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Demasiado cerca

6,4
172
votos
Sinopsis
1998, Nalchik. Una familia judía recibe un día una noticia terrible. El hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa, y a la mañana siguiente reciben una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor. (FILMAFFINITY)
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5 de enero de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta información no la ofrezco en el spoiler porque dichas escenas no tienen nada que ver con el relato, no aportan nada relevante a la deriva argumental, y la muestro a modo de título para avisar a todas aquellas personas no aficionadas al documento snuff, probablemente personas comprometidas con su salud y equilibrio mental y poco dadas al morbo de casquería. Personalmente, he tenido siempre mucho cuidado de mantenerme alejado de este tipo de vídeos: ya bastante tiene la vida de andar por casa como para encima recrearme con escenas atroces que tienen que ver con el sufrimiento y la muerte de seres humanos en un espantoso contexto de violencia e indefensión.
Pero hablemos un poco de la película. "Demasiado cerca" no está mal. Tiene cosas que funcionan; muy buenas interpretaciones, frescas y precisas, llevadas a cabo por actores amateurs o incluso vecinos sin experiencia actoral.
La fotografía acompaña con honestidad la crudeza de un relato que se bifurca en varios ramales, siendo el principal la historia de un secuestro. Este suceso ofrece la oportunidad de detenerse en una rica variedad de matices en torno a la realidad de los personajes de la película: relaciones de amor-odio en la familia, papel de la mujer en un determinado contexto geográfico en el que cohabitan varias etnias, y cómo ese contexto y las tensiones políticas derivadas del final de la Unión Soviética afectan a los personajes.
Por otro lado hay torpeza. Conozco poco o nada al señor Kantemir, pero uno se lleva la impresión- quizás errónea, pero se la lleva- de que ha visto pocas películas, o que las que ha visto no han madurado en su cabeza, ojo o cámara. Escenas absurdamente largas en pasajes irrelevantes, elipsis mal construidas que despistan, artificios cinematográficos sólo comprendidos por el señor Kantemir y sus más íntimos allegados, sucesos acaecidos a lo largo de la película sin explicación plausible. El señor Kantemir nos mortifica, ¿y encima quiere que nos metamos en su cerebro y compongamos las piezas del rompecabezas? Pues no.
Y vuelvo al Snuff.
Qué necesidad, señor Kantemir, visto lo visto, tenía usted de incluir ese documento en su película. Dos o tres minutos de espanto. Un gigantesco tsunami de dos minutos que pulveriza la construcción de su película, con sus aciertos y sus errores, como todas las películas. Todo lo que ha recreado, el trabajo de los actores, la fotografía, la literatura del guión, algunos matices inteligentes y hermosos, lo barren esos insoportables dos minutos que no hemos elegido ver, que no es cine, y que como le decía Kurtz a Marlow en "El Corazón de las Tinieblas", es «¡El horror! ¡El horror!» Al final, cuando volvía a casa en metro, iba rumiando el amargo regusto de esos dos minutos. De lo demás muy poco.
Y para terminar un recado a los señores que se encargan de las clasificaciones por edades: Esta película es no recomendada para menores de 16 años: una barbaridad. Prefiero mil veces que un niño de esta edad vea una película en la que hay escenas de sexo, -sólo por poner un ejemplo- una película como "Soñadores" de Bertolucci (para mayores de 18), a que vea las atrocidades de las que son capaces sus congéneres. Si hay sexo: para mayores de 18, no vaya a ser... pero si se están matando como bestias que lo vean los de 16, ¿no es así? Pero qué mundo estamos construyendo?
Señor Kantemir, ayer usted nos fastidió la noche a mi, a mi amigo Javier y a mi amigo Juan; somos tres personas que conocemos perfectamente de lo que es capaz el ser humano y que no necesitamos que nadie nos retuerza las tripas ilustrándonos con imágenes que están más allá del cine y que no hemos elegido ir a ver. A mi juicio, con estas escenas ha arruinado su película.
Señores del mundo del márketing cinematográfico: dejen la chamarilería y sean honestos, informen y si hace falta adviertan.
Señores clasificadores de películas: sean responsables y hagan bien su trabajo.
pabpab
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18 de octubre de 2017
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya hemos comentado en alguna ocasión ese regustillo en el cine ruso por llevar la vida hasta las regiones más extremas con películas como Leviatán (2014), de Andrei Zvyagintsev. Pues bien, dentro del 23 Festival de Cine Francés de Málaga se ha programado Tesnota (2017), de Kantemir Balagov, que creo que va más allá al llevar al espectador hasta los confines de la vida. De hecho, en esta película ni siquiera sabemos en qué punto exacto de ese inmenso país que es Rusia se sitúa la acción si bien por algunas referencias toponímicas, como Vorónezh, y también por los nombres de las tribus que se mencionan, de las que luego hablaremos, se puede inferir que este largometraje se desarrolla en el Cáucaso.

