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Los odiosos ocho

7,3
57.834
votos
Sinopsis
Pocos años después de la Guerra de Secesión, una diligencia avanza por el invernal paisaje de Wyoming. Los pasajeros, el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su fugitiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), intentan llegar al pueblo de Red Rock, donde Ruth entregará a Domergue a la justicia. Por el camino, se encuentran con dos desconocidos: el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), un antiguo soldado de la Unión convertido ... [+]
Críticas ordenadas por:
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27 de diciembre de 2015
405 de 563 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Vuelven los créditos amarillos? Sí
¿Vuelve el desarrollo por capítulos? Sí
¿Vuelven Pumpkin, Mr. Blonde, Especialista Mike, Hijo Nº1, Billy Crash y Samuel L. Jackson? Sí
¿Vuelve el mejor director de actores a sacar lo mejor de sus actores? Sí
¿Vuelve Quentin a sacársela con su prodigiosa factura técnica? Sí
¿Vuelven las escenas lentas con largos y aparentemente intrascendentes diálogos? Sí
¿Vuelven las tormentas de violencia explícita tras una insoportable tensión? Sí
¿Vuelve la tortura sexual de Pulp Fiction? Sí
¿Vuelve la BSO a ser un personaje más? Sí
¿Vuelven los cigarrillos Red Apple? Sí
¿Vuelve la n-word? Sí
¿Vuelven los huevos revueltos? Sí
¿Vuelven a caerse caramelos de colores? Sí
¿Vuelve el personaje de Christoph Waltz? Sí, como Tim Roth.
¿Vuelve Tarantino a hacer una de Tarantino? Sí
¿Volverán aquellos a los que no les gusta Tarantino a quejarse de que Tarantino ha vuelto a hacer una de Tarantino? No lo dudes.

Tarantino ya jugó al Quién es Quién en Reservoir Dogs. Estas navidades nos ha traído el Cluedo.
Qué genio es este hombre, le pese a quien le pese.

Publicidad inofensiva y potencialmente interesante: www.cinenecio.wordpress.com
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Sodapop
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26 de enero de 2016
292 de 470 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya sé que es de mala educación criticar el sabor de un plato cocinado, con cariño y buenos ingredientes, por un cocinero genial al que uno admira, pero -perdona que te lo diga, Quentin- por primera vez has estado tan perezoso, descuidado, vanidoso, torpe, egoísta, atolondrado… que has estropeado el famoso estofado de Minnie. Tiene un olor desagradable y un sabor rancio. No sé si habrá sido por un exceso de grasa, de casquería, de óxido... o por haber metido gato en vez de liebre, pero me has decepcionado.

Mientras avanzaba con la diligencia por aquella desolación nevada mi boca se hacía agua pensando en la conocida receta y casi me parecía oler ese estofado sabroso con todos sus ingredientes tan bien entremezclados. Pero no, Quentin, esta vez –y es comprensible después de tantos años- te has copiado con desgana, te has pasado lanzando cachos exagerados al caldero, hala, venga, sin pies ni cabeza… removiéndolos con la payasa soberbia y la gilipollez pelotuda de alguien engreído que lleva décadas recibiendo merecidos elogios.

Y como es de bien nacido ser agradecido, estoy en deuda contigo por todos los placeres anteriores que llevas ofreciendo a mi paladar, pero que consten un par de cosas: que no pienso volver a tragarme un estofado tan vulgar como este de los Ocho Indeseables, y que la morcilla de Samuel L. Jackson sobraba en el puchero (te la podías haber metido tú por donde te cupiese).

Y además eres consciente de ello, so caradura ¿o nos tomas por idiotas? Hay unas cuantas ocasiones en que a falta de liebre has echado gato en la cazuela y nos lo has servido con auténtica desfachatez: como no tenías ganas de trabajarte una situación que pudiese explicar porque no había sido rematado Samuel L. Jackson ¡simplemente prescindes de esas escenas, das un salto, y nos lo presentas a salvo desangrándose en la cama y poniendo condiciones! Y cuando no sabes cómo hilvanar otros acontecimientos ¡simplemente pones una fraudulenta voz en off, inexplicable, para que nos suelte un rollito! Pero, Quentin, qué vergüenza, con esos guiones siempre tan estupendamente cocinados a los que nos has tenido acostumbrados. Comparar esta última tuya con la genial primera (Reservoir Dogs) es algo realmente ignorante, torpe y penoso.

