Ahab (Moby Dick) y Atticus Finch (Matar a un ruiseñor). Pero si hay un artista al que el traje marinero le venga como anillo al dedo ese es Peck. No solo por la percha, sino porque, como los toreros, templa y manda. Cuando reprende a un oficial por infringir azotes a un marinero, sin apenas palabras, el espectador sabe con quién se juega los cuartos. Su fiero caparazón no es tal y a lo largo de la película se irá resquebrajando, a lo que no será ajena Lady Bárbara Wellesley (Virgina Mayo). Vemos a un miembro de la tripulación sorprendido de que el capitán recuerde su nombre, al propio capitán azorado por las palabras de Bárbara y otros muchos detalles donde el león pierde su fiereza. En esta mezcla de picaresca y solemnes seriedades Peck se mueve como pez en el agua, nunca mejor dicho.

La elección de Virginia Mayo tuvo ciertas críticas pero el resultado es excelente. No aporta la pomposidad de la nobleza que, probablemente, otras actrices hubiesen aportado pero da lo que se espera de ella, naturalidad y simpatía a los ojos del público, sin lo que no puede imaginarse una historia amorosa que cale en el espectador.

Curiosos los tipismos. Los españoles representados por un impresentable dictador que se apoda El supremo. El término galáctico no se había acuñado aún. Los franceses en su rol de perdedores tampoco salen bien parados. Los ingleses, evidentemente los buenos de la película.

Con una fotografía excelente de Guy Green (Oscar por Great Expectations de David Lean) y unas maquetaciones y efectos de batallas, increíbles, Raoul Walsh a sus 64 años volvía a demostrar que estaba en la cima del mundo cinematográfico.
FATHER CAPRIO
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4 de marzo de 2014
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gregory Peck representa aquí muy bien a un hombre valiente, tranquilo, muy pasota con el tema militar que predominaba entonces en el Imperio Británico, que cumple con su deber pero sin obsesiones, viendo pasar los días sin mucho entusiasmo ajeno por completo a los avatares del país. Él está más a las cosas mundanas que preocupan de verdad: el amor, los hijos, el trabajo, etc. Este capitán está lejos del espíritu de la Armada Británica, de la victoria, de los detalles de si la cubierta está limpia, de si las velas están bien colocadas, limpias y extendidas al viento, esas cosas que el capitán Bligh de la Bounty por ejemplo, tenía tanto en cuenta.

El hidalgo de los mares, tampoco nos confundamos, como persona responsable conoce mejor que nadie su profesión. No consiente que nadie se ría de su Rey, ni de su país, porque al fin y al cabo es su país y si las cosas están así, tampoco es cuestión de ser un renegado. Está claramente representado en la película, si os dais cuenta. El capitán tiene que hablar con unos renegados españoles y estos renegados españoles son más feos que el copón, con una pinta de garrulos que no pueden con ella, por eso mismo, porque son unos renegados y todo renegado está claro que se convierte en un tío feo sin remedio que le van a dar por culo; pero aún así, el capitán habla con ellos con corrección… ¡Eeejem-ejem-eeeJEM! Luego vienen los españoles normales y ya son gente apuesta, educados, con el pelo rizado, etc…

Pero, a lo que me refiero, es que no es el típico obsesionado con las reglas y todo eso. Si un marinero ha cometido una falta pues hay que ser un poco indulgente… Se lo echa en cara bien claro a su teniente: “Joder, ahora hay que dar de latigazos a este marinero que es un buen marino y un buen hombre y castigarlo porque te ha ofendido… Cuando tampoco tenía tanta importancia la contestación que te ha dado”. Yo he visto claramente que se ha callado lo de: “La próxima vez tenlo en cuenta, so gilipollas”.

Exacto. Si una persona ha cometido un desliz hay que hacer la vista gorda, coño. Además, el capitán tiene muy presente a todos los marineros, los conoce por su nombre, y ellos valoran detalles así. Eso dice mucho de un capitán, que conozca a su gente por nombre y apellidos, significa el aprecio que los tiene. Agradece personalmente sus esfuerzos, su trabajo. Por eso es el hidalgo de los mares y por eso tanto los marineros como sus oficiales le respetan al máximo. Sería genial en la vida tener amigos así.

Pues aunque parece fácil, es muy difícil encontrar personas como este capitán porque la gente, en realidad, quiere joder a los demás como sea, piensan que así salen ellos adelante. Hay que ser hidalgo, en el mar y en tierra, plantar cara a los vientos según vengan; esta película lo demuestra y ya por la intención y por la historia tan sencilla que sirve de ejemplo, tiene su mérito.
fantomas
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