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Frantz

7,2
3.967
votos
Sinopsis
Una pequeña ciudad alemana, poco tiempo después de la I Guerra Mundial. Anna va todos los días a visitar la tumba de su prometido Frantz, caído en la guerra, en Francia. Un día, Adrien, un misterioso joven francés, también deja flores en la tumba. Su presencia suscitará reacciones imprevisibles en un entorno marcado por la derrota de Alemania. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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2 de enero de 2017
58 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
François Ozon dirige una película llena de sentimiento en la que reina el misterio. No podemos dar nada por sentado hasta el último minuto, y ahí reside la fuerza de la película, la cual se te hace corta si consigues dejarte atrapar por la historia de un desconocido que necesitamos conocer. Anna es una joven alemana con toda la vida por delante pero aferrada al pasado por culpa de la muerte de su prometido en la I Guerra Mundial, pero es el mismo pasado el que le hace sonreír y mantener la esperanza en la vida gracias a Adrien, un francés que conoció a Frantz en la guerra. La estructura de la historia, las narraciones del pasado, la evolución de los personajes, la presencia de la música, el juego del color y el blanco y negro... Una perfecta melodía de recursos audiovisuales y narrativos que la convierten en una obra maestra del séptimo arte.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Jota Merrick
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31 de diciembre de 2016
51 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
El sentimiento de culpa y la necesidad de que nos perdonen es un motor poderoso de la vida. Parece una nimiedad, pero los remordimientos pueden ser una losa tremenda que pesa sobre nuestra conciencia y lastran el normal devenir de nuestra existencia. Buscamos la paz y el sosiego de nuestra alma y solemos entregar la potestad de aliviar nuestra pesadumbre a aquellos que creemos que tienen la capacidad de redimirnos o de exonerarnos de nuestros errores o faltas cometidos. Pero olvidamos que nada borra el recuerdo y que nuestro afán por que nos indulten es una quimera peregrina y falaz, ya que ante todo debemos de aprender a perdonarnos nosotros mismos, todo lo demás acaba siendo un esfuerzo vano.

La Gran Guerra es un fermento fértil para reflexionar sobre los males que nos asolan ahora: nacionalismos, patrioterismos, violencia, muerte y destrucción. En esta cinta es el telón de fondo que permanece siempre fuera de campo pero que impregna todo el metraje. Y por ello su inequívoco mensaje pacifista resulta tanto más intenso y eficaz, al mostrarnos los efectos desgarradores que la contienda tuvo sobre aquellos que sobrevivieron pero cuyas vidas quedaron paralizadas, truncadas o diezmadas por aquella fatídica conflagración, fruto del chauvinismo fanático, del regionalismo más cateto y rampante, de un fanatismo más atento a resaltar y glorificar las diferencias que en encontrar puntos de acuerdo y colaboración. ¡Tanto que deberíamos haber aprendido y que, sim embargo, repetimos como autómatas desmemoriados!

La tragedia y el romanticismo del desamor unidos por el abismo de la pérdida del paraíso terrenal. La frontera como encrucijada insalvable que marca la diferencia entre buenos y malos, como si fuera un juego de ajedrez o una realidad incuestionable que confiriera un salvoconducto para eximir de responsabilidades. La recreación de época es excelente e intensifica la veracidad y profundidad de los sentimientos que se nos muestran. Las heridas y llagas que sus protagonistas tratan de disimular supuran una nauseabunda pestilencia a podredumbre estancada y rancia. Los que no quieren aprender de los errores y de los horrores campan a sus anchas y se engalanan con fabulaciones grandilocuentes de venganza y restitución, desoyendo las enseñanzas del inmediato pasado.

