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Obsesión

Drama. Romance Giovanna (Clara Calamai) es una hermosa joven malcasada con el viejo propietario de un restaurante. Su sórdida vida cambiará con la aparición de un vagabundo que se convierte en su amante y al que inducirá a matar a su marido. Adaptación de la novela de James Cain "El cartero siempre llama dos veces". (FILMAFFINITY)
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10 de enero de 2010
37 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Visconti asistió a rodajes de Renoir y se empapó de experiencia, que quiso aplicar a su primera película. Intentó una adaptación de “L’amante di Gramigna”, pero el gobierno de Mussolini lo prohibió. Insistió con “El cartero siempre llama dos veces”, de J. M. Cain, cuya traducción mecanografiada le había dado Renoir. Este tema americano, ambientado en la provincia italiana de Emilia y tratado a la manera francesa, sí pasó la censura.

Aparte su peso artístico, se ha discutido si “Ossessione” es la primera obra neorrealista. Parece cada vez más claro que sí.

Al ocuparse el montador Serandrei de los primeros metros, fue impactado por el material: “Para mí significó un shock; comprendí que me hallaba ante un gran director y no, como creí en un principio, ante un hombre rico que quería divertirse haciendo cine”. Le escribió a Visconti que “ya no consideraba su película como una más, sino como el emblema de un nuevo cine que podría denominarse Neorrealismo”.

De la dura novela de Cain ya existía la versión de Chenal, “Le dernier tournant” (1939). Después vinieron las de Garnett (1946) y Rafelson (1981), ambas con el título del libro.
Por veto directo de los herederos del novelista, “Ossessione” no se exhibió en USA sino en 1976. Hasta entonces la cinta fue, en parte, inexistente, también a efectos de fijar el comienzo del Neorrealismo.

Lo que Visconti quería era contestar con naturalismo francés (Carné, Renoir) al pomposo cine imperante en Italia, y renovar el modo de trabajar de los actores, para él anquilosados en clichés.
En su artículo “El Cine antropomórfico”, Visconti afirmaba: “De todas las tareas que me incumben como director, la que más me apasiona es el trabajo con los actores: material con el cual se construyen esos hombres nuevos que engendran la nueva realidad a la cual han sido llamados a vivir, la realidad del arte”.

Con el traspaso a Italia el negro argumento, situado en la Gran Depresión, mantiene su dureza y se enriquece con canciones operísticas, curas, bicicletas y locuacidad.
Giovanna se ha librado de la prostitución al casarse con el acomodado Bragana, gordo y mayor, de mentalidad simple, aun brutal. Ambos llevan un hostal-restaurante al que llega Gino, un vagabundo bien parecido. La atracción sexual se junta con la conveniencia: Giovanna necesita ayuda para deshacerse del esposo odiado.

Las turbias pasiones del ser humano ocupan la pantalla sin resquicio para el paisaje o la arquitectura. Visconti es humanista radical. Indaga figuras y fisonomías. Las estimula y exprime con su cámara cercana, apremiante.
Los actores responden bien, sobre todo Clara Calamai (Giovanna), en vivos primeros planos. Massimo Girotti (Gino) tiene buena presencia pero le falta carácter. La estrecha atención con que se le enfoca no hace sino ponerlo de relieve.

A sus casi 70 años, el film ha envejecido lo suyo pero, en tanto que casi segura pieza fundacional del Neorrealismo, posee un perdurable valor histórico.
Archilupo
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17 de septiembre de 2008
31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ópera prima de Luchino Visconti. Escrita por él mismo con la colaboración de Mario Alicata, Giuseppe De Santis, Antonio Petrangeli, Gianni Puccini y Alberto Moravia, se inspira libremente en la novela “The Postman Always Rings Twice” (1934), de James M. Cain. Se rueda en 1942, en decorados naturales del Valle del Po, Ferrara y Ancona y en los platós de SAFA Studios (Roma). Producido por Luchino Visconti (no acreditado), se proyecta en público por primera vez en sesión de preestreno el 16-V-1943 (Roma).

La acción tiene lugar en el Valle del Po, Ferrara y Ancona, en 1942, a lo largo de varios meses. El trotamundos Gino (Girotti) se detiene en un bar de carretera próximo a Ferrara, donde se siente poderosamente atraído por Giovanna (Calamai), casada con el propietario del establecimiento, Giuseppe Bragagna (Landa), un hombre mayor que la ha sacado de la calle. Gino es inquieto y aficionado a ir de un lugar a otro, sin arraigar en ninguno. Malvive gracias a sablazos, pequeños hurtos y dejando deudas que nunca podrá pagar. Oculta frustraciones personales, es propenso a los remordimientos y evita compromisos. Giovanna es agraciada, joven y apasionada. Siente apego por la seguridad económica del marido, que la maltrata físicamente y moralmente.

