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La novia vestía de negro

7,0
2.161
votos
Sinopsis
Al salir de la iglesia tras su boda, Julie Kohler ve cómo su marido es abatido a tiros. Decidida a vengar su muerte, emprende la búsqueda de los responsables y los va matando uno tras otro... (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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8 de agosto de 2007
29 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me la imaginaba más seria, pero resulta una película bastante cachonda a la que no hay que exigir demasiada credibilidad (no la tiene), sino que conviene dejarse llevar por su humor maquiavélico y perverso. Yo desde luego me lo he pasado genial viéndola (como diría Tarantino, es “jodidamente buena”).

Truffaut convocó para la ocasión a Bernard Hermann, músico habitual de su admirado Hitchcock. Y de hecho creo que la música es lo único hitchcockiano, ya que lo demás, no sé si por eludirlo o por no lograrlo, está bastante exento de suspense: sabes lo que va a pasar, y la intriga está en la manera en que la protagonista va a ir eliminando a quienes arruinaron su boda.

Jeanne Moreau está magnífica: sin hacer el menor esfuerzo por resultar simpática consigue empatizar con el espectador, soportando el peso de la película con auténtica categoría de estrella. Los actores que sufren su venganza son bastante malos, llegando a desear más de una vez que no espere más y se los cargue ya, especialmente el pintor encarnado por Charles Denner (literalmente divina la Moreau posando para él ataviada como Diana, la diosa romana de la “CAZA”).
Sahar
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25 de septiembre de 2007
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sexto largo de Truffaut, escrito por él en colaboración con Jean-Louis Richard. Se basa en la novela "The Bride Wore Black" (1940), de William Irish, uno de los dos sobrenombres del escritor neoyorquino Cornell Woolrich (1903-1968). Se rueda en exteriores e interiores de Francia (Alpes marítimos, Cannes, Oise, Versailles, París, etc.). Es nominado a un Globo de oro (película extranjera). Producido por Marcel Berbert ("La sirena del Mississippi", "La noche americana") y Oscar Lewestein, tras algunos pases anteriores, se estrena para el público el 17-IV-1968 (Francia).

La acción tiene lugar en Francia en 1966/67. El film se divide en cinco apartados, que corresponden a cada uno de los amigos que, accidentalmente y absurdamente, han colaborado en la muerte de David Kholer, marido de Julie (Jeanne Moreau), a la salida del templo en el que habían contraído matrimonio. El grupo de amigos, lo forman personajes muy diversos (político, pintor, ferrallista, etc.), que viven en lugares diferentes, por lo que Julie viaja en tren, avión, taxi, etc. Truffaut se inspira en Hitchcock, del que toma algunos recursos característicos, como los edificios de gran altura, el sospechoso acusado erroneamente. A su vez, el film es una de las fuentes de inspiración de Tarantino en el pasaje "La novia", de "Kill Bill".

La protagonista es un personaje enigmático, distante y frío, movido hacia la venganza por una fuerza que supera su capacidad de control. Es una mujer enferma y vulnerable, que no se somete al orden de la razón. Es fría y, a la vez, cálida y humana cuando le conviene (con el niño). Desarrolla conductas autodestructivas y es despiadada e implacable. Es una heroína dura, como la Julie de "La sirena del Mississippi". La envuelve una atmósfera densa, sombría y maléfica, de buena factura. La sencillez de la narración pone al descubierto inverosimilitudes e ingenuidades propias de un cuento o fábula, que el realizador no rehúye. Más bien las busca. Truffaut ofrece algunas de sus fijaciones, como encuadres de pies (calzados y descalzos), piernas, zapatos, niños, juegos, etc.

La música es de Bernard Herrmann ("Taxi driver", 1976), colaborador habitual de Hitchcock. Reitera variaciones sombrías de la "Marcha nupcial", de Mendelsohnn, y asocia a los crímenes variaciones inquietantes del "Concierto de mandolina", de Vivaldi. Añade pasajes que describen la sed de venganza y el tormento interior de Julie, que enmarca en música melódica y grata. La fotografía, de Raoul Coutard ("Jules y Jim", "La piel suave"), es de colores suaves y realistas. Emplea una iluminación de luces dispersas, que reduce los efectos de sombra. Ofrece tomas largas, planos cortos y encuadres de detalle (teléfono, copas). Se recrea en los espacios abiertos, amplios y de rica vegetación, a la manera de Jean Renoir. Mediante unos pocos "flashbacks" explica las claves del pasado. Es la segunda colaboración de Truffaut con Moreau, de la que extrae un gran papel.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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31 de julio de 2007
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando me dijeron hace unos años que Tarantino había estado influenciado por unas cuantas películas para escribir y dirigir Kill Bill, pensé que esas influencias serían leves homenajes a otros filmes: algo del cine asiático, el poner a una protagonista cabreada como eje de acción y demás. No sé, me lo tomaba como un liviano homenaje al cine que le gustaba. Luego descubrí, hace unos meses, que los homenajes de Tarantino son totalmente diferentes: la prueba es la fallida Death Proof. ¿Qué había pasado para que Kill Bill saliese bien, y esta última obra NO?; pues nada, "La novia vestía de negro" es la respuesta. Una película realmente decente de Truffaut que Tarantino ha cogido, desde el inicio, y añadiéndole orientales y sangre, ha convertido en Kill Bill.