Pero es que hay más grumos e incoherencias en el estofado, y cualquiera con buen gusto tarantiniano se entristece llevándose a la boca cucharadas sabrosas mezcladas con otras que dan ganas de escupir: trucos baratos, engaños arbitrarios, contradicciones atolondradas o anacronismos absurdos: no, Quentin, no tendrías que habernos estropeado el recuerdo de la aguda disertación de Tim Roth sobre la necesidad de una fría Justicia desapasionada, al revelarnos después que no es verdugo (que inconsistencia suponer esa reflexión en un simple bandido); no, Quentin, no tendrías que haber convertido en un dato esencial del que depende la credibilidad y la vida de un hombre, el supuesto odio de Minnie hacia los mejicanos, al revelarnos después en un flash-back que recibe y atiende al mejicano sin problema alguno; no puedes darle protagonismo a una historia de felación absolutamente impensable en el viril Far West del siglo XIX, simplemente para volver a recrear de un modo exagerado y forzado ese tu típico monólogo tocapelotas –magnífico en otras películas- que consigue llevar a un hombre a un estallido de ira, como ya demostraste en tu guión juvenil de Amor a quemarropa (con aquel monólogo de las abuelas sicilianas folladas por los moros)…

A diferencia de la mayoría, la parte que me ha llegado ha sido la del principio, la del primer cuarto de la película; y la parte que me ha decepcionado ha sido la de todo ese estofado artificioso, anacrónico, sanguinolento, incoherente y sin chispa que se ha ido cocinando hasta reventar en La Mercería de Minnie.

Kurt Russell como John Ruth ‘La Horca’ ha sido el mejor en todos los sentidos.

Faltan los sanguinarios ideales de los Bastardos o de Django, motivaciones para el crimen, emociones para la venganza, o fuerza de convicción en los ingeniosos diálogos. Sobran la casquería sin gracia, los chorros de sangre sobre las caras, esa mariconada delirante de la gélida mamada, muchos planos feos y repugnantes... Pero, en definitiva, se puede perdonar, Quentin, que por una vez tu inteligencia, como los sesos, hayan saltado por los aires, pero no se te puede perdonar igual que nos hayas HARTADO Y ABURRIDO; y no me refiero al principio (estupendo), sino a todo ese tramo final, tan huero, en el que te imaginabas divertido.
Yanpol64
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3 de enero de 2016
185 de 282 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Querido Quentin, espero que esta carta te encuentre en estado de buena salud. Yo estoy bien, aunque desearía que hubiera más horas en el día, para poder amarte aún más. El cine está cambiando rápidamente a peor, y son hombres como tú los que hacen la diferencia. Tu éxito como cineasta fue un crédito, no sólo para ti, sino para todo el séptimo arte. Me siento orgulloso cada vez que escucho de ti. Todavía te queda un largo camino por recorrer como director, pero de la mano sé que vamos a lograrlo. Yo solo quiero hacerte saber que estás en mis pensamientos, esperemos que nuestros caminos se crucen en el futuro con otra nueva obra maestra. Hasta entonces, sigo siendo tu admirador y espero que sigas fiel a los ocho sellos que han caracterizado tu “género Tarantino”, los ocho que nunca odiaré:

1. DIÁLOGOS: oro puro. Me atrapan y consiguen captar mi atención desde el primer momento. Por momentos parece que la historia pasa a un segundo plano, podrían estar hablando de cualquier banalidad y estaría disfrutando sólo por tu particular estilo. Partiendo del hecho de que de los dos Oscars que tienes (incomprensible, por otra parte, que únicamente tengas dos), son ambos en la categoría de “Mejor guión original”, ya era bien sabido que éste sería uno de los puntos fuertes de tu film. Me gustaría destacar la descripción de Oswaldo Mobray de la justicia o el discurso de Major Marquis Warren diciendo que no obtendrán una advertencia o pregunta si hacían algo extraño si se movían, sino una bala.

2. DIRECCIÓN: genial, como siempre. Paisajes nevados al estilo de “Fargo”, tomas largas, con movimientos muy cuidados de cámara, planos cenitales… Vuelves a trabajar con el director de fotografía Robert Richardson, y junto a él consigues una fotografía muy cuidada. Además, hay que destacar que te atrevas a grabar en 70mm, con lo cual consigues una atmósfera más densa y tensa, en la cual se puede apreciar incluso el aliento de los personajes.