Podríamos hablar, como así hace la sinopsis oficial, de la historia del secuestro de un joven judío en una remotísima aldea de algún punto de la casi infinita geografía rusa, pues de alguna manera, efectivamente, ése es el hilo conductor de la cinta. O también podríamos aludir a la guerra de Chechenia, puesto que hay toda una secuencia dedicada a ello. Pero yo creo que Tesnota, una película que ha pasado por los Festivales de Cannes y San Sebastián, aunque oficialmente transcurra en 1998, pretende situarnos en un momento intemporal en los confines de la vida humana. De ahí que las referencias espacio-temporales sean mínimas, e incluso contradictorias, pues si hay una escena con música tecno actual, los teléfonos siguen siendo los fijos de toda la vida, los vídeos son cintas de VHS y los vehículos son Lada todavía de la época soviética.

Tiempo detenido. Vida detenida.

Y es que lo verdaderamente importa a esta película es llevar la vida a su último rincón, una región límite donde se ha enquistado la división de las tribus milenarias, como los cabardinos o los balkarios, cuyos orígenes se remontan al Cáucaso y de ahí que nos hayamos permitido señalar esta región como aquella en la que ocurre la acción.

Es la vida que permanece como si regresáramos a las primeras células en estado vegetal aún, desprovista de toda grandeza, apenas un impulso vital, quizá animal, en el mejor de los casos. Es como si volviéramos a la esencia más primaria de la vida sobre la Tierra. Un momento anterior al nacimiento de toda filosofía. Un retroceso a los impulsos básicos del ser humano. ¿De qué otro modo puede entenderse que los pobres secuestren a los hijos de los pobres, a sabiendas de que la familia no podrá pagar el rescate? ¿Cómo se puede interpretar que en ese contexto haya quien pretenda lucrarse ofreciendo a la familia por su negocio, un taller de coches, un precio mucho menor de su verdadero valor?

La imagen de la madre que vemos en esta película nada tiene que ver con esa tópica del ser generador de vida, sino que la madre del joven secuestrado y de Ila, protagonista de la película, apenas puede sentir sus penas, puesto que se halla en un punto de total insensibilidad. Rebasada por la circunstancia y ya no le quedan fuerzas ni para presenciar el vacío. Nada que ver con la de la mirada analógica, mítica, de la madre que ve al cochecito de su hijo caer por la escalinada en El acorazado Potemkin (1925), de Sergei Eisenstein, porque esa mujer en Tesnota está más allá de la línea de la resignación.

El novio de Ila, que pertenece a la tribu de los cabardinos y por eso es rechazado por la familia de la joven, se nos antoja repelente en su aspecto físico, en su dinámica social y en su actitud, manifiestamente neandertaloide . Pero la protagonista de Tesnota necesita un poquito de calor, aunque sea un calor rumiante, ante tan exiguas briznas de vida como observa a su alrededor y es ahí donde lo encuentra, como los nutrientes que hallan algunas especies animales en los parajes más inhóspitos de los desiertos. Incluso asistimos a un conato de incesto sugerido.

Es la vida en el último límite de la existencia.

Para ello Tesnota ha sido rodada con una aparente pobreza absoluta de medios, porque de esta manera, se consigue la simbiosis perfecta del fondo y la forma.

Grabada en formato 1:1, con encuadres propios de VHS, la imagen se reduce a un cuadrado, cuyo lado tiene la longitud de la altura de la pantalla, pero no intenta superar esta, digamos, carencia de perspectiva con planos generales, sino que la película se construye sobre una sucesión de primerísimos planos hasta el punto de que muchas veces no cabe la cabeza completa de los personajes. Es como si un aficionado al vídeo hubiera estado a cargo de la filmación.

En ocasiones la cámara busca un hueco entre los actores que la tapan para llegar al punto que le interesa y otras veces las imágenes son manifiestamente imperfectas, todo ello en esa línea de aparente grabación improvisada para acompasar la pobreza técnica a la penuria vital de la historia.