Excelente propuesta que gira en torno a un personaje ausente que tortura sin tregua a los damnificados de un combate que sólo ha dejado juguetes rotos y almas en pena. Aquelarre funesto de unos rescoldos feroces que no hace distingos entre vencedores y vencidos, porque todos son víctimas del infortunio y la desolación. Muy bien interpretado por todo el elenco, hace además un uso creativo del tránsito entre el blanco y negro y el color. Desasosegante y conmovedora.
antonalva
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2 de enero de 2017
24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hermosa y triste película. Romanticismo furioso y lánguido.
Un hombre y una mujer con muerto al fondo. Francia y Alemania. Verlaine y Rilke. La Primera Guerra Mundial ha terminado, pero nunca acaba. Las consecuencias del desastre se eternizan. Los hijos muertos son como fantasmas que ensombrecen la vida de los que quedaron y les mandaron al moridero. Los supervivientes apenas se tienen en pie, las heridas son demasiado grandes y siempre abiertas.
Hay amores rotos, identidades truncadas y trocadas, infelicidad, esperanza y muchas mentiras. Se habla de la fragilidad humana y del dolor amenazante, de la necesidad de juntarse y de la ficción como consuelo. Hay desesperación, intriga y pasiones contenidas.
Mucha belleza en el narrar y mucha precisión en la muestra de sentimientos. La trama discurre, fluye con delicadeza y buen hacer. Es una película que se degusta, que se admira y paladea poco a poco; con intensidad, placer y sentido. Quizás en la parte final se iluminan demasiados recovecos y se le da demasiadas vueltas a la historia, pero en su conjunto es una obra apreciable, entretenida, de tan buen gusto como gran oficio. Bien. Muy bien.
Soberbios los actores, la fotografía (se juega con el color y el blanco y negro de manera acertada), la música, la dirección y en general todo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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4 de enero de 2017
34 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la parte visual y sonora no se le puede reprochar nada a la película de Ozon. Tampoco en la actoral, con unos intérpretes que dan la talla y una protagonista que llena cada plano y expresa con gestos contenidos emociones intensas. El problema, ay, está en la historia. En lo que cuenta.
Por un lado, creo que la historia se podría haber cerrado en la primera hora de metraje. Le habría salido un film redondo, coherente y sólido. Sin embargo, en lugar de culminar "Frantz" con un clímax y deselance, se saca de la manga una segunda línea narrativa -y hasta tercera- como si en lugar de una película destinada a ganar festivales estuviera acometiendo la segunda temporada de Velvet, con trucos y artificios de guionista manidos o que, simplemente, no encajan.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
zetsuai1979
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24 de septiembre de 2016
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas, como Frantz, que antes de verse ya están marcadas por la trascendencia. Dirigida por el laureadísimo y alabadísimo François Ozon, revisión de una historia de Lubitsch, contextualizada en la Europa posterior a la Gran Guerra... todo eso añade cierta carga de espectativa inevitable al espectador, y que puede ser una mala judada si la prpopuesta posterior es algo más ligera.

Porque esa es la impresión que da inicialmente Frantz: la de ser una novela rosa, esteticista y pausada, rodada en bellos e idílicos pasajes naturales, donde la tragedia entra en el salón de personas educadas y respetuosas, y donde los prejuicios existentes (entre franceses y alemanes, nada menos), son algo que se puede saldar con un buen baile regional. Todo es bastante previsible y monótono, y a pesar del excelente trabajo de la pareja protagonista, y en especial de un soberbio Pierre Niney (tras su Ives Saint Laurent le llueven los papeles, y con razón, qué actor tan extraordinario) pierdo el interés al poco tiempo, porque nada parece importar demasiado, ni siquiera los velados y contenidos sentimientos de su pareja protagonista.

Después, en el último tercio de la película, ésta se traslada a Paris. Y ahí se comienza a gestar algo que hace comprender lo anterior, justo después del mejor plano de la película (aquel en el que Paula Beer ve a través de la ventana del tren, y nosotros de su reflejo, las ruinas del país galo desde la comodidad de su asiento y de su ausencia). Es en ese momento, cuando la película comienza a mostrar sus bazas, es cuando se convierte al menos en una pieza de cámara interesante, y no sólo en una bonita colección de preciosas postales (todo hay que decirlo, la fotografía es maravillosa). Son las mentiras que contamos y nos contamos para sobrevivir, las mentiras que armamos para estar menos solos, o visto desde fuera, con el arribismo de encontrar una vida mejor o más apasionada que la Guerra, El Recuerdo, aquello a lo que siempre habíamos guardado respeto, nos aportaban.

Es en la dualidad de esa tercera parte, en la sutil ironía, y en los recovecos más incómodos de los personajes, de Frantz tiene verdadero sentido, aunque haya sido de una forma desigual, preciosista, y algo monótona.
jaly
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