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Cazador en la oscuridad

Acción. Aventuras. Drama Japón, siglo XVIII. El país se enfrenta con la corrupción más absoluta. Mientras tanto, numerosas organizaciones secretas se han organizado y los hombres que pertenecen a estas sociedades se llaman "los asesinos de la oscuridad". Gomyo, jefe de una de estas organizaciones secretas, está preparando el asesinato de su rival, Tokuzo... (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
29 de mayo de 2010
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace ya tres años que por casualidades del destino, era la única de película de "japos" en la biblioteca pública de la ciudad de Bolonia que tenia incorporada la opción de subtítulos en italiano, que di con una de las obras del señor Hideo Gosha. La citada cinta se llamaba "Sanbiki no Samurai" cuya traducción sería tres ronin o tres samurais fuera de la ley. Por aquella época yo estaba “enchotado” viéndome pelis del señor Kurosawa y me apetecía probar nuevas visiones sobre el Japón feudal. Cual fue mi sorpresa cuando empecé a visualizar una historia de samuráis bastante sería y que además no contaba, para mi fortuna, con las típicas características del cine japones de samuráis: ritmo lento, actores sobreactuando e historias sobre las penurias de campesinos. Esta, en cambio, tenía un ritmo mucho más dinámico, actores mucho más comedidos en la exageración de sus gestos (actuaciones menos teatrales) y una historia sobre un mundo violento. Básicamente este es la firma del Hideo Gosha que reflejan todas sus cintas. Es por ello, que “Cazador en la Oscuridad” es una cinta bastante recomendable para todos aquellos, que huyendo del clásico cine de samuráis, busquen visualizar cintas más oscuras y dinámicas que las del gran Kurosowa.

Otra de las cosas a señalar es el especial realismo de los combates a espada en las pelis de Hideo Gosha. Al parecer el tío es un purista a la hora de intentar retratar fielmente los combates…cosa que un servidor agradece.
masmalouw
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13 de septiembre de 2013
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
A finales de los años 70, el director Hideo Gosha, ya tenía un buen puñado de films de samuráis, o películas Jidai-geki de la época feudal, llamados chambaras y también algunas cintas de yakuzas. Era un tipo de cine violento en el que los protagonistas, estaban inmersos en un brutal mundo de conspiraciones en que la corrupción y la lucha por el poder estaban a la orden del día, pero la camaradería también tenía cabida. Son oscuras representaciones del Japón de los honorables samuráis, con un punto de cine negro, como ya hizo el maestro Akira Kurosawa, en Yojimbo, la cual dicen es una revisión de Cosecha roja de Dashiell Hammett.

Hunter in the dark, título en inglés de la película que nos ocupa, esta realizada poco después de Bandits vs samurái squadron, con la que guarda relación, ya que provienen del mismo escritor, Shotaro Ikenami y también cuenta con el mismo actor Tatsuya Nakadai, un intérprete con una carrera ciertamente envidiable, desde que lo descubriera Masaki Kobayashi en los años 50 y tiene un gran número de interpretaciones memorables, llegando a trabajar con los mejores del género.

Las otras dos grandes películas de samuráis de Gosha, ambas realizadas en el 69, ya que el cine de este suele ir de dos en dos, tras el dueto Samurai wolf, también están protagonizadas por Nakadai, que solía encarnar a personajes nobles y fuertes, excepto en Sword of doom de Kihachi okamoto, en el díptico Yojimbo-Sanjuro, o en Hitokiri (Tenchu), en la que el desquiciado y genial escritor, Yukio Mishima, se hace el Seppuku en la ficción, pero paralelamente en la vida real decidió hacerlo públicamente, poco tiempo después. Hitokiri fue uno de los chambaras, mas oscuros jamas realizados, décadas mas tarde Takashi Miike, cogería el personaje principal, para su Izo del 2004, que a su vez es una de las mas desmesuradas y nihilistas películas, sobre la historia de Japón.

Cazador en la oscuridad, como la editaron los de Filmax en DVD, esta ambientada a mediados del siglo XVIII, en un periodo de transición, en que empiezan a aparecer los primeros grupos de yakuzas, aunque el Hunter in the dark, al que alude el título, es como se llaman los miembros de sociedades secretas que asesinaban por encargo, como ya hacían los ninjas en anteriores épocas.