No hace falta insistir demasiado en la acusada oscuridad de las imágenes, todo ello incluso cuando se buscan colores nítidos para la indumentaria de los personajes. En un momento dado, por ejemplo, coinciden en una habitación tres actores, uno vestido de verde, otro de azul y otro de rojo, pero en un ambiente de penumbra que borra todo posible esplendor a los ropajes.

Como tampoco creo que sea necesario profundizar en la escasez de música. De hecho, Tesnota está grabada sin ningún tipo de banda sonora: tan sólo cuando se desarrolla una escena con música, como la escena techo que mencionamos al principio, el espectador escucha alguna nota, pero es que eso es lo mismo que si un videoaficionado graba algo: la música sólo aparece si graba un momento con música. Luego se puede editar y añadirle sonoridad, pero en un principio lo que se recoge son los ruidos, las palabras y la música sólo si la hay de ambiente.

Recordamos el portentoso álbum de Stevie Wonder Songs In the Key Of Life, ¿verdad? Bueno, pues lo que Balagov nos muestra en Tesnota son las canciones en los confines de la vida, es decir, las no canciones.
Fco Javier Rodríguez Barranco
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22 de diciembre de 2017
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Demasiado Cerca supone el prometedor debut de Kantemir Balagov con el que ganó el premio Fipresci en el pasado Festival de Cannes, donde compitió en la sección de Un Certain Regard. En España tuvimos la ocasión de verla en la sección Zabaltegui-Tabakalera del Festival de San Sebastián donde la esplendida interpretación de la actriz protagonista, Darya Zhovner, consiguió una Mención Especial. Kantemir Balagov elige una manera muy directa y sin adornos de contar una historia real ambientada en una pequeña comunidad judía en Nalchik, capital de la República de Kabardino-Balkaria en la Federación Rusa, históricamente musulmana. Demasiado Cerca, rodada en ambos idiomas, ruso y kabardiano, se estrena el 22 de Diciembre.

La acción de la película nos sitúa en una ciudad del norte del Cáucaso, Nálchik, capital de la República de Kabardino-Balkaria en la Federación Rusa, con una población mayoritariamente musulmana, donde vive una comunidad judía. Ila (Darya Zhovnar) y su familia son miembros de esta estricta y arraigada minoría. Ila es una mujer rebelde que prefiere dedicarse a trabajar como mecánico en el taller de su padre, que realizar otra ocupación propuesta por el rabino de la comunidad supuéstamente más acorde a su naturaleza de mujer. Además, mantiene una estrecha relación con la colectividad kabardiana de la zona, y es reacia a seguir las normas y requerimientos de su propia comunidad.

Nos encontramos a finales de los años noventa, una época turbulenta, de una gran inestabilidad política y social después del colapso de la Unión Soviética. Con la guerra de Chechenia de trasfondo donde los rusos están a punto de abandonar el territorio ocupado. Una zona donde la violencia y el racismo están omnipresentes como comprobamos en una escena de una cinta de vídeo de los amigos de Illa. En ella se nos ilustra de la cruda y brutal forma de tratar a los prisioneros de guerra a través de una impactante tortura como de la posterior decapitación.

En la parte inicial de la narración de Demasiado Cerca vemos la celebración de una ceremonia en la casa de Ila porque su hermano se ha comprometido con otra chica de la comunidad judía. Sin embargo, esta alegre atmósfera durará poco y rápidamente la fotografía cambiará a tonos más oscuros cuando los dos jóvenes comprometidos son violentamente secuestrados por un grupo de kabardianos en busca de rescate. Las dos familias no son ricas y la recolección de dinero demuestra ser una verdadera hazaña ..

Ambas familias deciden eludir a la policía por miedo a las fatales consecuencias que pudiera tener, por lo que acuden a su comunidad judía en busca de ayuda. La lucha titánica de la familia de Ila para encontrar el dinero de la liberación, tendrá un impacto directo en la desordenada vida de Ila. El filme nos muestra el microcosmos de una familia, cuya paz y cohesión se desmorona debido a la intensa violencia psicológica existente en su entorno y al chantaje de tener que guardar silencio. Un escenario que después de haber logrado castrar al padre y al hijo, tratará de hacer lo mismo con la hija. Sin embargo, Ila se rebela, con consecuencias irreparables para ella y su séquito.