No es sólo que la historia sea exactamente la misma -cambiemos el marco: de Francia a Japón-, sino que tiene algunos planos bastante similares. Mas allá de los paralelismos, esta obra de Truffaut cuenta con un guión ciertamente notable, innovador para su época, que nos presenta a una preciosa Jeanne Moreaut haciendo un papelazo como novia resentida, como viuda. Perdió a su marido a la salida de la boca y, con ello, 'murió'. Pero se niega a seguir dejando de existir sin darle caza a los asesinos de su esposo. Hay varias muertes que son, ciertamente cojonudas, y el final es realmente notable.

La inmensa fotografía, la sublime BSO o las inspiradas interpretaciones de todos y cada uno de los actores convierten esta cinta en un punto de visión obligado siempre y cuando te gusten los dramas con algo de 'terror', o al menos dramas con un fuerte componente de tensión e intriga. Vaya, que no te esperes 'La casa de la pradera'. Tan recomendable como cualquier otra buena película con un argumento similar, como "Sympathy for Lady Vengeance" o la propia "Kill Bill".
Caith_Sith
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21 de enero de 2007
15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
La atractiva historia, original del escritor neoyorquino Cornell Woolrich, cuyo seudónimo más popular es el de William Irish, de una viuda que busca saciar su sed de venganza con los asesinatos de los cinco individuos que chafaron el día de su boda y, por ende, el resto de su vida, sirve a Truffaut para acometer un experimento fílmico con tanto empeño como artificialidad. Y es que el experimento consiste, ni más ni menos, que en reutilizar el estilo y el modo de planificación fílmica propios de Alfred Hitchcock. La película se estructura en una serie de viajes (en tren, en avión, en taxi) que Julie Kohler realiza para encontrarse con sus víctimas a las que, tras un somero conocimiento, es capaz de engatusar con sus ardides femeninos (lo que evidencia la superficialidad de los hombres) con el objeto de cobrarse sus vidas.

Entre traslado y traslado, la planificación, la realización y la interpretación cambian (cada nuevo personaje impone su personalidad en las escenas, y solo Julie permanece perennemente impertérrita), incluso surgen nuevas melodías en la desaforada banda musical de Bernard Herrmann. Pero lo que en el cine de Hitchcock eran secuencias aparentemente caóticas que llevaban al espectador a conocer la angustia, aquí solo incitan a la crispación. Y lo que en los filmes del londinense era serenidad y gusto por el detalle, en el filme del parisino es casi, casi, pereza. El espectador aficionado al cine de Hitchcock reconocerá alguna escena, algún plano, de diversas películas suyas, pero solo Dios sabe qué recónditos fotogramas de la obra del maestro del suspense se esconden detrás de cada uno de los fotogramas de esta película, ardua tarea de observación ésta. Quizá cuando uno se jubile.
Kick'Em Ars
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3 de julio de 2007
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siento un especial cariño por esta cinta ya que gracias a ella descubrí un gran director y una actriz con mayúsculas. La base argumental puede pecar de poco original, pero en torno a ella, Truffaut creó una obra maestra que nos mantiene pegados al sillón desde el primer minuto al último. Es curioso que en la mayoría de listas de películas destacadas de Truffaut aparece este largometraje como un título menor del director, frente a otras de primera línea como "Jules y Jim" o la saga de Antoine Doinel, cuando es tan buena como éstas.

Jeanne Moureau crea un personaje fascinante, inquietante y lleno de matices como pocos; metódica, calculadora, implacable, fría, pero a la vez tremendamente sensual, tierna y humana. Es muy dificil lograr que el espectador se sienta identificado con el "malo" de la pelicula, que llegue a comprenderle e incluso a desear que no sea descubierto, y eso es justo lo que sucede con Julia, la novia que da título a la película.

El broche de oro lo pone la excelente banda sonora de Bernard Herrmann, colaborador habitual de Hitchcock (de hecho, la banda sonora de este film recuerda bastante a la de "Marnie, la ladrona").

En definitiva, un título imprescindible en la colección de todo amante del buen cine.
NormanBates
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