Muchas escenas están imbuidas del arte de los tatuajes de los yakuza, con unos elegantes movimientos de cámara, que permiten un buen seguimiento de la acción y recursos como flash-backs y el montaje paralelo simultáneo, en un relato que supone un cruce de caminos para tres personajes distintos, por la lucha de Ezo, una zona de la nación, que el shogún quería para conservar la tradición samurái.
El planteamiento es similar a la magistral Hasta que llegó su hora de Leone, cuyo título original era Once upon a time in the west y en la que aparecían tres pistoleros de distinto pelaje, defendiendo sus intereses, o ejecutando venganzas, mientras en pleno desierto se construía un pueblo.

También Gosha, al igual que Leone, aunque lo del italiano fuera un remake, empezó haciendo películas semejantes a las de Kurosawa.
Coincidencias e influencias, a parte Hunter in the dark es una emocionante película, con tensas y logradas escenas de acción con sables, en un momento de la historia, en que el país estaba lleno de ronin hambrientos y los yakuzas empezaban a hacer sus trapicheos.

Sin duda, el cine de Gosha es un buen contrapunto a las históricas últimas películas de Kurosawa o a Kagetora de Haruki Kadokawa, que trataban de ser fieles recreaciones. En cambio Gosha nos ofrece, una intriga de acción con personalidad, a la que le falta algo mas de desarrollo quizá, pero es espectacular y tiene ademas la peculiaridad de estar protagonizada por Yoshio Harada, que venía de protagonizar la trilogía Mikogami. El ronin de vuelta de todo que encarna aquí, evoca a Zatoichi y a su personaje de la serie sobre Jokichi Mikogami juntos.

Incluso aparece Sonny Chiba, experto en artes marciales y celebre actor de este género y el citado Nakadai, tres estrellas del cine japonés de carácteres muy diferentes, con unas filmografías muy dispares entre si, juntos en una película de transición de Hideo Gosha, antes de meterse en el mundo de las geishas y los yakuzas, en los ochenta.
pacozappa
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1 de enero de 2021
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entre los años de la era Anei y mediados de la era Tenmei, Ieharu Tokugawa continúa manteniendo el puesto como décimo shogun de su longeva dinastía.
Por otro lado su consejero Tanuma Okitsugu, se alza con gran poder llevando las acostumbradas prácticas de corrupción del Gobierno a límites insospechados...

Y en el interior de esa sociedad quebrada y arrastrada a su más viscosa podredumbre desea sumergirnos el sr. Hideo Gosha, auténtico destripador de la Historia de Japón cuyo afán por radiografiarla a través de sus anomalías y crueldades nos brindó algunos de los más fascinantes títulos del cine de samuráis y yakuzas. Acabados los '60, cuando los "chambara" proliferaron enormemente, quizás sólo Ogami Itto (el genial ronin de "Kozure Okami") destacaba en el género, si bien merecen la pena las incursiones de Kinji Fukasaku o "El Último Samurái".
Este film, dirigido por el maestro Kenji Misumi, se basaba en una novela de Shotaro Ikenami, otro genio del "jidai-geki", galardonado y reconocido a nivel internacional y cuyo mayor logro fue la serie "Onihei Hankacho". Gosha también llevaría una novela suya a la gran pantalla ("Kumokiri Nizaemon"), un favor de su productor Masayuki Sato tras pasar por un periodo de inactividad debido al poco éxito de sus recientes películas; su siguiente proyecto iría muy ligado a éste ya que volvió a adaptar otra fábula histórica de Ikenami con su actor fetiche Tatsuya Nakadai de protagonista (y otros de sus habituales).

