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Frantz

7,2
4.733
votos
Sinopsis
Una pequeña ciudad alemana, poco tiempo después de la I Guerra Mundial. Anna va todos los días a visitar la tumba de su prometido Frantz, caído en la guerra, en Francia. Un día, Adrien, un misterioso joven francés, también deja flores en la tumba. Su presencia suscitará reacciones imprevisibles en un entorno marcado por la derrota de Alemania. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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2 de enero de 2017
68 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
François Ozon dirige una película llena de sentimiento en la que reina el misterio. No podemos dar nada por sentado hasta el último minuto, y ahí reside la fuerza de la película, la cual se te hace corta si consigues dejarte atrapar por la historia de un desconocido que necesitamos conocer. Anna es una joven alemana con toda la vida por delante pero aferrada al pasado por culpa de la muerte de su prometido en la I Guerra Mundial, pero es el mismo pasado el que le hace sonreír y mantener la esperanza en la vida gracias a Adrien, un francés que conoció a Frantz en la guerra. La estructura de la historia, las narraciones del pasado, la evolución de los personajes, la presencia de la música, el juego del color y el blanco y negro... Una perfecta melodía de recursos audiovisuales y narrativos que la convierten en una obra maestra del séptimo arte.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Jota Merrick
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31 de diciembre de 2016
54 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
El sentimiento de culpa y la necesidad de que nos perdonen es un motor poderoso de la vida. Parece una nimiedad, pero los remordimientos pueden ser una losa tremenda que pesa sobre nuestra conciencia y lastran el normal devenir de nuestra existencia. Buscamos la paz y el sosiego de nuestra alma y solemos entregar la potestad de aliviar nuestra pesadumbre a aquellos que creemos que tienen la capacidad de redimirnos o de exonerarnos de nuestros errores o faltas cometidos. Pero olvidamos que nada borra el recuerdo y que nuestro afán por que nos indulten es una quimera peregrina y falaz, ya que ante todo debemos de aprender a perdonarnos nosotros mismos, todo lo demás acaba siendo un esfuerzo vano.

La Gran Guerra es un fermento fértil para reflexionar sobre los males que nos asolan ahora: nacionalismos, patrioterismos, violencia, muerte y destrucción. En esta cinta es el telón de fondo que permanece siempre fuera de campo pero que impregna todo el metraje. Y por ello su inequívoco mensaje pacifista resulta tanto más intenso y eficaz, al mostrarnos los efectos desgarradores que la contienda tuvo sobre aquellos que sobrevivieron pero cuyas vidas quedaron paralizadas, truncadas o diezmadas por aquella fatídica conflagración, fruto del chauvinismo fanático, del regionalismo más cateto y rampante, de un fanatismo más atento a resaltar y glorificar las diferencias que en encontrar puntos de acuerdo y colaboración. ¡Tanto que deberíamos haber aprendido y que, sim embargo, repetimos como autómatas desmemoriados!

La tragedia y el romanticismo del desamor unidos por el abismo de la pérdida del paraíso terrenal. La frontera como encrucijada insalvable que marca la diferencia entre buenos y malos, como si fuera un juego de ajedrez o una realidad incuestionable que confiriera un salvoconducto para eximir de responsabilidades. La recreación de época es excelente e intensifica la veracidad y profundidad de los sentimientos que se nos muestran. Las heridas y llagas que sus protagonistas tratan de disimular supuran una nauseabunda pestilencia a podredumbre estancada y rancia. Los que no quieren aprender de los errores y de los horrores campan a sus anchas y se engalanan con fabulaciones grandilocuentes de venganza y restitución, desoyendo las enseñanzas del inmediato pasado.

Excelente propuesta que gira en torno a un personaje ausente que tortura sin tregua a los damnificados de un combate que sólo ha dejado juguetes rotos y almas en pena. Aquelarre funesto de unos rescoldos feroces que no hace distingos entre vencedores y vencidos, porque todos son víctimas del infortunio y la desolación. Muy bien interpretado por todo el elenco, hace además un uso creativo del tránsito entre el blanco y negro y el color. Desasosegante y conmovedora.
antonalva
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2 de enero de 2017
28 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hermosa y triste película. Romanticismo furioso y lánguido.
Un hombre y una mujer con muerto al fondo. Francia y Alemania. Verlaine y Rilke. La Primera Guerra Mundial ha terminado, pero nunca acaba. Las consecuencias del desastre se eternizan. Los hijos muertos son como fantasmas que ensombrecen la vida de los que quedaron y les mandaron al moridero. Los supervivientes apenas se tienen en pie, las heridas son demasiado grandes y siempre abiertas.
Hay amores rotos, identidades truncadas y trocadas, infelicidad, esperanza y muchas mentiras. Se habla de la fragilidad humana y del dolor amenazante, de la necesidad de juntarse y de la ficción como consuelo. Hay desesperación, intriga y pasiones contenidas.
Mucha belleza en el narrar y mucha precisión en la muestra de sentimientos. La trama discurre, fluye con delicadeza y buen hacer. Es una película que se degusta, que se admira y paladea poco a poco; con intensidad, placer y sentido. Quizás en la parte final se iluminan demasiados recovecos y se le da demasiadas vueltas a la historia, pero en su conjunto es una obra apreciable, entretenida, de tan buen gusto como gran oficio. Bien. Muy bien.
Soberbios los actores, la fotografía (se juega con el color y el blanco y negro de manera acertada), la música, la dirección y en general todo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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4 de enero de 2017
36 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la parte visual y sonora no se le puede reprochar nada a la película de Ozon. Tampoco en la actoral, con unos intérpretes que dan la talla y una protagonista que llena cada plano y expresa con gestos contenidos emociones intensas. El problema, ay, está en la historia. En lo que cuenta.
Por un lado, creo que la historia se podría haber cerrado en la primera hora de metraje. Le habría salido un film redondo, coherente y sólido. Sin embargo, en lugar de culminar "Frantz" con un clímax y deselance, se saca de la manga una segunda línea narrativa -y hasta tercera- como si en lugar de una película destinada a ganar festivales estuviera acometiendo la segunda temporada de Velvet, con trucos y artificios de guionista manidos o que, simplemente, no encajan.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
zetsuai1979
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15 de enero de 2017
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Frantz