El film suma crimen, drama, cine negro, thriller y romance. Tras trabajar como ayudante de Jean Renoir en la producción de “Una partida de campo” y recibir lecciones de él, lee la novela de James M. Cain y decide adaptarla al cine. Con dinero de su madre y la colaboración de Libero Solaroli como productor ejecutivo, emprende la realización de la obra. Lo hace durante la dictadura fascista de Mussolini y en tiempos de la IIGM. Problemas con la censura política del Gobierno y presiones de la Iglesia, retrasan su presentación a causa de cortes, eliminaciones y cambios. El hecho de no haber adquirido los derechos de adaptación de la novela aplaza su estreno en EEUU hasta 1976. Para entonces Visconti ha reconstruido la obra en la versión que se conoce ahora. En su momento constituyó un anticipo del movimiento “neorrealista” italiano.

La cinta desarrolla un relato pasional, duro y trágico, que ofrece un retrato realista y cruel de la Italia de Mussolini. El realizador consigue que la obra traspire la tensión erótica, la fuerza sensual y el pesimismo fatalista de la novela. Explica cómo la pobreza y la miseria hacen que los seres humanos se vean sometidos al dictado de impulsos primarios. En estas circunstancias, la pulsación del deseo enardece la carne, alimenta la pasión e inflama la lujuria. El desarrollo de los personajes es excelente, en especial por lo que respecta a la manifestación de frustraciones, desengaños e inseguridades. Son personajes frágiles, contradictorios y profundamente pesimistas. El tono de la narración es de una negrura, rudeza y frialdad que impresiona. Hace uso de símbolos que refuerzan el pulso de la pasión, como las cacerolas humeantes, los maullidos de gato y las tormentas ruidosas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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10 de noviembre de 2010
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por concenso general, “OBSESIÓN” es considerada como la película que abrió las puertas a un nuevo movimiento, el Neorrealismo, que renovó los criterios y la estética del cine que se hacía antes en Italia. Surgida en tiempos de guerra (1942), esta obra del debutante realizador, Luchino Visconti, se vistió con la pobreza, el desempleo, el hambre, los vacíos afectivos, el afán de encontrar apoyo para salir adelante, el oportunismo y la ambición… y dejó plasmada, en un limpio espejo, una difícil realidad que estaban padeciendo los seres humanos víctimas del fascismo que, por entonces, arrasaba con toda Europa.

Para Visconti, actividad creativa es la obra de un hombre que vive entre los demás hombres, y al tener entre sus manos el regalo que le hiciera Jean Renoir de una copia de la novela “El Cartero llama dos veces” del americano James M. Cain, curiosamente sintió que allí estaba plasmada la Italia que él conocía, y llevarla al cine, fue un propósito inmediato. La novela estaba ambientada en otra época de crisis para norteamérica, La Gran Depresión… era pues, muy fácil ver reflejada la propia crisis italiana.

Y… ¡sabia elección! Porque lo que Visconti ha logrado es una de esas obras que entienden a plenitud de la vida en el planeta tierra y que son capaces de diseccionar la interioridad humana mostrándola en sus hondas contradicciones y en su perfecta interrelación con el juego magnánimo de la existencia.

Queda aquí bellamente reflejada la tríada que predispone nuestras decisiones: tentación-advertencia-elección. Giovanna es la tentación –Bregana, la víctima-, el español y el cura traen consigo las advertencias, y Gino elige… y su elección traerá consigo las consecuencias lógicas. Es el juego de la vida, el más importante que deberían enseñarnos desde muy chicos en los hogares y en las escuelas, pero ¿quién para hacerlo? cuando se cree que la vida es evolución al azar y que todo es pura casualidad.

Con esta mirada obtusa, los fascistas quisieron destruir el filme y Visconti salvó su obra casi milagrosamente, y por una razón precisa: era imprescindible para la humanidad. Lo que tras ella se avendría después, es una de las más inspiradas y lúcidas escuelas que han dado florecimiento al arte cinematográfico.

Clara Calamai y Massimo Girotti, crean dos personajes que palpitan y que calan muy hondo. Por mal que se comporten Giovanna y Gino, nos sentimos incapaces de condenarlos, porque se nos deja ver su alma y porque sentimos el palpitar de sus corazones en una situación límite capaz de confundir al más pintado.