Maravillosas actuaciones fundamentalmente de las dos protagonistas femeninas, la fascinante interpretación de la actriz Daria Zhovnar en el papel de Ila, una mujer un poco marimacho y rebelde, y la excelente Olga Dragunova, en el papel de la figura matriarcal que intenta controlar a los miembros de su familia a través del chantaje emocional.

El novato Kantemir Balagov rinde un homenaje, sobre todo de sus primeros trabajos, a su padrino cinematográfico, Alexander Sokurov, que también es productor de la película, con un drama realista donde nos revela su enfoque sobre las férreas estructuras existentes en las sociedades cerradas ya sean en una comunidad o en la propia familia.

El director coloca gran parte de la acción en el interior de las casas rurales. La forma de filmar nos crea una sensación continua de claustrofobia por los espacios tan restringidos donde introduce su cámara. Asimismo, aplica unos conceptos estéticos de proximidad absoluta. Para el rodaje utiliza un formato bastante inusual, casi cuadrado de 4:3, donde la cámara está situada constantemente a una distancia muy corta de los personajes, e inclusive éstos, casi siempre, suelen estar muy cerca los unos de los otros. Todo lo que observamos, en términos de pleno realismo pero también de cercanía absoluta, es una familia y una comunidad en crisis. Es esta crisis la que desestabiliza y sacude los lazos familiares.

Además de utilizar los primeros planos, el director juega con la luz, con los espacios, y mutila el sonido, de tal forma, que las diminutas casas rurales se ven aún más sofocantes y claustrofóbicas. A medida que la película progresa y la historia evoluciona, la cámara de forma progresiva también sale a áreas más grandes. Demasiado Cerca nos muestra y da a conocer aspectos de una cultura judía rusa, cerrada y anticuada, ademas de las tensiones internas existentes en el norte del Cáucaso.

https://cinemagavia.es/demasiado-cerca-pelicula-critica-tesnota/
Eduargil
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17 de noviembre de 2017
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Es un mezcla de intensidades, una amalgama de intencionalidades, que con su amplio abanico de causalidades introduce al espectador en la búsqueda de las circunstancias. El guion peca a veces de apertura focal, pero aun así gana en intensidad. La multidisciplinariedad en sus temáticas no es obstáculo para que confluya en una, haciendo que las tramas que se van abriendo lleguen a un punto de fuga ejemplificante. Para la puesta en escena el director se valió de todos los recursos estilísticos para poder focalizar el ambiente de agobio y tensión en esa atmósfera cerrada, de pensamiento y de plano, en esos detalles que buscan cercar al espectador, cerrarlo y amarrarlo dejándolo sin escapatoria, como símil de la situación de la protagonista. Logra con ello esa empatía, esa sensación destructiva o autodestructiva haciendo que nos sintamos en ella en primera persona. Las interpretaciones llenas de intensidad y de frialdad sentimental buscan un realismo que encuentran desde el primer momento. La fotografía es correcta, en su necesitada búsqueda y el resultado final fluye con momentos de verismo y credibilidad con guiño al realismo más atroz que podamos sentir.
Bolseiro
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6 de diciembre de 2017
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Tras un primer contacto con Kawase, mi segundo pase con la distribuidora Bteam Pictures era para ver una película muy esperada: el drama ruso Demasiado Cerca, ópera prima de Kantemir Balagov producida por Aleksandr Sokurov y galardonada con el premio FIPRESCI en la sección Una cierta mirada del último Festival de Cannes y premiada con una mención a su actriz protagonista en la sección Zabaltegui del último Festival de San Sebastián. Una película pequeña recibida con tremendo aplauso crítico que nos acerca a la insondable y siempre apasionante cultura rusa, en concreto a conflictos tribales de finales de los 90. Una película de la que nada sabía de tono, y poco de trama, pero que venía precedida de un boca a boca tan positivo que no pude evitar ansiar verla. Y en última instancia, confirmar con presteza mi asistencia al pase conforme me lo ofrecieron. Y efectivamente, no podía esperar lo que me encontré. Y no llegué al punto de fascinación, pero sí que no pude evitar inclinarme con respeta ante la calidad que atesoraba el filme que acababa de ver. Y comprendo que en primera instancia el entusiasmo no se contagie, pues Demasiado cerca es una película nada fácil de ver y asimilar, inclasificable. No es drama, costumbrismo, romance o entrada a la madurez, y todos a la vez al mismo tiempo. Sí que es una poderosa muestra de libertad y realidad humana, un retrato de personajes acerado y un mosaico sociológicamente sabroso de comunidades humildes y culturas herméticas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Néstor Juez
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