Es probable que exista gente en el mundo, incluso de apariencia normal, que ha sobrevivido con razonable naturalidad sin haber visto "Remordimientos", aquel angustioso drama profundamente humano que Ernst Lubitsch filmó hace ahora 85 años. "Frantz", la versión que hoy reseño, sigue sus huellas pero no es una copia, o un "remake", como se dice ahora, de aquella. Tal vez sí una aproximación en la que el reconocidísimo director francés Fraçois Ozon, convertido en uno de los directores más cotizados del cine francés y al que afortunadamente descubrí en la cinta "En la casa", imprime su personalísimo sello distanciándose de Lubitsch prudentemente con un guion que sorprende y seduce desde el principio por su inteligente ambigüedad. Sutileza, elegancia, sobriedad, sean quizá calificativos de muy corto alcance para describir esta maravilla que acabo de ver.
Porque "Frantz" es uno de esos milagros que, de cuando en cuando, sacude nuestros sentidos, despierta la conciencia que el sopor de una despreocupada existencia mantiene anestesiada o nos golpea inmisericorde en esa zona apacible del alma que mantenemos protegida y al resguardo de la intemperie. Ozon nos estremece sin estridencias, con pausada serenidad y nos contagia todo el dolor, la tragedia y el arrepentimiento que puede tolerar un ser humano para finalmente encontrar su propia redención en el perdón. No hay trampas, ni guiños cómplices, estamos ante una realización airada pero contenida, asombrosamente equilibrada bajo la batuta de una dirección que no pierde la fe en sus frágiles y atormentadas criaturas. Un drama antibelicista que deja al descubierto nuestro estúpido comportamiento, ridiculiza nuestra ceguera -secuelas posiblemente de una educación tan anómala como extraviada- para convertir a seres humanos que comparten idénticos anhelos y preocupaciones en enemigos irreconciliables, envìados al gigantesco matadero de una guerra brutal cuyo saldo no fue otro que millones de cadáveres esparcidos sobre las tierras, ahora yermas, de dos países vecinos: la dulce Francia y la laboriosa Alemania.
Ozon filma en un nítido y luminoso blanco y negro. Puntualmente, de forma casi imperceptible, como la piel de un camaleón, colorea la pantalla con tonos pálidos y suavemente difuminados. La ambientación -el comienzo de la historia se sitúa en un pueblecito alemán en 1919 recién terminada la Gran Guerra- es sencillamente perfecta mientras violín y piano, solos o acompasados, nos acompañan en delicadas composiciones de Chopin o Chaikovsky cuando no las del propio director musical Philippe Rombi.
¿Y quién es esa aparición, cuándo descendió a nuestro infierno terrenal ese ángel berlinés de apenas 22 años al que yo desconocía? Con qué soberbia seguridad Paula Beer da vida a la desolada Anna y con qué descarado oficio defiende, a pesar de su edad temprana, a este personaje. Sin un sola expresión de más, su rostro, dulce a veces, acerado otras, pero siempre cautivador, es una luz de infinito poder que brilla a través de su desgarradora mirada. Tampoco le va a la zaga el también joven actor francés y ya consagrado Pierre Ninev en el papel de Adrien y que dio vida a Yves Saint Laurent en aquel biopic del famoso diseñador producido hace ahora tres años. Ninev es un hombre de apariencia extraña y gran personalidad, alto, elegante, de tez lívida, aflautada, con cierto aire descuidado que nos recuerda a algún personaje salido de una pintura del romanticismo. Ambos, sin duda, forman una formidable pareja que se muestra imbatible en esta admirable película.
Y yo, mis queridos amigos, qué puedo decirles. En esta noche de frío invierno, regreso al calor de mi casa con el ánimo de los grandes días, aquellos en los que el espíritu rebosa satisfacción después de haber tenido la inmensa dicha de contemplar, desde la oscuridad de una sala, el resplandor de las estrellas.

Emilio Castelló Barreneche
Rómulo
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