Así es la vida y lo que nos propone es un juego para gente capaz de vivir despierta.
Luis Guillermo Cardona
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18 de enero de 2009
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Visconti, uno de los máximos exponentes del cine italiano, rodó en plena Segunda Guerra Mundial una brillante versión de la novela “El cartero siempre llama dos veces”. Adscrito, junto con otros directores como Vittorio de Sica y Roberto Rossellini, a la corriente realista, Visconti filmó los ambientes de la gente humilde y sus vicisitudes.
La voz del pueblo habla a través de esa imagen simple, directa y sórdida, pero a la vez sutil y respetuosa que tiene la delicadeza de sugerir más de lo que muestra, de eludir ciertos momentos muy escabrosos y darlos por sobreentendidos.
Los claroscuros son acusados, contrastados, con esa estampa tenebrista tan propia de este tipo de cine sombrío. No se aprecian efectos lumínicos artificiales, ni más intención que la de introducir al espectador en un drama se seres humanos movidos por sus pasiones. Un drama cargado de tensión, de sensualidad y de tormento, con rasgos de cine negro debido a un crimen pasional.
La sinopsis es bien conocida, gracias a la fama de la novela y de sus adaptaciones al celuloide. Una mujer joven y guapa casada por necesidad con un hombre mayor y rudo al que no puede querer. La llegada de un joven y atractivo trotamundos que se enamora de ella al instante. El fuego que empieza a arder y que se reaviva con un amor obsesivo y prohibido a espaldas del incauto marido burlado. La imposibilidad de continuar en ese irregular y malsano estado de cosas. La lucha interna del joven, que se debate entre su cárcel de amor y el deseo de volar, agobiado de culpa. La obstinación de ella en aferrarse a la seguridad de la casa y del negocio que tanto le ha costado conseguir y conservar, desoyendo los ruegos de su amante.
La presión aumenta cada vez más, hasta alcanzar el punto culminante e ir desembocando en un desenlace no menos asfixiante.
Visconti rueda la esencia del deseo y de la pasión posesiva en medio de la ordinariez de un ambiente depresivo. Casi desgarra de puro miedo a la soledad, miedo a resignarse a convivir con el desencanto, miedo a perder lo único que proporciona alegría y placer aunque sólo sea en momentos fugaces, miedo a caer en un vacío del que no sea posible salir.
La terrible certeza de un remordimiento que se interpone y que pesa sobre su relación como un fardo enorme, contaminando sus escasas posibilidades de felicidad.
Vivoleyendo
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21 de julio de 2019
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corría el año 1943, Luchino contaba 37 años, gracias al dinero de su madre, Carla Erba, que formaba parte de una de las grandes familias industriales milanesas, el aristócrata Visconti, antiguo decorador de platós, hacía incursión en el cine con la adaptación de la historia de “El cartero siempre llama dos veces” escrita por James Cain. Su interpretación de la novela del escritor norteamericano, fue libre, muy libre, (sin pagar derechos), delito por el cual sería demandado por plagio. Rodada en plena Segunda Guerra Mundial, y prohibida en Italia por el régimen de Mussolini, que llegó a destruir el negativo, si bien Visconti había podido guardar una copia, está considerada como una de las obras anticipatorias del Neorrealismo italiano, que habría de eclosionar después de la guerra con figuras tan sobresalientes como el propio Luchino Visconti, Roberto Rossellini o Vittorio de Sica.

Aunque Visconti ofrece aquí su primero largometraje, realiza una obra de una gran madurez. Tanto en los movimientos de cámara, como en la utilización de planos-secuencias, de los primerísimos planos, de la profundidad de campo, consigue aparcar todo formalismo y crear una verdadera fractura con el cine italiano contemporáneo… y también el cine europeo si apartamos a Jean Renoir, Fritz Lang y pocos más. En Renoir tenemos el punto de referencia que marca el realismo de “Obsesión”, realismo poético que no excluye un cierto distanciamiento, una expresión breve, seca, una tensión contenida en el ritmo y la imagen. Le debe sobre todo mucho a la película de Renoir “La bestia humana” por el peso de la tragedia sobre los personajes, por la elegancia de los movimientos de cámara, por la introducción de exteriores y de decorados naturales.

El remordimiento, la miseria, el adulterio, la pasión, los celos, la mezquindad, acompañarían este magistral relato de una Italia sórdida y triste y marcarán el devenir de los protagonistas. A la película le perjudican sin duda una duración excesiva (135 minutos) y una música un tanto estridente, que trata de realzar la visión "operísticamente" apasionada de la trama (Visconti era un enamorado de la ópera y los gestos subrayados de los personajes, así como los actos marcadamente pasionales), pero se beneficia de unas interpretaciones memorables y una fotografía que anticipa y realza la tragedia, obra de los operadores Aldo Tontu y Domenico Scola, figuras claves de la luz en el cine italiano. Un clásico del cine hasta hace relativamente poco tiempo muy difícil de ver, plagado de imágenes perturbadoras de gran calidad.
Juan Marey
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