3. HOMENAJES: pese a que tus detractores te acusen de plagiar, tu obra de es un homenaje a tus películas y directores favoritos, de los cuales nació tu pasión por el séptimo arte. En esta película, podemos apreciar algunos al spaguetti western o “El bueno, el feo y el malo”, entre otros. Pero también te homenajeas a ti mismo, con muchas de tus escenas míticas: tus títulos, división por capítulos, cameo (esta vez como narrador), presencia de bares al igual que en todas tus películas y los cigarrillos Red Apple. No sólo homenajeas al mundo del cine, sino también a la música, al teatro, a Agatha Christie y hasta me recordó al juego del “Cluedo”, en el que tenías que ir resolviendo las pistas para descubrir al asesino.

4. MUJERES FATALES: Mia Wallace, Jackie Brown, la Mamba Negra, las chicas de “Death Proof”, Shosanna y ahora Daisy Domergue, con una soberbia actuación de Jennifer Jason Leigh. Malvada, violenta y sin escrúpulos. Parece que disfruta cuando le pegan. Otra femme fatale que añadir a la lista.

5. MÚSICA: si siempre es sobresaliente, ya con la colaboración de Ennio Morricone, es de matrícula de honor. El prolífico compositor italiano vuelve a trabajar en un western después de décadas y está a la altura con una banda sonora que te absorbe. Alterna con otros temas de tu tocadiscos, que acompañan perfectamente al film.

6. REPARTO: tanto los ya habituales Samuel L. Jackson, Michael Madsen, James Parks y Tim Roth, como los que trabajan contigo por segunda vez Goggins, Russell, Dern y Horsley, como los debutantes Demián Bichir, Channing Tatum y Jennifer Jason Leigh consiguen sacar su mejor versión bajo tu dirección. Si las grandes actuaciones de los más habituales ya eran de esperar, me gustaría resaltar la del binomio John Ruth – Daisy Domergue, que dejan escenas para el recuerdo.

7. VENGANZA: los protagonistas de tus películas suelen buscan la venganza por actos malvados, como la violación, el intento de homicidio de ella y su hija, el asesinato de su familia por motivos religiosos o la tortura por causas racistas. En esta película, el sádico Major Marquis Warren es quien se toma la venganza por su parte por el mismo motivo racial que Django. El motivo por el cual el Sheriff Chris Mannix toma su decisión final es por venganza por no haberle avisado de que su café estaba envenenado.

8. VIOLENCIA Y SANGRE: violencia y sangre hasta la brutalidad, que inexplicablemente me encanta en todas tus películas. En esta se acentúa todavía más. Vuelves a hacer de una tortura una obra de arte. Ya habías conseguido hacer que nuestras pesadillas pareciesen cosas de niños al lado del “Stuck In The Middle With You” del señor Rubio en Reservoir Dogs, de Marsellus Wallace amenazando con practicar el medievo con tu culo o del oso judío. Esta vez la palma se la llevan Samuel L. Jackson y su enorme pene negro, en una escena brutal, pero también el maltrato de John Ruth a Daisy o Joe Gage saboreando la última bala al negro herido, caminando lentamente hasta su encondite y con música de fondo hacia él, como si de una reencarnación del señor Rubio se tratase. La violencia está presente en todo el film, desde el principio con los golpes a la prisionera, hasta ese final antológico al más puro estilo “Reservoir Dogs”. La sangre sólo hace que incentivar dicha violencia. La escena de los envenenados vomitando sangre es espectacular y todas las sanguinarias muertes también.

Mi Megan Fox me está llamando, así que debe ser hora de dormir (o no).