A través de un prólogo evocador, el cineasta regresa a su particular universo atestado de corrupción, nihilismo y crueldad, ese que lleva desgajando desde los tiempos de "Tres Samuráis fuera de la Ley". ¿Y qué mejor forma de exponer su corrosivo punto de vista sobre la sociedad feudal que viajando a la época dominada por la tiranía de Tanuma Okitsugu? La espectacular lucha sobre el puente vuelve a demostrarnos su indiscutible destreza en la acción y como director de secuencias de gran intensidad; esto marca el inicio de la unión de los protagonistas: Gomyo Kiyoemon y Yataro Tanigawa (luego revelado Sasao Heizaburo).
El primero es el perfecto ejemplo de aquellos truhanes y jugadores (los llamados bakuto) que, aprovechando la corrupción y anarquía del momento por culpa del shogunato, se unieron en clanes para controlar los bajos fondos de la sociedad; el segundo es un personaje de características más novelescas (en la línea de, quizás, Sazen Tange): un habilidoso ronin tuerto y amnésico debido a un gran trauma del pasado que presta servicio a Gomyo mientras resuelve los conflictos de su vida anterior. Ambos hombres marcados por la tremenda angustia existencial y la inevitable presencia de la muerte, acechándoles a cada momento.

Tras ellos Gosha, responsable asimismo del guión, esboza a partir de la novela un rico mosaico de personajes que pivotan alrededor del dúo, cada uno de ellos perfectamente descrito a nivel emocional y psicológico (desde Omon, la dueña del izakaya que conspira contra Gomyo, hasta Oren, mujer del jefe Jigei y quien no descansará hasta vengarse de su muerte a manos de Heizaburo, o Shimoguni, mano derecha de Okitsugu cuya misión es acabar con la posibilidad de que el clan samurái Kitamae se reestablezca en Ezo y ponga en peligro el poder del daimyo).
A partir de las interacciones de estos individuos, venenosas y abrasivas, se zurcen los pliegues de una intrincada tela de conspiraciones, engaños y rencores que sacará a la luz sus podridas conciencias tanto como el destino irremediablemente trágico que les aguarda, porque nada en absoluto escapa de las garras del submundo que habitan (y del que son su reflejo personificado) ni de sus estrictas reglas, cuya traición a ellas implica pagar con severos castigos. Detrás de tanto conflicto por la supremacía del poder y por cuestiones personales, una historia en la que Gosha debería haber profundizado mucho más...

Y es la de Heizaburo, el más interesante de la larga troupe de personajes que invade el film y unificador de todos ellos al estar presentes en diferentes pasajes de su vida; historia oscura alimentada por un pasado melancólico y del cual, bien por razones comerciales, bien por elección propia, el realizador decide revelárnosla a base de cortos "flashbacks" que al fin y al cabo acumulan más preguntas que respuestas (maniobra terriblemente errónea pues ni el ronin queda oculto bajo total incógnita ni acabamos de conocerle del todo). Es una vez más en el aspecto visual donde Gosha nos deleita realmente.
Su concesión a la violencia revuelve las tripas por su crudeza y realismo (y por su conexión obsesiva con lo sexual), y la cuidada y detallista puesta en escena, de estilo marcadamente "pulp" y magnificada por los vivos colores de la fotografía de Tadashi Sakai, crea toda una poética de la brutalidad humana, unida a instantes de verdadero lirismo, que como el de Peckinpah o Fukasaku, resulta desgarrador en su concepción de la tragedia humana. Y tras esto, el placer de contar con un estelar reparto encabezado por unos soberbios Tatsuya Nakadai y Yoshio Harada que une a Tetsuro Tanba (dando vida a Okitsugu), Isao Natsuyagi, Ayumi Ishida, Sonny Chiba, Keiko Kishi, una muy odiosa Kayo Matsuo y un joven Koji Yakusho.

El envidiable pulso narrativo de Gosha nos sumerge en las complejas intrigas del argumento sin que nunca decaiga el ritmo, y su buena labor en la acción hará las delicias de los fans del "chambara" más sangriento y despiadado, brillando en particular su trepidante último tramo, un clímax desolador y un truculento duelo final a la altura de la factoría Kurosawa.
Con "Yami no Karyudo" nos regaló su última gran aventura de samuráis, compendio de toda su obra hasta el momento y del mismo género...y todo ello a pesar de la negativa crítica del propio Ikenami, quien afirmó que el film, con toda su sordidez, oscuridad y violencia extrema, desvirtuaba su obra original. Pero está claro que nunca llueve a gusto de todos.
Christian Jiménez
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