Respetuosamente, Álvaro Peleteiro."
Álvaro Peleteiro
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8 de febrero de 2016
143 de 219 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre he disfrutado mucho con las películas de Tarantino y he tenido discusiones con amigas, que no entendían que podía reírme tanto con esa violencia grosera de machos criminales. Y realmente no me gusta la violencia, ni el cine gore, ni el realismo en el sufrimiento, la violación, la tortura o el asesinato. Pero Tarantino siempre ha sabido jugar de un modo muy divertido y gamberro con una violencia de ficción, pop y pulp, convertida en una coreografía atractiva llena de ritmo y de color, que siempre se ha podido saborear como si se tratase de un cómic. Y cuando la violencia explícita se mostraba en su crudeza más descarnada (la tortura al policía en el almacén de los "dogs") la cámara se desplazaba pudorosa para evitarnos la insoportable visión de la carnicería. Es innecesario repetir la inteligencia desenfadada de sus diálogos (es absolutamente meritorio convertir las situaciones y conversaciones más tontas en obras de arte inolvidables), el reciclaje cinéfilo de historias y de actores que sin él habrían permanecido olvidados, el gustazo de tantas canciones perfectamente integradas en la acción, el encaje perfecto de unos guiones que siempre te atrapan con sus bucles temporales, etc.

Pero siempre han existido malditos agoreros -como los bíblicos- que como nunca han parado de amenazar con sus oscuras profecías pues inevitablemente acaban acertando. El propio Jules (Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction reconocía que llevaba mucho repitiendo esa mierda de cita bíblica de Ezequiel de un modo frívolo, hasta que la revelación de cierto milagro le hizo sentir un vuelco espiritual que habría de cambiar su vida... Y se ha cumplido también con Tarantino: el camino del hombre recto, que siempre había escrito guiones divertidos y emocionantes, se ha torcido por sendas oscuras. Y no es que yo pretenda "castigar con gran venganza ni furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar" las brillantes historias tarantinianas, pero este "odioso" café verdaderamente merecía ser vomitado.

Me molesta tener que darle la razón a alguna amiga, pero esta vez las imágenes de Tarantino me han resultado feas, desagradables, exageradas y estúpidas. Y lo peor es que parece que se turna en el guión con un conductor novato: tiene momentos magníficos y otros completamente chapuceros. Los errores de guión ya se han comentado, pero subrayo algunos aquí debajo en el spoiler
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Incherta
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31 de enero de 2016
90 de 123 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tener un estilo personal e inconfundible es digno de alabarse. Pero repetirse sin pudor, sin aportar nada nuevo, sin ofrecer nada que sorprenda o anime, resulta cansino e innecesario. Pareciera que estuviéramos ante una copia descarada de los rasgos señeros del cine de Tarantino (extensos diálogos chispeantes, personajes extremos, violencia descontrolada, impulsividad desaforada,…) pero realizado por algún alumno torpón y pedante que idolatrase a su venerado modelo pero sin un ápice del talento ni originalidad del mismo.

No se puede alargar durante casi tres horas una situación única y sin apenas desarrollo – deudora de “La ratonera” de Agatha Christie – con un andamiaje tan párvulo y achacoso como éste, donde ni los diálogos resultan ingeniosos, ni las situaciones tienen garra, ni los personajes tienen el cuajo o la flema necesarios como para hacer llevadero semejante prueba de resistencia. Contada (de forma sucinta) la película pareciera ser graciosa, pero visionada en su fatigosa integridad resulta casi tediosa por su monotonía y falta de brío.

Y los actores se prestan con caricaturesco énfasis a representar esta mascarada traviesa donde nada es lo que parece pero todo resulta ser irrelevante, repetitivo y fatigoso. No hay forma de dotar de vida a lo que ha nacido casi muerto, exangüe y desmayado. Pretenden representar un texto que carece de brillo, de lustre, de fuste y de ingenio y que apenas sustenta las eternas parrafadas interminables con que se adorna la plúmbea farsa. Un quiero y no puedo de aprendiz de brujo, sin apenas gracia, sin apenas amenidad, sin entretenimiento.

Decir que lo mejor y más brioso de la película es la música de Ennio Morricone – que a sus 87 primaveras mantiene su portentosa creatividad melódica – es decir la verdad. Pero deja en mal lugar al maestro de ceremonias, Quentin Tarantino, que a sus poco más de 50 años da muestras de una fatiga, desgana y apatía preocupantes. Todo resulta un pálido reflejo de lo que antaño fue pero parece ahora agotado, insulso catálogo de chistes romos, sin apenas gracia ni fulgor. Se deja ver con cierta indulgencia y buena voluntad, pero es una decepción con innumerables descarrilamientos. Esperemos que sea un borrón transitorio.
antonalva
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